martes, 16 de junio de 2009

El fútbol y la guerra fría: Los "Chollima" de Corea del Norte

Por Santi Plaza
Notas de Fútbol



Corea del Norte sigue siendo todo un enigma para el resto del mundo. Salvo las imágenes anuales de su desfile militar, algunas hambrunas periódicas, sus coqueteos con las armas nucleares y su inclusión en el “Eje de Mal” bushiano, poco más se sabe de lo que ocurre al norte del paralelo 38, salvo tal vez las informaciones que podemos encontrar en la delirante página web del país.

Pero el fútbol abrió hace unos años una brecha y fue la excusa para colar algunas cámaras en el hermético estado oriental. Fue el director de cine británico Daniel Gordon el que consiguió el permiso para rodar un documental futbolero en Corea del Norte, tras cuatro años de esfuerzos. El documental, bajo el título de “The Game of Their Lives” (2002), habla de la increíble victoria de la selección de Corea del Norte sobre Italia en el Mundial de 1966, cómo se vivió aquella hazaña a uno y otro lado del telón de acero y sigue a los protagonistas del encuentro en la actualidad.

En 1966 Corea del Norte estaba en plena expansión económica tras los destrozos de la guerra, en el marco de una estructura estalinista que abogó por las grandes infraestructuras y la industria pesada. Este movimiento fue bautizado como “Chollima”, nombre de un caballo mitológico presente en la mitología coreana y en otras fuentes del extremo oriente. El equipo que acudió a Inglaterra en 1966 también se denominó el “Equipo Chollima”, arrastrados por esta fiebre de superación de las adversidades, por la cual también se creó un himno para la ocasión en el que se cantaba: “Podemos vencer a cualquiera, también a los más fuertes”.

Y a los más fuertes se enfrentarían en Middlesbrough, la ciudad donde se disputarían los partidos de su grupo, encuadrados junto a la Unión Soviética, Chile e Italia. Llegaban espoleados personalmente por el “Gran Líder” Kim Il Sung, el famoso dictador que llevó al límite el culto a la personalidad estalinista. El mandatario se permitió incluso darles consejos técnicos: “Quien quiera ser un buen futbolista tiene que correr rápido y poder tirar con precisión”. Y un recado: en Inglaterra no sólo van a competir como deportistas, sino como embajadores del comunismo y de Asia: “Las naciones europeas y americanas dominan el mundo del fútbol; como representantes de las regiones Africana y Asiática (no participó ningún país africano), como gente de color, os pido que ganéis uno o dos partidos”, explica el goleador Pak Do Ik.

Ellos esperaban un recibimiento frío en Inglaterra, ya que sólo unos años antes habían sido enemigos en la Guerra de Corea, y la BBC definió a los jugadores norcoreanos como “Tan desconocidos que podrían venir volando desde el espacio exterior”. De hecho, las relaciones diplomáticas entre ambos países era inexistente: el Reino Unido no había reconocido aún al estado norcoreano y cuestiones sobre la conveniencia o no de hacer ondear su bandera y de poner el himno en el estadio se discutieron largamente. Incluso la postura más extrema abogaba por negarles el visado; pero al final la Oficina de Asuntos Exteriores cedió, con la única condición de que el himno no fuera interpretado en los estadios.

Pero según explican los mismos protagonistas, una vez en Inglaterra tanto el alcalde de Middlesbrough como la población de marcada clase obrera, simpatizó desde el primer momento con los modestos y gentiles jóvenes coreanos y se ganaron el cariño mutuo. También gustó su estilo de juego, atrevido y atacante. “Jugaban realmente bien – recuerda en el documental un aficionado local- todos eran muy pequeños y esto representaba una novedad, era como ver unos jockeys jugando”. Incluso después de la sorprendente clasificación para cuartos de final, 3000 aficionados de Middlesbrough se desplazaron a Liverpool, donde iba a disputarse el partido, para apoyar a la que consideraban su “equipo local”.

Contra los soviéticos perdieron con claridad por 3-0. Contra Chile, fueron capaces de forzar el empate poco antes del final. Así, todas las opciones de clasificación pasaban por derrotar a la todopoderosa Italia en el último partido del grupo el 19 de julio de 1966. Ante el estupor del equipo azzurro y el regocijo de los aficionados del Ayresome Park, un solitario tanto de Pak Do Ik derrotaba a Italia, que era considerada una de las favoritas para ganar el campeonato. La hipotética victoria mundialista de Corea del Norte se pagaba 1000 a 1, y el impacto tras el partido se resumía con la frase publicada en el rotativo británico Norhern Echo: “La caída del imperio romano no fue nada comparado con esto”. La hazaña catapultó a Corea del Norte hacia los cuartos de final y eliminó a los italianos. Convirtió a los jugadores asiáticos en iconos de la “juche” (base ideológica del comunismo de Kim Il Sung), mientras los italianos eran recibidos a tomatazos en el aeropuerto de Génova y los tifosi bautizaban al goleador coreano Pak Do Ik como “el dentista”, por el dolor que les causó y que todavía está presente en muchos italianos que vivieron aquello.

En el país comunista se ofreció la victoria como el triunfo de la colectividad por encima del individuo, y así los subscriben los jugadores entrevistados en el documental. Pero irónicamente, sería la mayor individualidad de aquellos tiempos la que acabaría definitivamente con el sueño norcoreano. Tras un apoteósico encuentro que los asiáticos dominaban por 3-0, Eusebio lideró la remontada de Portugal para acabar con 5-3 para los lusos, con cuatro goles de “La Pantera Negra”. Con todo, el éxito de los norcoreanos tuvo resonancia a nuvel mundial, y sus vecinos de Corea del Sur no se tomaron a broma lo sucedido e intentaron desarrollar un equipo potente de fútbol que también les diera prestigio. Curiosamente, en el 2002 fue Corea del Sur la que apartó a los italianos del Mundial, esta vez con la inestimable colaboración arbitral.

El documental derriba uno de los principales mitos que surgieron a partir de la actuación coreana en el Mundial de Inglaterra, muy en sintonía con las habituales historias que llegaban a este lado del telón de acero desde oriente. Se afirmaba que los jugadores norcoreanos al llegar a su país habían sido condenados, recluidos y relegados al ostracismo en un gulag, porque supuestamente se emborracharon y se corrieron una gran juerga tras la victoria ante Italia. En concreto se explicaba también que Pak Sung Jin, el autor del gol del empate ante Chile, permaneció años interno en un campo de concentración, viviendo de los insectos que podía cazar. Por el contrario, tanto Pak como el resto de los jugadores que aún viven y aparecen en el documental, niegan estos rumores y se muestran en todo momento comprometidos con la ideología del “Gran Líder”. Delante de la gigantesca estatua de Kim Il Sung en Pyonyang, los protagonistas aparecen dejándole flores y añorando su presencia, algunos embutidos en trajes militares y condecorados con medallas al mérito deportivo, así como la insignia con el rostro de Kim Il Sung que todos los norcoreanos están obligados a llevar.

Publicado originalmente el 11 de mayo de 2008