martes, 15 de marzo de 2011

Alberto Granado, el Che Guevara y el fútbol

El bioquímico Alberto Granado fue mundialmente conocido por su amistad con el Che Guevara y por el viaje que ambos realizaron por cinco países de Suramérica. El fútbol era una de las pasiones que compartían. En su célebre expedición, sirvió de vehículo para relacionarse con habitantes locales y abrir nuevas puertas.

Por Camilo Rueda Navarro


En 1952, Alberto Granado y Ernesto Guevara efectuaron un viaje de siete meses por varios países de Suramérica. En moto, barco, camión, balsa… entre otros medios, conocieron de primera mano la situación sociopolítica del continente y descubrieron la pobreza y explotación de los pueblos latinoamericanos, lo que permitió que maduraran su conciencia social. “Yo aprendí que en vez de conocer el mundo había que transformarlo", sostuvo Granado en una entrevista con el periódico El País. Las sentidas impresiones del recorrido quedaron consignadas en las Notas de Viaje (Ocean Sur, 2004) de Ernesto Guevara, texto que sirvió de base para la película “Diarios de motocicleta”, dirigida por Walter Salles. Por su parte, Granado narró su experiencia en el libro “Con el Che por Sudamérica”.

El fútbol fue un asunto recurrentemente referido por los viajeros, que les sirvió, además de entretenimiento deportivo, como un efectivo mecanismo para obtener alimento, hospedaje y recursos económicos, y para entablar relación con los pobladores de cada país. Esto fue posible gracias al prestigio de buenos jugadores de fútbol de los gauchos. En el diario del Che están registrados varios episodios de este tipo.

En marzo, en Chuquicamata (Chile) cuenta Guevara: “nos encontramos con un grupo de camineros que estaban en una práctica de fútbol, ya que debían enfrentarse a una escuadra rival. Alberto sacó de la mochila un par de alpargatas y empezó a dictar su cátedra. El resultado fue espectacular: contratados para el partido del domingo siguiente; sueldo: casa, comida y transporte hasta Iquique. Pasaron dos días hasta que llegó el domingo jalonado por una espléndida victoria de la cuadrilla en que jugábamos…” (Pág. 78).

En Chile, los viajeros conocieron las difíciles condiciones de los trabajadores mineros y presenciaron algunas huelgas. El capítulo “Chile: ojeada de lejos” es un breve pero profundo análisis de la sociedad chilena y del panorama político de la época.

Luego, en Cuzco (Perú) registra el futuro comandante: “nos encontramos con un grupo que jugaba fútbol y enseguida conseguimos invitación y tuve oportunidad de lucirme en alguna que otra atajada…”; mientras Alberto “lucía sus habilidades en el centro de la canchita (…) Nuestra relativamente estupenda habilidad nos granjeó la simpatía del dueño de la pelota y encargado del hotel que nos invitó a pasar dos días en él…” (Pág. 112).

En junio, luego de conocer Machu Picchu y algunas ciudades del país, Alberto y Ernesto visitaron el leprosario de San Pablo, en el Amazonas peruano, lugar donde la práctica del fútbol era habitual. Son varias las referencias a las tardes futboleras de las que tomaron parte, no siempre con éxito: “Nos fuimos a jugar un partido de fútbol en que los dos actuamos muy mal”. Luego narra: “jugamos un partido de fútbol en el que ocupé mi habitual plaza de arquero con mejor resultado que las veces anteriores”.


De San Pablo partieron en la balsa “Mambo-tango” por el río Amazonas, hasta llegar a Leticia (Colombia). Allí, los dos jóvenes debieron pagar una alta cifra por los pasajes aéreos a Bogotá. “Lo que salvó la situación fue que nos contrataron como entrenadores de un equipo de fútbol mientras esperábamos avión…”.

“Al principio pensábamos entrenar” (pero) “nos decidimos también a jugar, con el brillante resultado de que el equipo considerado más débil (…) fue finalista y perdió el desempate por penales”.

Alberto se ganó el apodo de “Pedernerita” (por un jugador argentino de la época), mientras que su coequipero atajó un penal “que va a quedar para la historia de Leticia”, según cuenta el protagonista en una carta desde Colombia dirigida a su madre y fechada el 6 de julio. En la misiva también cuenta el Che que “veré a Millonarios y Real Madrid desde la más popular de las tribunas, ya que los compatriotas son más difíciles de roer que ministros”. Para la época, decenas de jugadores argentinos militaban en equipos colombianos a raíz de una huelga en la liga gaucha, en especial en los equipos de la capital: Millonarios y Santa Fe.

Y Millonarios disputó en Bogotá, ese mes de julio, dos partidos amistosos ante el Real Madrid, celebrados en el Estadio Nemesio Camacho El Campín. Guevara y Granado habrían intentado infructuosamente ponerse en contacto con sus compatriotas del equipo bogotano con el fin de conseguir pases de cortesía para el partido amistoso que jugarían ante los españoles. El testimonio da a entender que asistieron como simples espectadores a dicho encuentro, y no por invitación de algún futbolista, como algunas versiones plantean.

En plena época de “La Violencia”, el policivo ambiente de Colombia los cansó pronto y viajaron directo a Venezuela, donde sus caminos se separaron por un tiempo. Luego del triunfo de la revolución cubana, el ya comandante Che Guevara invitó a la isla a su amigo Granado, quien se afincó allí como docente y asesor científico. Murió en La Habana, de 88 años, el pasado 5 de marzo. De acuerdo a su voluntad, sus restos fueron cremados para ser esparcidos en Cuba, Argentina y Venezuela.

Publicado originalmente en el periódico Periferia, No. 60, marzo de 2011.