lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Y la violencia de los dirigentes?

Por Alejandro Pino Calad

Eduardo Pimentel, a la vez que amenazó periodistas, declaró su apoyo a Álvaro Uribe.

Estamos en un momento histórico: por primera vez toda la sociedad colombiana, incluyendo a los propios hinchas, está pensando en una lucha de frente contra la violencia de las barras bravas del fútbol. Lamentablemente, hay dirigentes con gestos que parecen no entender que esto es de todos, no sólo del barrista y la Policía.

El problema de los barras es social, nace en los hogares sin oportunidades, en una cultura pulida en la moral de la violencia partidista en la que el otro es mi enemigo, y en la herencia del narcotráfico en la que todo vale y se necesita ganarse el respeto al costo que sea, incluso al de la vida ajena o propia; pero creer que no tiene que ver con el fútbol es tan naíf como creer que el fútbol no es un negocio o una herramienta política.

El barrista, sea delincuente o no, es alguien que encuentra su razón de vida en el equipo y su comportamiento tribal (violento) se explica en la reafirmación de su identidad a partir de la negación de los que son diferentes. Así se han comportado desde las pandillas adolescentes hasta las masas nazis: mi yo depende de la supremacía sobre el otro y eso es sólo el reflejo de un grupo social profundamente carcomida, sin educación y sin un proyecto común como sociedad. Y si el punto de encuentro de estos jóvenes es el fútbol, pues el fútbol podría ser el primer paso para la solución.

Pero ojo, la solución no es cancelar torneos ni que Millos se vista de verde y Nacional de azul… ¡Menos culiprontismo y más trabajo social! Si se respaldaran programas con barras, si se trabajara en los barrios, si existieran oportunidades… pero sólo show: claro, vienen elecciones y como el fútbol da pantalla y la pantalla da votos, todos los que están en el poder se interesan por el tema. Bueno, todos, menos algunos dirigentes del fútbol a los que poco les interesan las elecciones y parece que menos el discurso de paz.

Las amenazas de Pimentel

Eduardo Pimentel, polémico como jugador y polémico ahora como dirigente, no da precisamente el mejor de los ejemplos cuando amenaza desde su cuenta de Twitter a periodistas. Todo comenzó muy directo, como casi siempre con Pimentel (porque es directísimo cuando el tema lo afecta), y hace doce días escribió que iba a demandar a un periodista de El Espectador: “Ahora comienzo demanda penal contra Espectador y periodista Valverde, por ejercer el sicariato periodístico malintencionado, de a uno atiendo” (sic), dijo haciendo referencia a Juan David Laverde (como quien dice, la demanda comenzó mal), quien había publicado esta investigación en el diario bogotano sobre un proceso que adelanta la Fiscalía General de la Nación sobre un posible lavado de activos en Boyacá Chicó.

Según el reporte de Laverde, Pimentel habría incurrido en irregularidades en la transferencia de Marco Pérez y en los manejos financieros del club entre 2005 y 2007, pero, además, recuerda que en este momento el dirigente y su club son protagonistas del ‘Caso Yhonny Ramírez’, una novela en la que la dirigencia del fútbol colombiano no puede permitir que el futbolista de Millonarios gane por ningún motivo.

Por supuesto, Pimentel está en todo su derecho de demandar a Laverde (para él, Valverde) si siente que se está afectando su honra y su buen nombre, está en la Constitución (esa que le encanta saltarse con sus leoninas formas de contratación a sus futbolistas), pero ahí es cuando el exfutbolista se empieza a convertir en un promotor de violencia: después de anunciar las acciones legales amenaza: “Periodistas Hoyos, Valverde, Samper, y otros quedan notificados “que si los veo les doy en la cara Maricas, para que aprendan a respetar” (sic). Ya sabemos quién es “Valverde”, “Samper” se refiere a Daniel Samper Ospina, columnista de Semana y crítico del dirigente, y “Hoyos” es José Fernando Hoyos, editor de informes especiales de la misma revista que ha publicado varios artículos sobre el ‘Caso Yhonny Ramírez’

Lo peor es que esta invitación a la violencia absurda y descarada (porque insisto, una cosa es que demande, está en todo su derecho, y otra que amenace con agresiones) llegó justo después del asesinato de Edison Alberto Molina, periodista de Puerto Berrío, Antioquia, quien había denunciado la corrupción del gobierno local lo que condujo a amenazas en su contra y terminó con él tiroteado a la salida de Puerto Berrío Stereo.

¿No es una invitación a la violencia el que uno de los dirigentes del fútbol colombiano salga a amenazar públicamente a periodistas que lo han criticado o investigado? Lo más absurdo es que la Dimayor, la misma que lo multó con $23 millones por decir que los árbitros en Colombia tenían padrino, con lo que se afectaba “la imagen del fútbol colombiano” según la sanción, no ha dicho ni pio. ¿No es peor para la imagen del negocio de Bedoya, Jesurún y compañía que uno de los que se sienta con ellos en las asambleas de clubes diga que le va a dar en la jeta a los periodistas?

No hay mayor muestra de inmadurez que no saber recibir críticas y no existe mejor prueba de falta de cultura que tener que recurrir al matoneo para defenderse. ¿Argumentación? Difícil cuando el personaje en cuestión cree que subiendo el volumen es que se ganan las discusiones.

Esto no es nuevo, por supuesto, y no es exclusivo del fútbol, pero en últimas estos señores, todos tan ricos, todos con hijos estudiando en universidades carísimas, todos con el título de ‘Presidente’ o ‘Don’ según el interlocutor, son una muestra más, una importantísima por cierto, de las debilidades de nuestra sociedad y de que el tema de la violencia sí tiene que ver con el fútbol.

Otro botón: José Fernando Salazar

Para la muestra está otro botón: José Fernando Salazar, presidente de Itagüí, el mismo que trató a los futbolistas de “prostitutas” en la famosa asamblea en la que todos los dirigentes se fueron en contra del presidente de Millonarios por haber contratado a Yhonny Ramírez y lo señalaron de “traidor”, explotó en su cuenta de Twitter tras un mal arbitraje de Juan Pontón en el Itagüí-Millonarios del domingo.

El arbitraje fue malo, es cierto, pero lo fue para los dos y Salazar sólo vio las fallas en su contra señalando que el árbitro “favorece al mismo como sucediera en clásico capitalino”. Esto es declarar que el juez pitó a favor de Millos y, por supuesto, miles de personas (la gran mayoría hinchas del azul) le empezaron a reclamar que fuera ecuánime. El problema empezó porque muchos seguidores embajadores señalaron que Salazar les había gritado “asesinos” a los aficionados visitantes presentes en Ditaires.

Acá voy a hacer una pausa: Salazar, quien jugara en Millonarios, es explosivo y a la vez su cuenta de Twitter está cargada de mensajes de la Biblia y citas de Paulo Coelho y Walter Risso. Esa curiosa dicotomía me ha llevado a parodiar su cuenta en Blu Radio con un espacio que llamo “El Hermano José Fernando” que sé que el tipo se goza… es un presidente eficiente que ha hecho una labor titánica con Itagüí y la comunidad de esta población del Valle del Aburrá, y si uno mira su equipo siempre ha estado peleando y por eso hoy está en Copa Sudamericana. De veras quiero creer que Salazar no le gritó “ahí están los asesinos de Bogotá” a una tribuna visitante, no es digno de un presidente de club y, hasta el momento, las pruebas son las declaraciones de hinchas rivales, lo que las compromete.

Pero al “Hermano José Fernando” se le saltó el “Fercho” y, tras ser cuestionado por la periodista Giselle Aparicio sobre el hecho, le envió un mensaje claro de amenaza: “Habrá que mostrarle a Gabriel Reyes como esta honorable periodista propicia paz desde su cuenta”. Por si no lo ubican, Reyes es el presidente de RCN, la empresa en la que trabaja Aparicio, y lo que hizo Salazar fue intimidarla con sus patrones por interrogarlo. Mejor dicho, la amenazó.

La historia de Salazar, si se mira bien, es muy similar a la de Pimentel: exfutbolistas que se han dado la pela de crear equipos y tratar de cautivar hinchadas y que lo han hecho con mucho éxito. Son unos titanes en su tarea y hay que aplaudirlos por las cosas buenas que han hecho, pero eso no les da derecho de amenazar a quienes les critican las malas decisiones o los cuestionan sobre ellas. Tanto Pimentel como Salazar pueden pasar al plano legal si sienten que algún periodista los difama, ese es el deber ser, pero tomar la pose del matoneo no sólo los hace quedar mal a ellos, sino a toda la dirigencia del fútbol colombiano.

Eso, señores, es generar violencia desde arriba. Lo lamentable es que no es la primera vez (ya una cabeza que criticaba rodó por presión dirigencial en un programa radial de la mañana), que seguramente no será la última y que ya se está volviendo un hábito de los dirigentes de nuestro fútbol que, cuando tienen una piedra en el zapato y no tienen cómo quitársela, hacen sentir el poder comercial y político que ha adquirido la Federación en los últimos años.

Le pasó al legendario Klim en El Tiempo cuando Alfonso López pidió su cabeza, no le va a pasar a uno que no es nadie…  en fin, yo sólo digo: #NoNosCallarán, el fútbol y sus dirigentes, por más poder que tengan con la primera clasificación al Mundial desde 1998, no pueden estar por encima de las leyes.

Tomado de Golcaracol.com

sábado, 28 de septiembre de 2013

Madureira 'se veste' de Che Guevara e faz homenagem

Tricolor lança duas camisas lembrando excursão para Cuba, há 50 anos. Os dois uniformes têm estampam fotos de Che Guevara e as cores cubanas.


Por Globoesporte.com

O ano de 2013 é de nostalgia para o Madureira. Há 50 anos, o clube voltava de uma excursão vitoriosa à Cuba, disputando cinco jogos e vencendo todos. Durante a visita ao país de Fidel Castro, que havia tomado o poder há quatro anos, quando derrubou o ditador Fulgencio Batista, o Tricolor Suburbano recebeu a visita do guerrilheiro argentino e líder revolucionário Che Guevara. O médico foi ao encontro do grupo brasileiro, fez fotos e bateu papo com os jogadores.

Para comemorar a data, o time de Futebol Sete do Madureira fez uma homenagem para Che. Disputando o Campeonato Carioca de Futebol Sete, a equipe lançou dois uniformes em alusão à visita do time ao país. Os dois uniformes, um grená, e outro nas cores azul, branca e vermelha (da bandeira cubana), levam a famosa foto de Che Guevara, e será usada em jogos do Tricolor no Carioca.

- Homenageando os 50 anos da visita do Madureira E.C. a ilha de Fidel, o Madureira Arena Akxe lança sua nova camisa. Tradição e história para um time vencedor!! - diz o recado do time.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Arsenal: bien en fútbol y en finanzas

Los “Gunners” tienen buen balance dentro y fuera de la cancha.


Revirtiendo los flojos comienzos de temporadas pasadas, Arsenal está al tope de la Liga Premier inglesa, luego de ganar cuatro de sus cinco primeros partidos.

Pero también los números son florecientes en la contabilidad del club, según un informe publicado este lunes, pese a que el propietario del club, Stan Kroenke, al final les dio el gusto a los hinchas y gastó 50 millones de euros (66 millones de dólares) al contratar a Mesut Ozil, proveniente del Real Madrid.

Arsenal dijo que al 31 de mayo —antes de la contratación de Ozil— tenía reservas en efectivo de 119,7 millones de libras (192 millones de dólares), la mayor entre los 20 clubes de la liga.

"Esta contratación fue resultado directo del trabajo duro que hemos hecho en años recientes para afianzar la capacidad comercial del club a fin de producir los ingresos consistentes y la firmeza financiera requerida para competir por los mejores jugadores del mundo", dijo el director ejecutivo Ivan Gazidis.

"Hemos emitido una declaración significativa (contratando a Ozil) y cuando Arsene (el entrenador)  decida que ha llegado el momento de invertir nuevamente, estaremos encantados de apoyarlo", afirmó el presidente Chips Kewsick.

Con información de AP

viernes, 20 de septiembre de 2013

Evo jugará fútbol para promover el fin de la violencia contra las mujeres

El presidente boliviano ayudará a impulsar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.


El presidente de Bolivia, Evo Morales, participará a finales de este mes en un partido de fútbol para promover el fin de la violencia contra las mujeres, informó la ONU.

Según el organismo, el encuentro está pactado para el 26 de septiembre en Roosevelt Island, Nueva York, en el marco del 68 período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, foro que comenzó el pasado martes.

Además de Morales, en el desafío estarán funcionarios y diplomáticos de otros países, entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores de Macedonia, Nicola Poposki, y la política noruega Lene Vagslid.

Los participantes se unirán a la iniciativa para buscar el fin de la violencia contra las féminas en el planeta y en particular en América Latina y el Caribe, región que es una de las más afectadas por el problema, precisó ONU-Mujeres en un comunicado.

El presidente de Bolivia -un permanente seguidor y practicante del fútbol- se ha sumado a varios choques deportivos para defender causas sociales, como el celebrado hace un año en Naciones Unidas, también para buscar el fin de la violencia de género.

Entre los objetivos del milenio acordados por la comunidad internacional para 2015 está la promoción de la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.

ONU-Mujeres tiene como prioridad que esas metas constituyan un objetivo independiente de la llamada agenda para el desarrollo sostenible posterior a 2015, cuando se cumple el límite fijado hace 13 años por 189 países.

Con información de Prensa Latina

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El gol más triste de Chile

Hace 40 años, la selección trasandina tuvo que enfrentar a la Unión Soviética en un reprechaje para Alemania '74. El golpe de Pinochet, las denuncias del Kremlin y un partido que nunca se jugó.



Por Pablo Aro Geraldes



El camino al primer Mundial de Alemania, el de 1974, estuvo lleno de imprevistos para la selección chilena: el grupo eliminatorio que integraba con Perú y Venezuela quedó reducido a un simple partido y revancha tras la deserción de los venezolanos. Un 2-0 abajo en Lima y el resultado inverso en Santiago obligaron a un tercer partido de desempate, en Montevideo. En el estadio Centenario el triunfo fue para Chile, pero los pasajes para la Copa del Mundo no estaban listos aún, faltaba una escala poco conocida. El fixture preveía una instancia más para el ganador del grupo 3 sudamericano: debía enfrentar en un último repechaje al vencedor de la zona 9 europea.

Con los papeles en la mano, la amenaza tenía los colores de Francia, pero un empate inesperado de los galos ante la República de Irlanda en París dejó al equipo dirigido por Georges Boulogne en la obligación de vencer a la Unión Soviética en Moscú, pero el conjunto de la sigla CCCP en el pecho pegó fuerte y con el 2-0 hizo sonar el despertador en medio del sueño mundialista trasandino. La cita de los chilenos se programaba entonces para el 26 de septiembre de 1973, pero no en París, como imaginaban, sino en el Estadio Lenin de Moscú. Un país amigo. Con la mente puesta en el repechaje con los soviéticos, planearon una gira de preparación por Guatemala, El Salvador y México, que luego de varias escalas los llevaría a tierras rusas. La mano venía bien. Antes de partir golearon 5-0 a un combinado de Porto Alegre. La despedida se fijó para el 11 de septiembre, pero…

Chile vivía uno de los momentos más oscuros de su historia. El 11 de septiembre de aquel año la furia asesina de un general llamado Augusto Pinochet pisoteaba el mandato democrático del presidente Salvador Allende e imponía una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la historia. Esa mañana, mientras el Palacio de la Moneda (sede del gobierno de Chile) ardía bajo los bombardeos y Allende moría intentando defender el mandato popular, la selección chilena debía presentarse en el campo de entrenamiento de Juan Pinto Durán para ultimar detalles con vistas a la visita a Moscú. Esa práctica jamás llegó a realizarse. El lateral izquierdo Eduardo Herrera jugaba en Wanderers de Valparaíso y durante sus días en Santiago se hospedaba en el Hotel Carrera, a 100 metros del escenario del golpe de Estado. Él tiene fresca la memoria de esa mañana con olor a pólvora: “Al llegar al campo de entrenamiento el técnico Luis Álamos nos ordenó que volviéramos a casa. Pero yo tenía que llegar hasta el hotel y en el trayecto me detuvieron los militares una decena de veces: Me salvé de ser detenido porque tenía el bolso con la inscripción ‘Selección Chilena de Fútbol’”.

El fútbol del mundo siguió rodando normalmente en medio de dictadores y tiranos, de reyes despóticos y megalómanos con aires mesiánicos, incluso llegó a presenciar un Mundial en plena dictadura argentina, pero en aquel 1973 la Guerra Fría disparó un misil que dio de lleno en la pelota.

Durante el gobierno socialista de Allende, Chile mantuvo estrechas relaciones con el Kremlin y todo el bloque soviético. Con la irrupción de Pinochet y su dictadura apoyada desde los Estados Unidos hubo cambios: once días después del golpe, la Unión Soviética rompió relaciones diplomáticas con Chile, le ordenó a su personal diplomático que regresara al país y decretó el cierre de la embajada chilena en Moscú.

Al márgen de la cordillera todo era dolor y desconcierto. Tres días después del golpe era asesinado el cantautor Víctor Jara, una de las voces representativas de los trabajadores chilenos. Más lágrimas siguieron cayendo cuando el 23 de septiembre el poeta Pablo Neruda se murió rodeado de otras muertes y desapariciones, víctima de un cáncer que no le dio tregua. Y lo enterraron en soledad, sin sus amigos ni sus camaradas del Partido Comunista, todos perseguidos, en una tumba del cementerio General de Santiago, lejos de su amada playa de Isla Negra y su Premio Nobel de literatura.
El fútbol era lo de menos por entonces, pero la Selección Chilena conducida por Luis Álamos debía viajar hacia Moscú para cumplir su compromiso eliminatorio en medio de un clima sumamente hostil. Jugadores como Carlos Caszely y Leonardo Véliz, puntales del equipo y muy identificados con el gobierno socialista, temían por la suerte de sus familiares mientras ellos estuvieran de viaje.

El encuentro corría riesgo de no jugarse porque la dictadura decretó que no se podía abandonar el país. La Federación de Fútbol de Chile debía acatar la medida, pero el médico de la Selección, Dr. Jacobo Helo, resultó ser una influencia decisiva para que los chilenos pudiesen jugar en terreno moscovita: era medico personal del general Gustavo Leigh, Jefe de la Fuerza Aérea, y convenció al alto mando militar de que la participación del equipo favorecería la imagen internacional del gobierno militar. Finalmente, la Junta permitió el viaje, vía Buenos Aires. El largo sufrimiento comenzaba para muchos de los jugadores, amenazados. Les advirtieron sin eufemismos: “Si hablan, sus familias sufrirán las consecuencias”. El vuelo hizo escalas en Sao Paulo, Río de Janeiro y Panamá hasta que finalmente llegó a México. Una victoria 2-1 ante los aztecas sirvió como un relax para afrontar el siguiente tramo hacia Suiza (triunfo sobre el Xamax Neuchatel) y finalmente poner rumbo a Moscú.

El clima era terriblemente hostil. Antes de subir al último avión, los jugadores chilenos sintieron el miedo en carne propia cuando les advirtieron que si ingresaban a la URSS serían tomados como rehenes para cambiarlos por presos políticos de Chile.

Ya en Rusia, todo se agravó en la víspera del match, cuando el gobierno de los Estados Unidos reconoció oficialmente a la Junta Militar chilena. Para los rusos, el enemigo estaba de visita y buscaron hacerlo notar. Apenas llegados al aeropuerto Sheremetyevo, Caszely y Figueroa fueron retenidos algunas horas “por diferencias en las fotos de sus pasaportes”. Eran sólo jugadores de fútbol, pero para los soviéticos eran los representantes del país que derrocó al gobierno socialista.

Y así fue que el 26 de septiembre, a sólo dos semanas del golpe en Chile, el Estadio Lenin presenció un pálido cero a cero en medio de un frío inusual para el otoño que recién comenzaba: 5 grados bajo cero. Las actuaciónes notables de los centrales Elías Figueroa y Alberto Quintano hicieron posible el empate 0-0, pero hubo algo más que la gran tarea defensiva: Hugo Gasc, el único periodista chileno que estuvo en Rusia, contó alguna vez: “Por suerte el árbitro era un anticomunista rabioso. Junto a Francisco Fluxá, el presidente de la delegación, lo habíamos convencido de que no nos podía dejar perder en Moscú, y la verdad es que su arbitraje nos ayudó bastante”.

Igualmente, las actuaciones defensivas hicieron posible el empate y le pintaron a los chilenos un alentador panorama para la revancha en Santiago, pactada para el 21 de noviembre, en el Estadio Nacional de Santiago. Pero...

Otra vez “pero”. En el barrio de Ñuñoa, el Estadio Nacional se había convertido en algo más que el escenario de encuentros deportivos. Aunque la mayoría de los chilenos lo ignoraba (por censura de algunos medios y complicidad de otros) en las tribunas blancas, los militares habían montado un insospechado campo de concentración. Gregorio Mena Barrales era Gobernador de la localidad de Puente Alto –vecina a Santiago– por el partido socialista cuando fue detenido y trasladado al Estadio. Años después él relató: “Todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas... Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban. Les obligaban a firmar un documento declarando ‘no haber recibido malos tratos en el Estadio’ (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer (nadie es libre en una dictadura y menos en una como la chilena). La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de legitimidad constitucional. Sin embargo cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados.

Con el correr de los días las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas...".


Y el partido no empezaba... En medio del tormento, los militares cuidaban con tanta dedicación a sus prisioneros como al campo de juego. “El match de fútbol con la Unión Soviética debía realizarse allí, por ello cuidaban el césped con más cariño que el que le daban a una ametralladora”, destacó Mena Barrales, mientras recordaba que esa comisión de la FIFA y de la Federación de Fútbol de Chile “visitó el campo, se paseó por la cancha, miró con ojos lejanos a los presos y se fue dejando un dictamen: ‘En el estadio se podía jugar’”.
Conscientes del uso que le daban los militares al Estadio Nacional, en un momento las autoridades del fútbol chileno le propusieron al gobierno de Pinochet jugar la revancha en el Sausalito, de Viña del Mar, pero la Junta insistió con que debía jugarse en el Nacional, para mostrarle al mundo una cara pacífica de Chile. Francisco Fluxá era presidente de la Asociación Central de Fútbol (ACF) desde febrero de 1973 y le contó hace unos años al diario La Tercera que “entonces, los militares nos dijeron que no teníamos que decir que el Estadio Nacional era un ‘centro de tránsito, donde se identificaba a la gente que no tenía documentos’. Y para evitar problemas, propusimos el Sausalito como alternativa. Me comuniqué con el general Leigh y me explicó que ‘por órdenes de arriba no se puede en Sausalito: se juega en el Nacional o no se juega’”.

Sí, esta comitiva (integrada por el vicepresidente Abilio D’Almeida, brasileño, y el secretario general Helmuth Kaeser, suizo) visitó Chile el 24 de octubre y se quedó 48 horas en Santiago. Los militares limpiaron con esmero todo rastro de sangre, todo vestigio de tortura,aunque es muy probable que, amparados por su impunidad, los hayan dejado algunos detenidos a la vista, sabiendo que la FIFA no sospecharía de esas personas.


Los inspectores visitaron el estadio en el que permanecían aún unos 7 mil detenidos. Finalmente, estos emisarios ofrecieron una conferencia de prensa con el ministro de defensa, almirante Patricio Carvajal, a quien le obsequiaron un traba-corbata y un prendedor de oro con el logo de FIFA: “El informe que elevaremos a nuestras autoridades será el reflejo de lo que vimos: tranquilidad total”. El emisario brasileño se permitió aconsejar a los usurpadores del poder: “No se inquieten por la campaña periodística internacional contra Chile. A Brasil le sucedió lo mismo, pronto va a pasar”.

La FIFA había dado el OK. Pero claro, les habían ocultado el horror. “Después supimos que mientras estaba la gente de la FIFA en el estadio, varias decenas de detenidos fueron encerrados en pequeños camarines, con el fin de ocultarlos. Pero lo importante para nosotros era que el Nacional pasara la revisión”,
decía casi treinta años después el ex dirigente Fluxá, quien como única autocrítica aceptó que en el afán de ir al mundial se cometieron actos “éticamente cuestionables”. “Ahora pienso que no fue ético negar que en el Estadio Nacional había detenidos, pero en ese momento lo único que pensábamos era en llegar al Mundial de Alemania”, concluyó.

Sí, a pesar de todo el dolor, y de los reclamos soviéticos ante la FIFA (inclusive Bulgaria, Polonia y la Alemania Oriental amenazaron con boicotear el Mundial, cosa que finalmente no hicieron), Ñuñoa esperaba el repechaje para la Copa del Mundo Alemania 74. Pero...

Los soviéticos se negaron a viajar a Santiago, en un manifiesto repudio al régimen de Pinochet. Uno de los integrantes de aquel equipo soviético era el ucraniano Oleg Blokhin, quien no tiene buenos recuerdos de aquella eliminatoria: “Estuve presente en el 0-0 jugado en Moscú. Pero hablamos con el plantel y decidimos no jugar la revancha. No quisimos hacerlo porque estaba Pinochet en el gobierno. Para nosotros era peligroso viajar a Chile y le llevamos nuestra preocupación a la federación de fútbol. Al final se decidió abandonar la eliminatoria”. El Kremlin apoyó la decisión. Blokhin fue hasta 2006 diputado por el partido socialdemócrata de Ucrania a la vez que dirigió a la Selección nacional en Alemania 2006. Hoy es el técnico del FC Moscú.

La Federación de Fútbol de la Unión Soviética divulgó un comunicado para explicarle al mundo que no disputarían un match allí donde miles de supuestos opositores al régimen de Pinochet habían sido torturados y asesinados: “por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (...) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”, explicaba la nota difundida a través de la agencia UPI.

Ante esta negativa, un integrante del Comité Ejecutivo de la FIFA se animó a vociferar: “Si Granatkin (presidente de la federación soviética) dice que el Estadio Nacional está ocupado con detenidos, yo saco una carta en la cual el Gobierno de Chile asegura que varios días antes del 21 de noviembre ese escenario estará a disposición del fútbol”. No les importaba nada, ni la sangre, ni la tortura, ni la muerte. La farsa debía continuar.

La noticia de la suspensión del partido llegó a la selección chilena en la medianoche previa al encuentro. El delantero Carlos Caszely hoy lo recuerda: “Esperábamos en la concentración de Juan Pinto Durán cuando nos comunicaron que los soviéticos no vendrían. Todo aquello, para quienes estábamos comprometidos con la libertad era de una tristeza terrible. Los familiares de los desaparecidos se me acercaban y me pedían: ‘Chino, tu que estarás en el estadio, por favor, averíguate si está mi hijo, o mi compañero de la universidad”.


El delantero Leonardo Véliz tiene recuerdos horribles de aquella tarde del 21 de noviembre. “Fue escalofriante. Creo que aún había rastros de lo que había acontecido en los vestuarios y fue algo muy difícil de asumir”, recordó 30 años más tarde.

Desde fines de octubre ya no quedaban detenidos bajo los graderíos del estadio. A la hora señalada, Chile y el árbitro local Rafael Hormazábal salieron al campo de juego. Era puro formalismo, para obtener el paso al mundial por descalificación de los soviéticos. La parodia se completó con una banda de Carabineros tocando el himno chileno mientras se izaba la bandera nacional.

Los jugadores de rojo –qué paradoja– sacaron del medio y trotaron torpemente pasándose la pelota ante un arco vacío. Hasta que Francisco Valdés, el Chamaco, llegó a la línea y esperó a que los fotógrafos enfocasen bien para empujarla de derecha. Tremenda payasada tenía un objetivo: Chile estaría en el Mundial Alemania ’74. Para otros, se trataba de una victoria del régimen pinochetista sobre el comunismo soviético.

Después, para entretener a las 18.000 personas que habían comprado su ticket, se improvisó un amistoso ante Santos de Brasil, que estaba en Chile. En vez de festejar la clasificación a la Copa del Mundo, se volvieron a casa con la amargura de un 0-5 humillante.

Entre el público que había ido a ver Chile-Unión Soviética estaba Mena Barrales, que volvía al estadio, ahora sin cadenas ni mordazas. “Fuimos los espectadores más ‘fanáticos’. Esperamos sentados, a la fuerza, un partido que nunca se efectuó”.
Igual, Chile tuvo que esperar hasta el 5 de enero de 1974. Ese día la FIFA aprobó su participación en la Copa.

La Selección Chilena participó en el Mundial de Alemania y se despidió sin ganar ningún partido. Tampoco consiguió victorias en sus dos participaciones siguientes, España ’82 y Francia ’98. En enero de 1998, en su hogar adoptivo de Austria, Mena Barrales esperaba la Copa del Mundo de Francia. Imaginaba viajar a Saint-Etienne para ver Chile-Austria, sus tierras queridas. Pero la muerte, la misma que esquivó bajo las tribunas del Estadio Nacional, esta vez se acordó de él. Ya no existían la Unión Soviética ni la Guerra Fría. La dictadura de Augusto Pinochet se prolongó hasta el 11 de marzo de 1990.


Artículo publicado en la revista Fox Sports, en octubre de 2008. Tomado de http://arogeraldes.blogspot.com.ar/