jueves, 7 de mayo de 2015

El fútbol rebelde y popular por la paz con justicia social

Ponencia central del Panel de Deporte del Congreso de la Juventud Rebelde (Colombia). Bogotá, abril 2015


“Muchas veces pienso si podríamos algún día 
dirigir este entusiasmo que gastamos en el fútbol 
hacia algo positivo para la humanidad…” 
Sócrates de Souza 

A lo largo del 2014 en estadios, calles, barrios, veredas y redes sociales se vivió el rechazo generalizado a la mercantilización del fútbol. Sobretodo en la coyuntura de la Copa del Mundo donde la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) pasó por encima del pueblo brasilero para desarrollar dicho evento. Movilizaciones en las grandes ciudades donde convergen organizaciones y movimientos sociales mostraron el descontento hacia el evento, lo que no quiere decir que fuera hacia el deporte como tal. Incluso jugadores mundialistas brasileros como Romario estuvieron en contra del negocio y despojo económico excusado en la mal llamada “Copa de Todos”.

De igual manera se despertó una gran ola internacional de solidaridad con el pueblo brasilero. Exjugadores, jugadores, organizaciones políticas y amantes del fútbol expresaron su rechazo a tomar el deporte como negocio de la transnacional FIFA, y a reivindicar el fútbol popular como mecanismo de resistencia a la mercantilización también de la pasión, así como se mercantiliza con derechos fundamentales como la salud y la educación.

Cuando hablamos de Fútbol Popular, lo entendemos como la noción política, social y cultural del deporte desde la práctica en estadios, calles, lodazales, potreros, barrios y veredas; pero también desde la identidad que representa la pasión, patear la pelota, alentar el equipo, asistir al estadio, gritar con llantos de amor y dignidad un gol. Preparar los cantos, ondear las banderas, pintar los trapos, acompañar la murga, llorar, sufrir, celebrar, aguantar. Entendemos el Fútbol Popular como escenario de resistencia, como Fútbol Rebelde. Son conocidos los casos de Sócrates, Cantoná, Caszely, Lev Yashin, Rachid Mekhloufi, Lucarelli, Higuita y El Diego, así como el reciente caso de Drogba, sin mencionar otros muchos que han resistido desde el fútbol y han aportado grandes cosas para sus respectivos países. De igual manera, las hinchadas populares y antifascistas como la del Sankt Pauli, la del Rayo Vayecano, la del Cadiz, la del Sevilla y el Livorno. Así como las hinchadas que reivindican la independencia de sus pueblos como la del Celtic, el Bilbao y el Barcelona, todas en un contexto de nueva fuerza del fascismo en los estadios europeos producto de la crisis económica y el sentimiento nacionalista, xenófobo y racista.

Colombia no ha sido la excepción. Históricamente se han dado escenarios de resistencia desde los estadios del país. Sobretodo en un contexto de violencia y persecución, donde se pretende alejar el fútbol de la política y se silencian estos escenarios para las reivindicaciones populares. Los estadios han sido escenarios de conspiración y organización del pueblo colombiano a lo largo de la historia del fútbol profesional, los cuales dan su mejor expresión en el apoyo a diferentes iniciativas como el rechazo a la violencia conservadora o a la guerra en Vietnam e Irak, así como en el último tiempo al respaldo a las movilizaciones estudiantiles, campesinas y populares.

De esta manera el fútbol entendido como deporte de masas, es un escenario en el que se debe propender por la organización política y popular. Silenciar los estadios y alejarlos de la política, son sólo una de las tantas formas que utiliza la oligarquía para no permitir al pueblo tomar conciencia sobre su situación política, económica y social. De esta manera, el fútbol como otros deportes populares, deben ser un elemento importante en la generación de conciencia de clase y de movilización.


Hinchadas Rebeldes y Populares

Teniendo en cuenta lo anterior, se deben generar apuestas por llenar los estadios de reivindicación popular. La falsa tesis de que el fútbol no debe ser mezclado en política debe ser controvertida desde la necesidad de entender el fútbol como espacio social y cultural. De que el fútbol pertenece al pueblo y no al mercado. Que los equipos son de sus hinchadas, de los que alientan permanentemente y no de los que buscan lucrarse. Debe haber una recuperación de la esencia del fútbol como deporte de todos y no de unos pocos que puedan acceder a verlo. La violencia que se genera dentro y fuera de los estadios por falsas contradicciones entre seguidores de los equipos, no debe ser solucionada con más violencia, o con medidas fascistas de mayor control policial y de “seguridad”, con la instalación de cámaras en los estadios y la carnetización de las barras. Medidas que supuestamente ayudaron a “controlar” a los hooligans en Europa, pero que resultaron ayudando a generar más mercado sobre el deporte y menos solución de los problemas. Es decir, por ejemplo, que el incremento de precios en las tribunas no alivianan la fuerte carga de violencia que mantienen los jóvenes a diario y que deben ser tomadas desde la discusión misma en los territorios como los barrios. La violencia principalmente viene del Estado al negar la oportunidad de educación gratuita, trabajo digno y mejores condiciones de vida para la juventud en nuestro país. Los problemas de drogadicción son gracias a las mafias que se dan al interior de las tribunas, las cuales en muchas ocasiones tienen nexos directos con el paramilitarismo y las redes de narcotráfico, por poner más ejemplos.

En esta medida, las apuestas por las Hinchadas Rebeldes van desde la generación de organización por el fútbol y sus equipos, hasta la necesidad de conciencia social y popular por parte de los integrantes de las barras, para contrarrestar la utilización de los jóvenes para lucrar los negocios de las mafias del fútbol y el narcotráfico. Meterle rebeldía desde el postulado que sí es posible combinar fútbol y política y que son elementos absolutamente relacionados entre sí. Pero no la política de las urnas, donde también se utiliza a los jóvenes para ciertos intereses, sino la política de la organización y la movilización. Ya son muchas las hinchadas que se movilizan, que se unen por intereses particulares. En ese aspecto unidad no es homogenizar. Somos diferentes, no pretendemos ser lo mismo. Las rivalidades de los equipos se dejan en la cancha, entre los equipos que juegan, y se olvidan en la calle para como juventud y pueblo unido transformar la realidad del fútbol y la sociedad colombiana en general.

Semilleros de Formación Deportiva y Política

Así como el fútbol es el aguante, también lo es el jugarlo. Así como se propone fortalecer las hinchadas rebeldes populares, con conciencia de clase, también se propone la organización desde los escenarios de formación deportiva y cultural. Múltiples iniciativas juveniles, e incluso desde las mismas barras, se vienen centrando en fomentar espacios de Semilleros y Escuelas deportivas para sacar a los niños y jóvenes de los barrios populares de la drogadicción y las mafias. Son escenarios de formación en el manejo de la pelota, pero también en Derechos Humanos, Participación y Democracia los que se proponen desarrollar.

El fomento de este tipo de escenarios es una piedra más en el zapato de aquellos que trafican con el fútbol, los cuales tienen como interés la producción de futbolistas en masa desde temprana edad para apropiarse de sus derechos y el dinero que generan. Basta con echar un vistazo al ejemplo del Club Ernesto Che Guevara en Argentina, el cual con sus propios recursos y la autogestión, han logrado posicionar la iniciativa local e internacionalmente.

Construir el fútbol popular desde este tipo de espacios es el reto que tenemos hoy como jóvenes rebeldes.

El Frente de Fútbol Popular: 

Por último y no menos importante se genera la propuesta de reunir este tipo de actores que construyen el Fútbol Rebelde y Popular desde lo local en un escenario de convergencia y unidad que permita sumar fuerzas para seguir contrarrestando la visión del fútbol como negocio.

Se propone la creación de un Frente de Fútbol Popular que permita la articulación del trabajo de barras, semilleros, escuelas, futboleros, futbolistas y colectivos que vienen con el impulso de transformar dichas realidades. Proponemos el Frente como escenario de discusión y movilización, de construcción del Fútbol Popular y Rebelde. De discutirlo y practicarlo, por iniciativas tan importantes como la Paz de nuestro país. Ya son conocidas las iniciativas de los Picaditos por la Paz y el Mundial de Fútbol por la Paz con Justicia Social, iniciativas como esas son las que se propone articulemos en un gran escenario nacional con trabajo en lo local.

Es un llamado al aguante en la lucha popular, al aliento en la transformación social y al grito unitario entre abrazos y cánticos que generan nuestros goles por la Nueva Colombia y la Paz con Justicia Social.

Colectivo de Fútbol Rebelde y Popular Jaguar Rojo
Proceso Juvenil Bogotá Rebelde