jueves, 27 de agosto de 2020

Las protestas contra el racismo paralizan el deporte en Estados Unidos

La MLB (la liga de béisbol), la MLS (la de fútbol), la WNBA (la de baloncesto femenino) y el tenis se unen al histórico boicot en la NBA por el caso de brutalidad policial en Wisconsin. 


Por Diego Fonseca
El País

Primero fue la NBA, que suspendió los tres partidos de playoffs programados para la jornada del miércoles en la burbuja de Disney World después de que los Milwaukee Bucks boicotearan, en una decisión sin precedentes, el encuentro ante Orlando Magic y no comparecieran en protesta por el caso de brutalidad policial en el que un agente tiroteó por la espalda al afroamericano Jacob Blake en la ciudad de Kenosha (Wisconsin). Y después fueron la MLB (la liga de béisbol), la MLS (la de fútbol), la WNBA (la de baloncesto femenino) y el tenis, con la jornada suspendida en el Masters 1000 de Cincinnati, los que se sumaron al histórico boicot y paralizaron el deporte en Estados Unidos en protesta por la violencia racista y policial en el país.

La tenista Naomi Osaka, ganadora de dos Grand Slam y una de las jóvenes con más talento del circuito, anunció en sus redes sociales que no iba a jugar este jueves la semifinal del Masters 1000 de Cincinnati contra la belga Elise Mertens. ”Antes que una atleta soy una mujer negra. Y siento que hay asuntos mucho más importantes que necesitan atención inmediata en vez de verme jugar al tenis”, argumentó en el comunicado la japonesa, de 22 años. La tenista afirmó que estaba cansada del “continuo genocidio de gente negra a manos de la policía”. “¿Cuándo será suficiente?”, se preguntó en el mensaje, en el que incluyó el nombre de víctimas de violencia policial como Jacob Blake, Breonna Taylor, Elijah McClain y George Floyd, cuyo asesinato a manos de la policía en mayo desencadenó una ola de protestas en todo el mundo bajo el paraguas del movimiento Black Lives Matter. Tras la decisión de Osaka, la ATP y la WTA decretaron la suspensión de la jornada en Cincinnati. “Como deporte, el tenis está adoptando colectivamente una postura contra la desigualdad racial y la injusticia social que, una vez más, ha pasado a primer plano en los Estados Unidos. La USTA, el ATP Tour y la WTA han decidido reconocer este momento en el tiempo pausando el juego en el Western & Southern Open el jueves 27 de agosto. El torneo se reanudará el viernes 28”, anunciaron los organizadores en un comunicado.

Los equipos de la MLS tampoco disputaron la séptima jornada de la liga por el caso de brutalidad policial contra Blake, de 29 años, que el fin de semana recibió siete disparos en la espalda por parte de la policía. Los primeros en tomar la decisión fueron los jugadores del Inter Miami y el Atlanta United, que se enfrentaban en el Inter Miami Stadium (Fort Lauderdale, Florida) y decidieron no jugar el partido. Los deportistas de ambas formaciones posaron abrazados junto a los árbitros en el centro del campo antes de que se suspendiera el encuentro. La mecha prendió y ocurrió lo mismo en el choque entre los Dallas FC y los Rapids de Colorado en Frisco, en el Real Salt Lake-Los Ángeles FC, en el San Jose Earthquakes-Portland Timbers y en el enfrentamiento entre Los Angeles Galaxy y Seattle Sounders, que anunciaron que tampoco saldrían al terreno de juego.

La protesta se hizo extensiva en la MLB y en la WNBA. Los Milwaukee Brewers y los Cincinnati Reds no jugaron su partido de liga en el Miller Park, en Milwaukee. Tampoco se disputó el encuentro entre San Francisco Giants y Los Angeles Dodgers ni el que enfrentaba a San Diego Padres con los Mariners de Seattle, el club con la mayor cantidad de jugadores negros de la competición. En la liga femenina de baloncesto se cancelaron tres encuentros. El sindicato de las jugadoras emitió un comunicado en el que piden enfocar el problema: “Lo que hemos visto en los últimos meses, y más recientemente con el brutal tiroteo policial de Jacob Blake, es abrumador”.

El boicot emprendido por los jugadors de la NBA provocó la cancelación este miércoles de los tres partidos de los playoffs de la competición agendados para la jornada: Milwaukee-Orlando, Oklahoma-Houston y Lakers-Portland. Este jueves, después de que algunas plantillas –sobre todo los Lakers de Lebron James y los Clippers de Kawhi Leonard– pusiesen sobre la mesa la posibilidad de forzar la cancelación de lo que queda de temporada, los jugadores han decidido terminar las eliminatorias.

Muchos deportistas de la NBA habían revelado hacía tiempo su malestar por el racismo policial. Por ejemplo, algunos participaron en las manifestaciones y marchas celebradas en varias ciudades de EE UU en protesta por el asesinato de George Floyd, fallecido por asfixia el 25 de mayo en Minneapolis después de que el agente de policía blanco Dereck Chauvin le clavara la rodilla en el cuello durante 8 minutos y 46 segundos mientras protestaba porque no podía respirar.

El caso de Blake, como el de Floyd, fue grabado en vídeo. En un fragmento de 20 segundos se ve cómo el afroamericano, de 29 años, recibe siete disparos de un agente en la espalda mientras intenta entrar por la puerta del lado del conductor de su vehículo, en el que se encontraban tres de sus hijos. Antes, el propio policía, con un compañero, intentan detenerlo, pero él no les hace caso. El hombre permanece grave en un hospital y los médicos temen que se quede parapléjico. Su muerte desencadenó en Wisconsin protestas antiracistas y contra la violencia policial que en la noche del martes –la tercera consecutiva con disturbios– dejaron dos muertos y un herido.


domingo, 5 de julio de 2020

"Que la industria del fútbol no descubra que puede prescindir de los espectadores": Bielsa

El entrenador Marcelo Bielsa considera "injusto" dejar de valorar lo que el aficionado representa.


Marcelo Bielsa dijo en una rueda de prensa que desea "que la industria del fútbol no descubra que puede prescindir de los espectadores".

El técnico argentino, actual entrenador del Leeds United en la segunda división del fútbol inglés, se refirió a la reanudación de las ligas europeas sin público en las gradas debido a la pandemia del coronavirus.

"Sinceramente no recuerdo haber pasado por una situación de este tipo de jugar sin público. Sería injusto no valorar lo que el aficionado representa para cada equipo", explicó.

Con la declaratoria de la pandemia, la mayoría de ligas de fútbol profesional suspendieron las competiciones. Algunas de ellas se han reanudado sin la presencia de hinchas en los estadios, como el caso de Inglaterra.

Esta situación excepcional ha sido criticada por agrupaciones de aficionados, que consideran que jugar a puerta cerrada protege los intereses económicos de las transmisiones televisivas, mientras deja de lado a los hinchas y los reduce a telespectadores.

martes, 16 de junio de 2020

Napoli-Juventus: historia de un choque cultural que se transformó en clásico

“Ganarle a la Juve no era sólo un partido -dijo alguna vez Maradona-. Era ganarle al Norte rico y próspero”. La antipatía es anterior al enfrentamiento en la cancha entre Diego y el francés Platini: se remonta nada menos que a 1861, con la unificación del país.


Por Roberto Parrottino
Tiempo Argentino

“¿Tenés dos chicas?”, le pregunta por teléfono Maradona a una mujer. Son las tres y media de la mañana del 7 de enero de 1991. La mujer, integrante de la Camorra, la mafia napolitana al mando del clan Giuliano, le dice que sí, y que espere, que no corte: su hijo lo quiere saludar. “¿Qué pasó en Turín, Diego?”, le pregunta. El día anterior, Napoli había perdido 1-0 ante Juventus. “Una desgracia -le responde-. Son unos hijos de puta”. La comunicación es intervenida por las autoridades locales. “Operación China”. La relación Italia-Maradona se había roto en el Mundial 90. En septiembre es condenado a 14 meses de prisión por tenencia de cocaína. Y luego de un doping positivo abandona la ciudad por la puerta de atrás.

Una rivalidad que antecede a Maradona

El Reino de Piamonte, cuya capital llegó a ser Turín, unificó en 1861 a Italia, hundió tras una guerra de diez años al Reino de las Dos Sicilias, cuya capital era Napoli. Robo de riquezas, desindustrialización, abandono y migración de trabajadores. De ahí que, como escribió el antropólogo francés Christian Bromberger, un triunfo de Napoli ante Juventus se considera “una especie de revancha de un Sur víctima de un Norte desdeñoso”. Juventus, el club de la automotriz FIAT (Fabbrica Italiana Automobili Torino), propiedad de los Agnelli, es presidido hoy por Andrea Agnelli, hijo, sobrino y nieto de presidentes. En 2017, Agnelli fue suspendido un año por entregarles entradas para la reventa a los ultras, vinculados a la 'Ndrangheta, la mafia calabresa. Porque los negocios sucios no son patrimonio del Sur de Italia.

“Ganarle a la Juve no era sólo un partido -dijo alguna vez Maradona-. Era ganarle al abogado Agnelli y al Norte rico y próspero”. El Sur de Italia -el mezzogiorno- había ganado un sólo scudetto antes de la llegada de Maradona: el Cagliari, en 1970. El Napoli con Diego gana dos Serie A (1987 y 1990), la Copa Italia 1987, la Copa UEFA 1989 y la Supercopa de Italia 1990. “Chi non salta juventino è”, cantan los napolitanos, y “velan” a Juventus en cajones bianconeros. Es la respuesta a los cantos racistas en los estadios del Norte. “Sentí qué olor, se escapan hasta los perros/ están llegando los napolitanos/ los colerosos, terremotati/ que con el jabón nunca se lavaron/ Napoli mierda”. En 1981, antes de que pasara de Argentinos a Boca, Juventus buscó a Maradona. El presidente Giampiero Boniperti viajó a Argentina. Ofreció 1.300.000 dólares a cambio de un préstamo por un año. Pero el pase se cayó: la FIAT atravesaba uno de los mayores conflictos sindicales de su historia. La familia Agnelli era también dueña de los diarios Corriere della Sera y La Gazzetta dello Sport. En 1984, ya con Diego en Napoli, le preguntaron a Gianni Agnelli, tío de Andrea, por qué no lo había contratado. “No somos tan ricos para tenerlo -dijo-, ni tan pobres para necesitarlo”. Era la Juventus del francés Michel Platini.

El coronavirus invirtió los papeles históricos entre Norte y Sur. Con epicentro en la región de Lombardía, muchas personas escaparon hacia el Sur. Se cerraron fronteras internas. Tres regiones del Norte (Emilia-Romaña, Piamonte y Lombardía) concentran el 70% de los casos de Covid-19, mientras que las seis regiones del Sur suman menos del 8%.

El duelo hoy

La actual Juventus, con Cristiano Ronaldo como estrella, hegemoniza la Serie A: ganó los últimos ocho scudettos. En el medio inauguró su moderno “Juventus Stadium”. El Napoli conserva el viejo y raído San Paolo. Pero lejos está de otros tiempos en los que llegó a jugar en la tercera división después de una quiebra económica. Rescatado por el productor de cine Aurelio De Laurentiis, Napoli fue cuatro veces subcampeón de Juventus. En 2012 hasta le ganó la final de la Copa Italia. Y en el actual equipo juega el delantero belga Dries Mertens, que en la reanudación del calcio post pandemia se convirtió en el máximo goleador histórico del club (122 goles), superando a Marek Hamšík (121) y a Maradona (115). Juventus tiene como entrenador a Maurizio Sarri, de paso exitoso por Napoli. Y a Gonzalo Higuaín, que “traicionó” a Napoli en 2016, y es hoy imagen de papeles higiénicos que se venden como souvenirs en la ciudad. “El abogado Agnelli -recordó por aquellos días Maradona- me cortejaba como un enamorado, me puso un cheque en blanco sobre la mesa. Pero no podía traicionar el amor de los napolitanos. La relación con Higuaín ha terminado, pero nunca lo hará conmigo”.

De aquellos duelos históricos entre Napoli y Juventus queda “el gol imposible” de Maradona en el San Paolo en 1985, anterior a los títulos. El 3 de noviembre se cumplirán 35 años. Tiro libre indirecto dentro del área. Stefano Tacconi en el arco de Juventus. La barrera adelantada, a casi cinco metros en lugar de los 9,15 reglamentarios. Sin ángulo. “No importa, tocala que yo me arreglo”, le dice Maradona a su compañero Eraldo Pecci. La última victoria de Napoli ante Juventus había sido 12 años atrás. Una caricia de zurda. Gol y triunfo 1-0.



“Juventus-Napoli es un choque cultural entre dos Italias muy lejanas y que entienden la vida y el fútbol completamente diferente -dice Antonio Moschella, periodista napolitano y tifosi de Napoli-. Y aquel momento fue la sublimación del acto de rebeldía del pueblo napolitano, siempre frustrado por su impotencia contra los tiranos del Norte. Si el Napoli mira hoy sin miedo y a los ojos a Juventus, es gracias a aquel gol de Diego”.

Tomado de: https://www.tiempoar.com.ar/nota/napoli-y-juventus-se-disputan-la-copa-italia-los-antecedentes-de-una-rivalidad-historica

sábado, 6 de junio de 2020

Cuentos de fútbol: Atiguibas (Julio Ramón Ribeyro)


En el viejo estadio nacional José Díaz -ahora ampliado y modernizado- viví de niño y luego de muchacho horas inolvidables. Con mi hermano vimos desfilar por la grama pelada de la cancha a los más renombrados clubes del fútbol de Argentina, Brasil y Uruguay. Y también del Perú, hay que decirlo, pues entonces teníamos grandes jugadores y equipos que realizaron hazañas memorables. En las Olimpiadas de Berlín del 36, para poner un ejemplo, estuvimos a punto de campeonar luego de vencer a Austria por 4 a 2. Pero a Hitler no le gustó la cosa: que negros y zambos de un país como el Perú derrotaran a rubios teutones era para él no sólo un traspié deportivo sino un revés ideológico. La FIFA, presionada por el Führer, ordenó que se anulara el partido alegando que la cancha tenía no sé cuántos metros más o menos de largo. Nos retiramos de las Olimpiadas, con lo que salvamos nuestra dignidad, pero perdimos el campeonato.

En esa época, cuando venía un equipo extranjero, había que ir al estadio a las diez de la mañana, si uno quería encontrar sitio en las tribunas populares. El partido de fondo era a las cuatro de la tarde, de modo que para que el público no se aburriera se jugaban antes unos diez o doce partidos preliminares: calichines, infantiles, juveniles, equipos de barrio o clubes de segunda y tercera división. Todo ello bajo un sol de plomo, pues las temporadas internacionales eran en pleno verano. Los espectadores tenían que ponerse viseras o fabricarse gorros con papel periódico. Y la mayoría de ellos llevar su almuerzo en bolsas o paquetes, si no querían desfallecer de hambre a mitad de la tarde. Las tribunas se convertían así no sólo en una galería atestada de hinchas síno en un gran comedor público o picnic distribuido en las graderías. Y en un tráfico de vendedores ambulantes, pues siempre faltaba algo que comer o que beber o que fumar y entonces entraban a tallar los mercachifles que se deslizaban por las gradas ofreciendo empanadas, butifarras, anticuchos, cigarrillos al menudeo y botellas de cerveza y gaseosas. Cuando el partido estaba que ardía, se deslizaban agachados, casi reptando, pues de lo contrario eran blanco de insultos y proyectiles, si no eran simplemente echados a empujones por encima de las cabezas de los espectadores hasta aterrizar al borde de la cancha.

Un detalle para completar el ambiente de las tribunas populares de entonces: la de "segunda", a la que íbamos mi hermano y yo, era de cemento hasta las diez primeras gradas y de madera hasta la parte más alta. No había en ellas baños ni retretes. Después de horas de ver fútbol y de beber, el público quería orinar. No quedaba más remedio que subir hasta la última grada y mear por encima de la baranda sobre el espacio de tierra situado entre las tribunas y las altas paredes que cercaban el estadio. Quien en esos momentos se arriesgara a caminar por ese lugar tenía asegurado su duchazo de orines. Pero lo más frecuente era que los meones no pudieran subir hasta la última grada porque había mucho público o porque ya no se aguantaban y entonces buscaban un orificio en las graderías de madera y adoptando posiciones grotescas metían su pito por allí y se aliviaban entre las risas y bromas de los hinchas. En esa época no iban mujeres al estadio. El fútbol era sólo cosa de machos.

El grito surgió en medio del tenso silencio que reinaba durante el partido entre el popular club nacional Alianza Lima y el visitante argentino de turno, el San Lorenzo de Almagro. Los negros del Alianza acababan de empatar a un gol con sus rivales cuando la voz resonó en lo alto de la tribuna de segunda:

-¡Atiguibas!

Era la primera vez que escuchábamos ese grito. El público lo recibió con risotadas y el partido continuó, cada vez más angustioso pues los argentinos amenazaban sin descanso el arco aliancista. Pero cada cinco o diez minutos volvía a escucharse el grito:

-¡Atiguibas!

Y el ambiente se relajaba.

Pronto los argentinos concretaron su dominio: el corpulento Lángara, centro delantero vasco del San Lorenzo, marcó tres goles seguidos, el último de ellos con un cañonazo desde treinta metros. Ya no había nada que hacer, habíamos perdido. Dejamos las tribunas con el rabo entre las piernas justo cuando un último "¡Atiguibas!" resonaba en el estadio y lograba apenas hacernos sonreír.

A partir de entonces, no hubo match internacional o de campeonato, en el que este grito no se escuchara en el estadio, estuviese el partido aburrido o apasionante, fuésemos ganando o perdiendo, despertando siempre hilaridad en el público. ¿Quién lo lanzaba? Su autor era al parecer inubicuo, alguien que estaba un día en una tribuna y luego en una diferente. Mi hermano y yo, a fuerza de ir al estadio, logramos localizar el origen del grito en la parte alta de la tribuna de segunda y a veces en la tribuna de popular norte, pero no distinguimos al sujeto que lo lanzaba. La voz era potente, ronca, una voz borrachosa o negroide. Pero el estadio estaba lleno de borrachosos y negroides. ¿Qué significaba además esa palabra? Nadie lo sabía. Todos a quienes preguntamos, en el estadio o fuera de él, decían haberla escuchado pero ignoraban su significado.

Una tarde al fin logramos ver al gritón y en circunstancias más bien sombrías. Fue durante un partido muy esperado en el cual el campeón nacional Universitario de Deportes -del cual mi hermano y yo éramos hinchas furiosos- recibía al campeón brasileño Sáo Paulo. Como el uniforme de ambos equipos era blanco, Universitario por cortesía con el visitante cambió el suyo por una camiseta verde. Ver salir a nuestro equipo con una camiseta de otro color nos dio mala espina. Había de por medio además un duelo entre centrodelanteros: Leonidas, llamado el Diamante Negro brasilero, y Lolo Fernández, el Cañonero peruano. Apenas sonó el silbato se escuchó un estruendoso "¡Atiguibas!" que puso a todos de buen humor. Y el buen humor aumentó cuando nuestro equipo abrió el marcador gracias a un tiro libre de Lolo Fernández. El primer tiempo terminó a nuestra ventaja, pero al comenzar el segundo el Diamante Negro se destapó. Era un negro de frente muy despejada, casi calvo y de físico esmirriado, pero diabólicamente técnico, inteligente y mañoso. En apenas veinte minutos sus jugadas sembraron la confusión en nuestra defensa y el Sáo Paulo anotó cinco goles seguidos. El último de éstos fue como un detonador: el público pasó por encima de las alambradas e invadió la cancha, no se sabía si para agredir a los brasileros o para linchar a los peruanos. El árbitro dio por terminado el partido y ambos equipos huyeron hacia los camerinos custodiados por la policía. Fue entonces cuando sonó un "¡Atiguibas!" lastimero en medio de las graderías que se despoblaban y pudimos ver en lo alto de la tribuna de segunda, nuestra tribuna, a un mulato bajo, regordete, de abundante pelo zambo, que hacía bocina con sus manos y lanzaba un postrero "¡Atiguibas!", justo cuando fanáticos de la mala entraña hacían fogatas con periódicos, las tribunas de madera empezaban a flamear y nosotros teníamos que abandonar el estadio a la carrera.

No sólo las fogatas nos impidieron esa tarde acercarnos al mulato gritón, sino el abatimiento. Quien no conoce las tristezas deportivas no conoce nada de la tristeza. Esa vez, como muchas otras veces, salimos del estadio con la muerte en el alma, desesperados de la vida, sin saber cómo podríamos consolarnos del fracaso de nuestro equipo. Éramos aún muy chicos para buscar olvido en las cantinas y por supuesto no lo bastante maduros para encajar filosóficamente una derrota. No nos quedaba otra cosa que sufrir durante días o semanas, hasta que el tiempo aplacara nuestro dolor o una victoria de nuestro equipo nos devolviera la alegría.

Una victoria, eso tardaría en venir, pero al fin la tuvimos e inolvidable, uno o dos años más tarde, cuando llegó a Lima precedido por inmensa fama el Racing Club de Buenos Aires. Acababa de ganar el campeonato argentino, habiéndose mantenido invicto en los últimos veinte partidos. En su plantel todos eran estrellas, pero sus figuras más descollantes eran el arquero Rodríguez, el defensa Salomón (un metro noventa y cinco por cien kilos de peso) y el alero ízquierdo Ezra Sued. Universitario de Deportes, en cambio, había terminado tercero del torneo nacional y su célebre Cañonero Lolo Fernández, nuestro ídolo, estaba lesionado y quedaría en el banco de los suplentes.

El partido comenzó a las cuatro de la tarde, precedido por un estruendoso "¡Atiguibas!" que resonó esta vez muy cerca de nosotros. El Racing era realmente una máquina de hacer goles. En apenas diez minutos su centro delantero Rubén Bravo, gracias a pases milimétricos de Ezra Sued, perforó dos veces la valla de nuestro equipo. La delantera de Universitario, conducida por el flaco Espinoza, se estrellaba sin remedio contra el gigante Salomón. En el estadio reinaba un silencio pavoroso y ni siquiera el zambo gritón, a quien ubicamos ahora pocas filas más arriba, se atrevía a lanzar su arenga.

Al promediar el primer tiempo el entrenador de Universitario decidió hacer entrar a Lolo en reemplazo del flaco Espinoza. Su aparición en el campo, con su redecilla en la cabeza y un ancho vendaje en el muslo, despertó aplausos atronadores y un alentador "¡Atiguibas!". Y entonces se produjo el milagro. Lolo Fernández marcó cinco goles, pero cada uno de ellos fue una obra de arte, un modelo de fuerza, técnica, coraje y oportunismo. El primero fue un cañonazo de quince metros, al empalmar a la carrera un centro a media altura que le envió el alero izquierdo. El segundo una "palomita" entre las piernas de Salomón, impulsado con la cabeza, casi al ras del suelo, un centro-tiro de su hermano Lolín. El tercero fue simplemente un golpe de taco, de espalda al arco, aprovechando una bola que vacilaba en el área de castigo. En la segunda parte del encuentro, Racing de entrada marcó un gol, con lo que igualó tres a tres y sembró pánico en la hinchada. Los platenses se volcaron con ardor en el campo de Universitario, decididos a defender su prestigio de campeón argentino. Pero Lolo estaba en su tarde gloriosa: aprovechando un tiro de esquina se elevó por encima del gigante Salomón y envió un cabezazo que rebotó delante del arco y penetró en la valla. Minutos más tarde, durante un nuevo contraataque, recibió un pase en el centro del campo, avanzó velozmente con el esférico y sin detenerse envió desde fuera del área un violento tiro rasante que venció la valla argentina por quinta vez. El arquero Rodríguez, de pura rabia, se quitó la gorra y la arrojó al suelo. Fue un signo de claudicación: el Racing, desmoralizado, aceptaba su derrota. En los minutos finales se limitó a jugar a la chacra para evitar un nuevo gol. El match terminó en medio de hurras, cantos y chillidos de júbilo y entre éstos el infalible y sonoro "¡Atiguibas!". Como esta vez el mulatón estaba a nuestro alcance, mi hermano y yo tratamos de abordarlo para compartir nuestra emoción y sonsacarle de paso el sentido de su enigmático grito. Pero una turba de hinchas borrachos que blandían botellas de cerveza lo rodearon y en ruidosos tumultos se perdieron por una de las oscuras escaleras que descendían hacia las puertas de salida.

Seguimos yendo al viejo estadio durante años, más por costumbre que por pasión. Las derrotas nos hacían aún sufrir y los triunfos gozar, pero con menos intensidad que antes. Éramos ya mozos, descubríamos el amor, el arte, la bohemia, la ambición, otros ámbitos donde invertir nuestros sueños y cobrar otra calidad de recompensa. Öbamos a la segunda en grupo, tomábamos cerveza, llegábamos incluso a burlarnos piadosamente de nuestros ídolos, Lolo Fernández entre otros, que se acercaba a la cuarentena y fallaba lamentablemente hasta tiros de penal. Y el "¡Atiguibas!" seguía resonando, con menos frecuencia que antes, es verdad, pero seguía resonando, despertando siempre la risa del público y nuestra curiosidad. Una especie de fatalidad impedía sin embargo que abordásemos la fuente del grito, el zambo borrachoso, a pesar que lo tuvimos algunas veces tan cerca que pudimos ver su encrespada melena, su tosca nariz un poco torcida y su cutis más morado que negro, marcado por cráteres y protuberancias, como un racimo de uvas borgoña muy manoseado. Gresca, tranca o llegada de la "segundilla" (público al que se abría las puertas del estadio media hora antes que terminara el partido y que inundaba las tribunas de segunda) lo sacaron siempre de nuestra órbita. Es así que terminé por no ir ya más al estadio y luego por abandonar el país sin haber podido resolver el secreto de este grito.

Muchos años más tarde, en uno de mis esporádicos viajes al Perú, me aventuré por el Jirón de la Unión, convertido ya en calle peatonal atestada de ambulantes, cambistas, vagos y escaperos. Me abría paso difícilmente entre la muchedumbre cuando divisé en el atrio de La Merced a un pordiosero de pie al lado del pórtico con la mano extendida. Su rostro me dijo algo: esa nariz asimétrica, esa pelambre ensortijada ahora grisácea y sobre todo ese cutis morado, violáceo, como de carne un poco pútrida. ¡Acabáramos, era Atiguibas! ¡La ocasión al fin de abordarlo, de acosarlo y de averiguar el significado de esa palabra que durante años traté en vano de conocer! Me salí del río de peatones y me acerqué al mendigo que, según noté, tenía un pie envuelto con un espeso vendaje sucio. Al sentir mi presencia alargó más la mano cabizbajo:

-Alguito no más para este anciano enfermo. Su voz ronca era inconfundible.

Inclinándome le murmuré al oído:

-Atiguibas.

Fue como si lo hubiera hincado con un alfiler. Dio una especie de respingo y levantó la cabeza, mirándome con los ojos muy abiertos.

-No me digas que no -continué-. Te conozco desde que iba al estadio de chiquito. La tribuna de segunda, allí arriba. ¡Cuántas veces te he oído gritar! Pero ahora me vas a decir lo que quiere decír Atiguibas. He esperado más de veinte años para saberlo.

El mulato me observó con atención y alargó más la mano.

-Sí, pero me sueltas unos verdes.

Tenía en el bolsillo un billete de cinco dólares y otro de cien.

Le mostré el de cinco. Hizo un gesto negativo con la cabeza.

-Veinte dólares.

Protesté, diciendo que eso era una estafa, que si no fuera porque estaba en Lima de paso no le hubiera ofrecido ni un solo dólar, pero el mulato no cejó.

-Bueno -dije al fin-. Voy a cambiar estos cien dólares. Espérame aquí.

El mulato me retuvo.

-Esos cambistas son de la mafia. Venga conmigo acá adentro. Yo conozco al sacristán. Él paga bien.

Entré a la iglesia guíado por él, que se desplazaba sin mucha dificultad a pesar de su pie vendado. El templo a esa hora estaba casi vacío, frecuentado sólo por algunos turistas y beatas e iluminado por los cirios que titilaban ante algunas imágenes. Pasamos delante de varios confesonarios desiertos hasta llegar a una puerta lateral que estaba entreabierta.

-¿Tiene el billete allí? Me espera un instante. Le entregué los cien dólares y di unos pasos hacia el sagrario para apreciar de más cerca las tallas barrocas del altar mayor, pero a los pocos metros me detuve atenazado por la sospecha y volví rápidamente hacia la sacristía. En esa pieza no había nadie, ni tampoco en la contígua, ni en la siguiente que, por una pequeña puerta, reconducía a la nave lateral. Ya ni valía la pena echarse a buscar al mulato, que no era ni cojo ni mendigo. De pura cólera lancé un estruendoso "¡Atiguibas!" que resonó en todo el templo alarmando a las viejas dobladas en sus reclinatorios. Y creí comprender el sentido de esa palabra cuando al salir de la iglesia me sorprendí diciéndome que ese mulato pendejo me había metido su atiguibas.

(Del libro Cuentos completos, Alfaguara, 1994)

domingo, 31 de mayo de 2020

El fútbol homenajea a George Floyd: los festejos que pidieron justicia

Achraf Hakimi, Weston McKennie, Jandon Sancho y Marcus Thuram son algunos de los deportistas que han exigido justicia por George Floyd.


Las protestas a raíz de la muerte de George Floyd, el ciudadano negro estadounidense de 46 años que fue asesinado esta semana por un policía de Minneapolis, están provocando grandes estallidos sociales en varias ciudades norteamericanas.

Pero muy lejos de estas movilizaciones que generan conmoción en Estados Unidos hay otro tipo de demostraciones de repudio y condena al asesinato, que se dan en el marco del deporte, como se observó durante el fin de semana en la Bundesliga alemana.

Este domingo, durante el partido en el que Borussia Monchengladbach goleó por 4 a 1 a Unión Berlín, el delantero francés Marcus Thuram protagonizó una escena que enseguida llamó la atención, tras anotar un gol: puso la rodilla izquierda sobre el césped y plantó el brazo derecho en su muslo derecho, bajando la cabeza reflexionando. Permaneció cinco segundos así antes de levantarse para seguir jugando.


En la celebración de primer gol de su cuenta personal, el hijo del legendario defensor Liliam Thuram, utilizó el mismo gesto que popularizó el jugador de fútbol americano de San Francisco 49ers, franquicia de la NFL, Colin Kaepernick, en 2016, para denunciar la violencia policial en Estados Unidos y en apoyo del movimiento 'Black Lives Matter' (las vidas de los negros importan).

Actitudes como la que tomó Thuram también se dieron el la Liga alemana de otras maneras. Uno de ellos fue Weston McKennie, el estadounidense jugador de Schalke 04, que el sábado llevó un brazalete en el que pedía justicia por su compatriota asesinado.

En el triunfo de Borussia Dortmund por 6 a 1 sobre Paderbornse dieron también dos situaciones alusivas al asesinato. El jugador inglés Jadon Sancho, autor de tres goles, festejó uno de sus tantos sacándose la camiseta y mostrando una remera con la leyenda "Justice for George Floyd" (Justicia por Geoge Floyd). Achraf Hakimi, su compañero de equipo, también celebró su gol con un pedido de justicia haciendo una cruz con sus brazos en alto.

La manifestaciones que se vieron por parte de otras figuras del deporte se pudieron ver en frases como la que dejó la ex estrella de la NBA, Kareem Abdul Jabbar, que escribió una estremecedora columna: "Se abrió la temporada de caza de negros", publicó en Los Angeles Times. También conmovió la publicación de Twitter que dejó la joven tenista negra Coco Gauff.

Otros deportistas reconocidos que se hicieron sentir en sus redes sociales fueron el basquetbolista LeBron James y el futbolista Kylian Mbappé, que también pidieron justicia y castigo para Derek Chauvin, el efectivo de la policía de Minneapolis que acabó con la vida de Floyd. El agente fue destituido de la fuerza y afronta una posible condena de hasta 30 años de prisión.

Tomado de lanacion.com.ar