viernes, 9 de enero de 2015

El debut de Palestina en la Copa de Asia

El fútbol, orgullo de Palestina. Y la Copa de Asia, el primer gran campeonato para su selección.


Por Ana Rodríguez
Cadena Ser

El pasado 30 de mayo, Palestina vivió el momento más feliz de su corta historia futbolística. La selección ganaba 1-0 a Filipinas, se hacía con la victoria en la Challengue Cup y conseguía el billete para jugar por primera vez la Copa de Asia 2015 que se disputa en Australia.

El camino no había sido fácil: tres jugadores internacionales murieron en los bombardeos de 2009, jugadores de Gaza retenidos en los “Checkpoints” cuando intentaban viajar con el equipo y, por último, la detención de uno de sus jugadores justo antes de jugarse la Challengue Cup, el defensa de 22 años Sameh Maraba.

“Durante todo el campeonato la gente estuvo pendiente de la selección; en la final pusieron pantallas gigantes en la plaza de Ramallah y los jugadores fueron recibidos por muchos aficionados así como por el presidente de la Autoridad Palestina. Fueron momentos muy bonitos para este pueblo”. Son palabras de Roberto Kettlun, ‘Peto’, futbolista nacido en Chile descendiente de palestinos que lleva ya varios años jugando en la Cisjordania Premier League.

Peto ha sido más de 50 veces internacional con Palestina logrando ocho goles en partidos oficiales y siendo el capitán de aquel conjunto olímpico que luchó por estar en los Juegos del 2000.


Palestina fue reconocida como Federación por la FIFA en 1998 pero no pudo contar con una liga profesional y jugar un partido en su territorio hasta diez años más tarde, en 2008 (empató a uno ante Jordania).

“La gente vive este momento de la selección con mucha ilusión. Aquí se ve el interés, la alegría incluso la ansiedad que despierta este debut de Palestina en la Copa de Asia, es un momento muy deseado. El gobierno y las empresas además han invertido en publicidad y tanto por las calles como por la televisión, las alusiones a este acontecimiento del conjunto palestino son continuas. Las autoridades han entendido que el fútbol es una herramienta social importante para el pueblo palestino. La Copa de Asia se verá aquí por televisión, el debut es el lunes por la mañana y tengo mucha curiosidad por ver cómo reacciona la gente aquí”, nos cuenta Peto.

Los rivales

El debut el próximo lunes no será fácil, ante Japón, el actual campeón asiático, pero la selección palestina ha llegado a Australia sin presión. “Es cierto que jugaremos sin presión, somos los novatos, además estamos en el grupo más difícil con Japón, Jordania e Irak, pero eso nos debe motivar para subir nuestro nivel. En esta Copa, Palestina tiene que demostrar que somos una Federación joven pero que el fútbol aquí está creciendo día a día y el margen de mejora es muy grande”.

Los jugadores del combinado palestino se concentraron a principio de diciembre para preparar el campeonato y han jugado tres amistosos, derrota 0-1 ante Uzbekistán, empate sin goles con China y victoria 4-1 ante un conjunto australiano.

El lunes llega el momento más esperado por todos. “Para los jugadores hay una doble responsabilidad y un doble orgullo por vestir la camiseta palestina; además de enseñar a todo el mundo los avances de nuestro fútbol, está la posibilidad de, a través del deporte, cambiar la imagen que parte de la comunidad internacional tiene aún de Palestina, cambiar esa percepción y plantar bien la bandera de este pueblo que por primera vez está en una gran competición futbolística”.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Entre gritos de independencia, catalanes y vascos empatan en amistoso

En juego celebrado en Bilbao, las selecciones vasca y catalana igualan a un gol.



Las selecciones de Cataluña y de Euskadi empataron 1-1 en un amistoso disputado este domingo 28 en el estadio de San Mamés, en Bilbao.

El encuentro se disputó en un ambiente festivo y con continuos gritos en las tribunas a favor de la independencia.

Previamente al encuentro, una marcha por el centro de Bilbao reivindicó la oficialidad de ambas selecciones. En el campo, los jugadores exhibieron dos pancartas con las consignas “One country, One Team” (Un país, una selección) y “Una nació, una selecció" (Una nación, una selección).

El marcador se abrió apenas a tres minutos de iniciado el encuentro. Aritz Aduritz, delantero del Athletic Club, puso el 1-0 para los anfitriones. A partir de ese momento, la visita se hizo con el control del balón.

Justo antes del descanso, el delantero Sergio García, del Espanyol, igualó el marcador aprovechando un contragolpe.

La parte complementaria se convirtió en un carrusel de cambios en ambos equipos para que jugaran todos los convocados. Sergio Busquets, volante del Barcelona, fue el único que jugó la totalidad del encuentro.

Con este amistoso se conmemoró el centenario del primer partido entre ambas selecciones, disputado el 3 de enero de 1905 en el antiguo San Mamés, con resultado favorable a los vascos por 6-1.

Ficha técnica: 

1 - Euskadi: Iraizoz (Xabi Irureta, min.64); Carlos Martínez (Bóveda, min.46), Ansotegi (Etxeita, min.46), Íñigo Martínez (San José, min.46), Balenziaga (Aurtenetxe, min.46); Iturraspe (Bergara, min.46), Beñat (Dani García, min.46); Capa (Susaeta, min.46), Xabi Prieto (Torres, min.46), Ibai Gómez (Yuri, min.64); y Aduriz (Arrubarrena, min.46).

1 - Catalunya: Kiko Casilla (Masip, min.46); Víctor Sánchez (Montoya, min.46), Bartra (Sergi Roberto, min.46), Piqué (Fontás, min.46), Jordi Alba (Víctor Álvarez, min.60); Xavi (Gerard Moreno, min.60), Busquets; Deulofeu (Piti, min.46), Sergio García (Samper, min.60), Aleix Vidal (De la Bella, min.46); y Jonathan Soriano (Álvaro Vázquez, min.60).

Árbitro: Bikandi Garrido (Comité vasco). No mostró ninguna tarjeta.

Asistencia: 40.000 espectadores, aproximadamente -4.000 de ellos catalanes-.

viernes, 26 de diciembre de 2014

"Quédense con sus millones"

Cuando el cariño por un club vence al poder del dinero


“Para algunos, un sueño es ser millonario. Comprarse un Ferrari, un yate. Para mí, lo mejor de mi vida sería jugar en Livorno”, dijo Cristiano Lucerelli, un futbolista muy distinto a sus colegas de la actualidad.

Lucarelli, delantero italiano, exjugador de varios clubes de la Serie A y otras ligas europeas, siempre había querido jugar para el club de sus amores, el AS Livorno.

Al finalizar la temporada 2002-2003, en pleno auge de su carrera, Lucarelli estaba buscando un nuevo equipo. Llegaron ofertas de varios clubes de Primera. Algunas jugosas: mil millones de liras, casi un millón de euros anuales.

Pero en ese momento el Livorno, que militaba en la tercera división, logró el ascenso. Y Lucarelli le encargó a su agente, Carlo Pallavicino, que le consiguiera un lugar en su equipo del alma, donde no había jugado nunca.

El cronista Enric González cuenta lo que ocurrió entonces: “El Livorno no podía pagar más que unos cientos de miles. Lucarelli aceptó, renunciando a sueldos que ascendían a más del doble, a la fama televisiva de otros clubes y a la comodidad de un puesto secundario. El propio Carlo Pallavicino ha publicado un libro sobre esa decisión y sobre lo que ocurrió después. ‘Quedaos con los mil millones’, se titula”.

Lucarelli finalmente cumplió su sueño: vestir la camiseta del “amaranto”, y con ella, conseguir el ascenso y jugar en primera. A veces el amor es más fuerte que el dinero.

Los mejores momentos de "De Zurda"

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martes, 23 de diciembre de 2014

La Tregua de Navidad, un partido de fútbol en mitad de la guerra

En la Navidad de 1914, soldados británicos, franceses y alemanes decidieron cesar el fuego y jugar fútbol como gesto de fraternidad.


Por Notas de Fútbol

Es imposible, más aún para alguien que no lo vivió, transmitir en palabras el horror de una guerra. Sangre y muerte acechando a cada callejón sin salida que conforman los caminos del enfrentamiento entre hombres que no nacieron para matar a sus semejantes. Sin embargo, dentro de la oscuridad, la luz se muestra más nítida y brillante. Uno de los capítulos más atroces de la historia de la humanidad como fue la Primera Guerra Mundial dio lugar a uno de los episodios más hermosos que jamás se han contado sobre el ser humano, y un balón de fútbol fue testigo de aquel bello pasaje. Conocida como ‘La tregua de navidad’, soldados británicos, franceses y alemanes decidieron posar las armas para celebrar la navidad de aquel 24 de diciembre de 1914.

Ocurrió en el sector del frente occidental, al sur de la ciudad belga de Ypres, localizada en la frontera franco-belga. Conocida como “La guerra de trincheras”, las líneas alemanas se enfrentaban a los Aliados, —franceses y británicos—, en fortificaciones cavadas en el suelo que se convertían en angostos infiernos donde el hambre y el frío eran tan mortales como las armas que empuñaban los soldados. Entre ambos bandos existía un territorio, con 50 metros de distancia, conocido como la Tierra de Nadie, paisaje antinatural donde los hombres caían y la vegetación había sido extinguida por los enfrentamientos, cubierto por el lodo, la nieve y los cuerpos de los soldados fallecidos en combate.

Se acercaba la navidad, que no existía en el manual de unos oficiales que habían alertado a sus tropas sobre la intención de ataque del enemigo. Para entonces, por expresa orden del Káiser, se habían enviado árboles de navidad a las líneas alemanas con el objetivo de animar a los soldados, pero también como símbolo de superioridad cultural, pues el origen del árbol de navidad se atribuye al país teutón. Aquella noche, el inerte y sombrío campo de batalla se postraba ante la luz de una esperanzadora luna llena. No estaría sola en la empresa, pues las luces de los árboles, colocadas sobre las trincheras, alumbrarían la línea germana ante la sorpresa de británicos y franceses.

Preparados para lo peor al ver las luces, su estupefacción alcanzó nuevos niveles cuando, en mitad del silencio de aquella fría noche de diciembre, comenzaron a escuchar a los alemanes cantar Stille Nacht, Heilige Nacht (Noche de paz, Noche de amor). Al acabar la música, los soldados británicos jalearon y aplaudieron la iniciativa germana, y cantaron en respuesta The first Noel, the angel did say, para concluir cantando juntos O come all ye faithful los británicos y Adeste Fideles los alemanes. Tras aquellos minutos en los que la música actuó como puente hacia la confraternización comenzaron a oírse gritos, no de violencia como acostumbraban escuchar, sino de una feliz navidad que algunas voces deseaban al bando contrario.

Los soldados de ambas líneas, arropados por el abrigo de la cautela y el recelo, comenzaron a salir de las trincheras y a pasear por la Tierra de Nadie. A pesar del temor que acogía las sombras que se movían por la tierra sepultada por la nieve, el deseo de apartar al soldado y recuperar al ser humano venció al miedo y a la desconfianza. Pronto, personas que antes se mataban unas a otras en base a una ideología que creían superior a su condición, se encontraron sobre aquellas baldías tierras hablando como viejos amigos que se reencuentran, intercambiándose souvenirs, direcciones los más próximos, chocolate, alcohol o tabaco. Celebraban la navidad.

El partido en la Tierra de Nadie

Al día siguiente la tregua proseguía y dio lugar al más sorprendente capítulo. Un soldado escocés apareció con un balón de fútbol, probablemente allí presente como medio de distracción y evasión de la difícil realidad, y rápidamente británicos y alemanes concertaron un partido haciendo de sus gorros porterías. El barro congelado otorgaba un suelo duro y propicio para el juego a pesar de que el balón a menudo se iba demasiado lejos, como aquellos partidos en los que de niños se nos iba la pelota fuera del recinto interrumpiendo momentáneamente el encuentro. Se cuenta que el partido se concibió con la mayor de las caballerosidades y que el rival tendía la mano al contrario cuando éste caía al suelo. El partido acabó cuando uno de los comandantes tuvo constancia del hecho y ordenó su conclusión. El resultado, cuentan, fue de 3-2 para los alemanes. Ya lo diría Gary Lineker décadas después: “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses y en el que siempre ganan los alemanes”.

El teniente alemán Johannes Niemann relata así lo sucedido en una de sus cartas: “Un soldado escocés apareció cargando un balón de fútbol; y en unos cuantos minutos, ya teníamos juego. Los escoceses ‘hicieron’ su portería con unos sombreros raros, mientras nosotros hicimos lo mismo. No era nada sencillo jugar en un terreno congelado, pero eso no nos desmotivó. Mantuvimos con rigor las reglas del juego, a pesar de que el partido sólo duró una hora y no teníamos árbitro. Muchos pases fueron largos y el balón constantemente se iba lejos. Sin embargo, estos futbolistas amateurs a pesar de estar cansados, jugaban con mucho entusiasmo. Nosotros, los alemanes, descubrimos con sorpresa cómo los escoceses jugaban con sus faldas, y sin tener nada debajo de ellas. Incluso les hacíamos una broma cada vez que una ventisca soplaba por el campo y revelaba sus partes ocultas a sus ‘enemigos de ayer’. Sin embargo, una hora después, cuando nuestro Oficial en Jefe se enteró de lo que estaba pasando, éste mandó a suspender el partido. Un poco después regresamos a nuestras trincheras y la fraternización terminó. El partido acabó con un marcador de tres goles a favor nuestro y dos en contra. Fritz marcó dos, y Tommy uno”.

El fútbol, joven por aquel entonces, y el deporte por extensión, habían hecho acto de presencia en uno de los más bellos episodios de la historia no sólo como testigo, sino también como partícipe. Durante aquel día, los soldados se hicieron fotos y se intercambiaron gorros y botones en señal de cortesía. Se cuenta también que se escuchó incluso el canto de algún ave que decidió sobrevolar lo que por momentos dejó de ser la Tierra de Nadie. La vida había vuelto a aquel territorio dominado por la muerte. Los oficiales acordaron además colaborar para acometer una de las tareas menos agradecidas, que fue la de dar sepultura a los caídos y rendir honores a sus camaradas.

La tregua duró unos días más, hasta el 26 en algunos sectores y hasta el 29 en otros. Se dice incluso que de haber continuado el armisticio, la guerra podría haber tocado a su fin, pero los superiores, aquellos que hacían la guerra en los despachos y no en el campo de batalla, se mostraron indignados al saber de la Tregua de Navidad considerándola una imperdonable falta de disciplina. Se destruyeron cartas, se censuraron informaciones y se quemaron fotografías con la intención de que jamás trascendiese, pero un hecho así, capaz de devolver la fe en el ser humano incluso en las más terribles circunstancias, estaba ya grabado para siempre en la historia gracias a los testimonios y a las cartas y fotografías que sobrevivieron, y jamás se olvidará.