miércoles, 6 de marzo de 2013
Chávez fue un aliado del fútbol suramericano: Conmebol
La entidad resaltó la exitosa realización de la Copa América 2007 en Venezuela
El líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías, mandatario que durante su gestión se destacó por impulsar el deporte venezolano, fue un "aliado del fútbol suramericano", expresó la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol), tras conocer el fallecimiento del presidente venezolano.
"Con su carisma, Hugo Chávez se convirtió en un aliado del fútbol sudamericano y dejó como herencia el valor que tiene el fútbol como responsabilidad social y convivencia pacífica entre todos los hombres", indicó el máximo ente del fútbol suramericano, mediante una carta enviada a Federación Venezolana de Fútbol.
En el texto donde el organismo expresa sus condolencias al pueblo venezolano, la Confederación destacó el gran trabajo organizativo de nuestro país después de albergar con éxito la Copa América 2007, torneo de fútbol de selecciones realizado en Venezuela.
"Esta Confederación quiere recordar con enorme gratitud el gesto del entonces presidente de la nación bolivariana, en apostar por el fútbol de su país y continental, con la organización de la Copa América Venezuela 2007", reseñó la misiva.
Fuente: Radiomundial.com.ve
¡Hasta siempre comandante!
Estrellas del deporte venezolano, de luto por el fallecimiento del presidente Chávez
Atletas y autoridades deportivas venezolanas manifestaron su pesar por el deceso del presidente Hugo Chávez, ocurrido la víspera en el Hospital Militar de esta capital.
El esgrimista, ganador de la segunda medalla de oro para Venezuela en Olimpiadas, Rubén Limardo, escribió en su cuenta de la red social Twitter: Mi presidente donde quieras que estés siempre estaré orgulloso de usted. Gracias por apoyarme a lograr el gran sueño olímpico.
Venezuela se siente orgullosa de ti, que Dios lo tenga en la gloria. Chávez corazón de guerrero, agregó.
Ante la muerte del Jefe de Estado, el también esgrimista olímpico, Silvio Fernández, escribió: “Los hombres sólo mueren cuando no permanecen en el recuerdo de los que viven. Chávez es inmortal, su fuerza vive en todos los revolucionarios”.
íNuestro comandante seguirá siendo Chávez, nuestro norte el socialismo. Ya aprendimos la lección. No crean en cuentos de camino, Venezuela es otra!, añadió.
Por su parte, la ciclista que participó en cinco Juegos Olímpicos, Daniela Larreal, dijo: “Todo el país llora tu partida, fuiste y serás el mejor Presidente que ha parido Venezuela, mis condolencias a su Familia”.
Asimismo, el pedalista, Miguel Ubeto, expresó su dolor por la muerte del mandatario: “Me siento triste por la temprana partida hacia la inmortalidad del Comandante Chávez, pero también me siento fortalecido porque nos dejo una patria pujante”, escribió.
“El deporte venezolano te da las gracias Hugo Chávez por tanto apoyo, por siempre Generación de oro!”, manifestó la ciclista Angie González.
Igualmente, en el gremio futbolístico lamentaron el fallecimiento del gobernante jugadores de la Vinotinto como Tomás Rincón, Roberto Rosales o el director técnico, César Farías.
“Compartí pocos momentos con el Presidente, pero emotivos por los éxitos de la Selección, paz a sus restos y condolencias a sus familiares”, escribió Farías en su Twitter.
De igual modo, el piloto venezolano de Fórmula 1, Pastor Maldonado, expresó: “Me uno en este profundo dolor por el que estamos pasando todos los venezolanos, mi pesar a la familia Chávez y a toda Venezuela”.
A las numerosas voces del ámbito deportivo que lamentaron el deceso del Jefe de Estado, se unió al duelo nacional la junta directiva del Comité Olímpico Venezolano, la cual expresó también sus más sinceras condolencias a los familiares del mandatario.
Peloteros venezolanos lamentan deceso de Chávez
La selección de béisbol de Venezuela estaba calentando para su partido contra los Marlins cuando los jugadores recibieron la noticia de que el presidente Hugo Chávez había muerto.
“Era un hombre de béisbol”, dijo el manager Luis Sojo luego de que su equipo perdió 6-5 ante Miami en el partido de preparación para el Clásico Mundial de Béisbol. “En el Clásico Mundial de Béisbol de 2006 y 2009, la primera llamada en la mañana era de él. Y después del partido, también solía llamar”.
A diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, en Venezuela el béisbol y no el fútbol es el deporte número uno. El mandatario habitualmente hacía un alto en sus actividades presidenciales para jugar al béisbol en compañía de jefes militares y ministros.
“No es fácil enterarse de esta situación estando tan lejos de casa, pero igual nos sentimos afectados. Estamos conscientes de la responsabilidad que tenemos para con el país, pero igual nos tomamos el tiempo de enviarle a la familia Chávez nuestras más sinceras condolencias por la partida del presidente Chávez”, agregó el estratega.
“Es triste lo que está pasando a nuestro país”, dijo el primera base Miguel Cabrera. “Mandamos nuestras condolencias a su familia. Es algo que no le deseas a nadie”.
“No sé cómo esté su familia en estos momentos. Ya no está con nosotros, es muy triste. No puedo comentar mucho sobre eso porque siento mucho dolor y no estoy ahí en Venezuela”.
El pitcher Carlos Zambrano dijo que esperaba que sus compatriotas se mantengan unidos.
“Le pido al pueblo venezolano que conserve la calma”, dijo Zambrano. “Tenemos que entender que el presidente tenía una familia. Es un ser humano y es algo triste. Le enviamos nuestras condolencias a la familia Chávez. Sabemos que es un momento difícil. Esto nos cayó de sorpresa”.
Fuente: Cubadebate
Atletas y autoridades deportivas venezolanas manifestaron su pesar por el deceso del presidente Hugo Chávez, ocurrido la víspera en el Hospital Militar de esta capital.
El esgrimista, ganador de la segunda medalla de oro para Venezuela en Olimpiadas, Rubén Limardo, escribió en su cuenta de la red social Twitter: Mi presidente donde quieras que estés siempre estaré orgulloso de usted. Gracias por apoyarme a lograr el gran sueño olímpico.
Venezuela se siente orgullosa de ti, que Dios lo tenga en la gloria. Chávez corazón de guerrero, agregó.
Ante la muerte del Jefe de Estado, el también esgrimista olímpico, Silvio Fernández, escribió: “Los hombres sólo mueren cuando no permanecen en el recuerdo de los que viven. Chávez es inmortal, su fuerza vive en todos los revolucionarios”.
íNuestro comandante seguirá siendo Chávez, nuestro norte el socialismo. Ya aprendimos la lección. No crean en cuentos de camino, Venezuela es otra!, añadió.
Por su parte, la ciclista que participó en cinco Juegos Olímpicos, Daniela Larreal, dijo: “Todo el país llora tu partida, fuiste y serás el mejor Presidente que ha parido Venezuela, mis condolencias a su Familia”.
Asimismo, el pedalista, Miguel Ubeto, expresó su dolor por la muerte del mandatario: “Me siento triste por la temprana partida hacia la inmortalidad del Comandante Chávez, pero también me siento fortalecido porque nos dejo una patria pujante”, escribió.
“El deporte venezolano te da las gracias Hugo Chávez por tanto apoyo, por siempre Generación de oro!”, manifestó la ciclista Angie González.
Igualmente, en el gremio futbolístico lamentaron el fallecimiento del gobernante jugadores de la Vinotinto como Tomás Rincón, Roberto Rosales o el director técnico, César Farías.
“Compartí pocos momentos con el Presidente, pero emotivos por los éxitos de la Selección, paz a sus restos y condolencias a sus familiares”, escribió Farías en su Twitter.
De igual modo, el piloto venezolano de Fórmula 1, Pastor Maldonado, expresó: “Me uno en este profundo dolor por el que estamos pasando todos los venezolanos, mi pesar a la familia Chávez y a toda Venezuela”.
A las numerosas voces del ámbito deportivo que lamentaron el deceso del Jefe de Estado, se unió al duelo nacional la junta directiva del Comité Olímpico Venezolano, la cual expresó también sus más sinceras condolencias a los familiares del mandatario.
Peloteros venezolanos lamentan deceso de Chávez
La selección de béisbol de Venezuela estaba calentando para su partido contra los Marlins cuando los jugadores recibieron la noticia de que el presidente Hugo Chávez había muerto.
“Era un hombre de béisbol”, dijo el manager Luis Sojo luego de que su equipo perdió 6-5 ante Miami en el partido de preparación para el Clásico Mundial de Béisbol. “En el Clásico Mundial de Béisbol de 2006 y 2009, la primera llamada en la mañana era de él. Y después del partido, también solía llamar”.
A diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, en Venezuela el béisbol y no el fútbol es el deporte número uno. El mandatario habitualmente hacía un alto en sus actividades presidenciales para jugar al béisbol en compañía de jefes militares y ministros.
“No es fácil enterarse de esta situación estando tan lejos de casa, pero igual nos sentimos afectados. Estamos conscientes de la responsabilidad que tenemos para con el país, pero igual nos tomamos el tiempo de enviarle a la familia Chávez nuestras más sinceras condolencias por la partida del presidente Chávez”, agregó el estratega.
“Es triste lo que está pasando a nuestro país”, dijo el primera base Miguel Cabrera. “Mandamos nuestras condolencias a su familia. Es algo que no le deseas a nadie”.
“No sé cómo esté su familia en estos momentos. Ya no está con nosotros, es muy triste. No puedo comentar mucho sobre eso porque siento mucho dolor y no estoy ahí en Venezuela”.
El pitcher Carlos Zambrano dijo que esperaba que sus compatriotas se mantengan unidos.
“Le pido al pueblo venezolano que conserve la calma”, dijo Zambrano. “Tenemos que entender que el presidente tenía una familia. Es un ser humano y es algo triste. Le enviamos nuestras condolencias a la familia Chávez. Sabemos que es un momento difícil. Esto nos cayó de sorpresa”.
Fuente: Cubadebate
miércoles, 27 de febrero de 2013
Cuba es mundialista
La selección juvenil cubana clasificó al Mundial de Turquía y enfrentará a Estados Unidos en la semifinal del torneo sub 20 de la Concacaf
Cuba logró su clasificación a la Copa Mundial Sub 20 de la FIFA Turquía 2013 al derrotar por 2-1 a Costa Rica en los cuartos de final de la eliminatoria de la Concacaf que se disputa en la ciudad mexicana de Puebla.
Aricheell Hernández anotó dos goles para Cuba, el primero para darle ventaja en el minuto 12 y el segundo en el 81 para entregarle a su selección una clasificación histórica para el Mundial de esta categoría, que se jugará este año en Turquía.
Costa Rica, dirigida por Jafet Soto, tuvo una reacción en el primer tiempo que le supuso empatar en el minuto 40 por intermedio de David Ramírez, pero al final se vio superada por un rival superior que le impuso las condiciones todo el partido.
Cuba se sumó en la clasificación mundialista a su similar de Estados Unidos, que derrotó en el primer partido de esta jornada a Canadá por 4-2.
El Salvador ante Panamá y México con Jamaica se jugarán este miércoles la clasificación al Mundial al completar los cuartos de final de esta eliminatoria que reunió a doce selecciones y que terminará el próximo 3 de marzo.
Con información de la FIFA
Cuba logró su clasificación a la Copa Mundial Sub 20 de la FIFA Turquía 2013 al derrotar por 2-1 a Costa Rica en los cuartos de final de la eliminatoria de la Concacaf que se disputa en la ciudad mexicana de Puebla.
Aricheell Hernández anotó dos goles para Cuba, el primero para darle ventaja en el minuto 12 y el segundo en el 81 para entregarle a su selección una clasificación histórica para el Mundial de esta categoría, que se jugará este año en Turquía.
Costa Rica, dirigida por Jafet Soto, tuvo una reacción en el primer tiempo que le supuso empatar en el minuto 40 por intermedio de David Ramírez, pero al final se vio superada por un rival superior que le impuso las condiciones todo el partido.
Cuba se sumó en la clasificación mundialista a su similar de Estados Unidos, que derrotó en el primer partido de esta jornada a Canadá por 4-2.
El Salvador ante Panamá y México con Jamaica se jugarán este miércoles la clasificación al Mundial al completar los cuartos de final de esta eliminatoria que reunió a doce selecciones y que terminará el próximo 3 de marzo.
Con información de la FIFA
sábado, 23 de febrero de 2013
"Yo le negué la mano a Pinochet": Carlos Caszely
‘Los rebeldes del fútbol’ muestra la vida y los hechos de cinco futbolistas que se atrevieron a enfrentar al establecimiento y salieron victoriosos. Acá, la cruda y desgarradora historia del chileno Carlos Caszely, figura de Colo Colo y su selección en los años 70 y 80.
Por Fernando Araújo Vélez
El Espectador
Y de pronto, luego de una pelota de fútbol, de aquellas viejas pelotas de fútbol en blanco y negro, aparecían tomas de aviones que bombardeaban, de bombas que caían, de fuego que incendiaba, de hombres que morían. Imágenes de tragedia y muerte. Salvador Allende decía por la radio que moriría, si era necesario, por defender la causa de aquellos que habían votado por él. Y murió, claro. Tenía que morir. Y de nuevo las bombas y los aviones, el dolor, el reguero de sangre que luego cantarían algunos como Pablo Milanés: “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentado, y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los ausentes”. Algunos, como Silvio Rodríguez: “Eso no está muerto, no me lo mataron, ni con la distancia ni con el vil soldado”.
Luego surgía Carlos Caszely. El bigote de siempre, ahora un poco canoso. Unos kilos de más, la misma sonrisa humilde de antes y el mismo eterno dolor más allá de su mirada. Surgía para decir, como antes, como siempre, que lo que ocurrió fue el horror, que el 11 de septiembre de 1973 será el día que ningún chileno podrá olvidar. Después callaba y las imágenes volvían a lastimar. “Fue el remedo de fútbol más grande que vi en mi vida, la escena más absurda de un juego. Ni siquiera en el barrio viví yo un solo día tan estúpido, tan vacío, tan mentiroso”. Hablaba de un partido de fútbol en el Estadio Nacional que avalaron y promovieron la Fifa, el gobierno de Augusto Pinochet, los empresarios de la televisión, los organizadores de la Copa del Mundo de Alemania 1974, los vecinos, los periodistas.
Ahí, en el Estadio Nacional de Santiago habían matado a Víctor Jara, Te recuerdo, Amanda, y ahí habían desaparecido a cientos, a miles que mostraban las imágenes, miles angustiados, temerosos, rebeldes también. Ahí, al Estadio Nacional, barrio de Ñuñoa, Santiago de Chile, el 12 de septiembre de 1973 habían comenzado a llevar a todos los “sospechosos” de allendismo que hubiera en la ciudad. Allende había fallecido un día antes, durante la toma del Palacio de la Moneda, junto a varios otros de sus seguidores. Se suicidó, dijeron. Lo asesinaron, replicaron. Murió, informó, lacónico, el Gobierno, y cubrió con un manto de silencio lo ocurrido.
Los militares iban por las calles y detenían a cualquiera que, manifiestamente, no fuera partidario del nuevo régimen. Primero los poetas, los músicos, los escritores y los filósofos, los estudiantes y los profesores. Después, los obreros. Los torturaban para que dieran nombres, teléfonos, direcciones, y luego los enviaban al Nacional. Cuando una expedición de la Fifa aprobó las condiciones, a muchos de los detenidos se los habían llevado a los sótanos del estadio, custodiados con metralletas para que no alzaran la voz. Atilio D’Almeida y Helmuth Kaeser dijeron sí, se puede jugar acá, sin haber mirado hacia los costados. Chile había accedido a la instancia decisiva de las eliminatorias para la Copa del Mundo de Alemania luego de haber vencido en un partido extra a Perú.
Debía enfrentar a la Unión Soviética, que obtuvo su derecho luego de derrotar a Francia. El partido de ida debía jugarse en Moscú el 26 de septiembre. El de vuelta, en Santiago, el 21 de noviembre. Los chilenos intensificaban su preparación para la serie cuando Pinochet se tomó el poder. “Ese día yo fui a entrenar. Todo era humo, sangre, ruido. A mí me detuvieron como 10 veces los militares, pero veían el bolso de la selección de Chile y me dejaban pasar”, le recordó luego a Pablo Aro el defensa Eduardo Herrera. Todo era humo y sangre y muerte. Todo era miedo. Así viajaron los chilenos para enfrentar a los soviéticos en Moscú, donde los periódicos escribían y gritaban que Chile masacraba, que Chile desaparecía gente, que Chile torturaba.
El marcador quedó en ceros. Augusto Pinochet y los suyos y miles de ingenuos ignorantes celebraron. Pero el humo y la muerte seguían, y el Estadio Nacional era un hervidero de miedos. Gregorio Mena Barrales, gobernador de Puente Alto, una localidad cercana a Santiago, recordaba que “todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas... Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban”. Los obligaban a firmar un documento declarando “no haber recibido malos tratos en el Estadio” (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer. La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. “Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de la legitimidad constitucional. Sin embargo, cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados. Con el correr de los días las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas...”.
Todo valía. El fin justificaba los medios, y los medios eran aberrantes. El gobierno de los militares ponía las condiciones. La Fifa las avalaba. El pueblo callaba. La prensa era condescendiente. Encubría. Limpiaba la sangre. Asistía a la fiesta de los criminales. Pocos días antes del juego determinante, los soviéticos decidieron no ir a Santiago. “Yo estuve presente en el 0-0 jugado en Moscú —explicaría Oleg Blokhin, la figura excluyente de los soviéticos—. Pero hablamos con el plantel y decidimos no jugar la revancha. No quisimos hacerlo porque estaba Pinochet en el gobierno. Para nosotros era peligroso viajar a Chile y le llevamos nuestra preocupación a la federación de fútbol. Al final se decidió abandonar la eliminatoria”.
La federación emitió un comunicado difundido por la United Press International: “Por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (…) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la Fifa, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la Fifa”.
El día del partido, 21 de noviembre de 1973, los diarios anunciaron la clasificación a grandes titulares. Los jugadores se sentían atrapados. Ya no podían renunciar a nada, pero la gente se les acercaba y les pedía por la liberación de un primo, de un hijo, del amigo. Y en el vestuario, en la tarde del juego, percibían un lejano olor a muerte y a sangre y a humo. “Fue escalofriante —recordó 30 años más tarde Leonardo Veliz—. Creo que aún había rastros de lo que había acontecido en los vestuarios y fue algo muy difícil de asumir. La jornada se inició con el himno nacional y el seleccionado chileno formado ante la bandera. Luego, sobre las cinco de la tarde, “eran las cinco de la tarde”, como escribiera García Lorca, el árbitro, Francisco Hormazábal, dio la orden para que se iniciara la parodia.
Los chilenos sacaron del medio del campo. Hicieron varios toques, se aproximaron, hasta que Francisco Valdez anotó, sonriendo para que los fotógrafos registraran la escena. Sonriendo para que decenas de miles olvidaran. Sonriendo para firmar una mediocre y sangrienta obra de fútbol. A las pocas horas el presidente les envió un comunicado de felicitación y los invitó al Palacio. “Todo era pompa, ceremonia, solemnidad”, diría Caszely. “De repente, se abrió una gran puerta y apareció Augusto Pinochet, de gafas oscuras y su uniforme, impecable”. Caszely echó sus brazos hacia atrás y entrelazó sus manos, pensando en las víctimas, recordando a quienes le suplicaban que intercediera por éste o aquél.
“Cuando me llegó el turno de saludar, yo apreté mis manos. Pinochet no tuvo más remedio que seguir de largo”, recordó. Meses más tarde, el dictador se vengaría. Hubo entonces un corte en la película, y una transición llevó la imagen hacia Éric Cantona, quien explicó que por aquellos años Carlos Caszely era el gran ídolo de los chilenos. Todo se le permitía. Todo se le aplaudía. Luego la trama pasó hacia 1990, el año del plebiscito que decidiría el futuro de Chile. Hubo campañas sórdidas para que el pueblo votara por el sí a Pinochet y al continuismo, y campañas abnegadas por el no. En una de ellas, emitida por televisión, se veía a una señora que relataba cómo a finales del 73 y comienzos del 74 los militares la habían detenido por orden directa de Augusto Pinochet. “Fueron tantas las vejaciones y las torturas que tuve que sufrir, que yo no he querido ni contarlas por respeto a mis hijos y a mi esposo”.
En seguida, la cámara del comercial enfocaba a Carlos Caszely, quien caminaba y se dirigía hacia la señora. Entonces la abrazaba y decía: “Yo voto por el no por múltiples razones, por el futuro y la democracia, y también, porque esta señora que está acá es mi madre”.
Por Fernando Araújo Vélez
El Espectador
Y de pronto, luego de una pelota de fútbol, de aquellas viejas pelotas de fútbol en blanco y negro, aparecían tomas de aviones que bombardeaban, de bombas que caían, de fuego que incendiaba, de hombres que morían. Imágenes de tragedia y muerte. Salvador Allende decía por la radio que moriría, si era necesario, por defender la causa de aquellos que habían votado por él. Y murió, claro. Tenía que morir. Y de nuevo las bombas y los aviones, el dolor, el reguero de sangre que luego cantarían algunos como Pablo Milanés: “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentado, y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los ausentes”. Algunos, como Silvio Rodríguez: “Eso no está muerto, no me lo mataron, ni con la distancia ni con el vil soldado”.
Luego surgía Carlos Caszely. El bigote de siempre, ahora un poco canoso. Unos kilos de más, la misma sonrisa humilde de antes y el mismo eterno dolor más allá de su mirada. Surgía para decir, como antes, como siempre, que lo que ocurrió fue el horror, que el 11 de septiembre de 1973 será el día que ningún chileno podrá olvidar. Después callaba y las imágenes volvían a lastimar. “Fue el remedo de fútbol más grande que vi en mi vida, la escena más absurda de un juego. Ni siquiera en el barrio viví yo un solo día tan estúpido, tan vacío, tan mentiroso”. Hablaba de un partido de fútbol en el Estadio Nacional que avalaron y promovieron la Fifa, el gobierno de Augusto Pinochet, los empresarios de la televisión, los organizadores de la Copa del Mundo de Alemania 1974, los vecinos, los periodistas.
Ahí, en el Estadio Nacional de Santiago habían matado a Víctor Jara, Te recuerdo, Amanda, y ahí habían desaparecido a cientos, a miles que mostraban las imágenes, miles angustiados, temerosos, rebeldes también. Ahí, al Estadio Nacional, barrio de Ñuñoa, Santiago de Chile, el 12 de septiembre de 1973 habían comenzado a llevar a todos los “sospechosos” de allendismo que hubiera en la ciudad. Allende había fallecido un día antes, durante la toma del Palacio de la Moneda, junto a varios otros de sus seguidores. Se suicidó, dijeron. Lo asesinaron, replicaron. Murió, informó, lacónico, el Gobierno, y cubrió con un manto de silencio lo ocurrido.
Los militares iban por las calles y detenían a cualquiera que, manifiestamente, no fuera partidario del nuevo régimen. Primero los poetas, los músicos, los escritores y los filósofos, los estudiantes y los profesores. Después, los obreros. Los torturaban para que dieran nombres, teléfonos, direcciones, y luego los enviaban al Nacional. Cuando una expedición de la Fifa aprobó las condiciones, a muchos de los detenidos se los habían llevado a los sótanos del estadio, custodiados con metralletas para que no alzaran la voz. Atilio D’Almeida y Helmuth Kaeser dijeron sí, se puede jugar acá, sin haber mirado hacia los costados. Chile había accedido a la instancia decisiva de las eliminatorias para la Copa del Mundo de Alemania luego de haber vencido en un partido extra a Perú.
Debía enfrentar a la Unión Soviética, que obtuvo su derecho luego de derrotar a Francia. El partido de ida debía jugarse en Moscú el 26 de septiembre. El de vuelta, en Santiago, el 21 de noviembre. Los chilenos intensificaban su preparación para la serie cuando Pinochet se tomó el poder. “Ese día yo fui a entrenar. Todo era humo, sangre, ruido. A mí me detuvieron como 10 veces los militares, pero veían el bolso de la selección de Chile y me dejaban pasar”, le recordó luego a Pablo Aro el defensa Eduardo Herrera. Todo era humo y sangre y muerte. Todo era miedo. Así viajaron los chilenos para enfrentar a los soviéticos en Moscú, donde los periódicos escribían y gritaban que Chile masacraba, que Chile desaparecía gente, que Chile torturaba.
El marcador quedó en ceros. Augusto Pinochet y los suyos y miles de ingenuos ignorantes celebraron. Pero el humo y la muerte seguían, y el Estadio Nacional era un hervidero de miedos. Gregorio Mena Barrales, gobernador de Puente Alto, una localidad cercana a Santiago, recordaba que “todos los días dejaban libres a veinte, cincuenta personas... Los llamaban por los altavoces. Los encuestaban”. Los obligaban a firmar un documento declarando “no haber recibido malos tratos en el Estadio” (aunque algunos aún lucieran muestras de las torturas y los golpes). Todos firmaban, era el precio que había que pagar. Muchos volvieron a caer. La mayoría de ellos se incorporaba a la lucha clandestina. “Todos esperábamos oír nuestro nombre alguna vez en las ‘Listas de Libertad’, era lógico y legítimo. No éramos culpables de otra cosa que la de ser defensores de la legitimidad constitucional. Sin embargo, cerca de mil quinientos nunca fuimos llamados. Con el correr de los días las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas...”.
Todo valía. El fin justificaba los medios, y los medios eran aberrantes. El gobierno de los militares ponía las condiciones. La Fifa las avalaba. El pueblo callaba. La prensa era condescendiente. Encubría. Limpiaba la sangre. Asistía a la fiesta de los criminales. Pocos días antes del juego determinante, los soviéticos decidieron no ir a Santiago. “Yo estuve presente en el 0-0 jugado en Moscú —explicaría Oleg Blokhin, la figura excluyente de los soviéticos—. Pero hablamos con el plantel y decidimos no jugar la revancha. No quisimos hacerlo porque estaba Pinochet en el gobierno. Para nosotros era peligroso viajar a Chile y le llevamos nuestra preocupación a la federación de fútbol. Al final se decidió abandonar la eliminatoria”.
La federación emitió un comunicado difundido por la United Press International: “Por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (…) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la Fifa, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la Fifa”.
El día del partido, 21 de noviembre de 1973, los diarios anunciaron la clasificación a grandes titulares. Los jugadores se sentían atrapados. Ya no podían renunciar a nada, pero la gente se les acercaba y les pedía por la liberación de un primo, de un hijo, del amigo. Y en el vestuario, en la tarde del juego, percibían un lejano olor a muerte y a sangre y a humo. “Fue escalofriante —recordó 30 años más tarde Leonardo Veliz—. Creo que aún había rastros de lo que había acontecido en los vestuarios y fue algo muy difícil de asumir. La jornada se inició con el himno nacional y el seleccionado chileno formado ante la bandera. Luego, sobre las cinco de la tarde, “eran las cinco de la tarde”, como escribiera García Lorca, el árbitro, Francisco Hormazábal, dio la orden para que se iniciara la parodia.
Los chilenos sacaron del medio del campo. Hicieron varios toques, se aproximaron, hasta que Francisco Valdez anotó, sonriendo para que los fotógrafos registraran la escena. Sonriendo para que decenas de miles olvidaran. Sonriendo para firmar una mediocre y sangrienta obra de fútbol. A las pocas horas el presidente les envió un comunicado de felicitación y los invitó al Palacio. “Todo era pompa, ceremonia, solemnidad”, diría Caszely. “De repente, se abrió una gran puerta y apareció Augusto Pinochet, de gafas oscuras y su uniforme, impecable”. Caszely echó sus brazos hacia atrás y entrelazó sus manos, pensando en las víctimas, recordando a quienes le suplicaban que intercediera por éste o aquél.
“Cuando me llegó el turno de saludar, yo apreté mis manos. Pinochet no tuvo más remedio que seguir de largo”, recordó. Meses más tarde, el dictador se vengaría. Hubo entonces un corte en la película, y una transición llevó la imagen hacia Éric Cantona, quien explicó que por aquellos años Carlos Caszely era el gran ídolo de los chilenos. Todo se le permitía. Todo se le aplaudía. Luego la trama pasó hacia 1990, el año del plebiscito que decidiría el futuro de Chile. Hubo campañas sórdidas para que el pueblo votara por el sí a Pinochet y al continuismo, y campañas abnegadas por el no. En una de ellas, emitida por televisión, se veía a una señora que relataba cómo a finales del 73 y comienzos del 74 los militares la habían detenido por orden directa de Augusto Pinochet. “Fueron tantas las vejaciones y las torturas que tuve que sufrir, que yo no he querido ni contarlas por respeto a mis hijos y a mi esposo”.
En seguida, la cámara del comercial enfocaba a Carlos Caszely, quien caminaba y se dirigía hacia la señora. Entonces la abrazaba y decía: “Yo voto por el no por múltiples razones, por el futuro y la democracia, y también, porque esta señora que está acá es mi madre”.
viernes, 22 de febrero de 2013
Palestina no jugará con Israel ante el Barça mientras siga la ocupación
El club catalán propone celebrar un partido del Barça contra un combinado mixto palestino-israelí en julio.
Los palestinos advirtieron este viernes al presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, que su propuesta de un partido del Barça contra un combinado mixto palestino-israelí en julio no podrá realizarse mientras prosiga la ocupación.
"Esta es una idea creativa del presidente del Barcelona. Apreciamos sus buenas intenciones y su motivación, pero hay muchos obstáculos", afirmó el presidente de la Asociación de Fútbol palestina, Yibril Rajub, en una rueda de prensa conjunta con Rosell en la Muqata de Ramala, donde fueron recibidos por el presidente palestino, Mahmud Abás.
"Espero que todos los seguidores del Barcelona en el mundo se mantengan optimistas de que este sueño se haga realidad. ¿Cuándo?, cuando el Estado palestino sea establecido, libre, independiente, democrático, con los valores y la ética del deporte como principal filosofía y cultura", dijo Rajub.
El primer paso que debería dar Israel para que Palestina se avenga a formar un equipo conjunto que juegue un amistoso contra el Barça, señaló Rajub, es que Israel (que no reconoce a Palestina como Estado), "reconozca a la entidad deportiva palestina" como federación de fútbol.
"Israel tiene que empezar por reconocer la existencia de los futbolistas palestinos y la entidad deportiva palestina", dijo el presidente de la asociación de fútbol, que pidió a Israel "valentía para reconocer que tiene un vecino, la entidad palestina, donde la gente sufre por el mero hecho de ser seres humanos, de ser palestinos".
Rajub señaló que "la influencia de tener aquí al Barcelona con Messi y el resto de estrellas es una buena oportunidad para todos", pero no ocurrirá si Israel no reconoce a Palestina "como un vecino, como una familia deportiva" empezando por "reconocer el derecho de los deportistas palestinos, su existencia y su derecho a entrenarse".
"Yo soy optimista. Todas las partes están muy motivadas", indicó aunque, no obstante, señaló que el partido que plantea el Barça, en el que el club azulgrana donaría todos los beneficios a organizaciones no gubernamentales deportivas palestinas e israelíes, supondría "un terremoto" en la región.
Rajub recordó la ocupación israelí, el crecimiento constante de las colonias y la presencia de soldados israelíes en el territorio palestino y el bloqueo a Gaza, que impide a sus jugadores de la selección palestina viajar a Cisjordania para entrenar y jugar.
Rosell, por su parte, se mostró "muy contento", tras su encuentro con Abás, y destacó su alegría al encontrarse con decenas de palestinos seguidores del Barça, vestidos con camisetas o portando la bandera del club, a la entrada de la Muqata, a los que se acercó a saludar.
"Lo primero que me ha dicho Abás, que me ha gustado muchísimo, es que sus nietos son del Barça, y lo segundo ha sido ver cómo podemos resolver alguno de los obstáculos que pueda haber para realizar este partido el día 31 de julio entre el combinado palestino e israelí con el Barça", señaló el dirigente barcelonista.
Tras entrevistarse ayer con el presidente israelí, Simón Peres, y hoy con Abás, Rosell mostró su optimismo de que el proyecto llegue a buen fin y señaló que no tiene "ninguna duda de que habrá gestos por las dos partes".
EFE
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