martes, 11 de marzo de 2014

Palestina, donde el balón choca contra el muro


Por Carmen Rengel
El Confidencial

Agosto de 2013. La plantilla del FC Barcelona, al completo, inicia su pretemporada con una visita por la paz a Israel y Palestina. Su autobús y la comitiva que le acompaña cruzan a Cisjordania por un ‘checkpoint’ reservado a las autoridades militares israelíes. La mole de hormigón que es el muro de separación -condenado por la Corte Internacional de Justicia- se abre de pronto para dejarle paso a Messi y los suyos, con los soldados, sonrientes por un día, dispuestos a ambos lados, en un improvisado pasillo para sus ídolos.

Las armas sobre el regazo, relajadas. Nadie pidió pasaportes ni permisos. Nadie abrió maleteros ni preguntó el destino. Luego, en el traslado de Belén a Hebrón para un pequeño clínic, el Ejército y la Policía de Israel escoltaron a los azulgranas y cortaron la carretera -casi única, a excepción de vías intrincadas que más parecen caminos de cabras-. Sólo faltó la alfombra roja.

Cuando se marchó el Barça acabó la ilusión. Vuelta a la realidad. A la que complica notablemente que los futbolistas locales, palestinos, vayan de una ciudad a otra a competir. La que hace imposible que haya una liga común en Cisjordania y Gaza, dos territorios separados, incomunicados, palestinos unos y otros, sin tocarse desde 2007. No hay honores para los deportistas de la zona, obligados como cada civil a estar confinados en su territorio, a menos que se les conceda un permiso para cruzar los controles, acceder a territorio israelí -incluyendo Jerusalén, aunque el este sea árabe y reconocido como ocupado por Naciones Unidas- o salir a otros países.

Forzados a esperar colas y revisiones, a tomar caminos que convierten un traslado mínimo en una travesía de horas, siempre confiando en que no haya un control extra o un corte de carretera que les impida llegar al entrenamiento o al partido. Hoy Palestina, reconocida en 2012 por la Asamblea General de la ONU como un Estado observador, tiene incluso un equipo nacional, aunque no sea una nación plena. Ni siquiera la selección se escapa a la tortura de la espera, la visa, la incertidumbre.

“Practicar el fútbol en estas condiciones es quijotesco”, resumía recientemente la revista Sport Illustrated. Lo constata Jibril Rajoub, presidente de la Federación Palestina de Fútbol. El principal problema que afrontan, más allá del clásico de fondos en una tierra poco próspera, devastada por décadas de conflicto, es el de la movilidad. “Algo tan simple como ir a competir con un rival a veces es imposible”, relata.

El caso de la selección es el más sintomático. Palestina, reconocida por la FIFA en 1998 aunque creada como federación en 1928, ha tenido que jugar durante diez años en Catar o Jordania, por falta de infraestructuras propias, porque Israel no daba los permisos necesarios a sus contrarios para entrar en los territorios y por las “complicaciones de seguridad” de tiempos como la Segunda Intifada.

Al fin, ahora cuentan con un estadio propio, el Internacional Faisal Al Huseini de Al Ram, una villa dormitorio de Jerusalén que se ha quedado al otro lado del muro, en suelo cisjordano. El hormigón y el alambre sirven de guía para dar con él, un campo digno, equiparable con el de cualquier pueblo grande de España, con vestuarios casi cuartelarios, espartanos.


“Debido a las complicaciones de movimiento, es muy difícil confeccionar un equipo”, se lamenta el presidente, pese al avance del estadio. Los jugadores de Gaza rara vez logran permisos para salir, así que el entrenador, Jamal Mahmoud, se tiene que limitar a buscar seleccionados en Cisjordania. A veces echa mano de jugadores de origen palestino que residen en América Latina -especialmente Chile, donde hay más de medio millón de palestinos- y Estados Unidos. “Pero el viaje desde allá es muy caro y no siempre se puede asumir”, añade. Además, “también a estos jugadores se les pueden negar las visas de estancia”.

La lista de decepciones es larga: en 2006 ya no pudieron salir de Palestina para competir en la fase de clasificación de la Copa Asia; en 2007 el clasificatorio definitivo con Singapur para el Mundial de 2010 no pudieron disputarlo, encerrados en casa; en 2008 se perdieron la Challenge Cup y en 2011, regresando de Tailandia de otra fase de clasificación, a dos de sus jugadores, Mohamed Samara y Majed Abusidu, se les impidió la entrada; no podían regresar a Cisjordania.

Hoy está en el puesto 137 de la clasificación mundial de selecciones, de más de 200 registradas, y casi parece un milagro que no sea la última. Un día llegó al puesto 115. Su sueño, pese a los obstáculos, es clasificarse para la Copa de Asia de Australia 2015. “A ver si entonces hay paz y no pasa lo de siempre”, dice un empleado del estadio, interesado en la conversación.

Omar Jarun, jugador del Otawa Furia de Canadá, internacional por Palestina, recuerda el impacto que supuso su entrada en Cisjordania. “Mi mujer y yo teníamos el temor de que hubiese mucha violencia, de no poder vivir en paz durante los días de los entrenamientos y el partido. Pero encontramos una gente maravillosa que sufre. El ‘shock’ fue ver que yo podía pasar por los controles con mi pasaporte norteamericano y mis colegas estaban horas sometidos a interrogatorios y registros. ¿Qué vamos a llevar en la bolsa más que las zapatillas de tacos?”, se pregunta enfadado.

Acostumbrado a su vida en Georgia (EE. UU.), siempre moviéndose por equipos pequeños pero occidentales -Polonia, Bélgica…-, el choque fue “terrible”. “Llegaba al partido sin ganas de jugar. Sólo quería gritar de impotencia”, se queja vía email. Cada vez que regresa con su selección se reabre la herida por la “injusticia” contra su tierra.

Yendo y viniendo ha estado también el actual máximo goleador local, Roberto ‘Peto’ Kettlum, nacido en Chile. Su bisabuelo se marchó allá desde Belén. Recuerda que una vez, para jugar en su país, tan cercano a Palestina por el elevado número de descendientes que acoge, tuvieron que viajar a Kuwait con escala en Egipto. Los controles israelíes fueron de cinco horas, “porque éramos palestinos”, en un hangar alternativo, lejos de los demás pasajeros, rodeados de guardias armados y sin “comodidades” para deportistas, para “los luchadores”, “los caballeros” o “los leones de Canaán”, como se llama a los internacionales palestinos.

Abdellatif Bahdari, también jugador de la absoluta, ha sido un pilar en la liga cisjordana, en la que compiten 12 equipos, al igual que en la de Gaza, hoy liderada por el Taraji Wadi Al Nes, de una villa próxima a Belén. Bahdari ha jugado, hasta hoy, en el Youth Club de Hebrón, verdadero ejemplo vivo de la ocupación y sus males. Acaba de ser fichado por el Zakho de la Premier iraquí, un reto peligroso que le llevará a una ciudad kurda del norte, no especialmente tranquila. “Pero me dicen que es mejor que Hebrón”, bromea, confiado en tener una buena experiencia como en sus etapas previas en Jordania y Arabia Saudí.

Confiesa que no sólo se marcha por dinero o promoción deportiva, sino por salir de la red en la que se encuentra. “Nosotros jugamos a veces los sábados. Ese día es sagrado para los judíos. Para proteger a los colonos de Hebrón, nos cierran a veces las carreteras y no hay manera de salir de la ciudad. Si damos la vuelta por otro ‘checkpoint’ quizá pasemos, pero nos lleva a dar rodeos de horas para ir a otro estadio. Llega un momento en el que se te quitan las ganas de jugar”, reconoce.

Para la mayoría de los futbolistas palestinos, además, el deporte no es más que un entretenimiento, porque no pueden llevar suficiente pan a su casa sólo con el balón, así que perder tiempo implica posiblemente pedir permisos o favores en el puesto de trabajo extra -hay maestros, contables, estudiantes...- que no siempre se logran o agradan. Ha habido compañeros, confiesa sin dar nombres, que han aprovechado sus días de libranza por matrimonio para salir a disputar un partido de la selección a otro país.


Como otros palestinos, no futbolistas, estos deportistas se exponen también a arrestos temporales o permanentes o a la muerte en operaciones militares. El caso más llamativo en estos años ha sido el de Mahmud Sarsak, jugador internacional, arrestado en 2009 bajo la figura de la ‘detención administrativa’, que permite a las autoridades mantener a alguien recluido sin acusación en contra ni juicio alguno, de forma indefinida. Su detención se produjo cuando iba a salir de Gaza por el control de Eretz, camino de Cisjordania, previo permiso, para empezar a jugar en el equipo del campo de refugiados de Balata.

Sarsak estuvo tres años entre rejas, sospechoso de colaborar con la Yihad Islámica, algo que siempre ha negado. Cansado de su limbo judicial, se puso en huelga de hambre durante 96 días y logró finalmente el indulto. En su pelea encontró el apoyo de Joseph Blatter, presidente de la FIFA -luego homenajeado como Doctor Honoris Causa en la Universidad de Nablus-. Sarsak, desde Gaza, se ha convertido en el rostro más conocido de la causa de los futbolistas palestinos. Ha hecho incluso un documental mostrando el daño que operaciones militares como Pilar Defensivo y Plomo Fundido han causado en los estadios de la franja -el Palestine, el Yarmouk, el Rafah y el National Olimpic- y se erigió en el portavoz de la campaña ‘Tarjeta roja al racismo israelí’, que trató de frenar la celebración, el pasado verano en Israel, del Campeonato de Europa Sub 21, ganado por España. Entonces, 50 futbolistas internacionales apoyaron la iniciativa, entre los que se encontraban Eric Cantona y Frederic Kanouté.

“Destruyen nuestras carreras y nos quitan hasta la pasión por jugar. Fui a la cárcel sólo porque soy un deportista que representaba a Palestina. Mataron mis sueños”, insiste Sarsak. Concienciado, repite nombres como el de Zakria Issa, muerto de cáncer en la cárcel “sin recibir tratamiento ni ser acusado de nada”, o de Ziyad Al Kord, al que tiraron su vivienda por quejarse tras no lograr la visa para un partido. Israel recuerda, por el contrario, casos como el de Omar Abu Ruways, arrestado en 2012 por pertenecer a una célula que planeaba atentados en el país. Era el portero del equipo olímpico.

El problema del fútbol, claro, se extiende a los participantes de otros deportes, como los levantadores de peso, los tenistas de mesa, los baloncestistas o los jugadores de voleibol. También, por supuesto, a los equipos femeninos. La liga de chicas se creó en 2011 y hay un pequeño equipo nacional desde 2003. En octubre de 2012 iban a disputar un partido festivo en Belén contra Emiratos Árabes, con presencia importante de mandatarios de la FIFA, pero los controles de Israel a las jugadoras retrasó la ceremonia cinco horas. Acabó por anularse. Ya no había público para ver el partido. Miel Thaljieh, la capitana, se queja de que no pueden ni “poner en práctica un hobby”. En su caso, los controles se suman a los obstáculos previos al juego: la oposición de padres, novios o maridos, los rumores, las críticas del decoro… “Y, encima, Israel”, casi ríe.

Pese a la maraña, la ilusión de fútbol crece cada minuto en Palestina. La afición desbordada por equipos como el Madrid y el Barcelona, los auténticos amos, contagia a la selección y los estadios locales se llenan cada semana. Hay blogs especializados, como el de Aboud y Bassil, dos jóvenes hinchas dedicados a contar al mundo, en inglés, cómo funciona su liga. Lo que falta es libertad.

Publicado originalmente el 17 de febrero del 2014 en www.elconfidencial.com

viernes, 21 de febrero de 2014

Falleció Mario Travaglini, conductor de la "Democracia Corinthiana"


El técnico brasileño Mario Travaglini, quien condujo el histórico plantel de Corinthians que conformó el movimiento Democracia Corinthiana, falleció anoche de cáncer a los 81 años en Sao Paulo, informaron hoy fuentes médicas.

Travaglini dejó su marca en el fútbol brasileño por haber introducido conceptos tácticos europeos en la década de 1960 que se mezclaron con la arraigada técnica suramericana, con pasajes exitosos también por Palmeiras, Vasco da Gama y Fluminense.

El entrenador falleció en la noche del jueves en el Hospital Sao Camilo de Sao Paulo, adonde había sido ingresado el 6 de enero por problemas respiratorios provocados por el cáncer, informó el boletín médico divulgado por el centro médico.

Ayudante del entrenador Claudio Coutinho en la selección brasileña que obtuvo el tercer lugar en el Mundial de Argentina 1978, Travaglini es recordado por haber participado de uno de los más famosos movimientos políticos dentro del fútbol de Brasil: la Democracia Corinthiana.

Travaglini, también economista, fue el entrenador del equipo de Corinthians que obtuvo el bicampeonato de la liga paulista 1982-1983 y que había conformado un sistema de votación para decidir la alineación del equipo, las contrataciones, ventas y decisiones de todo tipo.

El movimiento, una suerte de respuesta a la dictadura militar que se extinguiría en 1985, era comandado por los futbolistas Sócrates, Claudio Casagrande y Wladimir.

Corinthians lo homenajeó en un mensaje por Twitter:

Por el clásico rival de Corinthians, Palmeiras, hizo historia también al ser campeón paulista y nacional con la Copa Brasil en 1967.

Con Vasco da Gama se convirtió en ídolo con el título nacional de 1974 y con Fluminense estuvo al mando de la llamada "Máquina Tricolor" campeón carioca de 1976.

Fuente: ESPN

domingo, 16 de febrero de 2014

Se juega en Colombia la “Copa Hugo Chávez”

El torneo inició el 13 de febrero en Bogotá, con la participación de equipos compuestos por funcionarios de las embajadas de Cuba, Ecuador, Bolivia y Venezuela.


La embajada de Venezuela en Colombia organizó un campeonato de fútbol en el marco de la gran jornada internacional “Por aquí pasó Chávez”.

El torneo comenzó el jueves 13 de febrero, con la participación de invitados especiales, personal de los cuerpos de diplomáticos de Ecuador, Cuba, Venezuela, Bolivia y funcionarios militares y policiales.

Durante el acto protocolar se entonaron los himnos de los países participantes y, posterior a ello, el encargado de negocios de la embajada venezolana, José Gregorio Calderón, ofreció unas palabras en recuerdo del apoyo constante que el comandante Hugo Chávez dio al deporte.

“Era un hombre apasionado por el deporte e impulsor del desarrollo de la selección nacional de fútbol, la Vinotinto, selección que a pesar de ser Venezuela un país destacado en el béisbol, logró estar muy cerca de clasificar para el Mundial de fútbol Brasil 2014”, manifestó el funcionario.

El encuentro finalizará el lunes 17 de febrero y permitirá ratificar los lazos de hermandad entre todas las naciones participantes; además entre la solidaridad, integridad y buen espíritu deportivo entre los jugadores.

Con información de Telesur

martes, 11 de febrero de 2014

Bienvenida a Sankt Pauli

Guida Maymó tiene 29 años y se gana la vida como arquitecta en Hamburgo. Cuando partió hacia territorio germano y una vez estuvo instalada, decidió buscar equipo para jugar a fútbol a nivel amateur. Sabía que hacerlo en un país extranjero sería toda una experiencia, lo que no esperaba era descubrir un club que le enseñaría otra manera de entender este deporte.


Por Alena Arregui
Revista Panenka

Desde bien pequeña ya jugaba al fútbol. Los primeros años con niños, los siguientes en un club de la comarca, de nuevo en otro equipo de barrio cercano a su localidad… Y así fueron pasando los años, aprendiendo del fútbol amateur, ese al que se le da tanto y del que se recibe tan poco, aunque siempre sigue valiendo la pena. Con gran capacidad para compaginar estudios de arquitectura y deporte, Guida nunca se planteó dejar de jugar, fuera al nivel que fuera.

Ni siquiera cuando tuvo que emigrar a Alemania en busca de un trabajo como arquitecta apartó la idea del balón de su cabeza. Tenía 29 años y toda la experiencia que una necesita para adaptarse a cualquier equipo, en un país totalmente nuevo. Esperaba poder entenderse con sus compañeras, aprovechar la oportunidad para integrarse en la nueva cultura y distraerse de la rutina alemana. Con esta intención, fue a parar a un club en el que descubriría una particular manera de entender el fútbol, la sociedad y la vida.

Logró encontrar un piso con el que compartir con su pareja en Eimsbüttel, barrio que queda al norte del distrito de St Pauli. Varias veces recorrió sus calles repletas de calaveras sin entender aun su significado. El día que pidió consejo a sus compañeros de trabajo para elegir un equipo femenino en el que ir a probar, la respuesta fue unánime: “Ve al St Pauli sin pensártelo”. No supieron explicarle bien el porqué, sólo le aseguraron que era un club especial, que ella ya lo vería. Así fue. Días después se presentó a las instalaciones que hay justo al lado del estadio Millerntor, con la intención de realizar algunos entrenamientos con el primer equipo femenino del club alemán, que juega en categoría regional.

“Estás capacitada deportiva y humanamente para formar parte de este equipo”. Así fue como le comunicaron a Guida que había pasado las pruebas para ser jugadora del St Pauli. Por aquél entonces, ella ya había empezado a entender la grandeza del club al que acababa de llegar. Siempre recordará el primer día que entró al vestuario y vio calaveras en cada atuendo que lucían las jugadoras; toallas, chaquetas, zapatillas, todo lucía con orgullo el cráneo y los huesos cruzados. Poco cuesta entender la filosofía de un club cuando las personas que forman parte de él la toman como propia.

Si el St Pauli es famoso en todo el mundo por ser un club asambleario, cada una de sus secciones y equipos es una pequeña muestra de esta premisa. Sus principios están tan arraigados al club como el club al barrio. El antifascismo, antisexismo, antirracismo y la antihomofobia han asentado las bases de una afición inconfundible, así como de un increíble ambiente los días de partido.


Eso también pudo sentirlo Guida en su propia piel la primera vez que pisó el pequeño estadio para ver al conjunto masculino. Ese día acudió con sus compañeras de equipo, se situaron en la Südkurve – parte de la grada donde los aficionados están de pie –, y se dedicó a observar. Guida nunca había visto algo similar. El público no dejó de animar a pesar de ese 0-2 que lucía el marcador. Daba igual, era una fiesta. Las gradas lucían un sinfín de pancartas. Entre ellas, una de curiosa que profería “ACABAB” (All Coppers are Bastards außer Boll), algo así como: “Todos los policías son unos bastardos, excepto Fabian Boll (capitán del equipo y policía de profesión)”.

Definitivamente, el St Pauli no era como los demás. Eso quedó claro a Guida por enésima vez cuando la sección femenina del club se enfrentó a un conflicto que se contradecía con sus propios valores feministas, antidiscriminatorios y sociales. El incidente sucedió en un proyecto social con el que colaboraban. En este caso, se trataba de un equipo femenino en Nairobi (Kenia) al que el St Pauli ayudaba económicamente para que pudieran jugar a fútbol. Dada la acérrima convicción católica de los directivos del equipo africano, no aceptaron que dos de sus jugadoras fueran homosexuales, así que decidieron echarlas. Cuando esto llegó a oídos del St Pauli, se creó un debate que duró más de un año. Éste concluyó con una última asamblea y una votación en la que se decidió abandonar el proyecto.

Cuando Guida pensaba que nada podía sorprenderle más en su experiencia en St Pauli, recibió una llamada desde Barcelona. Ésta le comunicaba que en la ciudad condal había un pequeño Fanclub que seguía con verdadero entusiasmo al club germano. Un grupo de personas que se sentía identificado con la filosofía del St Pauli y que trabajaba para hacer ‘paulinismo’ a 1800 kilómetros de Hamburgo.

El Fanclub Catalunya

La organización nació en 2010, cuando el colectivo decidió darle forma a una manera de entender la sociedad – y por consecuencia el fútbol – que todos sus miembros compartían. El odio eterno al fútbol moderno es la naturaleza más característica de todas sus actividades; ya sea a través de charlas, conciertos, presentaciones o torneos de fútbol sala que lleva a cabo el colectivo, la izquierda paulinista siempre está presente. Este particular Fanclub se reúne cada partido que juega el St Pauli en su sede social situada en el barrio del Poblenou. El ambiente de Millertor se reproduce a pequeñísima escala en una calle de Barcelona, en medio de tantas otras calles acostumbradas a vibrar cada fin de semana con otro tipo de fútbol muy diferente.

En enero, por fin, tuvo lugar el encuentro. Guida aprovechaba las vacaciones de Navidad para estar con su familia, residente en la provincia de Barcelona. Antes de partir de nuevo hacia Alemania, tenía una cita pendiente. Se acercó a la sede del Fanclub Catalunya, donde la esperaban impacientes algunos de los socios de la organización. Querían escuchar la experiencia en primera persona de alguien que milita en el St Pauli. En un coloquio distendido y con mucha participación de los presentes se trataron muchos temas: cómo se traduce la ideología del St Pauli en el día a día con sus jugadores y jugadoras, la organización asamblearia de la entidad, el trato a la sección femenina… un sinfín de curiosidades que Guida contó con orgullo.

Pronto, la jugadora empezará la segunda vuelta de su competición regional. Al mismo tiempo, se retomará la Bundesliga, y el primer equipo masculino intentará mantenerse entre las primeras posiciones de la Segunda Liga. El Fanclub seguirá los dos acontecimientos con verdadera pasión, porque si hay una palabra que les define es precisamente esta, ‘pasión’, y no exclusivamente por unos colores, sino también por unos ideales.

Casi por sorpresa, Guida descubrió que en su ciudad natal existía un extraordinario grupo de personas que seguía incondicionalmente a su equipo, y habían hecho de él su manera de vivir. O quizá había sido al revés, y habían encontrado en el St Pauli un equipo que se adaptaba a la perfección a su manera de entender el mundo. La comunión era perfecta. Guida se sintió como en casa cuando visitó la sede del Fanclub Catalunya. Lo hará cada vez que les recuerde desde Hamburgo.