lunes, 2 de febrero de 2015

Cazucá: el juego por la paz

En los límites entre Bogotá y Soacha existe un programa de fútbol que lucha contra la violencia


Por Nicolás Congote

Un grupo de niños y un balón de fútbol: la fórmula precisa para lograr sonrisas. Esa fue la mayor pretensión del periodista Andrés Wiesner tras visitar Altos de Cazucá en el 2006, un populoso sector que nació como invasión en los límites de Bogotá y Soacha, aquejado por el desplazamiento, el reclutamiento de grupos ilegales y la drogadicción.

No había recursos. Tampoco cancha. La comunidad necesitaba un tiempo de juego. “El fútbol fue la excusa y eso nos llevó a que la comunidad se diera cuenta de todo el talento que tiene”, dice Wiesner, fundador de Tiempo de Juego, una organización sin ánimo de lucro que completa ocho años trabajando en las faldas de Cazucá, territorio de una panorámica privilegiada, pero plagado de necesidades.

“Desde la creación empezaron a forjarse dos rasgos que están en la esencia de Tiempo de Juego: la metodología que usamos, que se llama fútbol por la paz, y el modelo de liderazgos juveniles”, explica Esteban Reyes, abogado de profesión y director de la Fundación.

La metodología –señala Reyes– surgió en Colombia a raíz del asesinato del jugador de la Selección Colombia Andrés Escobar. Un grupo de personas en Medellín reflexionó sobre cómo hacer del fútbol una estrategia incluyente, de convivencia y paz.

“En cuanto a los líderes, se trata de jóvenes de la comunidad que son quienes desarrollan las actividades. Entran como usuarios, muestran algunos rasgos especiales, se postulan como monitores y se empiezan a capacitar”, añade Reyes.

En total son cerca de 30 las personas vinculadas directamente y unos 80 los monitores voluntarios. Esto se financia con recursos de cooperación internacional y apoyo de empresas, que permiten tener un equipo profesional pagado, conformado por un equipo psicosocial, entrenadores, talleristas, coordinadores de proyectos, equipo pedagogo y los gestores comunitarios. “Estos últimos son monitores, que cuando son mayores de edad y tienen trayectoria larga con Tiempo de Juego se contratan para ser los coordinadores de las actividades”.

El respaldo de la comunidad y el trabajo en equipo han llevado a que hoy Tiempo de Juego impacte a unos 1.500 niños y jóvenes en una comuna con una población infantil que llega a los 50.000. Uno de ellos es Julio Pinilla. Comenzó como un muchacho jugando fútbol y hoy ya está casado y con familia. “Siempre ha sido una persona muy fuerte, tanto física como emocionalmente, y se lo peleaban dos pandillas. Cada una le ofrecía una cosa distinta. Él ya estaba con nosotros y bajo su responsabilidad estaban más de 60 niños. Con mucha valentía dijo que no”, cuenta William Jiménez, uno de los primeros en vincularse a la Fundación.

Una situación tan compleja como la de Milton*, a quien la vida y Tiempo de Juego le están dando una segunda oportunidad. Un delito lo puso en la cárcel de menores cuando ya era parte de la Fundación. A pesar de su error, se ganó el respeto y la admiración en el centro de reclusión por transmitir ese aprendizaje adquirido en Cazucá. Más adelante, no solo le valió una rebaja de pena sino que lo llevaron a otros centros para replicar ese modelo de enseñanza cargado de convivencia y paz.

“Aunque se equivocó, lo que aprendió en Tiempo de Juego le sirvió para compartirlo y enmendar en algo lo que había hecho mal. Él me decía una vez entre lágrimas que se había equivocado, pero que le daba mucho pesar cómo algunos muchachos estaban entregados a las drogas y que más que con pagar tiempo en la cárcel, él podía compartir algo positivo”, dice Jiménez, quien resalta que Milton volvió a Tiempo de Juego y en abril pasado fue nombrado el jugador especial, una figura similar a la del empleado del mes.

Ya con un campo de entrenamiento –el parque Tibanica readecuado con aportes de la Fundación Bavaria, aliada de la Fundación–, los niños y jóvenes se dan cita de lunes a sábado.

El respaldo a su labor los ha llevado a abrir espacios en otras disciplinas como baloncesto, porras, atletismo, música, teatro y periodismo, entre otras. Para Wiesner es mucho el camino ganado, pero mucho lo que falta. Su propósito es lograr que la comunidad asuma el control total de la Fundación. “Obviamente irnos para que siga un proyecto que se pueda manejar, que cumpla con todos los estándares de una fundación hay que capacitar a los chicos en aspectos más gerenciales, pero creo que Tiempo de Juego realmente va a lograr en unos 5 años dejarlos a ellos totalmente empoderados. Ese día vamos a decir, ahora sí vámonos para Cali, para las comunas de Medellín o para otro lugar en Bogotá”, remató.

Trabajo integral

A diario, los niños y jóvenes de la fundación reciben un refrigerio que se elabora en la panadería La Jugada. Esta es otro proyecto de Tiempo de Juego, que emplea a algunas madres de los jóvenes y que brinda servicio a la comunidad. Funciona en una casa de tres pisos en las lomas de Cazucá, en donde también opera el taller de estampado, donde se elaboran los uniformes para los niños. Allí, hace poco se estrenó un laboratorio creativo, que cuenta con un moderno estudio de grabación de música.

* Nombre cambiado para proteger a la identidad del menor.

**Artículo publicado originalmente el 6 de junio del 2014 en el diario El Tiempo