martes, 6 de diciembre de 2011

Sócrates: democracia corinthiana


Por Ángel Cappa
Crónica Popular

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza de Oliveira fue un futbolista fino, elegante, sutil, talentoso y carismático. No sólo fabricó ilusiones por todo el mundo con una pelota sino que contribuyó, desde su ideologia progresista, a combatir a la dictadura militar que se habia instalado en Brasil en 1964 a raiz de un golpe de Estado contra Joao Goulart y se mantuvo hasta mediados de los '80.

Fue también uno de los principales ideólogos de una experiencia singular y única con su segundo equipo, el Corinthians, donde jugó desde 1978. Se habia iniciado en el Botafogo como profesional en 1974. Impulsado por un jóven dirigente de aquél entonces, Adilson Monteiro, estableció en el Corinthians lo que se conoce como la “democracia corinthiana” que fue nada menos que el cambio radical de normas y costumbres que imperaban en el futbol brasileño de la época, dominado también por militares. Cambio que mejoró las relaciones laborales de los futbolistas con sus clubes.

“Jugué los mundiales del 82 y 86 en una maravillosa selección. Conocí el calcio en la Fiorentina. Fuí técnico. Sigo siendo médico. Escribo crónicas para un diario deportivo y poemas que ponemos en canciones con amigos músicos. Pero esa época fue la mas exaltante de mi vida. Dos años y medio que valen por cuarenta años de felicidad”, declaró Sócrates refiriéndose a la experiencia vivida con el Corinthians.


Adilson, cuando se presentó ante el plantel del Corinthians, les había dicho: “El país lucha por la democracia. Si lo logra, el fútbol quedaria al márgen porque aún en los países democráticos el fútbol es conservador. Tenemos que cambiar eso”. Los jugadores al principio se miraron perplejos pero Sócrates recogió el guante y con otros compañeros iniciaron la “revolución” que necesitaban el fútbol y la sociedad.

“Abolimos el proceso que existía en el fútbol, donde los dirigentes impedian que los jugadores se hicieran adultos”, reveló Sócrates. “Al inicio hubo ansiedad en mis compañeros”, agregó, “no estaban acostumbrados a expresarse, a decidir. Pero fueron aprendiendo y se prepararon para enfrentar su profesión y su vida”. Se reunían, conversaban y resolvian por mayoria casi todos los asuntos. Por ejemplo, en vez de recibir premios por victorias, propusieron participar con un porcentaje de las recaudaciones y otro de la sponsorización y televisión. Ese dinero lo repartian por igual tanto entre los jugadores como con los utileros, los médicos o el chofer del autobus que los conducía.

Los dirigentes se opusieron pero no tuvieron otra salida que aceptar la propuesta ante la fortaleza del movimiento que encabezaba Sócrates. Poco a poco fueron ganando poder y hasta determinaron el horario, el método y la intensidad de los entrenamientos, la fecha y el medio de transporte para los partidos fuera de casa, los refuerzos e incluso el entrenador. Apostaron por la naturalidad y era habitual verlos fumando o tomando una cerveza. Destruyeron el mito de las concentraciones antes de los partidos.

Fue idea de Sócrates la incorporación de un psicólogo y eligieron a Flavio Gikovate, una de las eminencias de la psiquiatria en Brasil. Los acompañó el éxito deportivo: ganaron dos campeonatos y, antes de una de las finales que jugaron, salieron con una bandera que decía: Ganar o perder pero siempre en democracia. Porque temían que una derrota anulara o disminuyera la influencia del movimiento. Ganaron con un gol de Sócrates, que ese año hizo 28 en 31 partidos. “Cuando entrábamos a la cancha”, explica Sócrates, “invertíamos en mucho mas que en un simple partido. Luchábamos por la libertad en nuestro país”. Por eso los buenos resultados eran tan necesarios.

A los 30 años y después de haber rechazado una oferta de la Roma, decide aceptar la propuesta de la Fiorentina e incorporarse al fútbol italiano. Los conservadores aprovecharon la marcha de Sócrates para retomar el poder en el club y terminar con el movimiento. No obstante la experiencia no fue en vano. “Estoy seguro de que todos los jugadores que vivieron esta aventura están mejor adaptados socialmente que los futbolistas de otros clubes”, aseguró Sócrates.

Cuando dejó de jugar y después de algunas experiencias como entrenador, siguió ejerciendo la medicina, escribiendo canciones y obras de teatro, y fue consejero pedagógico de una escuela que abrió su hermano Rai en una favela de San Pablo.

Sin bien se destacó como futbolista por su calidad, lo hizo también por su negativa a aceptar las reglas del juego donde prima el resultado sobre todo lo demás. Sócrates no resignó jamás el placer de jugar ni el gusto por hacerlo de la mejor manera posible. A tal punto que, según la leyenda, después de perder aquél famoso partido con Italia en el mundial 82 donde Brasil brindó un espectáculo maravilloso, y al ver a sus compañeros muy dolidos en el vestuario, les dijo: “No pasa nada. Perdimos nada más. Pero del baile que les dimos no se olvidarán nunca”.

Como si fuera poco, murió como lo habia soñado: un domingo y con el Corinthians consagrándose campeón.