Por Mauricio Cabrera
Margaret Thatcher siempre tuvo lo necesario para ser líder donde quiera que se parara. En su apodo de tres palabras llevaba una descripción perfecta. En ella no cabían los titubeos ni las vueltas atrás cuando tomaba una decisión. Era una mujer que mandaba con la fuerza propia del hombre y con la convicción de la mujer que ordena cada pieza de su entorno con precisión milimétrica. Su ADN resultaba tan transparente que bautizarla como Dama de Hierro fue más una consecuencia que un acto de inspirada creatividad.
A partir de sus decisiones políticas, Thatcher jugó y perdió en la Copa del Mundo México 1986. Su decisión de recuperar las Malvinas al costo que fuera trasladó la política a la cancha. Desde que las fuerzas inglesas derribaron el crucero General Belgrano del ejercito argentino, en La Pampa se lanzó una promesa de venganza que años más tarde se materializaría con la épica tramposa y divina en simultáneo de Diego Armando Maradona. A Thatcher debió importarle poco la revancha argentina. Fue derrotada en la cancha, que ignoraba salvo cuando brotaba la violencia, pero aquella jugada de guerra en 1982 fue más que un detonante para la ira argentina, también abrió las puertas de una revolución en el fútbol inglés, que a partir del thatcherismo comenzó a dejar de ser auténticamente de los obreros para pasar a las clases altas.
Las tragedias se desencadenaron con brutalidad. El 29 de mayo de 1985 el fútbol perdió 39 a 1 en la final de la Copa de Campeones en el estadio Heysel. Hooligans del Liverpool empujaron a la fanaticada rival siguiendo el manual de los estadios británicos. Lo consiguieron de la peor manera. Treinta y nueve personas murieron aplastadas. El partido, pese a los muertos que aún no llegaban al cielo, se jugó. Desde los once pasos, con esa astucia natural que tiene para aparecer en momentos de alta trascendencia política y mediática, Michel Platini marcó el gol de la victoria para Juventus.
Thatcher declaró la guerra a los hooligans, esos fanáticos extremistas que deben su mote a una riña callejera en 1898 en que destacó en el informe policial un hombre llamado Hooligan. “Hay que limpiar el fútbol inglés de los hooligans”, mencionó para iniciar una lucha de poderes que desafiaba a los grupos que reinaban el futbol desde la década de los sesenta y que resultaban intocables en los ochenta.
Pese a la promesa, Thatcher tardó en pasar de la retórica a la práctica. Sus prioridades de gobierno la distrajeron de su deber con la seguridad en los estadios. Sin embargo, en 1989, el peligro que representaban los hooligans alcanzó un punto de no retorno. La sobreventa de entradas para un partido semifinal de la FA Cup de 1989 entre Liverpool y Nottingham acabó con hooligans entrando por la fuerza al estadio. Y una vez más lo consiguieron después de aplastar contra el alambrado a quienes ya habían ingresado. Noventa y tres muertos fueron demasiada sangre como para volver a limpiarla con un paño que apostara al olvido.
Se produjo entonces el golpe que alejó a los hooligans de los estadios. Si de por sí las políticas de Thatcher siempre habían sido clasificadas de clasistas, el fútbol se convirtió en el espejo de su manera de gobernar. El Informe Taylor, nombre dado a la profunda investigación para dar con las teclas que debilitaran el poder de los hooligans, dio paso al Football Spectators Act, que como puntos centrales tenía el incremento de poder para la policía, la imposición de medidas más severas por perpetrar actos violentos en el estadio y una modernización de los mismos, que incluía la prohibición de zonas sin asientos, mejores accesos y cámaras de vigilancia para atrapar a los responsables de la violencia.
La modernización ahuyentó a los hooligans de manera definitiva. Para garantizar que las medidas se cumplieran, el Estado giró préstamos a los clubes. Estos, por presión económica y también como parte de los esfuerzos para extinguir el hooliganismo, subieron los costos de las entradas hasta en un trescientos por ciento. Y desde entonces, esos aficionados rebeldes y extremistas, provenientes en su mayoría de los sectores más bajos, se fueron diluyendo como soldados caídos en la batalla. La televisión se mantuvo como su único punto de contacto con el fútbol.
La Dama de Hierro también fue un parteaguas para el futbol británico. Los hooligans se han ido a grado tal que Manchester United analiza cómo mejorar la acústica de Old Trafford para que su estadio pese como debería hacerlo. En lo deportivo, los ingleses viven dándole vueltas al porqué su invento ha bañado de gloria a otras naciones y no a la propia. Desde Inglaterra 1966 algo empezó a torcerse, y para algunos enamorados de la naturaleza popular del juego, la culpa la tiene Margaret Thatcher por haber alejado al aficionado y, sobre todo, a ese futbolista en peligro de extinción de raíces obreras, de corazón valiente y de espíritu indomable. Su forma de gobierno también acabó imponiéndose en el fútbol.
Tomado de www.laciudaddeportiva.com
lunes, 8 de abril de 2013
jueves, 4 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
Sindicato minero inglés protesta contra nombramiento del fascista Di Canio como DT del Sunderland
Por David Moreno
SemanarioVoz.com
El nombramiento del italiano Paulo di Canio, confeso militante fascista, como técnico del Sunderland el domingo 31 de marzo generó de inmediato rechazo entre los seguidores del club inglés, cuya afición tradicional está en la combativa clase obrera.
La Asociación de Mineros de la vecina ciudad de Durham (DMA), que conserva la memoria del histórico sindicato del mismo nombre, hizo un fuerte pronunciamiento exigiendo que una de sus banderas, que adorna el estadio del club, sea devuelta a los trabajadores.
Dave Hopper, secretario general de la DMA, quien trabajó 27 años en la antigua mina de Wearmouth, donde se construyó el estadio, describió el nombramiento de Di Canio como un insulto y una traición a quienes lucharon y dieron su vida contra el fascismo.
“Nuestra bandera representa la larga lucha de los mineros de Durham por los derechos de la clase obrera, los cuales fueron aniquilados por el fascismo en Alemania, Italia, España y Chile”.
“Tenemos un compromiso sagrado con los millones de personas que fueron exterminados por Hitler, Mussolini y Franco, y nos oponemos al fascismo en cualquier lugar y contexto en que este credo maligno asome su cabeza, especialmente ahora cuando el pueblo trabajador está siendo obligado a pagar la crisis capitalista, como sucedió en Europa en los años 20 y 30”.
La DMA mantiene la tradicional Gala de los Mineros, uno de los mayores eventos del sindicalismo clasista en el mundo, que se remonta a 1871.
Las banderas del DMA son famosas en todo el mundo. La de la mina de Chopwell, por ejemplo, que representa a los tres héroes de sus trabajadores: Marx, Lenin y Keir Hardie, un socialista escocés que fue el primer líder sindical en llegar al Parlamento británico, fue obsequiada a los mineros rusos como gratitud por los alimentos que enviaron a sus colegas ingleses durante la huelga general de 1926.
SemanarioVoz.com
El nombramiento del italiano Paulo di Canio, confeso militante fascista, como técnico del Sunderland el domingo 31 de marzo generó de inmediato rechazo entre los seguidores del club inglés, cuya afición tradicional está en la combativa clase obrera.
La Asociación de Mineros de la vecina ciudad de Durham (DMA), que conserva la memoria del histórico sindicato del mismo nombre, hizo un fuerte pronunciamiento exigiendo que una de sus banderas, que adorna el estadio del club, sea devuelta a los trabajadores.
Dave Hopper, secretario general de la DMA, quien trabajó 27 años en la antigua mina de Wearmouth, donde se construyó el estadio, describió el nombramiento de Di Canio como un insulto y una traición a quienes lucharon y dieron su vida contra el fascismo.
“Nuestra bandera representa la larga lucha de los mineros de Durham por los derechos de la clase obrera, los cuales fueron aniquilados por el fascismo en Alemania, Italia, España y Chile”.
“Tenemos un compromiso sagrado con los millones de personas que fueron exterminados por Hitler, Mussolini y Franco, y nos oponemos al fascismo en cualquier lugar y contexto en que este credo maligno asome su cabeza, especialmente ahora cuando el pueblo trabajador está siendo obligado a pagar la crisis capitalista, como sucedió en Europa en los años 20 y 30”.
La DMA mantiene la tradicional Gala de los Mineros, uno de los mayores eventos del sindicalismo clasista en el mundo, que se remonta a 1871.
Las banderas del DMA son famosas en todo el mundo. La de la mina de Chopwell, por ejemplo, que representa a los tres héroes de sus trabajadores: Marx, Lenin y Keir Hardie, un socialista escocés que fue el primer líder sindical en llegar al Parlamento británico, fue obsequiada a los mineros rusos como gratitud por los alimentos que enviaron a sus colegas ingleses durante la huelga general de 1926.
jueves, 28 de marzo de 2013
"Voy a apoyar a Evo hasta el día que se vaya"
Leo Fernández, exarquero de la Selección Bolivia, y su militancia en el MAS
Por Diego Huerta
Cultura redonda
En esta primera parte de la entrevista con Leo Fernández, el ex arquero de la Selección Boliviana, nos encontramos con el costado político, el del compromiso y la militancia por el MAS. Además, la discriminación en Bolivia y el rechazo de sus ex fanáticos tras su declaración en favor del presidente, con quien hoy juega partidos en diferentes partes del país.
Un futbolista, una figura pública que tiene un pasar tranquilo. Ídolo en Santa Cruz de la Sierra, una de las ciudades más acaudaladas de Bolivia, y cerca de su retiro. ¿Qué necesidad puede tener de hacer abierta su adscripción política con las ideas de Evo Morales, el presidente del país y odiado en la tierra que lo adoptó como propio? La necesidad de la convicción, de la creencia firme, de la admiración.
Eso se desprende de las palabras de Leo Fernández, el arquero nacido en Argentina y que se hizo emblema de Oriente Petrolero. A lo largo de la charla con el ex "1" de la Selección Boliviana tocamos diferentes aspectos: su ideología, la relación con Evo Morales, el costo que tuvo para él todo eso. Y también hablamos de fútbol, de doping, del rol de la prensa deportiva y sus múltiples experiencias de vida, aunque eso quedará para la segunda entrega.
Comenzamos con su apoyo al Movimiento Al Socialismo, el partido de Evo Morales. Por eso, le preguntamos a Leo en el encuentro que tuvimos en la casa de sus padres en Valentín Alsina, cómo fue que se inició su fervor político.
"La relación con Evo es de admiración de parte mía hace muchos años a una persona que fui descubriendo más todavía. Me fue sorprendiendo gratamente y encima más. Yo pensaba que todos los políticos eran unos ladrones, que todos los que se metían a política era para robar, hoy tengo la posibilidad de estar muy cerca de él y darme cuenta la honestidad que tiene, que no se ha robado nada, porque está a la vista. Bolivia siempre fue gobernada por la gente de poder, sometiendo a los que menos tenían, sobre todo a los indígenas y a la gente más humilde, en todos esos departamentos más pobres". Las palabras de Fernández no son antojadizas, excepto pequeñas excepciones históricas, Bolivia en efecto siempre fue gobernada por un pequeño extracto oligárquico. Hasta mediados del Siglo XX, "La Rosca" (formada por las familias Patiño, Hoschild y Aramayo, que acaparaban casi el total de los bienes naturales de un país rico en productos mineros e hidrocarburos) dictaba los tiempos políticos del país. El breve lapso del Socialismo Militar y luego la Revolución de 1952 que capitalizó el MNR de Paz Estenssoro fueron eso, excepciones, en los cuales los sectores postergados había logrado tener un lugar. Ese lugar que recién volvieron a tener con Evo Morales.
"Entonces, hay un sentimiento de compromiso, yo jugué por Bolivia y defendía a todos los bolivianos, no sólo a los de Santa Cruz. A veces uno se queda con lo que es la gran ciudad y se olvida de lo que pasa a la distancia. A mí me había tocado recorrer mucho Bolivia, por haber jugado con la selección, por haber ido a distintos lugares. Conocía bastante y veía la realidad y sentía que tenía que cambiar. Me parecía que Evo era una persona que en todo caso merecía una oportunidad", continúa Leo quien agrega que lo conoció antes que fuera presidente ya que cuando él iba a Santa Cruz paraba en el hotel donde vivía el arquero. "Me acuerdo que decía con mi pareja en ese momento 'ojalá que gane este señor porque creo que lo va a hacer mejor que los otros', sin pensar en que iba a poder tener el fanatismo que hoy tengo, porque lo defiendo a capa y espada", aseguró.
Vivimos en tiempos de redes sociales. Así, fue una pequeña mención en Facebook la que terminó acercando al golero al MAS. El arquero surgido en Argentinos Juniors puso en la ideología "MAS" y una amiga paceña militante del partido le dijo que cuando Evo se enterara se iba a emocionar. "Ella se lo comenta a él y me dice 'él te admira'", explica Leo, quien agregó: "Yo todavía jugaba; y es muy difícil jugar y tomar una postura partidaria porque claro es para que te recontraputeen en Santa Cruz".
- ¿Cómo lo tomó la gente de Oriente Petrolero?
- Muy mal. Era muy duro en esa época, era muy hostil en la calle, me trataban de vendido, que cuánta plata me habían dado. Yo termino de jugar en el 2009, termina el campeonato, como no clasificamos a las finales con La Paz FC y yo ya no tenía ganas. Tenía un tema familiar con mi primer hijo, tenía más ganas de estar con él que de jugar al fútbol. Justo estaban en campaña porque en el 2009 había elecciones y decía qué hago 'lo digo o no lo digo'. Yo sabía lo que se iba a generar; siempre me invitaban amigos de izquierda a eventos y un día fui. A los dos minutos había 20 cámaras, hasta las de los programas de farándula filmándome. Dije que iba a votar por Evo; para muchos cruceños fui un traidor, pero para Evo y compañía fui una especie de antes y después. Que una persona que no tiene el perfil de lo que es el típico evista masista y en Santa Cruz diga “yo voy a votar Evo” genera que alguien pueda pensar 'pará no sólo lo vota la gente del Altiplano a Evo, también lo puede votar un rubio de Santa Cruz'.
- ¿Es muy discriminadora la gente de Santa Cruz?
- Sí, es muy discriminadora. Cambió mucho gracias a Evo por la ley en contra de la discriminación y el racismo. A él le decían “indio maldito”; en programas de radio y televisión. De hecho, hay uno detenido porque no se retractó. Vos imaginate su mentalidad; un día en un programa dice “Ese indio maldito, acá no va a poder pisar, como si fuera el dueño de Bolivia”. Claro, al final con la ley que se pone, termina siendo detenido, se tiene que retractar y es al día de hoy que no se retractó. Fijate su soberbia y su racismo que le impiden decir “estuve mal”. Todos tuvimos alguna vez una expresión racista; está mal, yo ya no lo digo, me di cuenta de lo que significaba eso. Me ha tocado ir al colegio de mi hijo a un acto y que venga un nenito a decirme “lo vi en la tele jugando con ese indio”, un nene de cinco años. Si supieras que ese indio es más honesto que yo y tu padre. Para mí cuando lo tocan al presidente, siento la necesidad de defenderlo. Veo lo que él hace por Bolivia, con mis propios ojos y veo lo que tiene, o sea nada.
El amor por un futbolista, la idolatría, es una relación muy particular. Muchas veces puede ser inquebrantable, más allá de las buenas o malas que haga el deportista en cuestión. Sin embargo, el odio en buenos sectores de Santa Cruz (uno de las ciudades de asentamiento de la oligarquía mencionada antes) es más fuerte y puso en jaque la relación del público de Oriente con Leo.
"Mucha gente que me apoyo me dice 'pucha, nosotros te apoyamos cuando te compramos y vos después nos traicionaste'. Bueno, pero ustedes me compraron para que yo jugara, no me digas que piense como vos. Bolivia estaba muy mal, era impensado que un gobernador terminara el mandato, el golpe era moneda corriente, de hecho cuando Evo gana o iba a ganar, te decían 'va a durar tres meses'. Los mismos que hoy dicen 'ah, se va a quedar toda la vida'. Yo he tenido grandes peleas con amigos, por este tema. Lo bueno es que ellos saben que el apoyo es desde siempre y que no es un oportunismo político. Yo voy a apoyar a Evo hasta el día que se vaya y si un día saca el dos por ciento de los votos, voy a pensar igual. Nunca voy a cambiar, de hecho nunca cambié. Siempre me gustaron los gobiernos que ayudan al que menos tiene, sobretodo en este caso con Evo que obra con el ejemplo, porque él no tiene nada. Siendo siete años presidente y pudiendo tener lo que quisiera no tiene nada o muy poco. Como dice él, se libró de esa tentación", nos contó el arquero a comienzos de año una soleada mañana de verano.
Cómo es Evo como persona; anécdotas
- Nos vemos una o dos veces por semana en eventos; una humildad total, es impresionante. Y uno después tiene que escuchar que él es soberbio. Yo que lo trato sé cómo es. A mí me tocó por ejemplo ir un día a una reunión con él; nos da un lugar increíble, nos pone de pares y vamos en su movilidad, helicóptero, avión y nos invita a cenar a la residencia presidencial. Ahora, yo te digo residencia presidencial, te imaginás un lugar…Y es una mesa de 2 x 2; él suele cenar solo y éramos cuatro charlando con él. No es la actitud de un tipo soberbio esa, cenar en esa mesa, tener ese trato con los demás. Como saluda al Gobernador de Cochabamba, al alcalde, saluda hasta al último cocinero, cuando a mí me dicen que es soberbio, no me cierra.
Los partidos que juega con Evo
- Cuando hay inauguraciones de coliseo, nos invita. Ha hecho coliseos (gimnasios deportivos) cinco veces más que todos los presidentes juntos en toda la historia. Él tiene un concepto del deporte integrador, dice que es salud. Y que encima los coliseos sirven para todos los deportes, para reuniones sociales, para emergencias. Yo pensaba que sólo lo hacía para el fútbol. Incluso, con fines políticos, él decía 'cuando yo jugaba en el chapal, no teníamos dónde reunirnos, utilícenlos también para debatir ideas políticas'. Entonces qué mejor cuando inaugura que ir con varios del '94. Más que nada somos tres o cuatro que empezamos, porque en política eso es importante, no es lo mismo el que viene ahora y dice “Evo, Evo” que el que lo dijo hace cinco o seis años y él lo sabe.
El Diablo Marco Antonio Etcheverry, Berty Suárez y Eduardo Jigucci han sido los primeros que se sumaron, aunque no los únicos. "Se han venido acoplando otros; Cristaldo, Platini Sánchez, que pensaba muy distinto hace unos años atrás. Él nos considera sus amigos, lo que no es poco. Lo dijo en una entrevista, estuvimos hace un mes en la fiesta de Orinoca, que es el lugar donde él nació. Compartiendo todo el día con él, nos hace sentir sus amigos", mencionó.
"Evo juega. Son desafíos; él tiene su equipo que es del Palacio Quemado, son su seguridad, todos pibes de 20 años que juegan muy bien, contra nosotros, y son partidos a muerte. A veces nos ganan; empezó perdiendo y nos ha dado vuelta la historia, nos lleva un par de partidos de ventaja. Son a todo o nada". Ese es el resumen de los partidos entre Evo y la Generación Dorada del fútbol boliviano.
De uno de los partidos que Evo jugó, se recuerda una patada que el presidente le metió a un rival. Acá, la explicación del arquero: "Ese fue una inauguración de un césped sintético y no tuvieron la mejor idea que hacer un partido contra la oposición; claro empezó el partido y de entrada le meten un planchazo mal; eso no se vio. Estuvo mal y él lo sabe, como presidente tiene que mantener la cordura. Sabe que eso se lo van a utilizar en su contra. Fue algo que aprendió y por eso juega con amigos".
- ¿Se habla de política en los planteles o es un tabú?
-Se habla. Generalmente el futbolista no sabe mucho, pero puede llegar a interesarle, como es mi caso. Yo creo que fui aprendiendo, leo; si hoy me compro un libro es de política, si regalo, también. No hay otro tema, de hecho le voy a llevar un libro que le compré al presidente, de Trotsky, espero que no lo tenga, porque le regalan de todo. Nos ha tocado en abril cuando vinimos a jugar con el Indoor, un plantel mix. Gente que no lo quiere y gente que lo queremos, que estamos con él. Las cosas que decían...me paré y me fui, porque no tenía sentido. El debate es enriquecedor, me parece bárbaro cuando hay ideas; sé que hay cosas que no estuvieron bien, que se hicieron mal, y soy el primero en reconocerlas. Pero el que no hace no se equivoca, es como el penal, no lo erra el que no lo patea. Gente que dice “Chávez, ojalá que se muera”. Qué podés charlar con esa persona. Me dan ganas de romperle la cabeza, pero prefiero pararme e irme. Y con Evo pasa lo mismo; por ejemplo te dicen “no, es un ladrón”; decime cualquier cosa, menos eso. O te dicen “narcotraficante”, el tipo más sano del mundo, y encima la otra vez sale un informe en New York Times, que dice "qué increíble Bolivia cómo ha bajado la producción de cocaína aún habiendo Evo echado a la DEA y sin haber usado la fuerza como en México o en Colombia". Vos decís cómo, se bajó las plantaciones de coca, está mejor el tema del narcotráfico, y resulta que es un narcotraficante. No tiene sentido.
La relación de Evo y otros ex futbolistas se extiende también con el vice Linera y otros altos mandatarios bolivianos. Por eso, al pregunta acerca de si en algún momento se ve en la función pública surge sola.
- No me veo. Ni aunque me lo propusiera Evo; le diría que me siento más útil desde otro lugar y que mi apoyo nunca fue con ese objetivo. De hecho, él me quiso dar un cargo, pero yo no lo había apoyado para que el me diera algo. Era para trabajar en Bolivia Deportes, una rama del Viceministerio de deportes, me cito a La Paz, después de esa campaña en que yo lo apoyo. Luego se suma Marco (Etcheverry), para las de prefecto, alguien que me supera ampliamente a mí, en cuanta a carrera. En febrero un día me suena el celular y era el viceministro de autonomías, el que ahora es el cuatro. 'Cómo le va Leo, le habla Carlos Romero, el presidente quiere hablar con usted', me dice. A todo esto, sólo había jugado un par de partidos con él, sólo habíamos compartido cancha y nada más. “Hola, cómo le va presidente, aprovecho para felicitarlo, de la campaña”, le dije y él me respondió “Me gustaría hablar con vos; te espero el martes en La Paz”. Me fui a La Paz, me recibió, estuvimos charlando solos y antes de que me dijera nada, le dije: “Mire que mi apoyo fue sin buscar nada, usted no me tiene que dar nada a mí, lo apoye porque creo que es lo mejor para Bolivia, como si un día pienso que no es lo mejor o que le falló al pueblo, también lo voy a decir”. “Yo ya sé, me gustaría que me ayudes acá”. Hubiese quedado muy “te apoyé, me diste esto”. El apoyo es incondicional, a menos que me defraude, como yo soy su amigo a menos que lo defraude a él. Así funciona con Evo. Sos su amigo, pero si le fallás, lo traicionás o le robás al Estado, se terminó la amistad y vas preso; esa es la gran diferencia que veo con el gobierno de Cristina. Qué pasa; él puede obrar con el ejemplo. Habría que revisar acá cómo son las cosas, creo que debería haber una ley más dura contra la corrupción si es que se quiere terminar con la corrupción.
- ¿Si vos votaras acá no votarías a Cristina, entonces?
- No, sí, votaría a Cristina. Y seguiría votándola, aunque le pediría eso, en nombre de mi familia y como ciudadano latinoamericano. Yo me siento de Latinoamérica y si a Chávez le pasa algo (la entrevista fue realizada en enero), se me va a caer una lágrima. Le pediría eso, que fuera más dura con los corruptos. Si un tipo va y roba un banco, va preso, si un alcalde, un prefecto o un intendente roba, le está robando a todos. Es un robo. Y es peor, porque uno que roba a todos que uno que roba un banco, para mí es peor.
Un poco de fútbol
- ¿Qué significó para vos jugar para la selección de Bolivia? ¿Fue simplemente un hecho deportivo o hay algo más, te sentís boliviano?
- Yo la verdad es que siento las cosas como son, nací en Argentina, todo lo que soy deportivamente me lo dio Bolivia en un 90 por ciento. Hoy por hoy mi vida está en Bolivia, le deseo lo mejor, me importa lo que pasa en Argentina porque está mi familia, pero uno siente más apego, cariño a Bolivia. Viven mis hijos, ellos son bolivianos, hay un cariño superior por Bolivia, no porque no quiera a Argentina, pero Bolivia es todo para mí. La verdad es que vivo preocupado porque a Bolivia le vaya bien y cuando juegan Argentina y Bolivia, quiero que gane Bolivia.
- ¿Año 2003, Monumental, partido con Argentina, suenan los himnos y qué te pasó?
- Fue algo raro. El himno argentino no lo canté, pero es una situación incómoda, hagas lo que hagas va a estar mal. El himno argentino me moviliza, cuando juega un jugador argentino o un tenista o la selección en el Mundial y Bolivia no está, quiero que gané Argentina. El himno me moviliza lo he escuchado de chico pero bueno, hoy por hoy me moviliza mucho más el himno de Bolivia que lo voy escuchando día por día por cada pueblo que me toca ir. Realmente en un país tan sufrido y golpeado que hoy está viviendo una oportunidad histórica, me siento mucho más identificado. Me pega más el himno boliviano que el argentino.
- ¿Cómo fue tu paso por la Selección; cómo es la experiencia de jugar en un equipo que cambia radicalmente su libreto cuando juega de visitante con respecto al que hace de local? Imagino que debe traer problemas.
- Sí, y termina perjudicando. Porque pareciera que hay que ganar de local y que de visitante no importa. Al final, últimamente le ha ido mejor de visitante que de local. A Argentina lo ha complicado de visitante y le ha tocado golearlo en La Paz. Sí, es verdad que son esquemas totalmente distintos. No es fácil jugar en La Paz en el sentido de que últimamente, por el sistema de eliminatorias, hay muchos compañeros que juegan en el exterior y que llegan tan o menos aclimatados que algunos visitantes. Por ejemplo me ha pasado cuando estaba en Chacarita, de ir a jugar y que Paraguay llevaba 30 días entrenando en La Paz y yo llegué tres días antes.
- Por ejemplo, Moreno Martins que juega en el exterior. ¿Pensás que le puede afectar?
- Sí, le afecta. Además, hay jugadores que le afecta más que otros. Yo no tenía problemas. Por ejemplo hoy que me toca jugar en todo Bolivia, a mis 39 años jugamos en Orinoca, la ciudad de Evo, tiene 3800 metros y la verdad es que a mí no me afecto y yo sigo viviendo en Santa Cruz, que es un lugar del llano.
Tomado de www.culturaredonda.com.ar
lunes, 25 de marzo de 2013
Un hincha del Athletic en una cárcel de Marruecos
Dos observadores internacionales quieren enviar una camiseta del club vasco a un saharaui condenado a cadena perpetua
Por Javier Ortiz de Lazcano
Canal Athletic
El Tribunal Militar Permanente de Rabat dictó una de las más duras sentencias de su historia el pasado 19 de febrero. Veinticuatro activistas saharauis fueron condenados. La mayoría a 20 años de cárcel. Nueve, a cadena perpetua. Entre los últimos estaba Abdeljalil Larusi, taxista de 34 años de El Aaiún, seguidor del Athletic y a quien las autoridades marroquíes habían impedido registrar una peña del equipo bilbaíno en la capital del Sáhara Occidental. Hubiera sido la primera agrupación rojiblanca en una ciudad africana que no sean las españolas Ceuta y Melilla. Larusi es un activista saharaui en favor de los derechos humanos y formó parte de uno de los comités en los que estaba organizado el campamento de Gdeim Izik, que fue desmantelado violentamente por el Ejército y la Policía marroquíes el 8 de noviembre de 2010.
El asentamiento, que reunió a 20.000 saharauis, se levantó a unos 15 kilómetros de El Aaiún para reclamar mejores condiciones económicas y sociales a Marruecos. Los activistas denuncian que en su desalojo hubo dos muertos entre los suyos, uno de ellos un niño de 14 años. Por parte de los marroquíes hubo al menos tres fallecidos, pero, según observadores internacionales, su Gobierno hace variar la cifra una y otra vez. Larusi fue detenido el 12 de noviembre de 2010 en Bojador (Sahara Occidental), acusado de haber participado en los altercados. Según las asociaciones de derechos humanos saharauis, fue sometido a diversas formas de tortura psicológica y física, desnudado y esposado con los ojos vendados durante más de cuatro días y colgado de un palo suspendido en el aire. Además, denuncian, sufrió golpes en todo su cuerpo, le aplicaron descargas eléctricas, le arrancaron el pelo y amenazaron con violarle y traer a su esposa para violarla delante de él.
Juan Soroeta, profesor de Derecho Internacional en la facultad de Derecho de la UPV de San Sebastián, y Arantza Chacón, jurista vitoriana que trabaja en cooperación internacional, acudieron al juicio como miembros de la Asociación Internacional para la Observación de los Derechos Humanos. «No existe prueba alguna que vincule a los acusados con las supuestas víctimas (entre 9 y 23 según las cifras manejadas por el propio Gobierno marroquí a lo largo del proceso), de las que ni siquiera se practicaron autopsias, no hay armas, no hay huellas, no se confiscaron los vehículos con los que supuestamente atropellaron a las fuerzas del orden, no hay vídeo concluyente alguno. Nada que explique quién asesino a quién, en qué circunstancias, a qué hora, de qué forma, atropellados o con armas blancas», escribieron en 'El Diario Vasco'.
Discriminación
Hubo un momento del juicio que llamó la atención de Soroeta y Chacón. Larusi testificaba ante el tribunal y quería poner en evidencia que en El Aaiún el Gobierno marroquí no respetaba sus derechos individuales. «Soy seguidor del Athletic. Un grupo de personas quisimos hacer una peña de ese equipo en El Aaiún. Todo iba bien hasta que llevamos los nombres al registro y apareció el mío entre las firmas. Ése fue motivo suficiente para que se rechazara la inscripción de la peña. Es un ejemplo más de la discriminación que sufrimos», explicó.
Para Soroeta y Chacón lo cotidiano de ese episodio simboliza la falta de derechos civiles de los saharauis. Ahora se han marcado como objetivo hacerse con una camiseta del Athletic que firmen los jugadores de la primera plantilla para entregársela a Larusi en la prisión de Rabat. «Será una sorpresa. Queremos darle una pequeña alegría, sacarle una pequeña sonrisa», relatan.
El 17 de febrero fue condenado a cadena perpetua. Como el resto de activistas de derechos humanos saharauis proclamó ante el tribunal que su lucha es pacífica y denunció que no le estaban juzgando a él sino al pueblo saharaui. Abdeljalil Larusi es padre de dos niños y en estos momentos cumple condena en la cárcel de Sale (Rabat).
El Tribunal Militar Permanente de Rabat dictó una de las más duras sentencias de su historia el pasado 19 de febrero. Veinticuatro activistas saharauis fueron condenados. La mayoría a 20 años de cárcel. Nueve, a cadena perpetua. Entre los últimos estaba Abdeljalil Larusi, taxista de 34 años de El Aaiún, seguidor del Athletic y a quien las autoridades marroquíes habían impedido registrar una peña del equipo bilbaíno en la capital del Sáhara Occidental. Hubiera sido la primera agrupación rojiblanca en una ciudad africana que no sean las españolas Ceuta y Melilla. Larusi es un activista saharaui en favor de los derechos humanos y formó parte de uno de los comités en los que estaba organizado el campamento de Gdeim Izik, que fue desmantelado violentamente por el Ejército y la Policía marroquíes el 8 de noviembre de 2010.
El asentamiento, que reunió a 20.000 saharauis, se levantó a unos 15 kilómetros de El Aaiún para reclamar mejores condiciones económicas y sociales a Marruecos. Los activistas denuncian que en su desalojo hubo dos muertos entre los suyos, uno de ellos un niño de 14 años. Por parte de los marroquíes hubo al menos tres fallecidos, pero, según observadores internacionales, su Gobierno hace variar la cifra una y otra vez. Larusi fue detenido el 12 de noviembre de 2010 en Bojador (Sahara Occidental), acusado de haber participado en los altercados. Según las asociaciones de derechos humanos saharauis, fue sometido a diversas formas de tortura psicológica y física, desnudado y esposado con los ojos vendados durante más de cuatro días y colgado de un palo suspendido en el aire. Además, denuncian, sufrió golpes en todo su cuerpo, le aplicaron descargas eléctricas, le arrancaron el pelo y amenazaron con violarle y traer a su esposa para violarla delante de él.
Juan Soroeta, profesor de Derecho Internacional en la facultad de Derecho de la UPV de San Sebastián, y Arantza Chacón, jurista vitoriana que trabaja en cooperación internacional, acudieron al juicio como miembros de la Asociación Internacional para la Observación de los Derechos Humanos. «No existe prueba alguna que vincule a los acusados con las supuestas víctimas (entre 9 y 23 según las cifras manejadas por el propio Gobierno marroquí a lo largo del proceso), de las que ni siquiera se practicaron autopsias, no hay armas, no hay huellas, no se confiscaron los vehículos con los que supuestamente atropellaron a las fuerzas del orden, no hay vídeo concluyente alguno. Nada que explique quién asesino a quién, en qué circunstancias, a qué hora, de qué forma, atropellados o con armas blancas», escribieron en 'El Diario Vasco'.
Desmantelamiento
Policía y Ejército: Marruecos desalojó de forma violenta el asentamiento de Gdeim Izik, en el que vivían 20.000 saharauis. Murieron dos, uno de ellos menor. Ebn la parte marroquí hubo tres fallecidos, pero el Gobierno cambia la cifra una y otra vez.
Maltrato a Larusi
Antes de la condena: Según las asociaciones humanitarias saharauis, Larusi fue torturado física y psicológicamente. Le vendaron los ojos y le mantuvieron colgado de un palo durante cuatro días.
Publicado originalmente el 18 de marzo en canalathletic.com
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