lunes, 23 de febrero de 2009

El Tren inventó su corrida (Crónica del 7-3 en el clásico capitalino, febrero de 1992)

Por Víctor Rosas
El Tiempo

El clásico capitalino más recordado al estilo de "Fútbol en detalle" del Noticiero de las siete. Voz en off: Adolfo Pérez.

Nuevamente, hay que descubrirse frente a Adolfo El Tren Valencia... O arrodillarse como quedaron Hamir Carabalí, Cuffaro Russo y Oscar Córdoba ante las embestidas de un jugador que no se cansa de descrestar y representar la máxima expresión de fútbol ofensivo. La genialidad, la chispa, la fuerza, la explosión y la contundencia de este morocho de Buenaventura ya lo inscribieron en la historia de los clásicos capitalinos: dos minutos le bastaron al santafereño para volver añicos la defensa de Millonarios y dirigir ese canto glorioso de la divisa roja porque el marcador acaso tiene antecedentes en la época de El Dorado: 7-3.

Sí. No se asuste. Tampoco exprese ese rasgo de incredulidad. Un 7-3 que no tiene objeciones porque Independiente Santa Fe fue mucho más que Millonarios durante los noventa minutos. Por dinámica, por ritmo, por despliegue físico, por esa definición que castiga los titubeos.

Fue una obra de demolición. Porque todo parecía tranquilo, con un clásico equilibrado en el marcador (1-1), pero igual con una mejor actitud de los rojos para estar cerca del segundo. Aun con las indecisiones, Millonarios aguantaba las oleadas ofensivas.


Hasta que El Tren prendió los motores y justificó ampliamente la oferta del América de 150 millones de pesos y de cuatro jugadores de primera línea...

Fue a los 9 del complemento: el pase de Armando Pollo Díaz, Valencia se le va a Cuffaro Russo, evita la deslizada de Hamir Carabalí y, aún en plena caída, saca esas fuerzas del alma para desbordar a Córdoba y colocar el 2-1.

Dos minutos después, lo que a nosotros nos parece el puntillazo : servicio de Hernando Cuero por toda la raya, Valencia se saca de encima al fuerte Carabalí, también le coloca el cuerpo a Cuffaro y nuevamente engancha ante la salida de Córdoba. 3-1.

Y claro, frente a esa hinchada roja que no se cansa de gritar y de saltar en la tribuna oriental, pues llegó nada más que la desesperación de Millonarios, que con el orgullo picado quiso arrollar.

Le alcanzó para el 3-2 (cabezazo de Peter Méndez), pero ya no tuvo ni alientos para llorar cada vez que Santa Fe arrancó en contragolpe. Ya fue uno de esos clásicos de barriada, con las ventajas que presupone el duelo de porteros.

Entonces, Santa Fe redondeó ese banquete, con el olé de la tribuna...

Fue mucho más dinámico de la mitad hacia arriba, con volantes pisando el área, con gran disposición de marca, de anticipo, en especial la de Freddy Hurtado sobre Jorge Manuel Díaz.

Es alentador el panorama rojo adelante. Por la movilidad de sus delanteros, por la conocida fuerza de Valencia, el desequilibrio de Córdoba y el corazón guerrero de Daniel Tilger. Tres goles del argentino que hablan de oportunismo, en especial el primero, con ganas para seguir hasta el final de la jugada y robándose la pelota para el 1-1 parcial.

Buen trabajo de Armando Pollo Díaz, quien suple la falta de un volante armador. El Cuyabro vino atrás, se apropió del transporte, evitó el choque por obvias razones de envergadura física y fue punzante en sus toques de primera, aparte de su disposición para llegar con claras opciones ofensivas.

Queda una duda grande: la defensa. Los tres goles vinieron en centros. El primero, dejándose anticipar de John Díaz con cabezazo al primer palo; el segundo, con centro de Jair Abonía que cabeceó solo Méndez y el tercero, con otro tiro libre que la defensa vio estática para que Cuffaro Russo fusilara a Hernández.

En Millonarios, solo quedan hondas reflexiones. Muy lento en defensa, sin reacción en la media cancha, sin fuerza en sus volantes, a tal punto que dos de los goles se originaron tras choques de Juan Carlos Niño, quien se dejó ganar primero del Pollo Díaz y después de Pablo Betancourt.

La gente azul quiso vivir su fiesta por las innovaciones de su formación con Cuffaro Russo, Jorge Díaz y Peter Méndez... Pero se fue muy preocupada y aplaudiendo a un Tren Valencia que, en dos minutos, liquidó el clásico. Es el mejor patrimonio de Santa Fe.