jueves, 29 de mayo de 2014

Rachid Mekhloufi: el revolucionario

El jugador que dejó la concentración previa a un Mundial de fútbol para vincularse a un equipo por la liberación de su país.


Por Alberto Cosín

Figura del AS Saint-Étienne en la década de los 50 y 60 y líder del éxodo de jugadores de origen argelino que se marcharon de Francia en 1958 para enrolarse en las filas del equipo de fútbol del Frente de Liberación Nacional. Él y su compañero Mustapha Zitouni eran las estrellas y se incorporaron tras abandonar la concentración francesa que preparaba el Mundial en Suecia de dicho año. Nacido el 12 de agosto de 1936 en Setif (Argelia), fue un mediapunta que también podía jugar como delantero. Futbolista talentoso y muy técnico, de gran visión de juego, clarividencia en último el pase, con un fenomenal cambio de ritmo y excelso goleador.

Sus inicios en el balompié tuvieron lugar en su localidad natal, donde siendo un adolescente entró a formar parte del USM Setif. En 1954, un ojeador le descubrió y se puso en contacto con Jean Snella, entrenador del AS Saint-Étienne, para que fuera a realizar una prueba. El técnico se llevó una grata impresión y decidió incorporarlo a su plantilla de inmediato. Debutó en un amistoso frente al Grenoble ese mismo fin de semana y metió 3 goles en la victoria por 6-0. Formó una gran pareja con el delantero camerunés N’jo Léa y en su primera campaña completa logró 21 goles, el segundo máximo goleador del campeonato. En una época de gran dominio del Stade Reims, el Saint-Étienne se proclamó campeón de liga en la temporada 1956-1957 tras aventajar en 4 puntos al Lens. Mekhloufi y Lea fueron insaciables de cara a puerta y consiguieron 25 y 29 goles respectivamente. El curso de 1958 se presentó para los verdes con múltiples objetivos, pero acabó de forma extraña. En la Copa de Europa se estrenaron en primera ronda ante el Rangers. En la ida perdieron 3-1 con tanto de Mekhloufi y en la vuelta vencieron por 2-1. En la liga acabaron en séptima posición. Y para rematar lo acaecido durante la campaña, Mekhloufi se marchó a su país de origen y dejó el fútbol europeo, al que no volvería hasta 1961. Ese año regresó y firma por el Servette suizo, donde permaneció una sola temporada anotando 13 goles en 19 partidos que ayudaron a la conquista de la competición doméstico por delante del Lausanne Sport. En 1962 volvió al Saint-Étienne para vivir grandes momentos en el club y marcar una época las siguientes temporadas junto a compañeros como Pierre Bernard, Robert Herbin, Aimé Jacquet, Frédéric N’Doumbé, Bernard Bosquier o Georges Bereta.

En aquel momento, la entidad de la región Ródano-Alpes militaba en la D2, pero ascendió en 1963 con el propósito de reeditar viejos éxitos. Empezó el curso 1963-1964 como un tiro y ya nadie pudo darle caza pese al esfuerzo del Monaco y el Lens, que quedaron a 3 y 4 puntos respectivamente. Mekhloufi tiró del carro y convirtió un equipo ascendido en campeón, algo que no había sucedido jamás. El reto del año siguiente fue pasar la primera fase de la Copa de Europa, pero de nuevo fracasaron en el intento al caer eliminados por los suizos del F. C. La Chaux-de-Fonds por un global de 4-3. Tras dos campañas con el Nantes un escalón por encima de todos, llegó la hegemonía del Saint-Étienne. En 1967, con Mekhloufi designado como mejor jugador de la liga, se hizo con el título tras superar al anterior campeón en 4 puntos. Un año más tarde, en 1968, revalidó el título de forma espectacular con 11 puntos de ventaja sobre el Niza y completó la temporada con la conquista de la Coupe de France después de derrotar al Girondins de Bordeaux en la final por 2-1, ambos goles anotados por Mekhloufi. En la Copa de Europa al fin pasaron la primera eliminatoria eliminando al KuPS finlandés, pero en la segunda fase les tocó el Benfica, que les apeó por un global de 2-1. Esta fue la última campaña de Mekhloufi en el Saint-Étienne. Dejó el club con un bagaje entre las dos épocas de 333 partidos y 149 goles. Fichó por el Bastia recién ascendido a la D1, realizó dos buenos cursos dejando al equipo en la máxima categoría y logrando 20 dianas en 67 partidos y en 1970, con casi 34 años, puso punto final a su carrera.

Con la selección francesa debutó en un amistoso ante la URSS en Colombes en octubre de 1956 que finalizó con triunfo local por 2-1. Sólo disputó tres partidos más, el último de ellos frente a Bulgaria en París el día de Navidad de 1957. Unos meses antes viajó a Argentina para asistir al mundial militar en el que Francia se impuso en una liguilla a la albiceleste, Italia y Brasil. La mañana del 11 de abril de 1958 desapareció con Zitouni del cuartel general donde Francia se entrenaba para la cita mundialista y dos días después se formó la Selección del FLN. Le hubiese encantado jugar una Copa del Mundo, pero mucho más importante era la independencia de su país, reconocería más tarde. Argelia estaba sometida al dominio francés y la decisión de Mekhloufi, como la de muchos de sus compatriotas futbolistas, fue considerada de gran valentía. Sin el reconocimiento de la FIFA, puesto que no representaban a ningún estado, realizaron una gira de 90 partidos alrededor del mundo para demostrar que los futbolistas estaban identificados con la causa de la independencia. El primer encuentro les enfrentó a Marruecos, al que ganaron por 2-0 el 9 de mayo de 1958. También corrieron la misma suerte Túnez, en varias ocasiones, China, Marruecos, Irak o Bulgaria, hasta que llegó el partido contra Yugoslavia, un combinado camuflado para evitar una sanción pero potente, al que avasallaron con un 6-1. La gira dejó unas estadísticas de 65 victorias, 13 empates y 13 derrotas, pero lo que es más importante: la sensación de que la selección luchaba por la justicia, por la independencia de un país y que gracias al fútbol habían conseguido una repercusión mundial. En 1961, el equipo quedó mermado tras ser llamados a filas varios de sus integrantes, y el 18 de marzo de 1962 se firmaron los acuerdos de Evian en los que se ponía las bases de la independencia argelina. Con los zorros del desierto debutó en febrero de 1963 en un amistoso ante Checoslovaquia, a la que derrotaron por 4-0 con dos tantos suyos. Participó en otros 10 partidos hasta que dejó la selección en 1969, después de un enfrentamiento con Corea del Norte en el que cayeron por 1-3.

Al finalizar su trayectoria en el terreno de juego comenzó su labor en la parte técnica. El primer banquillo en el que se sentó fue el del Bastia, conjunto en el que se había retirado y al que dirigió en 1970. A continuación, la Federación Argelina de Fútbol le contrató para que se hiciese cargo de la selección. Fue una estancia breve que sólo duró un año, hasta 1972. Regresó en 1975 y consiguió la medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo celebrados en casa después de vencer a Francia por 3-2. En 1978 completó otro triunfo en los Juegos Africanos, de los que fueron anfitriones, tras superar a Nigeria en la final por 1-0. Su gran evento con Argelia tuvo lugar en el Mundial de España de 1982, el primero al que asistían en su corta historia. Habían dejado en el camino en la fase de clasificación a Sierra Leona, Sudán, Níger y Nigeria para quedar encuadrado en el Grupo 2 con Austria, la República Federal de Alemania y Chile. Iniciaron el mundial con una sorprendente victoria frente a los alemanes por 1-2; en el segundo partido perdieron ante los centroeuropeos por 0-2; y en el último encuentro ganaron a los chilenos por 3-2, lo que les daba muchas posibilidades de pasar a la siguiente ronda. Sin embargo, no contaron con un hecho que ha quedado para la historia negra de los campeonatos del mundo. La República Federal de Alemania y Austria se enfrentaban en el estadio de El Molinón en Gijón y una victoria de los alemanes daba la clasificación a ambas. El delantero alemán Hrubesch marcó en el minuto 10 y desde ese momento existió un pacto de no agresión bochornoso que encendió las iras del público y acabó con la selección Argelina eliminada y de vuelta a casa. Aquel era un equipo compuesto por jugadores de calidad como Djamel Zidane, Mahmoud Guendouz, Lakhdar Belloumi, Faouzi Mansouri o Rabah Madjer que desplegó un fútbol alegre y bonito, como le gustaba proponer a Mekhloufi desde el banquillo.

En 1988 llegó a ser presidente de la Federación Argelina de Fútbol.

Tomado de www.martiperarnau.com