martes, 25 de agosto de 2009

El robo de talentos al deporte cubano

Por Manuel E. Yepe
Cubadebate

La compra-venta de talentos deportivos entre naciones hiere la autoestima de los pueblos de los países pobres (eufemísticamente considerados “en vías de desarrollo”), pero es parte de un crimen mucho más grave y hondo que además incluye la fuga de cerebros, el robo del patrimonio artístico y cultural, el intercambio desigual, la integración asimétrica, la emigración por motivos económicos y tantas otras formas del saqueo imperial.

En el reciente Campeonato Mundial de Atletismo en Berlín, se pudo constatar, una vez más, el gran número de atletas triunfadores en las competencias que son nativos de naciones pobres del Sur pero representan a ricos países del Norte.

La globalización de los medios de divulgación que caracteriza a estos tiempos, propicia la difusión en los países del Tercer Mundo de los estilos de vida y las pautas de consumo de los países ricos, lo que a su vez provoca una “universalización de las aspiraciones”, factor promotor de una emigración en busca de espacios que le permitan acceder a las condiciones de vida presuntamente ideales.

Como esta oferta migratoria es formalmente rechazada por los países receptores pese a su discurso en favor del librecambismo, se abarata la oferta de mano de obra tercermundista y ello permite a los países ricos practicar políticas migratorias selectivas.

El sarcástico apotegma de que “el dinero no hace el talento sino que lo compra hecho”, se manifiesta como triste realidad en el drenaje de deportistas, fenómeno que comenzó a hacerse notorio por los evidentes perjuicios que representa para los países pobres a partir de la década de los 50 del siglo pasado. Talentos deportivos que mediante un enorme esfuerzo económico forman las naciones pobres se frustran para sus pueblos, cuando son captados por las naciones opulentas.

Aunque se pretenda presentarlo como un fenómeno lógico, determinado por las ansias de movilidad ascendente de los jóvenes deportistas de los países del Sur que no hallan respuesta en los marcos de sus propias sociedades, es imposible dejar de tomar en cuenta otros factores que lo condicionan, como son las políticas de atracción que diseñan los países industrializados.

Los programas ejecutados por algunos gobiernos de África, América Latina y el Caribe para contrarrestar la captación de talentos deportivos y frenar el éxodo de atletas no han podido modificar el comportamiento del fenómeno, que se agrava sin cesar.

Cuba ha sido capaz de construir una coraza contra los embates de Washington en el campo del deporte. Para ello ha contado con el patriotismo y la identificación de la vasta mayoría de los cubanos con el programa de la revolución socialista. Pero el hecho de que la Isla haya optado por salvaguardar a ultranza los principios del deporte aficionado y no los del profesionalismo mercantilista, ha sido aprovechado por su poderoso enemigo para atacarla apelando a los instintos primarios que fundamentan el capitalismo.

Desde que, en 1959, a poco del triunfo de la revolución cubana, la Isla prohibió toda forma de mercantilización en el deporte, la compra de atletas y entrenadores se convirtió en instrumento de la contrarrevolución. En la medida que la Isla comenzó a cosechar lauros deportivos que la convirtieron en el país de mayor desarrollo en este campo en América Latina, se incrementó la presión para la captación de atletas y se perfeccionaron los mecanismos para ello.

Miles han sido los deportistas cubanos (atletas, entrenadores, directivos) que han rechazado con firmeza las ofertas enemigas de reclutamiento, casi siempre involucrando cantidades de dinero muy superiores a las que ofertarían a sus similares de otros países, junto a los extraordinarios privilegios que otorga la Ley de Ajuste Cubano estadounidense a inmigrantes ilegales de esa nacionalidad. Pero solo cuando logran captar a alguno el hecho es reflejado en la prensa de todo el mundo como parte de una campaña difamatoria que es, seguramente, la más larga e intensa contra cualquier país en la historia de la Humanidad.

Cuando a inicios de la última década del pasado siglo Cuba se vio obligada a implantar una serie de medidas económicas de corte mercantil para hacer frente a la crisis económica provocada por el derrumbe de la Unión Soviética y el grupo de países socialistas europeos que mediante la práctica de un intercambio comercial justo ayudaban a la isla a enfrentar el bloqueo de Estados Unidos, toda la sociedad cubana se vio afectada por la irrupción de esos elementos de capitalismo. Ello estimuló una intensificación de las ofertas de contratación de los deportistas aficionados cubanos cuya sinceridad de su apoyo al proyecto socialista ha sido puesta a prueba reiteradamente y, con tristes excepciones, han confirmado.

Para aquilatar debidamente el mérito de la política cubana en el deporte hay que considerar que sus avances se han logrado en medio de un desigual enfrentamiento entre la voluntad de un país pequeño y pobre por desarrollar un proyecto propio de construcción de una sociedad socialista y el irracional empeño de la metrópoli imperial por impedirlo.