viernes, 15 de mayo de 2015

Boca-River y el escándalo en La Bombonera

Hay que analizar lo ocurrido sin sensacionalismos, sin amarillismo, sin vociferar, y sin olvidar los deplorables antecedentes que hace tanto tiempo vienen degradando al fútbol



Por Atilio Borón

Juan Pablo Varsky, un periodista a quien respeto, patinó feo en relación a lo ocurrido ayer en la cancha de Boca. Anoche tuiteó que "Esta mancha no se borra nunca más. El entrenador, los jugadores, los hinchas. De esto no volvemos. Este papelón es peor descender". JPV, respetuosamente le pregunto: ¿No volvió acaso River después de los 71 hinchas de Boca muertos -repito: 71 MUERTOS- apilados y aplastados en la Puerta 12 del Monumental en el Boca-River de 1968, un anticipo de lo que luego, con un saldo luctuoso aún mayor, ocurriría en Cromañon? Y allí los responsables no fueron un par de delincuentes como los de ayer sino River como institución, por la criminal negligencia de sus porteros que no abrieron los portones poco antes de finalizar el partido y ocasionaron la tragedia.

Lo ocurrido en Boca es una imperdonable salvajada, pero afortunadamente sin víctimas irreparables. Boca va a ser muy castigado como club, pero la sanción, cualquiera que sea, será inobjetable. Tampoco creo con Varsky que el entrenador, los jugadores y los hinchas deban ser los chivos expiatorios.

El responsable PENAL por esto es el presidente de Boca, Angelici, porque la seguridad dentro del estadio fracasó miserablemente y él es la máxima autoridad del club. ¿Qué podían hacer los jugadores o el DT? Solidarizarse con los de River, que no lo hicieron y estuvieron mal. Pero después quiero ver quien en el periodismo, o entre lo opinólogos, va a defenderlos de la retaliación de la barra brava, como tantas veces ha ocurrido en todos los clubes. ¿O ya nos olvidamos de esto?

¿La hinchada? De los 50.000 hubo no más de 1.000, con toda la furia, que se quedaron hostigando a los de Ríver hasta que se fueron Y si lo hicieron fue por la absoluta inoperancia de la seguridad del estadio que no los hizo salir, o de la policía que no los desalojó si persistían en sus conductas violentas, o de los bomberos que no les arrojaron un buen chorro de agua para que se fueran. Pero en Boca ayer no había autoridad alguna: ni el árbitro, ni la Conmebol, ni la AFA, ni el club. Nadie. El resto de la hinchada ,los 49.000, tuvo un comportamiento habitual: gritaron, chiflaron pero nada más. Estaban totalmente desinformados de lo que estaba ocurriendo, y esperaron con paciencia y sin desmanes más de una hora. Y después se fueron sin causar ningún inconveniente. Por eso,¡cuidado con las generalizaciones!

Siempre es bueno tener a mano los antecedentes históricos, no para excusar la infamia de anoche, si para entender lo que, desgraciadamente, es el fútbol en la Argentina por culpa de la mafia que maneja todo este negocio y en la cual se hermanan los dirigentes de los clubes, muchos políticos, los gobernantes, algunos medios de comunicación, algunos técnicos, jugadores, y los barras. Esta fatídica banda está matando al fútbol argentino, y matando gente.

Ya son más de 200 los muertos por el fútbol en los últimos 40 años, y por suerte anoche en Boca no se agregó ninguno más. Hay que analizar lo ocurrido sin sensacionalismos, sin amarillismo, sin vociferar, y sin olvidar los deplorables antecedentes que hace tanto tiempo vienen degradando al fútbol en este país y que hacen que lo de anoche tuviera poco de sorprendente.