sábado, 7 de junio de 2014

Messi se suma a la lucha de las Abuelas de la Plaza de Mayo

Saldrá en el video "Hace 10 mundiales que te estamos buscando", en el que junto a Mascherano y Lavezzi pide colaborar con su labor.


Lionel Messi se sumó a la lucha por la búsqueda de los nietos desaparecidos durante la última dictadura militar argentina (1976-1983).

El astro aparecerá, junto con sus compañeros de selección Javier Mascherano y Ezequiel Lavezzi, en un video titulado "Hace 10 mundiales que te estamos buscando".

El entrenador Alejandro Sabella también forma parte del "spot", en el que el plantel de la Selección Argentina pide colaborar con la tarea que llevan adelante las Abuelas de la Plaza de Mayo.

El video, que fue filmado en el predio de Ezeiza, a las afueras de Buenos Aires, será difundido en la antesala del Mundial de Brasil.

Hasta el momento, 110 niños robados durante la dictadura recuperaron su identidad, aunque aún hay más de 400 denuncias pendientes por casos similares y unas 300 familias han depositado datos en bancos de ADN con la esperanza de recuperar a sus hijos y nietos desaparecidos.

jueves, 5 de junio de 2014

Evo Morales asistirá a la inauguración del Mundial

El mandatario, fanático del fútbol, fue invitado por el gobierno brasileño.



El presidente de Bolivia, Evo Morales, asistirá a la inauguración del Mundial Brasil 2014, programada para el próximo jueves en Sao Paulo.

"El presidente Morales nos hará el honor y el placer de ir a Brasil para la apertura de la Copa, esto ya está confirmado", dijo el encargado de Negocios de la embajada brasileña en La Paz, Antonio José Rezende de Castro.

"Estará el día 12 y va a volver inmediatamente porque tenemos la reunión del G77 en Santa Cruz", agregó el diplomático en una rueda de prensa en La Paz.

La presidente de Brasil, Dilma Rousseff, invitó a Morales, un gran aficionado al fútbol, y a otros mandatarios a la inauguración del evento deportivo.

Según Rezende de Castro, "muchos jefes de Estado y de Gobierno estarán presentes en distintos momentos de la Copa, no necesariamente en la apertura".

Entre las autoridades que han confirmado su presencia en el Mundial está la presidente de Chile, Michelle Bachelet.

El presidente Morales coincidirá en Brasil con el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, y tras la inauguración, viajarán juntos a Bolivia para participar en la Cumbre de los 77 países en desarrollo (G77) que se realizará el 14 y 15 de junio en Santa Cruz.

Rezende de Castro indicó que como Rousseff tendrá que recibir a los jefes de Estado que lleguen a Brasil para el evento futbolístico, no está confirmada aún su asistencia a la Cumbre.

Con información de EFE

miércoles, 4 de junio de 2014

El planeta se dará cita en Brasil

"Nuestra gente se ha liberado de los prejuicios elitistas y colonialistas y ha comenzado a creer en sí misma y en el potencial de su país. Ha descubierto que, además de ganar campeonatos de fútbol, puede también superar el hambre, la pobreza, la falta de productividad y la desigualdad social".


Por Luiz Inácio da Silva

Cuando yo era presidente puse mucho empeño en llevar a Brasil la Copa del Mundo de Fútbol 2014. Lo que me movía no eran tanto los intereses económicos o políticos, sino principalmente lo que el fútbol significa para la gente en todo el mundo, y sobre todo para los brasileños. El pueblo de Brasil apoyó con entusiasmo la idea, rechazando el sesgo elitista de que un acontecimiento así “es solo para países ricos”, puesto que de ese modo se olvida que Uruguay, Chile, México, Argentina, Sudáfrica y el propio Brasil ya organizaron antes ese campeonato. El fútbol es el único deporte auténticamente universal, querido y practicado en casi todos los países, por personas de diversas clases sociales, grupos étnicos, culturas y religiones.

Quizá ninguna otra identidad nacional esté tan estrechamente ligada al fútbol como la brasileña. El fútbol no solo lo han asimilado diversas razas sino que, de diversas maneras, su gracilidad y su mezcla lo han transformado. A los pies de los jugadores de origen africano el fútbol incorporó un ritmo, una belleza y un arte nuevos. Durante muchos años fue uno de los pocos ámbitos, junto al de la música popular, en el que los afrobrasileños podían desplegar sus talentos, enfrentándose a la discriminación racial con un júbilo libertario. El fútbol y la música suelen ser las primeras cosas que los visitantes recuerdan cuando hablan de Brasil.

Para nosotros, el fútbol es más que un deporte: es una pasión nacional, que va mucho más allá de los clubes profesionales. Todos los días, millones de aficionados juegan al fútbol: en patios traseros, solares vacíos, playas, parques o plazas y calles de la periferia de las grandes ciudades, en patios de colegio y fábricas. Allí donde haya algo de espacio, por reducido que sea, habrá un partido. Si no hay balón de cuero, bastará una pelota de plástico, de goma o de tela. Si no hay nada mejor, una lata vacía servirá.


En la Suecia de 1958, el espectacular equipo nacional brasileño encandiló al planeta, obteniendo nuestro primer título mundial. Yo tenía 12 años y me reuní con un grupo de amigos y un diminuto transistor en un pequeño campo que había junto a una ribera. Nuestra imaginación compensó con creces la falta de imágenes, alzándose por encima de la voz del locutor. Nos transportó, como una alfombra mágica, hasta el estadio Rasunda de Estocolmo, donde no solo fuimos espectadores sino jugadores. Yo soñaba con ser jugador de fútbol, no presidente de Brasil.

Como ha señalado el magnífico escritor Nelson Rodrigues, uno de nuestros mejores dramaturgos, con esa victoria, obtenida por genios de la pelota como Pelé, Garrincha y Didi, Brasil superó su “complejo de perro descarriado”. ¿Y cuál es ese complejo? Según Rodrigues: “Es la actitud de inferioridad que el brasileño adopta voluntariamente cuando está ante el resto del mundo”. Al atreverse a ser campeón, fue como si Brasil se dijera tanto a sí mismo como al resto del mundo: “Sí, podemos ser tan buenos como cualquiera”.

En esa época, Brasil acababa de comenzar a industrializarse, habíamos creado nuestra propia compañía petrolífera y un banco de desarrollo, y las clases obreras estaban exigiendo democráticamente mejores condiciones de vida y una mayor presencia en las decisiones del país. Sin embargo, las clases privilegiadas proclamaron que esas iniciativas habían sido un grave error, alentado por la “politización” y el “izquierdismo”, porque se había demostrado que Brasil carecía de petróleo y que, por tanto, no había necesidad alguna de inclusión social o política, ni desde luego de industria nacional.

Algunos llegaban incluso a afirmar que un país como el nuestro —retrasado, “mestizo” e “ignorante y perezoso”, según un tópico muy extendido, tanto dentro como fuera de Brasil— debía rendirse ante su destino y limitarse a servir, sin abrigar sueños imposibles de progreso económico y justicia social.

No es fácil superar el complejo de perro descarriado. Durante más de 320 años fuimos una colonia, cuyo peor legado es la persistencia de la actitud de servidumbre voluntaria que deja la mentalidad colonial.

Entre 1958 y 2010 ganamos cuatro Copas del Mundo de fútbol. Ningún otro país ha obtenido tantas. Pero lo mejor de todo es que la saludable audacia del pueblo brasileño no se limita al deporte.

El Brasil que el mundo podrá conocer mejor después del 12 de junio es un país muy diferente al que albergó la Copa del Mundo en 1950, en cuya final perdió ante Uruguay. Como en cualquier otro país, hay problemas y desafíos, algunos muy complejos, pero ya no somos la eterna “tierra del futuro”. El país actual es más próspero y equitativo que el de hace seis décadas. Ello se debe en gran medida a que nuestra gente —sobre todo la que vive en los “estratos inferiores” de la sociedad— se ha liberado de los prejuicios elitistas y colonialistas y ha comenzado a creer en sí misma y en el potencial de su país. Ha descubierto que, además de ganar campeonatos de fútbol, puede también superar el hambre, la pobreza, la falta de productividad y la desigualdad social. Ha descubierto que el mestizaje, lejos de constituir una barrera —o peor aún, un estigma— es una de nuestras grandes riquezas.

Este es el país que albergará la Copa del Mundo de Fútbol, el nuevo Brasil, el que ahora constituye la séptima economía del mundo y el que, en poco más de 10 años, ha sacado a 36 millones de ciudadanos de la pobreza, engrosando en 42 millones las clases medias. Es el país que ha alcanzado las cifras de desempleo más bajas de nuestra historia. El mismo que, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), figura, en los últimos diez años, entre los que más están incrementando su inversión en educación. Estamos orgullosos de nuestros éxitos, pero eso no significa que escondamos nuestros problemas o que no nos esforcemos para solucionarlos.

Últimamente la Copa del Mundo ha sido objeto de un virulento debate político y electoral en nuestro país. Al irse aproximando las elecciones presidenciales de octubre, los ataques contra ese acontecimiento se han ido tornando cada vez más sectarios e irracionales. Evidentemente, la crítica forma parte de la vida democrática. Cuando se hace de buena fe puede ayudar a mejorar nuestros esfuerzos colectivos. Pero parece que ciertos grupos confían en que la Copa sea un fracaso, como si sus posibilidades en las urnas fueran a beneficiarse de ello. No dudan en difundir informaciones falsas que ha llegado a reflejar hasta la prensa internacional, sin tomarse la molestia de comprobar su veracidad. Sin embargo, el país está listo —dentro y fuera del campo de juego— para albergar una gran Copa del Mundo. Y así lo haremos.

El equipo nacional brasileño de fútbol es el único que ha participado en las 19 Copas del Mundo. Allí donde hemos jugado siempre nos hemos sentido muy bien recibidos y ahora ha llegado el momento de que la hospitalidad y la alegría brasileñas hagan lo propio. Las entradas han tenido mucha demanda, ya que se han recibido solicitudes de más de 200 países. Esto supone una extraordinaria oportunidad para que miles de visitantes acudan a conocer lo mejor que Brasil tiene que ofrecer: su gente.

La relevancia de la Copa del Mundo no es solo económica o comercial. El mundo se dará cita en Brasil invitado por el fútbol. Comprobaremos una vez más que la idea de una comunidad internacional reunida en paz y fraternidad no es solo una utopía.

*Traducción de Jesús Cuéllar Menezo. Tomado de El País.

viernes, 30 de mayo de 2014

Palestina gana su primer título internacional

Se proclamó campeón de la AFC Challenge Cup y clasificó a la Copa de Asia 2015.


En Ramallah se celebró el título con euforia.

Este viernes, la selección Palestina de fútbol, superando innumerables trabas, logró su primer título internacional: campeón de la AFC Challenge Cup, que además le da el pase para jugar la Copa de Asia 2015, que se celebrará en Australia.

Palestina superó en la fase de grupos a la anfitriona Maldivas, a Myanmar y a Kyrgyzstan. En semifinales le ganó 2-0 a Afganistán y en la final triunfó sobre Filipinas, en un encuentro que a pesar de dominar, sólo pudo resolver en la segunda parte con un tiro libre de su goleador, Ashraf Nu'mam, que puso el 1-0 definitivo.

jueves, 29 de mayo de 2014

Rachid Mekhloufi: el revolucionario

El jugador que dejó la concentración previa a un Mundial de fútbol para vincularse a un equipo por la liberación de su país.


Por Alberto Cosín

Figura del AS Saint-Étienne en la década de los 50 y 60 y líder del éxodo de jugadores de origen argelino que se marcharon de Francia en 1958 para enrolarse en las filas del equipo de fútbol del Frente de Liberación Nacional. Él y su compañero Mustapha Zitouni eran las estrellas y se incorporaron tras abandonar la concentración francesa que preparaba el Mundial en Suecia de dicho año. Nacido el 12 de agosto de 1936 en Setif (Argelia), fue un mediapunta que también podía jugar como delantero. Futbolista talentoso y muy técnico, de gran visión de juego, clarividencia en último el pase, con un fenomenal cambio de ritmo y excelso goleador.

Sus inicios en el balompié tuvieron lugar en su localidad natal, donde siendo un adolescente entró a formar parte del USM Setif. En 1954, un ojeador le descubrió y se puso en contacto con Jean Snella, entrenador del AS Saint-Étienne, para que fuera a realizar una prueba. El técnico se llevó una grata impresión y decidió incorporarlo a su plantilla de inmediato. Debutó en un amistoso frente al Grenoble ese mismo fin de semana y metió 3 goles en la victoria por 6-0. Formó una gran pareja con el delantero camerunés N’jo Léa y en su primera campaña completa logró 21 goles, el segundo máximo goleador del campeonato. En una época de gran dominio del Stade Reims, el Saint-Étienne se proclamó campeón de liga en la temporada 1956-1957 tras aventajar en 4 puntos al Lens. Mekhloufi y Lea fueron insaciables de cara a puerta y consiguieron 25 y 29 goles respectivamente. El curso de 1958 se presentó para los verdes con múltiples objetivos, pero acabó de forma extraña. En la Copa de Europa se estrenaron en primera ronda ante el Rangers. En la ida perdieron 3-1 con tanto de Mekhloufi y en la vuelta vencieron por 2-1. En la liga acabaron en séptima posición. Y para rematar lo acaecido durante la campaña, Mekhloufi se marchó a su país de origen y dejó el fútbol europeo, al que no volvería hasta 1961. Ese año regresó y firma por el Servette suizo, donde permaneció una sola temporada anotando 13 goles en 19 partidos que ayudaron a la conquista de la competición doméstico por delante del Lausanne Sport. En 1962 volvió al Saint-Étienne para vivir grandes momentos en el club y marcar una época las siguientes temporadas junto a compañeros como Pierre Bernard, Robert Herbin, Aimé Jacquet, Frédéric N’Doumbé, Bernard Bosquier o Georges Bereta.

En aquel momento, la entidad de la región Ródano-Alpes militaba en la D2, pero ascendió en 1963 con el propósito de reeditar viejos éxitos. Empezó el curso 1963-1964 como un tiro y ya nadie pudo darle caza pese al esfuerzo del Monaco y el Lens, que quedaron a 3 y 4 puntos respectivamente. Mekhloufi tiró del carro y convirtió un equipo ascendido en campeón, algo que no había sucedido jamás. El reto del año siguiente fue pasar la primera fase de la Copa de Europa, pero de nuevo fracasaron en el intento al caer eliminados por los suizos del F. C. La Chaux-de-Fonds por un global de 4-3. Tras dos campañas con el Nantes un escalón por encima de todos, llegó la hegemonía del Saint-Étienne. En 1967, con Mekhloufi designado como mejor jugador de la liga, se hizo con el título tras superar al anterior campeón en 4 puntos. Un año más tarde, en 1968, revalidó el título de forma espectacular con 11 puntos de ventaja sobre el Niza y completó la temporada con la conquista de la Coupe de France después de derrotar al Girondins de Bordeaux en la final por 2-1, ambos goles anotados por Mekhloufi. En la Copa de Europa al fin pasaron la primera eliminatoria eliminando al KuPS finlandés, pero en la segunda fase les tocó el Benfica, que les apeó por un global de 2-1. Esta fue la última campaña de Mekhloufi en el Saint-Étienne. Dejó el club con un bagaje entre las dos épocas de 333 partidos y 149 goles. Fichó por el Bastia recién ascendido a la D1, realizó dos buenos cursos dejando al equipo en la máxima categoría y logrando 20 dianas en 67 partidos y en 1970, con casi 34 años, puso punto final a su carrera.

Con la selección francesa debutó en un amistoso ante la URSS en Colombes en octubre de 1956 que finalizó con triunfo local por 2-1. Sólo disputó tres partidos más, el último de ellos frente a Bulgaria en París el día de Navidad de 1957. Unos meses antes viajó a Argentina para asistir al mundial militar en el que Francia se impuso en una liguilla a la albiceleste, Italia y Brasil. La mañana del 11 de abril de 1958 desapareció con Zitouni del cuartel general donde Francia se entrenaba para la cita mundialista y dos días después se formó la Selección del FLN. Le hubiese encantado jugar una Copa del Mundo, pero mucho más importante era la independencia de su país, reconocería más tarde. Argelia estaba sometida al dominio francés y la decisión de Mekhloufi, como la de muchos de sus compatriotas futbolistas, fue considerada de gran valentía. Sin el reconocimiento de la FIFA, puesto que no representaban a ningún estado, realizaron una gira de 90 partidos alrededor del mundo para demostrar que los futbolistas estaban identificados con la causa de la independencia. El primer encuentro les enfrentó a Marruecos, al que ganaron por 2-0 el 9 de mayo de 1958. También corrieron la misma suerte Túnez, en varias ocasiones, China, Marruecos, Irak o Bulgaria, hasta que llegó el partido contra Yugoslavia, un combinado camuflado para evitar una sanción pero potente, al que avasallaron con un 6-1. La gira dejó unas estadísticas de 65 victorias, 13 empates y 13 derrotas, pero lo que es más importante: la sensación de que la selección luchaba por la justicia, por la independencia de un país y que gracias al fútbol habían conseguido una repercusión mundial. En 1961, el equipo quedó mermado tras ser llamados a filas varios de sus integrantes, y el 18 de marzo de 1962 se firmaron los acuerdos de Evian en los que se ponía las bases de la independencia argelina. Con los zorros del desierto debutó en febrero de 1963 en un amistoso ante Checoslovaquia, a la que derrotaron por 4-0 con dos tantos suyos. Participó en otros 10 partidos hasta que dejó la selección en 1969, después de un enfrentamiento con Corea del Norte en el que cayeron por 1-3.

Al finalizar su trayectoria en el terreno de juego comenzó su labor en la parte técnica. El primer banquillo en el que se sentó fue el del Bastia, conjunto en el que se había retirado y al que dirigió en 1970. A continuación, la Federación Argelina de Fútbol le contrató para que se hiciese cargo de la selección. Fue una estancia breve que sólo duró un año, hasta 1972. Regresó en 1975 y consiguió la medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo celebrados en casa después de vencer a Francia por 3-2. En 1978 completó otro triunfo en los Juegos Africanos, de los que fueron anfitriones, tras superar a Nigeria en la final por 1-0. Su gran evento con Argelia tuvo lugar en el Mundial de España de 1982, el primero al que asistían en su corta historia. Habían dejado en el camino en la fase de clasificación a Sierra Leona, Sudán, Níger y Nigeria para quedar encuadrado en el Grupo 2 con Austria, la República Federal de Alemania y Chile. Iniciaron el mundial con una sorprendente victoria frente a los alemanes por 1-2; en el segundo partido perdieron ante los centroeuropeos por 0-2; y en el último encuentro ganaron a los chilenos por 3-2, lo que les daba muchas posibilidades de pasar a la siguiente ronda. Sin embargo, no contaron con un hecho que ha quedado para la historia negra de los campeonatos del mundo. La República Federal de Alemania y Austria se enfrentaban en el estadio de El Molinón en Gijón y una victoria de los alemanes daba la clasificación a ambas. El delantero alemán Hrubesch marcó en el minuto 10 y desde ese momento existió un pacto de no agresión bochornoso que encendió las iras del público y acabó con la selección Argelina eliminada y de vuelta a casa. Aquel era un equipo compuesto por jugadores de calidad como Djamel Zidane, Mahmoud Guendouz, Lakhdar Belloumi, Faouzi Mansouri o Rabah Madjer que desplegó un fútbol alegre y bonito, como le gustaba proponer a Mekhloufi desde el banquillo.

En 1988 llegó a ser presidente de la Federación Argelina de Fútbol.

Tomado de www.martiperarnau.com