miércoles, 27 de julio de 2016

"Hoy en día los jugadores siguen el dinero y no el corazón"

Totti cuestiona el fútbol moderno al opinar sobre el millonario traspaso de Higuaín a la Juventus


El astro del fútbol italiano Francesco Totti dijo que "hoy en día los jugadores del fútbol son un poco como nómadas. Siguen al dinero y no al corazón".

El jugador de la Roma comentó así el millonario traspaso del delantero argentino Gonzalo Higuaín a la Juventus.

En declaraciones a "La Gazzetta dello Sport", Totti cuestionó las transacciones del fútbol actual: "No hay muchos jugadores que sigan a su corazón. Si yo hubiera pensado en el dinero, habría dejado la Roma hace diez años", dijo.

"Para mí, lo importante es la pasión, no el dinero. Siempre amé estos colores y siempre quise vestir esta camiseta", agregó.

"Los aficionados van al estadio a divertirse y para ver a jugadores que se mantienen leales a un equipo, esperando no ser traicionados. El hecho de que Higuaín haya cambiado el Nápoles por la Juventus es un desastre", sentenció.

Higuaín, goleador del fútbol italiano la pasada temporada, pasó a la Juventus por una cifra cercana a los cien millones de euros.

viernes, 15 de julio de 2016

¿Y cuándo hablamos de paramilitares en el fútbol?

Mucho se viene hablando y escribiendo sobre la presencia de narcotraficantes en el fútbol, pero pocos hablan de la injerencia paramilitar en este deporte. ¿Será porque es muy reciente y sus efectos aún se sienten?


Por Juan Diego Restrepo E.*

Un directivo del equipo capitalino de los Millonarios abrió una puerta que muchos contribuyeron a cerrar en el pasado con gruesas aldabas para que no brotaran verdades que involucran a un sector como el fútbol, deporte en el que algunos de sus protagonistas –directivos, futbolistas, árbitros, empresarios y periodistas– operan como una logia en la que se tapan todos los hechos “sucios” e impera la ley del silencio.

Tal como lo han reseñado algunos analistas, observadores, hinchas y hasta ciudadanos del común, el directivo fue osado al abrir la puerta de la historia del narcotráfico en el fútbol a través de un valiente gesto simbólico al proponer la devolución de dos estrellas, las que, al parecer, fueron ganadas gracias a la presencia económica del narcotraficante José Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’, en el equipo. El debate aún sigue abierto.

Sin embargo, hay un capítulo que debería complementar la reflexión que vienen haciendo varios sectores del país en relación con la presencia de capitales ilegales en este deporte. Se trata de la injerencia paramilitar de finales de la década del noventa y durante buena parte de la década del 2000 en la dinámica de algunos equipos de la división profesional y aficionada.

Esa es una verdad a la que pocos hacen referencia y si la de los narcotraficantes estuvo bajo llave por varios años a pesar de las evidencias, la del paramilitarismo está, si se me permite la figura, en una pesada caja fuerte, que nadie quiere abrir. Es más, ni siquiera ha surgido en los tribunales de Justicia y Paz, donde se juzga a los exmiembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Diversos análisis explican que los narcotraficantes se “metieron” al fútbol por varias razones, entre las que se destacan la inserción social, exhibición de poderío económico y lavado de activos provenientes de sus negocios ilegales. Pero los paramilitares fueron más allá y convirtieron sus gustos por este deporte no sólo en un circo, sino en un entramado donde confluyeron capitales legales e ilegales, públicos y privados, y eso ya le da otro cariz al tema.

¿Van a negar algunos futbolistas de primera división, aún activos, que atendieron invitaciones que poderosos jefes paramilitares extraditados a Estados Unidos les extendieron para que asistieran a sus fincas a jugar aquellos famosos ‘picaditos’ con el fin de satisfacer sus gustos, estimular las apuestas y brindar espectáculos a los hombres en armas? Jamás podrán alegar que viajaron a esas zonas bajo presión, porque a estas alturas esa excusa no sería creíble. Fueron porque, como dirían ellos, los invitó “el patrón”; además, les pagaban hasta diez millones de pesos por partido, una suma generosa y un “sobresueldo”.

¿Cómo entender que en zonas de fuerte presencia paramilitar y en la que muchas de las inversiones provenían de sus arcas, se crearan equipos de fútbol que hoy no existen? ¿Serán capaces directivos, técnicos, jugares de fútbol y hasta exalcaldes de hacer memoria y contar cómo fueron esas épocas, que son recientes realmente, y explicar cómo fue el sistema de contratación, cuánto ganaban, cómo se articulaban las administraciones locales y por qué hoy ya no existen o vendieron sin ningún problema su ficha deportiva a otros equipos?

Ese poderío también se sintió en algunos estadios del país. Hace varios meses me contaron la siguiente historia: en un estadio repleto de espectadores a finales del 2003 se iba a jugar un encuentro de Copa Libertadores. En esa ocasión y por disposiciones de seguridad, se prohibió que los jugadores saltaran a la cancha con menores de edad, como es habitual en partidos locales.

Pese a ello, uno de los jugadores del equipo local quería salir al gramado con un niño en brazos; de inmediato, fue abordado por un directivo quien le explicó que, en esa ocasión, eso no estaba permitido. El jugador le respondió que lo tenía que hacer y agregó: “usted no sabe de quién es este niño, lo mejor es que me deje llevarlo”. El directivo insistió en la prohibición, pero alguien fue hasta el sitio donde estaba el jefe paramilitar y le explicó lo que pasaba. El tipo bajó de la tribuna a la zona de camerinos, golpeó al directivo y exigió que su hijo saliera a la cancha con el equipo, lo que en efecto pasó. Varias personas se le acercaron al directivo y le recomendaron que no hiciera nada contra el agresor, “es mejor que se quede quieto, que usted no sabe quién es”. Una vez enterado del asunto, el directivo se vio obligado a pedirle disculpas al paramilitar.

Hay jugadores también, hoy en retiro y aún jóvenes, que deberían explicar cómo, de la noche a la mañana, se convirtieron en empresarios del fútbol. ¿De dónde sacaron el capital con el cual comenzaron a comprar fichas de jugadores extranjeros y a venderlos en equipos colombianos? ¿Será que estuvieron “apadrinados” por jefes paramilitares y por eso tanto silencio?

Pero hay más gente que debería hablar, sólo para hacer memoria, si quieren. Se trata de líderes de las barras de algunos equipos de fútbol que, por varios años, fueron controladas y patrocinadas por jefes paramilitares. Esa injerencia allí tuvo que ver con una dinámica de control urbano mucho más amplia en tiempos que había que cuidar la imagen de una de las principales ciudades del país.

En el año 2003, las barras de uno y otro equipo, rivales históricos, se descompusieron y comenzaron una serie de refriegas callejeras inaguantables no sólo para los hinchas que iban con sus familias al estadio, sino para los vecinos del complejo deportivo. Para poner orden, aparecieron mandos medios de una organización paramilitar y dejaron un mensaje muy claro: “o se componen o los componemos”. Ese disciplinamiento costó varios muertos. ¿Negarían los líderes de las barras aquellas tensas reuniones con un experimentado paramilitar y narcotraficante que los citaba “para saber cómo iban las cosas” y les imponían condiciones para mantener a los integrantes de las barras calmados?

Si se trata de hacer memoria de la presencia de sectores ilegales en el fútbol, que sea integral y no por episodios distantes. Aún hay mucho responsable de esa injerencia paramilitar en la calle que hoy posa de “hombre de bien” y que debería, por lo menos, estar contando la verdad. Sólo eso.

* Periodista e investigador. Texto publicado originalmente en Semana.com

lunes, 27 de junio de 2016

Con fútbol se preparan las FARC para la paz

En los frentes guerrilleros se practica balompié con “todas las de la ley”, mientras los negociadores hacen barra por sus equipos desde La Habana



La guerrilla de las FARC, en armas desde 1964, se encuentra en cese de hostilidades desde hace un año. Desde entonces, sus combatientes pasan los días en actividades culturales y educativas, según la instrucción de su comandante máximo, Timoleón Jiménez.

La guerra en Colombia se ha apaciguado a tal punto que los indicadores del conflicto registran su menor intensidad en los últimos 50 años. Mientras en La Habana, la delegación de paz de esa guerrilla avanza en la rúbrica de acuerdos con el gobierno nacional, en los campamentos guerrilleros se vive una cotidianidad tranquila y alejada de la confrontación.

En los últimos meses se volvieron habituales las visitas de reporteros nacionales y extranjeros que buscan retratar cómo se vive el fin del conflicto en las zonas guerrilleras. Uno de ellos, Federico Ríos, plasmó en un fotorreportaje cómo es la cotidianidad del Frente 34 en las montañas del Chocó. En él se registra cómo esa unidad guerrillera convive con la comunidad de la región, incluyendo la práctica del fútbol.

"La relación entre guerrilleros y civiles en estos lugares alejados es cordial. Comparten muchos trabajos y espacios", registra Ríos en su trabajo, publicado en La Silla Vacía. Este es el comentario de la imagen del “equipo de fútbol del frente 34”, en momentos en que se preparaba para jugar un partido amistoso con el equipo de la comunidad.


Aunque en épocas de conflicto también se practicaba deporte en las filas guerrilleras, ahora lo hacen junto con la comunidad y con los implementos idóneos, como muestran las imágenes. Además, según registran los reporteros de guerra, el voleibol era el "deporte oficial" de esa guerrilla, porque el fútbol solía dejar muchos lesionados. Parece entonces que la paz le brinda otra oportunidad a los futboleros farianos.

Pero no sólo en territorio colombiano el balompié es uno de los componentes del ambiente de paz que vive el grupo insurgente, fundado hace 52 años. En los entretiempos de la negociación con el gobierno, miembros de su delegación de paz han destapado sus afectos hacia clubes de fútbol del país.

Por ejemplo, Pastor Alape sufre y goza con el Independiente Medellín, Ricardo Téllez ha expresado sus simpatías por Atlético Nacional, y Sergio Marín es fervoroso seguidor de Independiente Santa Fe.

Mientras tanto, la mesa de conversaciones se aproxima hacia un acuerdo final. El pasado 23 de junio se anunció el acuerdo de cese al fuego bilateral y definitivo, todo un golazo contra los guerreristas que se aferran al pasado de odios y desesperanza. Empezar a construir un país en paz y reconciliación será el nuevo partido que dispute el pueblo colombiano.

miércoles, 22 de junio de 2016

Los dos goles más famosos de la historia: Maradona a los ingleses en México 86

"El gol del siglo" y "La Mano de Dios" son las anotaciones más reconocidas en la historia del fútbol. Las marcó Diego Armando Maradona en el Mundial de México 1986


El 22 de junio de 1986, en el Mundial de México, cayeron las "tropas de su majestad": la selección inglesa de fútbol. Poco después de la guerra de Las Malvinas (1982), Maradona hace lo que no pudieron los militares argentinos: vencer a Inglaterra.

Con dos genialidades suyas: la célebre "mano de Dios", y un gol de antología, calificado como el mejor del siglo XX, Argentina deja por fuera del Mundial a los ingleses, y luego, derrotando 3-2 a Alemania, se corona campeón.

"La mano de Dios".

El mejor gol de la historia de los mundiales: el segundo de Maradona a los ingleses, con la narración original de Víctor Hugo Morales.

El partido tuvo lugar en el Estadio Azteca de la Ciudad de México por los cuartos de final. La asistencia fue de 114.580 espectadores. El árbitro, Ali Bennaceur, de Túnez. Resultado final: Argentina 2 - Inglaterra 1.

lunes, 20 de junio de 2016

¿Celebración o vandalismo?

La adhesión a un club de fútbol no puede convertirse en motivo para martirizar a toda una ciudad



Por Camilo Rueda Navarro

Desde hace un par de años, el 18 de junio se volvió una fecha temida para la comunidad bogotana. Con el pretexto de celebrar el aniversario de uno de los equipos de fútbol de la ciudad, parte de sus hinchas la han convertido en una jornada de vandalismo y violencia.

En este día, las barras populares del Club Millonarios “festejan” el cumpleaños de su institución con marchas y concentraciones que generalmente terminan desbordadas en desmanes.

Enfrentamientos entre ellos mismos y vandalismo contra el transporte público, son habituales en esta jornada. Este año, según cifras de las autoridades distritales, fueron al menos 27 heridos, 152 detenidos y ocho buses de Transmilenio con averías por cuenta de las “celebraciones” de los hinchas del equipo azul.


Para el resto de ciudadanos de la capital se ha convertido en un tormento salir a las calles en esta fecha. Si ya de por sí el transporte público representa un padecimiento para los usuarios, con las celebraciones masivas de la hinchada embajadora éste queda al borde del colapso. En ocasiones anteriores se ha llegado a reportar el “secuestro” de articulados de Transmilenio.

A esto se añade que la rivalidad entre las propias barras de Millonarios y sus facciones desembocan en episodios de violencia y enfrentamientos en plena calle. En esta ocasión, entre la treintena de lesionados se encuentra un patrullero que quedó al borde de la muerte.

Estas prácticas, además de convertirse en dolor de cabeza para la ciudadanía bogotana, están muy lejos de representar la deportividad que seguramente buscaba el empresario barranquillero Alfonso Senior, cuando fundó el equipo azul hace 70 años.

Ante estos hechos, la intervención de las autoridades ha sido inocua. Las medidas preventivas que se puedan haber tomado han resultado, una vez más, ineficaces.

La ñapa de la jornada de este 18 de junio fue el poco heroico ataque a la sede social de la barra de Independiente Santa Fe, su equipo rival de la ciudad. Las barras azules desconocen así los compromisos que han adquirido con sus pares del resto del país en el marco del Colectivo Futbolero Colombiano, que reúne a la mayoría de hinchadas populares y que busca promover medidas de convivencia.

Lejos de un barrismo popular, los desmanes en la celebración del equipo “embajador” alientan las salidas represivas que una parte de la opinión deportiva impulsa.

Legitiman más bien la “mano fuerte” que desde escritorios y micrófonos algunos piden para enfrentar la violencia en el fútbol. Y empañan los esfuerzos que desde las mismas hinchadas se vienen impulsando, como la campaña “Sí al visitante”, entre otras fórmulas para promover la convivencia y la paz en los estadios del país.