domingo, 24 de enero de 2010

Che Guevara Fútbol Club


Por Juan Ignacio Irigaray
El Mundo


El nombre y la imagen del revolucionario cubano de origen argentino Ernesto “Che” Guevara de la Serna (1928-1967) ya figuraban en las escuelas y plazas de Argentina, incluso hasta hay un monumento de cuatro metros de altura, aparte de los consabidos posters, gorros y camisetas que también circulan por todo el planeta.

Pero la ‘chemanía’ de muchos argentinos, al parecer, nunca se acaba y ha poblado un nuevo rubro. Nada menos que… ¡el fútbol!, el deporte pasión de buena parte de la población del país, que aún idolatra al seleccionador y ex jugador Diego Armando Maradona, llamándole “Dios”. El ‘Pibe de Oro’ también luce un tatuaje del “Che” en el brazo.

En la localidad Jesús María -900 kms al noroeste de Buenos Aires- hay un club social y deportivo “Che Guevara“. Tiene entidad jurídica y sus equipos compiten en las categorías de primera, reserva, sub 17 y sub 12 de la liga de provincia de Córdoba. Tiene unos 70 jugadores que entrenan dos veces a la semana y juegan los sábados o domingos.

Las camisetas, del mismo tono que la bandera comunista

Las camisetas son del mismo tono de color rojo y lucen la inconfundible estampa del revolucionario en el pecho. En la espalda y debajo del número, está inscrita la leyenda “Hasta la victoria, siempre” con que el “Che” solía cerrar sus proclamas y discursos revolucionarios.

Mónica Nielsen, una mujer de 50 años que se define como “guevarista a ultranza”, es la presidenta y financiera del club, que solventa con la venta de camisetas del equipo. “Siempre trato de bajarle (inculcar) el Che y sus ideales a los pibes. Él era un apasionado de los deportes, jugaba al fútbol, al golf y era un gran jugador de rugby. Hasta hizo las veces de periodista deportivo”, dijo al diario porteño Clarín.

“Hasta el año pasado mantenía el club con mi plata”, cuenta Mónica. El presupuesto mínimo que necesita mensualmente para funcionar la institución, es de poco más de tres mil pesos por mes, unos 780 dólares .“No tengo idea ni me interesa saber cuanta plata gasté de mi bolsillo. Mi satisfacción va por otro lado”, remata.

Nielsen afirma que a través del fútbol puede ayudar a los sectores más necesitados de la sociedad. “El deporte es un derecho humano, practiquémoslo”, publicita. También imparten clases de lectoescritura a los jugadores y sus familias. Y asegura que en club del “Che” Guevara “viene cualquiera y no se le exige que comparta la ideología”.

Parafraseando al Che, expresa: “La arcilla fundamental de nuestra obra, es la juventud”. “Y eso te gratifica el alma”, asegura la mujer.

El Che

Guevara nació en la ciudad argentina de Rosario en 1928, en el seno de una familia acomodada. De joven jugó al rugby y se graduó de doctor en medicina. Luego hizo varios viajes en moto por América Latina y terminó afincándose en Guatemala para atender en los hospitales públicos.

En Guatemala gobernaba el presidente progresista Jacobo Arbenz, que terminó derrocado por un golpe impulsado por la CIA estadounidense y Guevara se refugió en México. Allí conoció a Fidel Castro quien le invitó a enrolarse como médico en la expedición del yate Granma que a fines de 1956 desembarcó en Cuba para encabezar la lucha que se libraba contra el presidente Fulgencio Batista.

El Che fue uno de los pocos expedicionarios que pudieron alcanzar las estribaciones de la Sierra Maestra para reunirse con Fidel e integrar el núcleo básico del Ejército Rebelde. Llegó a alcanzar el rango de comandante, igual que Fidel y Camilo Cienfuegos.

En el gobierno revolucionario ocupó los cargos de Presidente del Banco Nacional de Cuba y ministro de industrias. Años más tarde soñó con exportar la revolución a distintos países y crear lo que él llamaba “uno, dos, tres Vietnam” contra el imperialismo estadounidense creando focos guerrilleros.

Lo intentó personalmente en Congo y Bolivia pero fracasó. En 1967, los militares bolivianos capturaron al Che y sus hombres en la selva y los fusilaron en el pueblo de La Higuera. Sus cadáveres fueron enterrados clandestinamente allí y recién en 1997 un equipo de antropólogos de Cuba y Argentina los encontraron. Ahora descansan en un museo de la ciudad de Santa Clara, Cuba.