miércoles, 15 de noviembre de 2017

Televisa y Fox Sports, involucradas en el “Fifagate”

En juicio por corrupción en el fútbol, el argentino Alejandro Burzaco admite pago de sobornos para obtener derechos de televisión


Televisa y Fox Sports, entre otras compañías de televisión, pagaron sobornos a dirigentes del fútbol a cambio de conseguir derechos de transmisión de torneos internacionales, testificó el martes el exdirector ejecutivo de una empresa argentina de publicidad deportiva durante un juicio en Estados Unidos sobre corrupción en el balompié.

El argentino Alejandro Burzaco, exejecutivo de la firma Torneos y Competencias, declaró que las compañías Fox Sports, Televisa, Media Pro, Tv Globo, Full Play Argentina y Traffic pagaron sobornos para obtener los derechos de transmisión de la Copa América y otros torneos.

Como evidencia del delito, la fiscalía presentó un acuerdo firmado en 2008 para que una sociedad formada entre Fox y la compañía de Burzaco pagara 3.7 millones de dólares a un holding empresarial con sede en las islas Turks y Caicos para canalizar el dinero. Las autoridades dijeron que el acuerdo fue firmado por un exejecutivo de Fox.

Cuando le preguntaron a quién mantenía al tanto de los sobornos, Burzaco respondió Fox Pan American Sports... Fox Sports.

Con ese mecanismo, la cadena obtuvo influencias y los derechos para transmitir su señal en Argentina y en otras partes del mundo, agregó.

Fox Sports no respondió de inmediato a una solicitud al respecto. Televisa indicó que no comentará hasta que tenga más información sobre el caso.

La acusación surgió durante el segundo día del juicio contra tres exdirigentes del fútbol en Sudamérica, acusados de recibir sobornos. Burzaco, quien se declaró culpable de crimen organizado y otros cargos, es el principal testigo en el juicio en Nueva York contra el expresidente de la Confederación Sudamericana de Futbol, Juan Ángel Napout; el extitular de la Confederación Brasileña, José María Marin, y el expresidente de la federación peruana, Manuel Burga.

Los exdirigentes, quienes se declararon inocentes, son los primeros que enfrentan juicio como parte de la investigación del Departamento de Justicia estadunidense, que destapó una red de corrupción que duró más de dos décadas y en la que se pagaron al menos 150 millones de dólares en sobornos. Más de 40 dirigentes y empresarios se declararon culpables.

Burzaco declaró que pagó sobornos a los tres. También aseguró que Julio Grondona, el durable dirigente del futbol argentino que falleció en 2014, los recibió en efectivo.

Grondona fue durante años uno de los principales asesores del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, además de dirigir el comité de finanzas del organismo rector.

Después de ser imputado en 2015, Burzaco dijo que se escondió antes de decidir cooperar con las autoridades.

Agencia AP

martes, 7 de noviembre de 2017

La revolución de las camisetas

Precisamente ahora que Rusia se pregunta a sí misma sobre la Revolución de 1917, su selección lucirá una camiseta con reminiscencias soviéticas



Por Carlos Martín Rio
Revista Panenka

Vivimos tiempos de ruido en los que se grita incluso cuando solo se quiere remarcar lo evidente. Y pese a ello, los símbolos, lo sutil, lo que dice sin decir nada sigue siendo relevante. De ahí la polémica vivida esta semana alrededor de la nueva camiseta de la selección española, en la que la combinación de colores insinúa algo parecido a una bandera republicana. Aunque parece evidente que el diseño en cuestión solo atiende a razones estéticas, las lecturas políticas, algunas interesadas, otras irónicas, otras enfurecidas, han ido desfilando por las redes y los medios, convertidas, cómo no, en espectáculo y entretenimiento. Nos decía el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores durante la preparación, ahora hace un año, del monográfico de Panenka sobre fútbol y periodismo, que hoy vivimos en una especie de “dictadura del diseño”. Se refería a un hecho concreto: a cómo había descendido el número de caracteres designados para sus columnas para favorecer un diseño más atractivo, con mayor presencia de blancos. Una frase un tanto provocadora, no hay duda, pero que nos sirve para valorar el lugar que ocupan los elementos gráficos en la sociedad actual. Quizá no siempre fue así pero, volviendo a las camisetas, hoy existen pocas dudas al respecto: los colores del fútbol no se eligen de forma aleatoria, son algo más. Y algo tan sencillo como los leves cambios ejercidos sobre una pieza de ropa en las oficinas de una multinacional -cada dos años, a lo sumo, persiguiendo la novedad continua, la comercialización constante- puede ser el aleteo de una mariposa que precipite una tormenta en un lugar lejano. Tan lejano, pongamos, como España. O como Rusia.

Estos días en los que se conmemora el centenario de la Revolución Rusa, y bajo un cierto desinterés de los medios locales, Rusia se ve sumergida una dicotomía, precisamente, en la que los símbolos ocupan un lugar principal. ¿Qué hacer con la Unión Soviética? ¿Fue aquel periodo un triunfo a reivindicar o un fracaso del que renegar? El mismo Vladimir Putin tiene que hacer equilibrios dialécticos para no colaborar en la fragmentación de la sociedad respecto a su pasado, y se mueve entre la nostalgia y la crítica, entre los claros y los oscuros. Se miden palabras y muchas veces se opta por hablar sin decir nada. Mientras unos han criticado que se suavice el legado de figuras como Stalin, otros preferirían que se reivindicara más a una revolución y a un régimen que cambiaron el mundo para siempre. Y en medio, una tercera parte de la población, según una encuesta reciente, que se declara incapaz de posicionarse al respecto. La conmemoración del Octubre de 1917 ha irrumpido como una fiesta extraña, difícil de clasificar, pero al mismo tiempo resulta imposible que el país se divorcie completamente de su pasado, gracias a episodios tales como la victoria en la Segunda Guerra Mundial, que sigue siendo un motivo de orgullo mayúsculo, del que renegar es poco menos que una traición. “El centenario debe servirnos como símbolo para superar la división social”, explicaba Putin. El mismo dirigente que inauguraba un monumento en recuerdo a las víctimas de la represión y que este verano se quejó de la “excesiva demonización” de la que era objeto Stalin. El mismo que se refirió hace meses al colapso de la URSS como “el mayor desastre geopolítico del pasado siglo”. Y alguien cuya intención, claro, está lejos de reavivar la llama de la revolución.

Y mientras se pregunta a sí mismo quién es y de dónde viene, el país se prepara para ser el centro de atención este verano, con la celebración del Mundial 18.

Colores del pasado

Resulta curioso observar cómo, en pleno debate sobre la revisión de su historia, sobre la necesidad o no de enterrar -literalmente- a Lenin, la selección rusa luce su camiseta más ‘soviética’ desde el fin de la URSS. En lo que a tendencias se refiere, el cambio está alineado con el deseo de Adidas de recuperar viejos diseños y modernizarlos, como señala perfectamente el editor de Panenka, Aitor Lagunas, en este hilo de tweets. Pero también supone la culminación de un proceso, digamos, estético que acerca cada vez más a la selección rusa al abrazo con su pasado. Todo un símbolo.

Con la separación del enorme estado soviético, y con el breve impasse de la Comunidad de Estados Independientes, la Federación Rusa empezó a competir en solitario en 1992. Al mismo tiempo, buscó potenciar los colores de la ‘nueva’ bandera tricolor (blanco, azul y rojo), originarios de principios del siglo XVIII y recuperados de los tiempos presoviéticos. El blanco, tradicionalmente reservado para la segunda equipación del uniforme soviético, pasaba a tener un protagonismo principal, el de la camiseta. Los pantalones se pintaban de azul, y el rojo, tercero en discordia, como mucho quedaba relegado a los calcetines. Del comunismo al capitalismo, el país se había vuelto del revés. Los colores solo seguían esa misma lógica de estatuas y muros que caían y promesas de mundos nuevos. El azul era el principal en la camiseta visitante, solo con un breve periodo a mediados de los 90 en el que se volvía a dar una oportunidad al rojo en la segunda equipación.

Desde 1993 y durante más de una década, y aun con los cambios en la marca responsable del diseño, esa lógica cromática se mantuvo inamovible. La selección rusa era esencialmente blanca -el color, dicho sea de paso, de los rusos contrarrevolucionarios que se enfrentaron a los bolcheviques, a la postre vencedores, durante la Guerra Civil rusa (1917-1923)-. Aunque los resultados del equipo en ese periodo fueron más bien grises, inservibles para superar la primera fase de cualquier torneo. La norma se rompió en 2008. En lo estético y en lo deportivo. Para la Eurocopa de Austria y Suiza, el equipo que por aquel entonces dirigía Guus Hiddink iba volver a asumir el rojo como color principal, acompañado, eso sí, de una bandera tricolor que atravesaba el pecho. Y, cosas de la vida, fue volver esa tonalidad a la selección rusa y pareció regresar el espíritu de los años 60 y 70, épocas en las que los chicos que jugaban con las siglas CCCP cosidas al pecho peleaban por los títulos. En el torneo de 2008, los Arshavin, Pavlyuchenko, Zhirkov y Akinfeev harían historia colándose en las semifinales, después de unos gloriosos cuartos de final ante la selección holandesa (1-3), a la que remataron en la prórroga con una memorable actuación de aquel pequeño ‘mago’ de San Petersburgo. Eso sí, ese día vestían de blanco.

Aquella generación parecía iniciar una nueva etapa para el fútbol ruso en la que finalmente se rompía con un pasado excesivamente mitificado y se daba con una personalidad fresca y propia. Pero fue un espejismo. Desde entonces, el juego y los resultados de Rusia han dejado mucho que desear. No estuvieron en el Mundial de Sudáfrica’10, y ni Dick Advocaat ni Fabio Capello ni Leonid Slutski ni Stanislav Cherchésov han sido capaces desde entonces de llevar al equipo más allá de una fase de grupos. Ni siquiera en la Copa Confederaciones del pasado verano, que disputaron en casa, un ensayo general que dejó con dudas a un combinado que en los próximos días recibirá a Argentina y España con el temor de enseñar demasiadas de sus vergüenzas futbolísticas.

La selección necesita cambiar su imagen sobre el césped, algo que no ha hecho mutar la paleta cromática de sus uniformes, que en los últimos años han ido variando solo la intensidad de un color que ha vuelto para quedarse. Y llegados a 2018, ese rojo es ya manifiestamente un regreso al pasado: la camiseta está inspirada en la que lució la URSS en los Juegos de Seúl de 1988, torneo en el que logró el oro al derrotar a Brasil en la final. Se cierra así un ciclo en lo que a diseño se refiere para la selección rusa. Un retorno, precisamente, a lo que quiso eliminar dos décadas y media atrás. Y lo hace,  en una etapa en la que el país parece querer acercarse de nuevo a esa vocación de grandeza que encarnaban los años soviéticos posteriores a la caída del imperio del Zar. Con una nueva retórica del poder -algunos la señalan como ‘imperial’- que ni bebe del zarismo ni de la vieja élite comunista, pero que se salpimenta con algunos de sus elementos más populares. ¿Es el fútbol uno de ellos?

Como ha ocurrido en España, un diseño a priori inocente en una camiseta con fecha de caducidad contribuye a que Rusia se mire en el espejo. Y, también como en España, lo hace en un momento decisivo en el que elementos transcendentales como el nacionalismo, el orgullo, la memoria o la dignidad configuran los argumentos. Pero solo son colores, ¿no?

Tomado de http://www.panenka.org/pasaportes/la-revolucion-las-camisetas/

lunes, 6 de noviembre de 2017

El fútbol italiano reivindica la figura de Ana Frank

Tras ser usada por aficionados de Lazio para ofender a los de Roma, su imagen se convierte en símbolo de la lucha contra el antisemitismo en el fútbol



Por Camilo Rueda Navarro

Varios estamentos del fútbol italiano reivindicaron la figura de Ana Frank, la niña alemana de origen judío que murió en un campo de concentración nazi y que es recordada por el diario que escribió cuando se ocultaba de la persecución antisemita.

A finales de octubre pasado, aficionados de la Lazio circularon calcomanías de la menor, luciendo la camiseta de su club rival, la Roma, junto con otras que señalan a sus hinchas de judíos. El Estadio Olímpico de Roma, que comparten ambas instituciones, fue cubierto con estos adhesivos.


La hinchada de Lazio es reconocida por sus inclinaciones políticas de derecha, y algunos de sus seguidores son abiertamente neofascistas. Además, señalan a sus rivales de ciudad como judíos e izquierdistas.

El gesto de las calcomanías causó el repudio de las autoridades italianas y generó que los estamentos del fútbol local asumieran la figura de Ana Frank como símbolo de la lucha contra el antisemitismo.

Los propios jugadores de Lazio lucieron camisetas con el rostro de Ana Frank y la consigna de “No al antisemitismo”. Además, en todas las categorías del fútbol italiano se guardó un minuto de silencio en su memoria. Y en los estadios se leyeron fragmentos de su diario.

“El diario de Ana Frank” fue un texto escrito mientras su autora se escondía con su familia de los nazis en Ámsterdam, Holanda, durante la Segunda Guerra Mundial. A la postre fue capturada y llevada a un campo de concentración, donde murió en 1945. Su escrito sobrevivió y fue publicado de manera póstuma, y la convirtió en una de las víctimas del holocausto más reconocidas.

“Ana Frank no representa a un grupo étnico o un pueblo. Todos somos Ana Frank cuando nos enfrentamos a lo inimaginable”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Angelino Alfano, al rechazar el acto de los aficionados de Lazio.

Hasta la fecha, las autoridades italianas investigaban los hechos. Ya fueron identificados 16 presuntos responsables, pero aún no se tomaban medidas judiciales o disciplinarias por el caso.

lunes, 30 de octubre de 2017

Esteladas y gritos de independencia en victoria del Girona sobre el Real Madrid

De “clamor independentista” califican el ambiente vivido en el estadio Montilivi en el partido entre los catalanes del Girona ante los merengues


El partido de la liga española entre el Girona y Real Madrid en el estadio de Montilivi estuvo impactado por los hechos políticos ocurridos en Cataluña, y en concreto por la reciente declaración de independencia.

El minuto 17 del juego sirvió de reivindicación de los hinchas locales, que expresaron la voluntad independentista de Cataluña. En las tribunas se coreó el grito de “libertad, libertad”.

También se escucharon gritos de independencia y se exhibieron banderas “esteladas” y otros símbolos catalanes.

Los medios destacaron que la jornada transcurrió sin incidentes, pese a que la afición local compartió con la madridista en las tribunas, y a que ésta portó símbolos nacionales españoles.

En lo deportivo, se destacó el triunfo 2-1 del Girona, club que viene de las divisiones menores pero que con una destaca actuación venció al poderoso Real Madrid, identificado además con los valores españolistas.

Tras el partido, Carles Puigdemont, presidente del gobierno catalán, publicó un mensaje en su cuenta de Twitter diciendo que “la victoria del Girona sobre uno de los grandes equipos del mundo es todo un ejemplo y un referente para muchas situaciones”.

El pasado 27 de octubre, el Parlamento catalán declaró la independencia de España, acto que fue respondido por el gobierno central con militarización y la destitución de las autoridades autonómicas.

martes, 24 de octubre de 2017

Selección siria de fútbol es "ejemplo de voluntad": Al-Assad

El mandatario sirio calificó de "fenómeno patriótico" la actuación de la oncena en las pasadas eliminatorias asiáticas


Por Telesur

La selección de fútbol siria es ejemplo de la voluntad del pueblo de superar la guerra, a pesar de todas las dificultades, indicó el lunes el presidente de la nación árabe, Bashar al-Assad, quien recibió a los jugadores y al cuerpo técnico y administrativo del equipo.

Los sirios perdieron (2-1) ante Australia en un partido reñido de las eliminatorias asiáticas que se definió en tiempo extra, en el que el ganador pasaba al repechaje del Mundial Rusia 2018. Se trataba de una oportunidad inédita de que Siria estuviese en la máxima cita del balompié.

“Lo logrado por la selección nacional es un fenómeno patriótico antes de ser deportivo y es una fuerte señal de que la guerra que está sufriendo Siria desde hace años no ha logrado debilitar la voluntad de los sirios, sino que les haya convertido en más fuertes y más unidos¨, aseguró al-Assad.

En ese sentido, afirmó que el desempeño de la selección siria a pesar de la cruenta guerra que lleva más de cinco años, es un logro.

Hizo hincapié en que este logro como otros conseguidos por los sirios en los diferentes campos, se debe a las victorias del Ejército sirio sobre los terroristas y la firmeza del pueblo sirio ante la guerra más feroz que ha sufrido Siria en la historia moderna.

En la actualidad casi la totalidad del territorio sirio está en manos del Ejército tras el combate contra Daesh.