sábado, 26 de abril de 2008
miércoles, 2 de abril de 2008
lunes, 17 de marzo de 2008
Barrismo social
Investigador social
No estoy de acuerdo con la satanización con que la sociedad observa los conflictos de la juventud. Se calcula que más de cincuenta mil jóvenes se movilizan cada semana por todo el territorio nacional. Los vemos desplazándose como una mancha por carreteras y calles en las ciudades, con la intención de apoyar a sus equipos de fútbol. Por esa pasión que encarnan y la forma como la viven, las llamadas barras bravas son objeto de múltiples enjuiciamientos, reforzados de manera eficaz por las escenas de violencia en las que en ocasiones participan, rompiendo con los principios mínimos de la convivencia ciudadana.
Sin duda, las barras son el alma de los equipos pero también son considerados la oveja negra de la familia del fútbol, realmente estas asociaciones de jóvenes no importan mucho y sólo aparecen en los medios por la violencia. Casi nadie quiere tener algo que ver con ellos pues, además, generan miedo y en ciertos casos pánico.
Los barristas son jóvenes habitantes de las comunas más populares de la ciudad, trabajan en centros comerciales, estudian en las universidades de la región, son publicistas, comunicadores, desempleados, en fin, son jóvenes comunes y corrientes, sólo que su afición los ha llevado a organizarse en bloques y legiones, sus líderes, son ampliamente reconocidos, se reunen varias veces a la semana para dar vida a sus proyectos productivos, preparar los cantos, los trapos que dan identidad a su organización y la forma como apoyarán a su equipo en el próximo partido.
Las barras de fútbol son juventudes que reclaman a la sociedad y al Estado un lugar como ciudadanos; pero no por lo anterior se justifican o explican las violencias en las que participan. Esta situación demanda la creación de nuevos espacios sociales y culturales, para el desarrollo de la vida y para su inclusión en las oportunidades de la sociedad. Hay que intentar transformar su energía y potencia en proyectos de vida que dignifiquen y den tránsito a lo que por estos tiempos significa ser joven, antes que graduarlos como delincuentes.
Publicado en El País de Cali
domingo, 3 de febrero de 2008
Historias de fútbol rebelde y rebeldes del fútbol
El deporte más popular del mundo, que ha sido definido como “religión de laicos” y “opio del pueblo”, tiene una historia alternativa poco conocida y deliberadamente omitida, que tiene una faceta que lo vincula a formas organizativas de la clase trabajadora y a manifestaciones de resistencia y rebeldía. He aquí algunas de ellas:
Glasgow: fútbol, política y religión
A Glasgow, una de las principales ciudades escocesas, arribó a lo largo del siglo XIX una gran migración de irlandeses católicos que huían de la pobreza. En 1888, la colonia irlandesa en la ciudad funda un equipo de fútbol para recolectar fondos con el fin de financiar obras benéficas para los niños pobres. Es así que nace el Celtic.
Un obispo protestante, para contrarrestar la popularidad que adquiría el nuevo equipo, funda el Rangers, que se proclama con una adscripción religiosa y política. Pronto la rivalidad entre los dos equipos polarizó la ciudad, ya que el Celtic representa a los descendientes de los inmigrantes irlandeses, a los nacionalistas, a los pobres y a los católicos, mientras el Rangers es la escuadra de los protestantes, de los unionistas británicos y de la élite.
A tal nivel llegó la polarización, que la directiva del Rangers determinó como política no contratar jugadores católicos. Esta actitud excluyente favoreció al Celtic, que con una postura pluralista, se hizo en sus filas con los mejores jugadores de la ciudad. A los pocos años, el Rangers debió retractarse de su actitud.
En 1967 fue el mejor momento del Celtic, que conformando un equipo de sólo jugadores nacidos en Glasgow, ganó la liga escocesa, la copa de Glasgow y la copa de Europa, siendo el primer club británico en obtener el más importante título de clubes europeo. Este conjunto se caracterizó por jugar un fútbol ofensivo, creativo y estéticamente atractivo.
Al lograr el título, este conjunto fue bautizado “los leones de Lisboa” por la heroicidad mostrada en la final, disputada en la capital portuguesa frente al Inter de Milán, que practicaba el tradicional esquema ultradefensivo italiano. Los interistas se fueron arriba a los siete minutos de juego con un penalti inexistente. De ahí en adelante los experimentados jugadores italianos defendían a muerte el resultado, pero el Celtic logró empatar a los 18 del segundo tiempo, y consiguió el gol de la victoria apenas a seis minutos del final. Este histórico capítulo perdura en la memoria colectiva de la hinchada católica.
El clásico de Estambul: Europa contra Asia, ricos contra pobres
La histórica capital turca se extiende sobre las costas del estrecho de Bósforo, que divide la ciudad en dos orillas, cada una en un continente distinto. El clásico o derby de Estambul es disputado por los históricos equipos de Galatasaray y Fenarbahce, y es uno de los que más rivalidad despiertan en el mundo del fútbol europeo.
Galatasaray nació y tiene su sede en el lado europeo de Estambul y es el equipo de la aristocracia. Fue fundado en el seno del Liceo Galatasaray, un prestigioso colegio fundado en 1481 donde estudian los hijos de las familias más acaudaladas del país, lo que le da una carga tradicionalista y elitista.
Por su parte, el Fenerbahce nació “en la calle”, tiene asiento en la orilla asiática de Estambul y es el equipo de la clase trabajadora y de los humildes. Además tiene un origen particular, pues en 1907, cuando se creó el club, regía una ley que prohibía el fútbol, así que el Fenerbahce nació en la clandestinidad en el distrito del mismo nombre, que en turco quiere decir “faro del jardín” (“fener” significa faro y “bahce” jardín).

Ambos equipos están en la misma ciudad, pero están en dos orillas y dos continentes distintos. La rivalidad estalló en 1934, cuando en un partido “amistoso” los jugadores de ambas escuadras se destacaron por la violencia con la que lo disputaron, lo que desencadenó una batalla campal entre las dos hinchadas. Este incidente causó la ruptura de las relaciones entre ambos clubes. Desde ése momento hasta hoy, cuando se enfrentan estos dos equipos, generalmente hay disturbios y desórdenes callejeros. Cuando hay clásico, los hinchas del Fenerbahce reciben a sus rivales con la sentencia: “bienvenidos al infierno”, y el estadio, literalmente, arde.
El futbolista maoísta
En la década de 1970 hubo un futbolista que era seguidor de Mao Tse Tung y la revolución cultural china: el alemán Paul Breitner, quien como muchos jóvenes de Alemania y el mundo en los setenta, era seguidor de Mao y la Revolución China. Breitner pertenece a la generación de mayo del 68, partidario de Ho Chi Minh, lector del Libro Rojo y admirador del Che Guevara.

Llegó a ser jugador profesional en 1970, jugando de lateral izquierdo. Con apenas 22 años y luciendo el famoso “afro”, fue campeón mundial con la selección de la República Federal de Alemania, anotando el gol en la final ante Holanda, la sorprendente naranja mecánica. Pese a esto, no tuvo nunca una buena relación con la selección nacional, llegando a renunciar tres veces.
Breitner pasó a jugar en el medio campo al ser fichado por el Real Madrid, cuya llegada al club merengue era equivalente a la de un marciano. ¡Un maoísta en el club de Franco! Encontrándose allí dio muestra de su rebeldía al dar medio millón de pesetas como donativo a obreros metalúrgicos de la fábrica Standard que se encontraban en huelga. Su oposición al capitalismo, encarnado en los dirigentes del Real Madrid, le valió que el club lo declarara “jugador conflictivo” y cancelara su contrato, regresando a su club de origen: el Bayern de Munich.
Breitner fue campeón de la copa mundo en 1974, subcampeón mundial en 1982, campeón de la copa Europa de naciones y campeón de la copa de Europa de clubes, logrando también varios títulos nacionales. Por su excelente rendimiento futbolístico y su potencia fue calificado como el mejor centrocampista alemán. Se dijo de él que era un futbolista “capaz de pensar y poner en práctica con las piernas lo que concebía con la cabeza”. Todo en 13 intensos años de carrera futbolística, retirándose en 1983 por una lesión. Un año antes, el Partido Comunista Chino había abandonado oficialmente el maoísmo.
La democracia corinthiana
En Brasil, al iniciar la década de 1980, la dictadura militar (1964-1985) perseguía a los movimientos democráticos que pedían “direitas já” (elecciones). Sócrates, el mítico jugador del Corinthians, capitán del club y de la selección nacional, propone un movimiento interno en el equipo para adherir a la campaña política contra la dictadura, y empiezan a jugar con un brazalete amarillo, color que identificaba al movimiento político de oposición.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, que era llamado “El Doctor” por haber estudiado medicina, utiliza su talento con la pelota para crear conciencia y denunciar los problemas sociales de su país. Comenzó promoviendo la lucha contra la pobreza y proponiendo dar techo a los marginados, y terminó siendo un líder carismático del pueblo pidiendo el fin de la dictadura. Se hizo célebre por su barba, su melena y su rebeldía dentro y fuera de la cancha.
En el ámbito deportivo, Corinthians instaura un método de asamblea interna permanente para conseguir un sistema de juego que los llevara al campeonato, luego de veinte años sin conseguir el título. Así mismo, todas las decisiones importantes del club se decidían colectivamente, y todos tenían derecho al voto. Fue la famosa democracia corinthiana, donde el director técnico, Atilson Monteiro Alves, era una especie de secretario de la puesta en marcha del debate colectivo promovido por Sócrates y las demás figuras del club, que se regía al estilo de una cooperativa. No en vano Alves era sociólogo y ex militante universitario. Otro de los jugadores destacados fue Wladimir, por entonces abanderado del Sindicato de Jugadores Paulistas y, aún hoy, militante de izquierda.
“La democracia corinthiana estaba revolucionando el modo de gobernar a los clubes, y además era combustible para las masas que peleaban por derrumbar a la dictadura”, declaró Juca Kfouri, director de la revista deportiva Placar en ésa época, publicación que apoyó las propuestas del Corinthians.
Con su revolucionario método de organización interna y una postura política clara, Corinthians volvió a salir campeón, contra viento y marea, y contribuyó a poner fin a la dictadura, que se derrumbaba poco a poco. La consigna política fue abrazada con enormes banderas amarillas por la "torcida" corinthiana, banderas que pasaron a flamear, desafiantes del régimen militar, a todos los estadios de Brasil en las manos de otras hinchadas que adhirieron.
La democracia corinthiana fue el tema central de un libro de Jorge Amado que lleva ése mismo nombre, y fuente de inspiración de una canción del cantante Gilberto Gil. También fue filmado un documental sobre la vida de Sócrates, realizado por los cineastas Fernando José da Silva y Reinaldo Volpato.
Comunistas y fascistas en Italia
Livorno es una ciudad obrera, puerto industrial y cuna del Partido Comunista Italiano. Por esto, ser de Livorno y ser de izquierda es algo natural. Allí nació Cristiano Lucarelli, un niño que soñaba con ser futbolista. Su padre era cargador portuario, afiliado al sindicato y militante del partido. El niño Cristiano estuvo rodeado desde nacer por banderas rojas del PCI y del Livorno, el equipo de la ciudad.
A los 22 años llegó a la primera división, jugando con el Perugia. Luego pasó por Cosenza, Padua y Atalanta. Su fructífera carrera como delantero hizo que fuese fichado por el Valencia de España. Volvió a Italia donde pasó por el Lecce y el Torino. Al finalizar la temporada 2002-2003, el equipo de su ciudad natal, el Livorno ascendió a la segunda categoría. Este hecho marginal para el fútbol italiano cambiaría el rumbo del joven Lucarelli, quien quería volver a su casa natal, donde nunca había jugado. El Livorno no podía pagarle más que un modesto salario, pero Lucarelli aceptó, rechazando ofertas millonarias y la fama y comodidad de otros clubes. Este hecho es relatado en el libro “Quédense con sus millones”.

En la temporada 2003-2004 Lucarelli fue el goleador del campeonato, logrando el milagro de cumplir el sueño de los livorneses: ganar la liga y ascender a primera categoría. No sólo ganó el campeonato, el titulo de goleador y la capitanía del equipo, sino también el cariño y simpatía de toda la ciudad, pues Cristiano Lucarelli siempre se ha declarado izquierda, de la clase trabajadora, y ha llegado a apoyar, recurriendo incluso a su bolsillo, obras benéficas y huelgas de obreros.
Lucarelli había jugado en la selección italiana sub `21 en 1997, con la cual anotó diez goles en la misma cantidad de partidos. El gol que anotó frente a Moldavia lo celebró mostrando la camiseta con la efigie del Che Guevara que portaba por debajo de la oficial, imagen que se vio televisada en directo, y lo que le valió la censura de los dirigentes del calcio, quienes presionaron para evitar nuevas convocatorias de Lucarelli en los seleccionados nacionales. Solo hasta 2005 volvería a lucir la azzurra.
Con su debut en primera con Livorno Lucarelli se proclamó máximo goleador del campeonato 2004-2005, luciendo el número 99, año de fundación de las Brigadas Autónomas Livornesas (BAI), la barra del club toscano. Sus goles, que festeja con el puño izquierdo en alto, garantizaron que el equipo izquierdista permaneciera en primera categoría, algo que nadie esperaba. Y más aún, se clasificó a la copa UEFA, campeonato en el cual, con un equipo luchador y compacto, llegó a rondas finales.

En octubre de 2005, el alcalde de Livorno organizó el encuentro de Lucarelli con la hija del Che, Aleida Guevara, quien visitaba Italia para recoger fondos para el hospital pediátrico cubano donde trabaja. Entre un entrenamiento y otro, el jugador comunista sacó tiempo para entrevistarse con ella, quien también se reunió con líderes de las BAI, que usan banderas con la imagen del comandante cubano-argentino. Aleida aseguró que “ese rostro es un símbolo de lucha. Espero que no se quede sólo en un mito, sino que sea un emblema para crear un mundo mejor”.

Pero si la izquierda tiene a Livorno y a Lucarelli, la derecha tiene a Lazio y a Paolo Di Canio, fascista confeso que llegó a ser penalizado por realizar el saludo fascista durante la celebración de un gol. Di Canio es el ídolo de los hinchas de Lazio, de marcada tendencia ultraderechista. Estas adhesiones hicieron que el juego Livorno-Lazio fuera todo un clásico con tintes políticos, donde se jugaba más que el resultado.
En julio de 2007 Lucarelli termino su ciclo en Livorno y partió al fútbol ucraniano, no sin antes hacer una promesa: invertir la mitad de su sueldo anual de cuatro millones de euros en un diario local de la ciudad para la creación de nuevos empleos. Fiel a su ideología y a su hinchada, cumplió con ello.
Nacionalismo catalán en la cancha
Oleguer Presas Renom, nacido en Cataluña en 1980, es defensa central del FC Barcelona desde el 2002. Oleguer se ha declarado de izquierda, independentista catalán y partidario de la condonación de la deuda externa de los países del tercer mundo. Ha participado en manifestaciones contra la guerra de Irak, contra los skinheads neonazis de Sabadell y contra la globalización capitalista.
Por su militancia política se ha convertido en uno de los ídolos de la afición del Barcelona, equipo definido por Manuel Vázquez Montalbán como “el ejército simbólico desarmado de la catalanidad”. Presas ha recibido así mismo numerosas críticas en otros sectores. En abril de 2006 publicó, junto a su amigo Roc Casagran, el libro “Camí d’Ítaca” (Camino a Ítaca), en el cual da a conocer sus reflexiones sociales y políticas.

En febrero de 2007, el jugador azulgrana publicó un artículo de opinión donde se refiere a la situación del militante etarra De Juana Chaos, en huelga de hambre durante meses en protesta por la prolongación de su encarcelación tras cumplir su condena de 18 años. En el artículo, Presas critica el funcionamiento del estado de derecho español y su sistema judicial, lo que generó una aguda polémica y provocó que la marca deportiva Kelme cancelara el contrato de patrocinio que le vinculaba. La firma deportiva lo justificó diciendo que “contrata futbolistas y no políticos”. Diarios independentistas e hinchas de Cataluña y el País Vasco iniciaron una campaña a favor del jugador catalán y una iniciativa de boicot a Kelme.
Es apenas el más reciente episodio de pugna político-deportiva en el estado español, que en su haber tiene: la clausura del campo del Barça en la década de 1920 por el dictador Primo de Rivera, alegando la catalanidad de su hinchada; el fusilamiento por los franquistas de su presidente al iniciar la guerra civil; la gira por Europa y América de una escuadra del Barça para buscar apoyo y recolectar fondos para la resistencia republicana; la pretensión de convertir el estadio de Barcelona en parqueadero de tanques al iniciar la dictadura franquista; y la reivindicación de la nacionalidad catalana en las tribunas del Camp Nou.
Los rebeldes antifascistas del norte
El puerto de Hamburgo (Alemania) ha sido tradicionalmente una ciudad obrera y popular. Uno de sus distritos, el Sankt Pauli, es hogar de jóvenes y trabajadores, y se ha caracterizado por ser un lugar inquieto, descomplicado y rebelde, refugio de punks y okupas. Todo un gueto en medio de la estrictez alemana.
El equipo del distrito, el FC Sankt Pauli, es una de las muestras de su particularidad. Sus emblemas son los de los piratas, y es un equipo proclamadamente antifascista, antirracista, antisexista y antihomofóbico, postura consagrada en los estatutos del club. Su hinchada se declara de izquierda y utiliza logos antifascistas. En 1977, al llegar a primera división, entró a la élite del fútbol en pleno apogeo del movimiento punk, convirtiéndose en todo un símbolo social y cultural. Su pequeño estadio, Millerntor, se atesta de hinchas mujeres y homosexuales. El St. Pauli abre sus partidos de local con “Las campanas del infierno” de la banda AC/DC, y muchos músicos alemanes y europeos se han declarado hinchas del “equipo pirata”.
Su filiación le ha traído conflictos con hinchas neonazis, como la rivalidad surgida con el Hansa Rostock en la década de 1990, debido al gran número de neonazis hinchas del Hansa. Así mismo, se ha agudizado el hostigamiento con el rival de patio, el Hamburgo, el que también cuenta con grupos de hinchas neonazis.
El St. Pauli también ha sido activo en acciones benéficas y humanitarias. En 2005 el club, el equipo y los hinchas iniciaron la campaña Viva con agua de Sankt Pauli, con la que se recaudó dinero para dispensadores de agua para escuelas en Cuba. También fue anfitrión de la Copa Mundial FIFI en el 2006, un torneo alternativo de selecciones nacionales no reconocidas por la FIFA como Groenlandia, el Tíbet y Zanzíbar. El club participó con el nombre de República de St. Pauli.
En mayo de 2007 ganaron su liga, logrando el ascenso a la segunda categoría del fútbol alemán. El campeonato fue logrado con un empate a dos goles ante el Dynamo Dresde. Al final del encuentro se produjeron enfrentamientos en el estadio y los alrededores. Al anochecer, unas 35.000 personas se congregaron en el barrio rojo de Hamburgo para celebrar hasta altas horas de la madrugada el ascenso del equipo.

Como el St. Pauli, decenas de hinchadas del fútbol en varios países se han proclamado antifascistas, como las del Rayo Vallecano de España, Universidad de Chile, Fenerbahce turco, Celtic escocés, entre muchas otras.
Fuentes:
- Diarios de fútbol. www.diariosdefutbol.com
- Enric González. El sueño de un niño de Livorno. Historias del calcio y otros mundos. 13 de diciembre de 2004.
- Manuel Vásquez Montalbán. “Fútbol: una religión en busca de un dios”. Barcelona, Debolsillo, 2006.
- Nacho Levy. “Militancia social, pelota al pie”. Página/12, 10 de julio de 2007.
- Oleguer Presas Renom. “Buena fe”, traducido y publicado en: www.20minutos.es
lunes, 20 de agosto de 2007
La precaria situación laboral de los futbolistas en Colombia
¿Trata de personas en el fútbol? La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito teme que en el fútbol colombiano se estén presentando casos de trata de personas. UN Periódico recogió testimonios de ex jugadores y periodistas, que denuncian amenazas y pérdida de autonomía de los futbolistas. ¿Qué responden los directivos?
Por Gabriel Romero Campos
Unimedios
Era 1983. Carlos González, a quien apodaban el ‘Puche’, estaba en la oficina uno de los directivos de Millonarios. El tema de conversación era la continuidad de González en el equipo. Le dijeron que no seguiría. Argumentaban que era un jugador conflictivo. Millonarios no le permitió jugar, pero tampoco lo vendió. El Hércules de Alicante hizo una oferta de 50 mil dólares por el jugador, pero no hubo negociación alguna.
En ese tiempo, el jugador era de propiedad del club y solo el club podía decidir acerca de su destino. No importaba que terminara un contrato de trabajo. De todos modos, el equipo era su dueño. Un año más tarde, González cambió de dueño. Pasó al América de Cali, donde las decisiones las tomaba Miguel Rodríguez Orejuela, que años después sería procesado por narcotráfico.
Carlos González, ex futbolista, es uno de los hombres que hoy más lucha porque se respeten los derechos de los jugadores. Con firmeza denuncia irregularidades de directivos. Foto: Ricardo González/Unimedios
En el 84 se había constituido un sindicato de jugadores. González, que cursaba el último año de derecho, hacía parte de él. Un día, Rodríguez Orejuela lo llamó a su oficina y le dijo que, si no se retiraba del sindicato, no jugaría más fútbol. González se mantuvo firme en su decisión y así terminó su carrera deportiva. ¿Podía González ir a otro club? Imposible, pues su dueño le había cerrado todas las puertas.
Derechos del jugador
Desde 1886, el fútbol se hizo deporte y también industria. Nació el fútbol y también el dinero. Y con el dinero se creó el pase del jugador y la transferencia. Los empleadores descubrieron que la gente pagaba por ver el espectáculo. Se fueron creando condiciones de esclavitud. Los dirigentes impidieron la movilidad de sus obreros. “Para jugar al fútbol, usted debe tener mi autorización”, era la consigna del directivo.
Tuvieron que pasar muchos años para que el jugador pudiera ser dueño de sí mismo. Corrían los años 90. Marc Bosman era un discreto jugador del Standard de Lieja, en Bélgica. Surgió una oferta para jugar en el fútbol de Francia. Otro club belga hizo una oferta, pero Bosman quería ir a jugar a Francia. Su club de origen impidió su movilización y no le permitió jugar.
Bosman acudió a la Comunidad Europea para que estudiara su caso. La Comunidad, basada en el principio de libre movilidad, determinó que no podía haber restricción para impedir el trabajo. Que como belga podía moverse libremente y contratar con libertad. La decisión se produjo después de cinco años de litigio. Bosman había ganado en el escritorio, pero su carrera deportiva se había truncado.
Gracias a él se había dado un paso revolucionario. En adelante, cada jugador podría ser dueño de sus derechos deportivos, de su pase. En 1997, la Fifa acató definitivamente la decisión e impartió instrucciones a todos sus afiliados, entre ellos Colombia.
Pero en Colombia todo siguió igual. Tommy Mosquera Lozano era un desconocido jugador de Millonarios, que en marzo de 1997 celebró un contrato verbal en el que se pactó un salario mensual de 350 mil pesos. El acuerdo se cumplió hasta enero del 98.
El primero de febrero del 98 fue desvinculado del equipo y no se le siguió pagando salario, pese a que el jugador había sido inscrito ante la División Aficionada del Fútbol colombiano (Difútbol) para jugar en la categoría primera C.
El 5 de marzo de ese año, Millonarios le comunicó a Mosquera que había la posibilidad de vincularlo al Club Real Floridablanca y que, de concretarse la negociación, le pagaría la suma de 260 mil pesos mensuales. La transacción no se llevó a cabo y el jugador siguió sin recibir salario alguno.
A finales de mayo, Mosquera pidió al club una explicación de su comportamiento y exigió la entrega de la carta de libertad y propiedad de sus derechos deportivos, es decir, su pase. El club no respondió. El caso llegó a la Corte Constitucional y con sentencia del magistrado Carlos Gaviria se le ordenó a Millonarios entregar a Mosquera, en un plazo de 48 horas, sus derechos deportivos.
Una de las argumentaciones de la Corte fue la siguiente: “No es constitucionalmente admisible que se pueda limitar la libertad de trabajo al deportista, que se encuentra constitucionalmente protegida, debido a conflictos entre los clubes derivados de la transferencia de los derechos deportivos. No es compatible con la protección de la libertad de trabajo que un club pueda poseer los derechos deportivos de un jugador, cuando no existe ninguna relación laboral entre los mismos”.
Oídos sordos
Pese a la decisión de la Corte, en Colombia se siguen presentando abusos. Inclusive la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito va más allá y teme que se estén dando casos de trata de personas. Hay trata, según la Oficina de las Naciones Unidas, cuando hay explotación. Hay trata cuando la persona pierde autonomía, bien sea por el uso de la fuerza, mediante amenazas o acudiendo al constreñimiento.
El ‘Puche’ González, que hoy es presidente de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales, Acolfutpro, denunció que Jairo Quintero, que era presidente del Caldas en el 2004, hacía contratos por duración de labor. Es decir, si el equipo no clasificaba a las finales del torneo, los contratos perdían vigencia y no había pago a los jugadores. La decisión de Quintero, dice González, va en contra del reglamento de la Fifa, que establece que los contratos deben ser mínimo de un año de duración. Una vez finalizado el contrato, el jugador es dueño de sus derechos.
Pero esto no pareció ocurrir con el arquero Juan Carlos Henao, que en el 2004 salió campeón de la Copa Libertadores con el Caldas. El Santos de Brasil se interesó por él. Según los términos de su contrato, Henao ya no pertenecía al Caldas. Era libre de negociar su pase. Henao firmó contrato con el Santos, lo que significaba ganarse 35 mil dólares mensuales, una cifra que en Colombia no puede ser pagada. Caldas no estuvo de acuerdo en que el arquero negociara su pase y a los cuatro vientos anunció un veto al jugador: que ningún equipo colombiano lo contratara si él insistía en seguir siendo dueño de sus derechos.
Luego de su paso por Brasil, Henao regresó a Colombia, pero encontró las puertas cerradas. Después de casi un año sin trabajo, Millonarios rompió el pacto de los directivos del fútbol colombiano y Henao pudo volver a jugar. En términos de lo que la Oficina de las Naciones Unidas define como trata de personas, hubo abuso de poder para tratar de captar a Henao, que se quedara en el Caldas, y mediante la presión se le impedía su libre movilización. Pero el capítulo de Henao aún no quedaría cerrado.
La huelga
El 30 de agosto del 2005, algunos jugadores asociados a Acolfutpro, decidieron irse a la huelga. Los presidentes de la Dimayor y Colfútbol, que representan a los directivos de los equipos colombianos, argumentaron que cada presidente de club debía negociar con sus jugadores. Así se desconocía a Acolfutpro. Pero, ¿por qué se iban a la huelga?
Uno de los reclamos de Acolfutpro tenía que ver con el Estatuto del Jugador Colombiano. Como se dijo arriba, la Fifa no admite contratos a término indefinido. En el estatuto colombiano, los contratos son indefinidos y se pueden romper unilateralmente por parte del club antes de un año. El Estatuto Fifa dice que los clubes no pueden ser dueños de jugadores aficionados, debido a que no hay una relación laboral. Sin embargo, en la reglamentación colombiana, los clubes son dueños de los derechos de profesionales y aficionados.
En estos puntos no hubo acuerdo y se votó la huelga. Acolfutpro no es un sindicato, sino un organismo creado para defender los derechos de los jugadores. Cuando todo apuntaba a que los futbolistas suspenderían sus actividades, la huelga se vino abajo. González sostiene que él y varios futbolistas fueron amenazados de muerte. “Hubo futbolistas que sufrieron acosos y presiones para que no participaran en la huelga. Los amenazaron con ser despedidos”, agrega González.
Según González, en el 2004 si un jugador demandaba a un club por supuesta violación de sus derechos, el futbolista quedaba inhabilitado para jugar. Además, si un club no le pagaba a otro por la transacción de un jugador, se daba la orden de que no jugara más.
En Suramérica, los dueños de los equipos no han asimilado que el futbolista es el dueño de su pase, una vez termina su obligación laboral con el equipo. A mediados del año pasado, la Conmebol, que agrupa a los dirigentes de esta región del continente, envió una circular advirtiendo que jugador que se quede con el pase no puede hacer parte de ninguna selección nacional.
La instrucción fue bien acogida por el directivo Jairo Quintero, que en declaraciones a una emisora de radio dijo: “Jugadores, como Elkin Soto y Milton Rodríguez, que se quedaron con el pase no pueden ir a la Selección Colombia”.
Rompimiento de contratos
Romper contratos es otra práctica de algunos clubes colombianos, según González, que cuenta la historia de un jugador que por sufrir pubalgia por más de 15 días fue despedido. Quien lo despidió, según González, fue Alexis García, entrenador del equipo La Equidad. García sostenía que la enfermedad se debía a la altísima actividad sexual del futbolista.
González relató que al futbolista Manuel de Jesús Valencia, del Chicó Fútbol Club, le dijeron que no regresara más a los entrenamientos. La razón: había jugado muy por debajo de su nivel en un partido frente al Deportivo Cali. Inclusive, según González, se puso en tela de juicio su honra, pues a los directivos su actuación les pareció sospechosa.
Lo cierto, según la Fifa, es que el contrato se puede romper unilateralmente por parte del jugador cuando no es alineado en el 10% de los partidos. La Fifa advierte que el bajo rendimiento no puede ser causa de despido de un futbolista. Sólo se puede despedir a un jugador por bajo rendimiento después de la decisión de la Cámara de Resolución de Disputas, un organismo implementado por la FIFA. En Colombia no existe.
Se supone que los dueños de los derechos deportivos de los jugadores deben ser los clubes y no una persona particular. Orlando Ascencio, periodista deportivo de El Tiempo, sostiene que esa regla no se cumple del todo. Recuerda que Millonarios estaba interesado en el mediocampista Jorge López Caballero, que pertenecía al Cali. El Cali pidió 400 millones de pesos por su pase y Jairo Hernández, un accionista de Millonarios, que tenía el dinero, compró los derechos: el jugador era suyo.
“El problema –afirma González– es que ellos creen que son dueños tuyos. Y todavía lo siguen creyendo”.
A la OIT
Las diferencias de jugadores y dirigentes fueron llevadas al Comité de Libertad Sindical de la Organización Internacional del Trabajo, OIT. El Comité hizo las siguientes recomendaciones: pidió que se le garantice a Acolfutpro el derecho de negociación colectiva, que la Dimayor, Colfútbol y Acolfutpro reanuden las negociaciones sobre el Estatuto del Jugador Colombiano y le pidió al Gobierno una investigación para determinar la existencia de presiones y amenazas de despido y otros actos de discriminación ejercidos contra los trabajadores.
Pero, ¿qué ha ocurrido en los últimos días? El editor de Deportes del diario El Tiempo, Gabriel Meluk, relató que, hace solo unas semanas, los directivos de los 18 equipos profesionales colombianos acordaron no contratar a todo jugador que recupere sus derechos deportivos. Aquí volvemos al caso del arquero Henao, que era de Millonarios y hoy se quedó sin jugar en Colombia debido al veto impuesto por los clubes. Henao tuvo que trasladarse a Venezuela para buscar un equipo donde jugar.
Agrega Meluk que el pacto de los directivos va más allá. Si, por ejemplo, un equipo colombiano decide contratar a Henao, en clara violación del acuerdo, debe pagar una multa equivalente al valor de los derechos deportivos del jugador. Si el club no lo hace, el jugador es quien debe pagar. Así es muy difícil la posibilidad de que Henao vuelva al fútbol colombiano. Además, pierde el derecho de ser llamado a jugar en la Selección. Así puede ocurrir, dice Meluk, con todo jugador que sea propietario de sus derechos deportivos.
“Los jugadores que son capaces de reclamar sus derechos deportivos quedan señalados por la dirigencia del fútbol. Entre ellos existe un acuerdo tácito para no contratarlos”, afirma Germán Arango, periodista deportivo de Noticias Uno.
¿Hay trata de personas en el fútbol? UN Periódico intentó varias veces obtener una respuesta del Presidente de la Dimayor, Ramón Jesurún, para aclarar las denuncias de González y de los periodistas deportivos mencionados, pero el directivo se abstuvo de conceder una entrevista. La Oficina de Naciones Unidas tomará nota de estos casos y averiguará si el fútbol colombiano está en claro fuera de lugar.
Publicado en UN Periódico, No. 103.
