domingo, 12 de enero de 2014

El conflicto palestino en Chile

La camiseta del Club Deportivo Palestino lleva el número 1 con la forma del mapa de Palestina antes de 1947.


Por Sergio Palacios
Wanderers

En Chile viven unas 400.000 personas de origen palestino, a causa de ello el 20 de Agosto de 1920 nace en Santiago el Club Deportivo Palestino, que viste con los colores de la bandera del país de Próximo Oriente. Este club cuenta en su haber con dos campeonatos nacionales de Chile. Ahora mismo se encuentra disputando el torneo clausura de dicha competición.

El pasado sábado (4 de enero) comenzó este torneo con victoria por 4-0 contra el Everton, pero la noticia del partido no fue esta contundente victoria, sino el diseño de sus camisetas. Los dorsales que cuentan con el número 1, habían sido cambiados por el mapa de Palestina antes de 1947 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desmembró el país para dar una parte a la comunidad judía atacada por parte de la Alemania Nazi en el holocausto.

Tras la finalización del partido las redes sociales de caracter judío se pusieron al rojo vivo, el presidente de la agrupación hebrea en Chile, Gerardo Gorodischerel escribió en Twitter, “Rechazamos la importación del conflicto en Oriente Medio”, que pide “sanciones de la ANFP” (la asociación chilena de fútbol). Además el ex presidente de la comunidad judía declaró, “¿Sergio Jadue (Presidente de la ANFP) avalará la irresponsabilidad de la dirigencia del Club Palestino?”. La comunidad hebrea pide además de dichas sanciones que el club de Santiago pida perdón y retire su equipación.

El conflicto palestino-israelí está latente en todo el mundo como se puede comprobar con esta noticia y con tantas otras que cada día salen en los periódicos de todo el mundo. Hace poco pudimos comprobar en nuestras redes sociales como los aficionados palestinos apoyan la libertad para el  pueblo de Próximo Oriente.

viernes, 10 de enero de 2014

Entendiendo Hamburgo: St. Pauli FC y un cepillo de baño

Los rasgos de identidad cultural que han hecho posible la fuerte reacción en torno a la defensa del centro social Rote Flora.



Por Lara Hernández
Rebelion.org

El pasado 21 de diciembre aproximadamente 8.000 personas salieron a la calle en una manifestación convocada bajo tres lemas: contra la inminente venta del inmueble que durante más de 24 años ha okupado el mítico Centro Social Rote Flora; contra el desalojo sin previo aviso de varias familias de las llamadas “Esso-Häuser”, viviendas pertenecientes a la empresa petrolera estadounidense Esso; y contra el trato que la Unión Europea está dando a los 5.700 refugiados expulsados de Italia en Marzo del 2013 ahora dispersos en varios países de centro Europa. En Hamburgo viven varios de ellos acogidos por las vecinas y vecinos en la parroquia del barrio de Sankt Pauli, agrupados bajo el nombre de Lampedusa-Gruppe.

Apenas comenzada la marcha, y según fuentes de la organización, la policía bloqueó su recorrido generando una situación de enfado generalizado ante la retención inmediata de una manifestación que había sido legalizada. A raíz de ahí surgieron los disturbios. El resultado: más de 500 manifestantes y 120 policías heridos.

El segundo hecho nos lleva al 28 de diciembre: la policía afirma que varias personas enmascaradas atacaron la comisaría situada en el famoso barrio de Sankt Pauli. La versión policial dice que entre 30 y 40 personas lanzaron piedras y botellas directamente contra las/os agentes que salían de la comisaría. Resultado: un policía herido de gravedad. El equipo de abogados del Rote Flora así como muchas voces de la izquierda mediática del país dudan sobre esta narración de los hechos. Varios indicios muestran que ni estaba previamente planeado ni necesariamente tiene conexión con la manifestación del 21 pues no es la primera vez que se produce un ataque a la famosa comisaria de David situada en pleno corazón de uno de los barrios rojos más famosos de Europa.


¿Pero qué es lo que está pasando en Hamburgo realmente? Hamburgo es la segunda ciudad más poblada de Alemania después de Berlín pero a diferencia de ésta – situada en el lado occidental del telón acero y con una escasa tradición de okupación– su hermana mayor Hamburgo cuenta con una elevada tradición de Casas proyecto (Hausprojekt ) y centros sociales.

La ciudad de Hamburgo es además uno de los 16 estados federados alemanes por lo que las funciones del alcalde de la ciudad se ajustan más a las de un ministro-presidente que a la de un alcalde convencional. En Hamburgo, el gobierno alemán, como un gobierno estatal, es responsable de la educación pública, de las instituciones penitenciarias y de la seguridad pública. Actualmente gobernada por el SPD, Hamburgo es una de las ciudades más sólidas económicamente de Alemania, es el segundo puerto europeo y tiene una de las rentas per capita más altas del país. Pero en la ciudad todavía se sienten con fuerza diferencias y desigualdades sociales entre una clase alta y una clase media desplazada que todavía hoy paga los platos rotos de una injusta “reunificación” oriente-occidente.

Hasta el momento, lo que más ha aparecido en prensa ha tenido que ver con el desalojo del CSO Rote Flora, del que ya mucho se ha escrito. Sin lugar a dudas el Rote Flora ocupa una pieza importante en todo este puzzle, en la medida en que desencadena todo lo ocurrido y además, lamentablemente, se cierra. El desalojo del Rote Flora lleva siendo desde hace años la crónica de una muerte anunciada: anunciada no sólo judicialmente sino también por las lógicas de mercantilización de espacios en los centros de las ciudades europeas, la conocida como gentrificación, tan acusada en las ciudades alemanas y que hace que espacios de encuentro ciudadano como éste no puedan darse.

Pero más allá de repetir las mismas cosas, vamos a poner por un momento el foco de atención sobre lo ocurrido el 28 de diciembre en Sankt Pauli.

Para comprender las dimensiones del Gefahrengebiet (literalmente, zona de peligro o excepción) tenemos que dejar sentado desde el principio que lo que pasó el 28 de diciembre ha sido instrumentalizado por la policía para legitimar el estado de excepción habilitado posteriormente en tres barrios de la ciudad.

El barrio de Sankt Pauli, en donde ocurrió el ataque a la comisaría, es conocido por su tradición reivindicativa íntimamente ligada al fútbol. Este barrio es conocido por su equipo de fútbol que juega actualmente en la segunda división alemana. Una de las peculiaridades del club, es que sus jugadores salen al terreno de juego mientras suena la canción Hells Bells de AC/DC. En los años 80, el St. Pauli se convirtió en el primer equipo en Alemania en prohibir oficialmente los símbolos fascistas y las actividades nacionalistas, en una época en que el fascismo estaba muy presente en las hinchadas ultras de fútbol.

El fútbol tiene una especial importancia en Alemania: tras la segunda guerra mundial se convirtió en uno de los símbolos de la normalización de lo cotidiano y aquí, como en otros países, es usado estratégicamente para crear un sentimiento nacional fuerte (que incluso incita a la violencia: en alemán la pelota no se “roba”, se “conquista”). Tiene una relevancia tal que hasta Merkel no se quiso perder el partido de la Eurocopa de Alemania-Grecia, comentado por los medios alemanes no por su relevancia deportiva precisamente, sino anclado evidentemente en otros factores.

Pues bien, en 1981 el equipo de St. Pauli tenía una asistencia media de sólo 1.600 espectadores por partido: antes de finales de los años 90 ese promedio aumentó a 20.000 espectadores por partido. No es casualidad además, que las instalaciones del equipo estén situadas en el centro cultural y político de la ciudad, en la Reeperbahn conocida como die sündige Meile (la milla del pecado). Esta junto con la calle “Große Freiheit” (Gran Libertad) son conocidas por ser uno de los barrios rojos más importantes de Europa en el que el ejercicio de la prostitución es legal en determinadas franjas horarias. Merece la pena mencionar además que la calle “Gran Libertad” recibe su nombre porque era el único lugar en que se le permitía a los católicos practicar su fe, cuando este distrito aún no pertenecía a Hamburgo.

Probablemente no seré yo la única a la que le viene a la cabeza el ejemplo del barrio madrileño de Vallekas – entre otros - cuando releemos la historia de este barrio alemán. En lugares como estos, la izquierda se construye alrededor de un sentimiento de pertenencia a un lugar. La identidad política se construye en torno a una identidad cultural. Sankt Pauli es un ejemplo más. Lo que está pasando en Hamburgo ahora no es más que la punta del iceberg de un movimiento comandado desde arriba que sólo busca eliminar mediante la criminalización de la protesta social y un pánico generado artificialmente, los lugares de resistencia activa frente al Gobierno de Merkel. Lugares con larga tradición en Hamburgo pero totalmente invisibilizados por los grandes medios de comunicación. Se vende miedo a cambio de seguridad, supuesta “protección” a cambio de suprimir el debate político. Se vende una Alemania "motor de Europa” con paz social a cambio de una represión casi militarista. Y es que más allá de debates sobre qué lado debe asumir responsabilidades, lo que está en peligro aquí es la libertad de reunión y la libertad de expresión que se atreva a poner en cuestión el régimen.

En palabras de un portavoz de la Rote Flora:

"Nosotros vemos en el hecho de que hayan puesto este “área de peligro” una continuación del aumento exponencial de esta línea política que comenzó el día 21 de diciembre con la suspensión del derecho a la libertad de reunión. […] Para empezar tenemos que decir que la manifestación del 21 de diciembre estaba legalizada con un recorrido que podía dificultar la propia manifestación y que inmediatamente después de que la manifestación se pusiera en marcha fue parada por la policía. La policía aseguró que fue por el lanzamiento de botellas y piedras. Actualmente está suficientemente demostrado mediante grabaciones de vídeos que no fue así y que en ese sentido se puede demostrar que no hubo motivo para que la policía actuara de ese modo. Ya he dicho claramente que hubo un debate y una ira generalizada porque el derecho a reunión había sido suspendido. Acerca del ataque a la comisaría de David el día 28 de diciembre hay actualmente dudas considerables acerca de la versión policial sobre el hecho de que en algún momento haya habido un ataque organizado tal y como reza la versión oficial de la policía. Hamburgo ha establecido tres zonas de peligro en la ciudad. Esto es es una demostración de poder. Este delimitación de las zonas de peligro es intentar quitar el foco de atención del debate político. Yo creo que esto va de un conflicto político, que trata sobre cómo la policía debe resolver los conflictos mediante su poder y ley. [...] La gente de la Flora estamos y estábamos preparados para un debate de contenido pero tuvimos la experiencia de haber sido confrontados por la policía con gases lacrimógenos, lanzaderas de agua y porras".

Mientras, en la jornada de ayer varias personas salieron de nuevo a las calles desafiando la limitación del Gefahrengebiet, pero protegidos tras el nuevo “escudo de armas”: un cepillo de baño. El cepillo de baño se ha convertido en un personaje viral (#Klobürste), símbolo de la desobediencia civil en Hamburgo, después de que el noticiero de la noche del martes mostró un video en el que un agente de la policía de Hamburgo en uno de los controles, ahora habituales y cotidianos, confisca precisamente este utensilio a un manifestante.

martes, 7 de enero de 2014

“Fue el Che Guevara del fútbol”: Brasil no olvida a Sócrates

Por Marco Mathieu*
Sinpermiso.info


«Era mucho más que un derby, mucho más que el partido decisivo para ganar la Liga: celebrábamos a un hombre especial, un símbolo. Y a un  futbolista fenomenal». Leandro Castan, 27 años, defensa de la Roma y exCorinthians, se emociona al recordar ese domingo: el desafío contra el Palmeiras, el 4 de diciembre de 2011, en el estadio Pacaembù, a las pocas horas de la muerte de Socrates, comenzó con totos –hinchas y jugadores – saludándolo con el puño cerrado. «Ese gesto lo decidimos en el vestuario», cuenta Castan. «Y ganamos el título brasileño, cumpliendo su deseo: morir el día en que el Corinthians volviera a ser campeón».

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira se fue, a causa de una cirrosis hepática, a los 57 años de una vida en la que había conseguido mezclar fútbol y política, medicina y escritura, compromiso social y música. Jugador del Corinthians y la Fiorentina, del Flamengo y el Santos, pero sobre todo de Brasil, selección con la que disputó dos mundiales (1982, 1986). Goles, cervezas, cigarrillos y golpes de tacón. «Un libertario, el más original de los futbolistas brasileños», resume sonriendo en su casa de Sâo Paulo Juca Kfouri, 63 años, escritor y  amigo de Magrao, como llamaban también al "doctor" Socrates cuando los excesos alcohólicos habían hinchado ya su físico enjuto. Hoy, en las gradas del viejo Pacaembù, los aficionados del Corinthians dicen de él que «fue el Che Guevara del fútbol». Paolo Marconi, 33 años, líder de la torcida "Gavioes da Fiel": «En su nombre nos manifestamos el verano pasado contra despilfarros e injusticias con ocasión de la Copa Confederaciones».

La herencia de Sócrates es también ésta. «Abrió las puertas del fútbol al arte y a la política, a la filosofía y a la sociedad, dejando una huella que aún hoy es reconocida por los chicos», dice Washington Olivetto, 62 años, en su oficina de director de la más importante agencia publicitaria de Brasil. Mérito de la Democracia corinthiana (1982-83): concepto, o mejor dicho, reivindicación a la que contribuyó Olivetto: «Con Casagrande, Wladimir y los demás compañeros acompañó al pueblo a pedir elecciones libres, acelerando efectivamente el final de la dictadura militar». Junto a Lula, que muchos años después le habría ofrecido el cargo de ministro del Deporte a Sócrates, recibiendo una amable negativa: «No estoy hecho para andar en las instituciones, sigo siendo un rebelde». Y rebelde es la imagen transmitida en el tiempo de la democracia corinthiana. «Todo se discutía y se votaba en el vestuario: desde los horarios de los entrenamientos a las opciones del club. Yo en aquella época no lo entendía, pensaba que bastaba con jugar al balón», reflexiona Antônio José da Silva Filho, 54 años, que para todos sigue siendo Biro-Biro. Una pequeña multitud le asedia pidiéndole un autógrafo, en las calles de Brooklyn, como llaman a este barrio de la periferia sur de Sâo Paulo. «Si me he hecho famoso, se lo debo a Sócrates».

A cuatro horas en coche de la megalópolis paulista, otro excompañero de equipo (en el Corinthians y en la selección), explica en cambio el  "tacón de Dios". «Era su gesto técnico preferido, le permitía pasar velozmente aunque tuviera más de 1’90 de altura: no es el físico ideal para un centrocampista». Juninho Fonseca tiene 55 años y el puesto de coordinador de los juveniles Botafogo de Riberao Preto, el club en el que Sócrates inició su carrera de futbolista, la ciudad en la que estudió para médico. «En realidad, jugaba pocos minutos de partido, decía que le bastaba: un gol, un pase para desmarcarse. Después, largas pausas. Pero era un líder, en el campo y fuera de él». También en el Mundial de 1982, cuando «el mejor Brasil de siempre» perdió contra los “azzurri”. «En los vestuarios había quien nos pedía jugar de modo más especulativo contra Italia, pero Sócrates puso fin a la discusión como capitán: "Somos Brasil y jugamos al ataque"».

Al ataque también en la vida, acabado el fútbol, Sócrates se dividió entre televisiones, periódicos, bares y proyectos nunca realizados: de la clínica ortopédica para atletas al teatro. Hasta el libro que acaso se convierta en autobiografía póstuma, al cuidado de su tercera y última mujer,  Katia Bagnarelli. Para publicarla se precisa de la autorización de los seis hijos, todavía por conseguir. Queda en cambio el recuerdo de los hermanos: Sóstenes, que trabaja con el más  "pequeño" de la familia, Rai, exjugador del San Paolo y el PSG, en la fundación Gol de Letra. «Tenía una personalidad fuera de lo común y siguió igual a sí mismo hasta el final. Hasta en los excesos de su carácter, vicios incluidos. Siempre sonriente, alegre: le gustaba perderse entre las palabras, ideas, amigos y locales de esta ciudad».

Como la "Mercearia", bar travestido de librería en el corazón del barrio de Vila Madalena que lleva Marcos Benuthe, 56 años: «Venía por aquí para encontrarse con los escritores: no es un sitio de futbolistas, pero, por otra parte, él no era sólo un futbolista». E indica con una sonrisa la portadilla del disco grabado por Socrates, colgada del mostrador. Un poco más allá, Michelli Provensi, 23 años, modelo y escritora, añade: «¿Sócrates? Un artista prestado al fútbol y un símbolo de libertad que perdura en el tiempo. Nunca le vi jugar, pero estaba en el estadio el día que murió. Con el puño en alto».

*Marco Mathieu es un periodista nacido en Turín que colabora habitualmente con La Repubblica tanto en radio como televisión.

**Traducción para Sinpermiso: Lucas Antón

lunes, 6 de enero de 2014

Niños palestinos piden ayuda de la ONU para recuperar un balón

Uno de los menores golpeó con fuerza la pelota y ésta cayó en una zona controlada por el ejército de Israel.


Un grupo de niños palestinos envió una carta al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, para pedir su ayuda en el intento de recuperar un balón de fútbol que cayó en territorio palestino ocupado por Israel.

El incidente ocurrió hace unos días en la localidad cisjordana de Kafer Sur, distrito de Tulkarem, cuando un grupo de niños jugaba fútbol, informó la agencia palestina Maan.

Uno de los menores golpeó con fuerza la pelota y ésta cayó en una zona controlada por el ejército israelí, delimitada por una valla alambrada de seguridad que impide el acceso.

Maan explica que se trata de "tierras confiscadas por las autoridades israelíes” para construir el muro de separación de Cisjordania a través de la aldea de los niños, y que sólo los soldados pueden acceder a ellas.

Para tratar de recuperar su balón, los menores resolvieron apelar directamente a la ONU y solicitar su intervención, exponiendo que Israel ha infringido sus derechos al no devolver la pelota o permitirles a ellos mismos rescatarla.

Además, los infantes argumentan su derecho a jugar en sus tierras sin ninguna restricción, lo que actualiza la polémica en torno a la barrera que Israel comenzó a construir desde 2002.

Texto tomado de Telesur

miércoles, 1 de enero de 2014

Fútbol con pasamontañas

Los zapatistas y su relación con el Inter, el ‘Pupi’ Zanetti y el fútbol


El fútbol es el deporte más popular en los territorios zapatistas. Allí tanto hombres como mujeres disfrutan dando patadas al balón aunque no tengan ningún campo de fútbol. No tienen zapatos de fútbol y algunos tampoco poseen medias adecuadas. Pero todos, desde el portero hasta el puntero izquierdo, portan sobre su rostro el pasamontañas de siempre. Sobre el fondo negro de sus camisetas, las grandes letras rojas en el pecho enseñan que la oncena no es otra que la selección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El emblema es la estrella roja y el saludo al público de las gradas lo realizan llevando su mano izquierda hasta un extremo de la frente.

El equipo de insurgentes, dentro y fuera de la cancha, es de armas tomar. En marzo de 1999, los zapatistas realizaron la marcha del color de la tierra y la consulta nacional por los derechos indígenas. Y entre tanta actividad se concretó el primer partido de fútbol. De un lado, los insurgentes; del otro, exfutbolistas entrenados por el seleccionador mexicano Javier Aguirre. La brega concluyó con un combativo 5-3 donde ganaron los exprofesionales, pero el lema zapatista estaba claro: la única derrota es no seguir luchando. Javier Aguirre respecto a este partido comentó: “Los zapatistas llegaron al campo sin zapatos de fútbol, con botas militares, por lo que tuvimos que prestárselos nosotros. No quisieron desprenderse del pasamontañas para jugar”.

Hace unos 6, 7 años, el subcomandante Marcos (Comandante del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, EZLN) desafió al Internazionale a un partido con la selección zapatista: “Le escribo para desafiarlo (a Massimo Moratti) formalmente a un partido entre su equipo y la selección del EZLN en lugar, fecha y hora que ya definiremos. Visto el gran afecto que sentimos por ustedes, estamos dispuestos a no ganarles por goleada y darles una paliza, sino a derrotarlos con un solo gol para que su noble afición no los abandone”, ironizó el insurgente. Javier Aguirre tambien colaboró en la organización del juego, donde el subcomandante Marcos lo propuso como abanderado, junto a Jorge Valdano; el árbitro central sería Diego Maradona mientras que la narración estaría a cargo de Eduardo Galeano y Mario Benedetti. Finalmente el partido nunca se jugó.

La amistad con los alzados es real puesto que la delegación Interista han apoyado con dinero, medicinas y camisetas. Javier Zanetti, el capitán neroazzurro, lo dijo: “Creemos en un mundo mejor, en un mundo no globalizado, sino enriquecido por las culturas y costumbres de cada pueblo. Es por esto que queremos apoyarlos en esta lucha por mantener sus raíces y pelear por sus ideales”. El ‘Pupi’ Zanetti confesó, junto a sus compañeros, estar convencidos de compartir los mismos principios e ideales “en donde se ve reflejado el espíritu zapatista”.


Desde su alzamiento en armas el 1 de enero de 1994, el movimiento forjado entre selvas y montañas del sureste mexicano no sólo hizo tambalear a dos gobiernos. El zapatismo también cosechó respaldos en todo el planeta. Y el interés por lo que ocurría en Chiapas conmovió decididamente a directivos y jugadores del poderoso Inter de Milán cuando en abril de 2004 un grupo de paramilitares atacó e hirió a familias -bases de apoyo zapatistas- y dañó el sistema de transporte de agua a indígenas en Zinacantán.

A través de un dirigente, Bruno Bartolozzi, el grave incidente llegó a oídos del capitán interista, Javier Zanetti, fundador y mecenas de la Fundación Pupi, entidad que dedica esfuerzos y dinero a atender ‘pibes’ en extrema pobreza en Argentina. Junto a su esposa, Paula, el trasandino es también ferviente indigenista. “Con la Fundación Pupi apoyamos la lucha del pueblo mapuche de la Patagonia, donde les están quitando sus tierras”, cuenta desde Milán la señora Zanetti.

Ahora bien, con Chiapas el asunto fue distinto. “Como Javier es el capitán del Inter, una vez que Bartolozzi habló con él, los jugadores destinaron 2.500 euros para reparar el acueducto dañado en el ataque”, aclara Paula. Tiempo después también aportaron una gran cantidad de dinero para reparar una ambulancia y ayudar a un hospital con su infraestructura y medicinas.

La respuesta zapatista a los deportistas brotó en mayo de 2004. “Estamos alegres, pues sabemos que no estamos solos en nuestra lucha. Estamos alegres porque en todo el mundo hay hermanos y hermanas como ustedes que tienen conciencia y que quieren construir un mundo con justicia y dignidad”, escribieron desde la selva Lacandona. La autonomía zapatista, estructurada en cinco Juntas de Buen Gobierno, hasta hoy no recibe ayuda alguna del Estado mexicano. Por ello, la enorme red de apoyo mundial cumple un relevante rol. El Inter es uno más.

Pelota en la selva

En Chiapas hay 39 comunidades indígenas zapatistas o Municipios Autónomos establecidos en cinco regiones, denominadas Caracoles. Son rebeldes y, a la vez, organizadas, atributos de grandes equipos y futbolistas.

El día que en Chiapas se dediquen, también, a jugar al fútbol no habrá equipo en el mundo que pueda ganarles. Para eso todavía falta, debido a otras faltas.

Se cuenta en uno de los Caracoles: “Sucedió que un futbolista italiano que murió dejó su herencia para que se construyera una cancha de fútbol en un pueblo zapatista. Esta cancha sólo iba a beneficiar al pueblo de Guadalupe Tepeyac, por eso nosotros hablamos con todo el pueblo y les explicamos que había otras necesidades más urgentes para beneficio de todos los pueblos, tal como un espacio para que trabajen las compañeras que se dedican a la salud tradicional. El pueblo de por sí entendió y dijo que estaba bien, que era justo destinar el dinero a la salud de todos; el segundo paso fue hablar con los donadores y ellos al principio no querían que se usara el dinero para otra cosa, pero después dijeron que estaba bien”.

Hasta el momento, en el mundo no hay cancha zapatista. Deberá esperar el fútbol por ese césped que lo haga más digno, más equitativo y más libre. La vez que ahí se juegue, el triunfo estará asegurado.

Tomado de http://www.hinchasantifascistas.blogspot.com/; publicado originalmente en agosto del 2011.