jueves, 19 de enero de 2012

El fútbol es capaz de representar muchas cosas de nosotros

Entrevista con Enric González, periodista y escritor, autor de «Historias del Calcio»


Hijo del escritor Francisco González Ledesma, su trayectoria periodística le podría catalogar como se autodefinía el gran Miguel Indurain, un ciudadano del mundo. Ha cubierto el genocidio ruandés, la Guerra del Golfo, corresponsal de «El País» en Londres, París, Nueva York, Washington, Roma y, ahora, en Oriente Medio, es también un gran contador de historias de fútbol, como lo atestigua su alabado «Historias del Calcio» (2007), donde recopiló sus columnas semanales sobre la liga italiana.

Por Joseba Vivanco
Gara

Ha dejado por unos días su atareada corresponsalía en Jerusalén para, vía Ciudad Condal, su refugio natal (1959), estar esta tarde en Bilbo, donde, junto a otros dos monstruos de la pluma y la palabra como son Jorge Valdano y Juan Villoro, escritor mejicano y autor de «Dios es redondo'', charlar casi, casi, sobre lo divino y lo humano, que es lo mismo que disertar sobre "El fútbol en la sociedad contemporánea''. Así es como se titula el evento que este jueves (a las 19.00 en la Sala BBK, en Gran Vía 19-21, hasta llenar aforo) ha organizado la Fundación Athletic y la entidad financiera. Con Enric González, hincha periquito a la vez que seguidor del Inter, ha conversado GARA, más que entrevistarlo, justo antes de viajar a la capital vizcaina.

Fútbol y sociedad. Un binomio que, estando de por medio Jorge Valdano, da para un tratado filosófico en toda regla...

Es que el enunciado es como decir "La vida y la historia'', da para todo. Pero con estos dos personajes con los que compartiré mesa es muy fácil hablar de esto y de todo; vamos, que acabará saliendo de todo.

Porque hay quien afirma que el fútbol es como la vida, es más, incluso alguien dijo que quien no ha jugado nunca a fútbol, no conoce la vida...

Bueno, pueden ser, como muchas veces, exageraciones, pero es verdad que el fútbol siempre había sido un juego y un mecanismo de pertenencia a algo, de inclusión a algo. Quien se hace del Athletic o del Barça, y puestos en lo peor del Espanyol, está entrando en una comunidad. Lo que sucede es que ya estamos empezando a escribir nuestra historia, nuestra biografía personal, nuestro relato de la vida en términos de fútbol...

Es cierto, yo siempre ligo el nacimiento de mi primera sobrina con el mismo día en el que Athletic ganó aquella Copa al Barça de Maradona.

Así es. Mire, a mí me pasó una cosa hace un año que me dejó bastante acojonado. El día en que cayó Mubarak, en la plaza de Tahrir, yo estaba allí hablando con dos tipos en un ambiente de euforia desenfrenada y el tío va y me suelta que aquello era casi tan fuerte como cuando ganaron la Copa de África... De repente el fútbol es el patrón por el que se miden cosas como las revoluciones, los cambios históricos...

Hombre, en la semana previa al último clásico liguero Madrid-Barcelona, a Guardiola se le ocurrió decir que por encima del partido lo importante esos días era la reunión Merkel-Sarkozy en la que nos jugábamos el euro, y desde Madrid le dieron de lo lindo, como diciendo, «ya está aquí el listo»...

Sí, sí, sí... Ya está aquí este jodiendo la marrana. Y era una semana en la que el euro acojonaba porque estaba a punto de hundirse. Pero sí, es verdad, la narrativa tiene como base eso que le llaman la suspensión de la incredulidad, aceptas que lo que te cuentan en ese relato no es solo verosimil sino verdad. Pues es lo que hemos aceptado con el derbi permanente, el Madrid-Barça, que se sucede como un bucle, siempre parece nuevo, siempre es el partido del siglo... Coño, hemos entrado en el terreno de la ficción.

¿Usted es entonces de los que está ya aburrido de tanto clásico?

Sí, sí, es que yo ya los mezclo. Parece un continuum. Ya no sé si lo que hizo Pepe fue en tal partido de tal año o fue en el otro. Yo creo, sinceramente, que cansa, y que el fútbol corre el riesgo de morir... bueno, más que de morir, de quedar muy tocado por el éxito. El fútbol es quizá la última burbuja que queda en la economía mundial, son un disparate las cifras que se manejan, las deudas acumuladas... Fíjese, podría existir hasta algún tipo de paralelismo con lo que sucedió con el boxeo, que en los años cincuenta, sesenta y setenta era la hostia en todo el mundo y luego perdió crédito, la gente dejó de creérselo, por algunas razones que también se dan en el fútbol... La repetición de partidos entre los mismos, la fractura del ascensor, es decir, que en el fútbol en teoría puede pasar de todo, que el último de Tercera sea campeón de Europa, pero eso es ya cada vez más inverosímil y eso afecta a la credibilidad del fútbol...

Es que el fútbol hoy es mucho más que un deporte...

Sí, así es. El cambio es evidente. Hace treinta años uno era de un club forzosamente, era de un club que conocías, que conocías la historia del club, sus olores, que hubieras visto muchas veces la hierba en la que se juega... ¿Pero hoy? Yo recuerdo un Barcelona-Madrid de ida de la Champions, lo ví en Beirut, en un hotel... y acabaron pegándose dos tipos, dos libaneses, cada uno de un equipo. Coño, cómo puedes vincularte tanto a algo. Pues porque los clubes se han convertido en símbolos por encima de lo local, ya no es el equipo de tu barrio, de tu ciudad, de tu infancia... Ése es el relato que hoy la gente compra y asume.

Claro. Como cuando ves en televisión esas imágenes de países empobrecidos y nunca faltan camisetas de estos grandes equipos...

¡Es que es acojonante! Si te repasas las imágenes de cuando capturan a Gadafi o de la guerra en Libia, parece una guerra civil Madrid-Barça, van todos con las camisetas. Es algo que cuesta explicar... A ver si hoy en Bilbao nos aclaramos charlando, por qué está pasando esto.

¿Por qué cree usted?

Hombre, en los criterios morales por los que nos regimos las personas o sociedades siempre está el metarelato del héroe, por encima de lo bueno y lo malo, de la moral, y aquí, los futbolistas han asumido esa condición de superhéroes. Héroes planetarios. Pero eso choca con la puñetera realidad de que un futbolista es solo un futbolista, si hablas con él ves que su heroicidad es limitada, es solo un señor que sabe practicar un juego. Pero por lo visto ese juego es capaz de representar muchas cosas de nosotros...

¿Porque los futbolistas, ni siquiera los de mayor relevencia mundial, asumen para nada ese papel de héroes, incluso morales?

Pero es que es imposible. No podrían ni tirar un córner, se les paralizarían las piernas.

¿Qué puede pasar por su cabeza cuando ve esas imágenes de gente que pasa hambre, que ha sufrido una catástrofe natural, que está inmersa, como decía, en una revolución, vistiendo una camiseta con su nombre...?

Es que mejor no pensarlo. El futbolista ha de ser un tonto para todo lo que no es el juego. Porque si no... Tienen que abstraerse porque al final saben que no son ellos, que ese nombre en la camiseta representa cosas que te sobrepasan y mejor limitarse a lo tuyo e irse a los tópicos de siempre. Porque si no... imagínese el colocón...

Sobre la prensa deportiva

¿Qué parte de culpa, y utilizo esta palabra porque sé que usted es muy crítico con ella, ha tenido la prensa deportiva en que el fútbol esté, como decía antes, cerca de quedarse tocado...?

A ver, yo creo que la prensa es parcialmente responsable, pero también víctima. El elemento fundamental es la televisión, que es la que ha hecho planetario al fútbol y la que ha inyectado una cantidad de dinero desorbitante, donde la unidad de medida son los mil millones. Creo que la prensa ha intentado adaptarse comercialmente a eso, no subiendo al nivel del complejo metarelato futbolístico y bajando al nivel del espectador de a pie y conectando con sus filias y sus fobias. En el caso de la prensa madrileña, con las del Madrid, y la catalana con las de Barcelona. Cada lector sabe lo que quiere leer y no quiere que le lleven la contraria... Alguna vez he dicho que lo que la prensa deportiva hace es masturbar a sus lectores... Quieren una prensa que les ponga... Y todo eso no solo reduce el crédito del periodista sino que empobrece el relato. Yo creo que habría que empezar a tratar a los deportistas como personas, como personas con una presión tremenda y con un esfuerzo tremendo detrás para llegar a donde están. Porque un futbolista sin vocación puede ser la hostia, pero no llegará a ser futbolista. Son tíos que se han dejado los cuernos para serlo y cosas como ésas con las que la prensa deportiva se ha dejado de lado. Es más fácil ahondar en las cosas accesorias que complacen al lector porque satisfacen sus instintos más bajos y no le obligan a pensar mucho más.

El propio director del «Marca» reconocía hace poco que la prensa generalista escribe mucho mejor de deportes que la propiamente prensa deportiva...

Es que se libera de esas ataduras... Narradores como Santiago Segurola saben hacer épica de un partido o una reflexión cotidiana, se acercan más a lo que realmente significa el fútbol.

Eso sí, ya se ha terminado de rizar el rizo con el salto de esta prensa deportiva que, como dice usted, «te pone», a la televisión, con programas como «Punto pelota» o «Futboleros», los «Sálvame» del fútbol...

Claro, claro, protagonizados por periodistas que escriben en la prensa deportiva y así ya tenemos cerrado el bucle. Y no digo que no tenga interés, porque se consume mucho, lo consumimos, pero volvemos de nuevo a lo del onanismo...

Quizá ese otro relato del fútbol del que hablamos daría para hacer un «Historias de la Liga»...

Sí, claro, sí. Aunque el fútbol español siempre ha sido menos fabuloso en el sentido de fábula que el italiano. Italia ha tejido el fútbol con sus problemas nacionales. En España ha pasado eso marginalmente, con el Madrid-Barça representando en el imaginario concepciones distintas de España, o el Athletic de Bilbao, pero pese a la relativa racionalidad de esta Liga, sí hay historias de todos los colores, humildes, grandiosas... Alguien debería hacer un libro sobre eso. Porque el deporte en general da tantos relatos...

Es cierto. Creo que interesa más saber por qué tal o cual futbolista que prometía tanto terminó jugando en no sé qué categoría, que lo que digan los futbolistas del primer equipo del Athletic sobre un partido o clasificación...

Absolutamente. Es más, creo que en el deporte es necesaria esa regla básica del periodismo de no contar lo que dicen, sino contar lo que hacen. Son más interesante sus vidas que sus palabras y observar en la vida requiere hablar con la persona en cuestión, pero también hablar con otros. Ir más allá de las palabras del futbolista, que al final, están limitadas a ciertos tópicos, cada vez se cubren más ante los riesgos... Ahí está esa palabra que se suele utilizar de 'rajada' cuando dicen algo que deberían haberse callado.

Verdad. Estos días, en Bilbo ha sido noticia Toquero y su gol de tacón, pero lo más llamativo ha sido saber que todavía sigue viviendo con sus padres o que cuando fichó por el Athletic les dijo que tenía comida con los amigos y se enteraron del fichaje por la tele...

Y Toquero, particularmente, es una historia en sí misma. Yo creo que es un futbolista mucho mejor de lo que parece. La gente se lo ha imaginado de una forma y yo lo veo bastante bueno. Pero cómo es él, cómo lo percibimos, su entorno, ése es el verdadero material que conforma este entramado de sueños que se ha convertido en un negocio.

Es más, aquí en Bilbo, pienso que lo mejor de su entrenador Bielsa nos lo estamos perdiendo, su visión sobre todo aquello que no tiene que ver con el fútbol...


Posiblemente. Sí, sí. Yo tuve con él una experiencia indirecta, porque una vez escribí un articulo de fútbol italiano y Santi Segurola me hizo llegar un comentario que le había hecho Marcelo sobre una frase. ¡Hostias! dices. Ese tío no solo lee cosas, sino que se fija. Me parece un obsesivo, un tipo de mucho interés. En el ámbito técnico representa la hegemonía de los obsesivos y supongo que eso dice algo de lo complejo que se ha vuelto este mundo. Tipos como Cruyff, a ratos geniales y a ratos genialoides, ya no existen.

¿Ni siquiera Mourinho?

Hombre, es otro obsesivo, de otra manera distinta. Un tipo que está todo el rato pensando en lo mismo, lo cual no es de extrañar, porque depende tanto de la casualidad que está permanentemente acojonado y obsesionado por arreglar los detalles que puede arreglar... Y confiar en la suerte, que esa es otra. Porque si este deporte tiene gracia es por el azar, por el rebote que cambia un partido, por un poste, por un árbitro... y eso que vamos limitando el azar.

Es que el fútbol es fútbol...

Sí, sí. El fútbol es algo muy elemental. Lo importante es ganar y si puedes ganar bonito, cojonudo. Pero importa ganar. Porque la gracia fundamental es que hay un resultado y eso le da sentido a la estética del fútbol. Porque el deporte estéticamente descontrolado es un disparate, una mierda, son los Globe Trotter... No tiene sentido.

Vamos, como esos partidos por África o los amigos de Zidane contra los de Casillas...

Así es. Al desaparecer el referente épico, la lucha de uno contra otro, la estética se hace intrascendente. Como si marca un gol con el culo... Lo divertido es hacerlo mientras tienes delante unos tíos que compiten contigo y que buscan putearte. Sin ese marco, la estética da igual.

Bueno, ¿nos vemos en semifinales de la Copa?

A ver si es verdad...