jueves, 8 de julio de 2010

España y el Mundial de fútbol: A las banderas les falta un color

Por Javier Parra
La República

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“A las banderas les falta un color, mami”, contaba mi amiga Victoria que su hijo le había dicho, sorprendido, después de que las calles de España se convirtieran en una fiesta al clasificase la selección para la final del Mundial de fútbol. Miles de personas, cientos de banderas rojigualdas, portadas más como una moda futbolera que como un acto de reafirmación patriótica, se paseaban por las calles de muchas ciudades españolas.

Compartiendo la indignación de muchos por el hecho de que en este país – sumido en una grave crisis económica, cultural, política y social -, sólo el fútbol es capaz movilizar a las grandes masas, me gustaría romper una lanza a favor del deporte y de las alegrías colectivas que de vez en cuando nos produce a muchos de quienes crecimos soñando ser como Santillana, Juanito, Arconada, Camacho, Quini…

Pero al mismo tiempo me gustaría advertir sobre el uso político que se hace del deporte para seguir imponiendo socialmente unos símbolos que representan a una España que no es la nuestra, una España que a muchos nos avergüenza, y una España que además es de mentira.

Da vergüenza ver en el palco de los estadios a unos Borbones que han parasitado en este país desde hace siglos, y que aún siguen haciéndolo, porque se lo permitimos. Da vergüenza ver los falsos gestos de euforia de Felipe y Leticia pretendiendo ser más campechanos a ojos del pueblo. Da vergüenza ver a la reina en el vestuario de la selección aplaudiendo y haciéndose aplaudir mientras TVE le dedica más de un minuto a esa estupidez de noticia. Avergüenza que con la excusa del deporte pretendan seguir imponiendo esa España que nunca se desligó del franquismo, y que aún conserva sus símbolos: su bandera, su himno militar, y al jefe de estado que el dictador impuso.

Por eso, cuando acabó el partido que metió a España en la final, unos amigos y yo nos dirigimos a la madrileña Puerta del Sol para celebrarlo, pero lo hicimos orgullosamente ataviados con la bandera de nuestra España, la tricolor republicana. En el breve trecho que nos separaba de la plaza fueron muchos los aficionados que se nos acercaron y nos saludaban diciendo que esa también era su bandera. Tantos, que me dio la impresión que a un gran número de ellos les habría gustado llevarla si no pensaran que serían los únicos.

Ante la vergüenza y el asco que a muchos nos producen los Borbones, y el repelús que nos puede provocar la bandera rojigualda, no creo que desear que pierda España sea el acto de rebeldía oportuno, ya que, como diría mi camarada y amiga María José Durán, eso supondría no sólo que nos han robado la bandera y el himno, sino también el país. Y desde luego, no debemos ser nosotros quienes se lo regalen a esos miserables.

Y es por eso por lo que este domingo en mi casa y en muchas casas sonará el Himno de Riego antes de la Final de la Copa del Mundo, a todo volumen y con las ventanas abiertas, Y es por eso por lo que después, celebremos lo que celebremos, lo haremos con nuestra bandera republicana. Sé que seremos muchos quienes lo haremos, pero que seríamos miles y miles si no pensaramos que vamos a estar solos. Si los adalides del régimen borbónico y postfranquista llevan la política al deporte para imponer sus símbolos, nosotros deberemos echarles un pulso con los nuestros.

Empieza a ser la hora de que la bandera tricolor eche un pulso a la bandera heredada del franquismo. Empieza a ser el momento de recuperar un país que nos han robado. Si ayer los Azaña, Pasionaria, Pepe Díaz, Negrín, Picasso, Alberti, Miguel Hernández, no tenían miedo de defender esa España, nosotros no podemos tener miedo de ir a recuperarla y reivindicarla, a reconquistarla en cada casa, en cada calle, en cada pueblo, en cada ciudad y en toda España.