lunes, 21 de diciembre de 2015

Blatter y Platini, apartados del fútbol por ocho años

El Comité de Ética de la FIFA emitió una nueva sentencia, que daña aún más la reputación de ambos directivos y elimina las posibilidades de que puedan estar al frente de órganos deportivos


El suspendido presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y el presidente de la UEFA, Michel Platini, han sido apartados de cualquier actividad relacionada con el fútbol durante ocho años debido a un pago no autorizado de 2,17 millones de dólares de Blatter a Platini.

El Tribunal de Arbitraje del Comité de Ética de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) tachó de poco convincentes las explicaciones de Blatter sobre la naturaleza de esta transferencia, efectuada en el 2011.

En un documento de 40 páginas, el órgano jurídico aclaró su decisión: "Ni en su declaración escrita ni durante la audiencia personal fue capaz el señor Blatter de demostrar otra base jurídica para este pago. Su afirmación de que tuvo lugar un acuerdo verbal fue calificada como no convincente y rechazada por el Tribunal".

Blatter por su parte señaló que continuará luchando para defenderse y por la FIFA. Además, dijo que apelará al Tribunal de Arbitraje Deportivo porque no entiende la razón de su suspensión.

"Me apena que, siendo el presidente de la FIFA, me traten como un saco de boxeo. Lo siento por el fútbol. Lo siento por todos los miembros de la FIFA, que son más de 400. Siento que me traten así en este mundo de cualidades humanitarias", dijo Blatter en una conferencia de prensa en Zúrich.

"Ahora estoy suspendido durante ocho años. La pregunta es, ¿por qué? Voy a luchar por mí y por la FIFA", agregó Blatter.

El pasado 25 de septiembre, la Fiscalía General de Suiza abrió un proceso penal contra Blatter por presunta negligencia y malversación.

Con información de RT

jueves, 10 de diciembre de 2015

Las FARC abogan por "democratizar el fútbol" al celebrar triunfo de Santa Fe

La pasión del grupo insurgente por el balompié salió a flote después de la victoria del club bogotano. Destacaron la importancia del juego limpio, en un momento donde la corrupción impera


Por AFP

En pleno escándalo de corrupción de la FIFA, la guerrilla de las FARC abogó este jueves por "la democratización" del fútbol, al celebrar la conquista de la Copa Sudamericana por parte de Independiente Santa Fe.

El grupo rebelde, que negocia en Cuba un acuerdo de paz para poner fin a medio siglo de conflicto armado, declaró su pasión por el balompié y se sumó a los festejos por el primer título internacional alcanzado por el equipo bogotano en 74 años de historia.

Para "todos los amantes del deporte rey, incluyendo a los integrantes de las FARC (...) que hinchamos por distintos equipos, lo fundamental es que prime el espíritu deportivo, el buen juego y la sana competencia. El fútbol debe ser democratizado", señaló la organización comunista en un comunicado leído en La Habana.

Varios dirigentes de la Conmebol y la Concacaf, que reúnen a las federaciones de fútbol de Sudamérica, y América Central, el Caribe y Norteamérica, respectivamente, así como cinco ejecutivos de marketing deportivo y presidentes de federaciones sudamericanas han sido imputados por aceptar millones de dólares en sobornos por la adjudicación de derechos de transmisión de ediciones de la Copa América.

El escándalo de sobornos también ha salpicado al colombiano Luis Bedoya, expresidente de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF).

En su mensaje, las FARC destacaron la actuación del Santa Fe en la final que disputó la noche del miércoles con el argentino Huracán, y que se saldó con la victoria en penales para los colombianos.

"Felicitamos a los jugadores del conjunto 'cardenal' por la voluntad y el coraje mostrados en todos los momentos de esta gesta que hoy se concluye con la victoria", señaló la organización en su mensaje.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El fútbol no es así

Hay que replantear el estatus legal del balompié y que sea vigilado por una instancia transparente


Por El Tiempo 

Fue un secreto a voces durante demasiados años, y lo denunciaron algunos periodistas y lo pusieron en evidencia unos cuantos líderes que conocieron a fondo lo que sucedía entre bambalinas, pero nadie en todo este tiempo se atrevió a destapar la olla podrida del fútbol.

Resulta importante preguntarse por qué: por qué siempre que se puso el tema sobre la mesa, y se recordó la manera como a este deporte lo rondaron intereses poco claros, se obtuvo como respuesta la actitud arrogante de unos directivos que actuaban como si estuvieran por encima de la ley. Solo unos cuantos osaron poner en duda lo que estaba sucediendo.

Hubo silencio de las autoridades de los distintos países donde el balompié convoca multitudes. En Colombia, ninguna de las tres ramas del poder se ha dado verdaderamente la pela para poner en cintura a toda una profesión y todo un negocio que insistía en comportarse como una familia, como un problema de ellos y de nadie más que ellos. El olvido de la sana distancia que debe guardarse entre el poder político y judicial y el del fútbol ha sido una constante a lo largo y ancho del planeta. Quienes han denunciado abusos laborales contra los futbolistas, lavado de activos e incluso explotación de menores se han quedado solos. Han sido señalados de aguafiestas.

Hubo también silencio de los aficionados. Parecía como si nadie quisiera romper el encanto de un juego que enamora desde la infancia y es refugio de millones de personas que en naciones como la nuestra, en conflicto, se han dado cuenta de que siempre que juega la Selección patria logran ponerse de acuerdo y consiguen encontrar los objetivos comunes que requiere un país para superar los reveses de fortuna.

Se habló en pasado de los tiempos en los que el fútbol estuvo infiltrado por la ilegalidad, pero, detrás de la cortina de humo de la emoción futbolera y de las glorias y las miserias de la Selección nacional, poco se hizo la pregunta de qué tanto se habían purificado las costumbres y los manejos de los equipos de siempre.

Ha sido una vergüenza. Por esa inmunidad de la que gozó el fútbol durante tantos años, y que tendría que terminar de una vez por todas luego de las revelaciones de esta semana, no solo se cometieron los delitos que con tenacidad hoy persigue la justicia de Estados Unidos. Por ser intocable como una religión o como una entretención popular que se da permiso de hablar de su propia justicia y su propia sociedad, han pasado por las narices de los tribunales de muchos países toda clase de abusos de las leyes y de arbitrariedades contra los ciudadanos hechas desde el mundo del fútbol.

La investigación a la Fifa, que ha ido dando resultados incuestionables y encontrando culpables que se han visto obligados a colaborar –hay que decirlo: la única justicia que se atrevió a emprender una pesquisa de tal magnitud–, tendría que haber producido el rechazo de la comunidad futbolera mundial, un paro, un punto final en busca de un renacimiento del deporte. Y, sin duda, la Fifa se ha visto obligada a dar la cara, y sus dirigentes han tenido que reconocer que el negocio se los llevó por delante a ellos, a su honestidad y al fútbol, de paso, pero de hemisferio a hemisferio se ha seguido cayendo en la tentación de olvidar la sordidez y el hampa que a veces rodean los partidos, para entregarse a la emoción de los noventa minutos.

Esta semana nos tocó la vergüenza: luego de meses de negarles la verdad a quienes lo relacionaban con el caso de la Fifa, y de días de especulaciones alrededor de la noticia de su renuncia a la presidencia de la Federación Colombiana de Fútbol, Luis Bedoya se declaró culpable de dos cargos ante la Fiscalía de Nueva York –de conspiración de soborno y fraude en transferencia bancaria–, mientras eran capturados los presidentes de la Confederación Suramericana de Fútbol y de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol. El Departamento de Justicia habla de “uso de contratos para crear una apariencia de legitimidad para pagos ilícitos”, de “creación de compañías fachadas, cuentas bancarias en paraísos fiscales, movimiento de efectivo en grandes cantidades, evasión de impuestos y obstrucción de la justicia”.

Es tiempo de entender, pues, que la magia del fútbol no puede seguir siendo su escudo protector, por más traumático que resulte romperla. Es hora de replantear el estatus legal del balompié. Es hora de que sea vigilado por una instancia independiente y transparente, como el de cualquier negocio, el funcionamiento de semejante deporte, de semejante espectáculo, seguido por millones de aficionados cándidos y entregados en cuerpo y alma a una ilusión. Todos, jugadores, dueños de equipos, patrocinadores, periodistas y Estados, deben trabajar en equipo para lograr que el fútbol vuelva a ser el juego inocente y poderoso cuyo encanto ha sobrevivido a pesar de todo.

martes, 1 de diciembre de 2015

Selección siria de fútbol expresa respaldo al presidente Assad

Los miembros del equipo nacional de fútbol manifestaron su apoyo al presidente Al Assad y su compromiso con el país



Por Telesur

La selección siria de fútbol ratificó su compromiso con el país y respaldó la continuidad del presidente Bashar al Assad, ante las continuas amenazas de potencias imperiales que apuestan a su derrocamiento.

La acción ha sido viral durante los últimos años, cuando cientos de atletas de otras disciplinas también se han sumado a la campaña de apoyo para defender al mandatario sirio y a la soberanía del país.

En ese sentido, los miembros del combinado nacional del fútbol hicieron pública su postura durante una conferencia de prensa previa al partido contra Singapur, por las eliminatorias mundialistas a Rusia 2018.

“Éste es nuestro presidente, y estamos muy orgullosos porque él lucha contra los terroristas del mundo y también por ustedes”, explicó a medios locales el entrenador de la oncena árabe, Fayr Ibrahim.

Durante el encuentro con representantes de los medios de comunicación, los jugadores que integran la plantilla de la selección siria portaron la imagen del mandatario, grabada en la parte frontal de sus camisetas.

Ante la acción de patriotismo y solidaridad, los futbolistas dejaron claro no importarles si se trata de un mensaje político, pues lo primero es la paz del país, sin darle crédito a lo que digan Estados Unidos y Francia.

“Nuestro presidente sigue todos nuestros partidos y nos apoya. Jugamos para nuestro país y para él también”, aseveraron.

martes, 24 de noviembre de 2015

Cómo la clase obrera inglesa perdió el fútbol

Fragmento del libro "Chavs: la demonización de la clase obrera", de Owen Jones, en el que el columnista y escritor británico habla sobre cómo el desprecio hacia la clase trabajadora británica ha sido aprovechado para transformar el fútbol*.


El desprecio por la gente de clase trabajadora que se fraguó bajo el thatcherismo había alcanzado su terrible cénit en el Desastre de Hillsborough. Hoy el fútbol sigue ofreciendo claves del drástico cambio de mentalidad durante las últimas tres décadas. Examinando lo que ha sucedido en la pasión deportiva tradicional de la clase trabajadora británica, podemos hacernos una buena idea del impacto cultural del odio a los chavs. El “hermoso juego” se ha transformado hasta quedar irreconocible.

Aunque los principales clubes hace tiempo que se alejaron de sus orígenes –el Manchester United, por ejemplo, fue fundado por ferroviarios-, seguían estando profundamente enraizados en comunidades de clase trabajadora. Los futbolistas solían ser chicos reclutados en el área local del club. A diferencia de los mimados plutócratas en que se han convertidos algunos de los jugadores de la Premier League, durante gran parte del siglo XX “los futbolistas muchas veces andaban peor de dinero que las masas que los miraban los sábados desde la grada”, como ha escrito el hijo del futbolista Stuart Imlach (1). A principios de los años cincuenta, había un sueldo máximo para los jugadores de solo 14£ semanales durante la temporada –no muy superior al salario medio de un obrero- y solo uno de cada cinco jugadores tenía la suerte de ganarlo. Los jugadores vivían en “casas vinculadas” propiedad de los clubes, de las que podían ser desalojados en cualquier momento. No es de extrañar que un futbolista, en su intervención en el Congreso de Sindicatos de 1955, se quejara de que “las condiciones laborales del futbolista profesional recuerdan a la esclavitud”.

El fútbol ha pasado de un extremo al otro. Los fríos vientos de la economía de libre mercado se habían mantenido alejados en gran medida del mundo del fútbol durante los años ochenta, pero en la década siguiente golpearon con furia vengadora. En 1992, los veintidós clubes de la antigua First Division se escindieron para crear el Premier League, lo que les eximía de tener que compartir ingresos con los otros clubes de la liga. Parte del nuevo espíritu comercial consistía en excluir a muchas personas de clase trabajadora del estadio. En su Programa para el futuro del fútbol, la Federación de Fútbol afirmó que este debe atraer a “más consumidores pudientes de clase media”. (2)

Cuando se abolieron los viejos graderíos tras el Desastre de Hillsborough, las entradas de pie, más baratas, desaparecieron. Entre 1990 y 2008, el precio medio de una entrada de fútbol subió un 600% más de siete veces que el índice de todo lo demás. (3) Esto resultaba absolutamente prohibitivo para mucha gente de clase trabajadora. Pero algunas destacadas figuras del mundo del fútbol no solo no eran conscientes de ello, sino que lo celebraron. Como dijo el exseleccionador inglés Terry Venables:

"Sin querer parecer clasista o desleal a mis orígenes de clase trabajadora, es probable que el aumento en el precio de las entradas excluya al tipo de gente que está dando mala fama al fútbol inglés. Hablo de los jóvenes, en su mayoría de clase trabajadora, que aterrorizan los campos de fútbol, los trenes, los ferris y los pueblos y ciudades por toda Inglaterra y Europa".

La demonización de la clase trabajadora se estaba utilizando para justificar la subida en el precio de las entradas y, de paso, excluirla. Al mismo tiempo, el fútbol se convirtió en un gran y lucrativo negocio. A principios de los años 90, la BskyB de Rupert Murdoch firmó un acuerdo por valor de 305 millones de libras por los derechos exclusivos de la nueva FA Carling Premiership. En 1997 firmaron otro contrato de cuatro años por valor de 670 millones de libras. No solo se excluye económicamente de los estadios a muchísima gente de clase trabajadora: muchos ni siquiera pueden ver jugar a su equipo, a no ser que se gasten un dineral en un canal de pago. Mientras tanto, la ingente cantidad de dinero que se mueve en el fútbol ha desgajado a los equipos de sus comunidades locales. Los altísimos traspasos hacen que jugadores llegados de cientos o miles de kilómetros de distancia dominen los principales equipos. Los clubes se han convertido en los juguetes de especuladores estadounidenses y oligarcas rusos. Y con jugadores que ganan hasta 160.000£ semanales, están completamente desligados de sus raíces de clase trabajadora. El diputado laborista Stephen Pound lamenta la pérdida de este icono de la clase trabajadora. “Si miras a los héroes de la clase trabajadora –gente como Frank Lampard o David Beckham-, ¿qué es lo primero que hacen? Se mudan de las zonas de clase trabajadora a Cheshire o Surrey. No tienen la suficiente confianza para ser fieles a ella”.

Es el peor insulto. Un deporte que durante tanto tiempo estuvo en el centro de la identidad de la clase trabajadora se ha transformado en un bien de consumo de la clase media controlado por millonarios arribistas. Caricaturizar a todos los aficionados de clase trabajadora como ultras agresivos obsesionados con la violencia ciega ha proporcionado una excusa para excluirlos.

Notas:

1. Gary Imblach, My Father and Other Working-Class Football, Londres, 2005.

2. Jason Cowley, The Last Game: Love, Death and Football, Londres, 2009, p.236.

3. Ibid, p.238.

*Extracto de "Chavs. La demonización de la clase obrera", editado en español por Capitán Swing y escrito por Owen Jones (p.164-p.166). Tomado de www.panenka.org