sábado, 28 de julio de 2012

El Che Guevara: el deportista prohibido

Por Ariel Scher
11wsports.com


Carlos Espejo Pérez sabía hacer del agua una ruta, una fiesta o una gloria. Nadaba como un crack y, a veces, hasta mejor. Por eso ganó carreras en tantísimas piletas, por eso alcanzó en 1947 el récord sudamericano de los 200 metros en estilo pecho y por eso, también por eso, hubo una época argentina en la que muchos chicos se enfundaban convencidos en sus trajes de baño, inflaban los pectorales aún mínimos y se ilusionaban con que sus cuerpos navegaran sin ayuda como el de ese deportista de brillo. Pasaba especialmente en Córdoba, la tierra de origen del gran Espejo Pérez, donde mover los brazos, atrapar el aire o, aunque sea, salpicar hacia los costados igual que un nadador de los buenos representaba una hazaña que le daba sentido a la infancia. No hay un solo registro de cuántos jovencitos se dieron el gusto de alcanzar alguno de esos objetivos, pero sí se conoce que uno de ellos hizo el intento con un hermano de Espejo Pérez, Luis Juan de Dios, como breve maestro. El pibe portaba doce años, un empecinamiento que le permitiría enfrentar a adversarios mucho más encarnizados que los que habitan en una piscina y, por entonces, saludaba y sonreía cada vez que le decían "Ernestito". Estaba en el Sierras Hotel, de Alta Gracia, y pocos necesitaban nombrarlo añadiendo su apellido: Guevara. Todavía faltaban décadas, maduraciones, viajes, luchas y revoluciones para que en todas las aguas y en todas las tierras del mundo fuera exactamente el Che.

Tanto se destacó Espejo Pérez que llegó a ser olímpico. Le sucedió en 1948, cuando se convirtió en uno de los 17 nadadores argentinos que surcaron la Empire Pool, uno de los escenarios de unos Juegos que cerraban la brecha sin competiciones que se abrió por la Segunda Guerra Mundial. Terminó en el puesto 19 en aquella aventura, seguro de que no desplegó la más eficiente de sus actuaciones y sin suponer la paradoja que construiría a través de los años la Londres en la que había participado. Curiosa Londres olímpica: en 1948, le dio espacio a los movimientos del hermano de un circunstancial orientador de Ernesto Guevara en las piletas; en 2012, en cambio, el Comité Organizador de los Juegos, en esa misma Londres, dispuso que el rostro de ese chico que fue alumno de natación no apareciera en los lugares en los que se salta, se corre, se nada y se sueña.

Cierto es que, emblema de Cuba y de muchísimas voluntades transformadoras que dan vueltas por el universo, Guevara fue y es notorio por otras cuestiones antes que por el deporte. Espejo Pérez, el nadador campeón cuando el Che se educaba no sólo en nadar, resultó tema de muchísimos artículos periodísticos y hasta arribó a la tapa de la mítica revista El Gráfico en el número 1.436, en 1947: allí, su rostro joven emergía de unas aguas azules y plateadas, con la boca abierta como para apropiarse del oxígeno entero del planeta y con los hombros tensos y perfectos, listos para ir detrás del rumbo correcto. El Che, por contrapartida, fue más cronista deportivo -de su querido rugby, en 1951, en la revista Tackle- que entrevistado deportivo. Sin embargo, también apareció en El Gráfico. Ocurrió en mayo de 1950, al cabo no tanto más tarde que en la edición de la tapa de Espejo Pérez. En el número 1.606 de la publicación -con Adolfo Paraja, futbolista de Quilmes, ocupando la portada-, Guevara era Ernesto Guevara Serna y se lo veía, muy envuelto en ropas, en una publicidad de un motorino (una bicicleta con motor), en la que resaltaba las virtudes técnicas del vehículo con el que vibró durante 4.000 kilómetros sobre la superficie diversa y fascinante de una docena de provincias argentinas. La humanidad está enterada, por medio de biografías pormenorizadas y emocionantes, de que luego vendrían viajes más largos y más decisivos que no saldrían en El Gráfico.

El Che prohibido por las autoridades de Londres 2012 fue asesinado en Bolivia en octubre de 1967, justo cuando el prestigioso politólogo francés Jean Meynaud derrotaba a unos cuantos prejuicios y empezaba a publicar trabajos sobre los lazos entre el deporte y la política, un tema hasta ese momento percibido como menor en el ámbito académico. En esos materiales, que desembocarían en un libro notable, titulado en español como "El deporte y la política. Análisis social de unas relaciones ocultas", Meynaud recorrió con detalle las lógicas del olimpismo en el que detectó, como en casi cualquier construcción humana, esplendores y esperanzas que siguen conmoviendo y, también, miserias que no paran de doler. Se detuvo, en especial, en un punto al que llamó "el apoliticismo deportivo y sus límites". Con claridad, tornó evidente que el "apoliticismo" es una toma de posición política y marcó la diferencia entre "el apoliticismo-ilusión" (una especie de ingenuidad desde la que se cree que es posible que una competición transcurra sin que ninguna situación de poder, de potencialidades económicas y de historias culturales gravite en ella) y "el apoliticismo-táctica", que con frecuencia se enarbola desde sectores de poder: se argumenta que la política y el deporte no tienen que vincularse para, en el fondo, hacer que se vinculen de un determinado modo político.

"El apoliticismo-táctica" se puede comprender evocando dos gestos famosos de la historia olímpica: en los Juegos de 1936, los deportistas alemanes desfilaron en Berlín haciendo el saludo nazi ante Adolfo Hitler y no recibieron ningún castigo del Comité Olímpico Internacional, tal vez porque expresaban lo dominante, una porción de poder que no ponía en cuestión el mundo en el que vivían las élites directivas y ricas del olimpismo; en los Juegos de 1968, al revés, los atletas negros que se subieron al podio de los 200 metros e hicieron el símbolo del Black Power fueron sancionados con dureza, precisamente porque su protesta se oponía a la realidad -no deportiva sino política y social- que los potentados de la conducción olímpica no querían que se moviera.

La imposibilidad de ingresar a los recintos olímpicos con la imagen del Che estampada en las remeras es una definición política tomada bajo el recurrente argumento de "no mezclar la política con el deporte". Del otro lado, hubo más generosidad: Guevara no se prohibió incluir en su existencia a las imágenes olímpicas. En el libro "Che deportista", el cubano William Gálvez recogió un testimonio maravilloso de José Arbezu, un funcionario en la embajada de Cuba en Egipto que, unos cuantos lustros después, permanecía asombrado. Es que, de gira por África en 1965, el Che desatendió ciertas recomendaciones de seguridad y salió a la calle con un plan irrompible: se fue al cine a ver un documental sobre los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. Le interesaba más que mucho.

Suena tan burda la proscripción del Che en los Juegos que tienta encontrar una interpretación alternativa. Quién sabe. Los expertos en imaginar grotescos quizás dirán que semejante disposición es atribuible a que su apetito deportivo central fue el rugby, un deporte que recién regresará al programa olímpico, en la versión de siete jugadores, en 2016 y que anduvo distante, como enojado, del símbolo de los cinco anillos entrelazados desde su paso por París en los Juegos de 1924. Y sí, es innegable: Guevara fue menos olímpico que rugbier. No sólo ejerció como redactor de la revista Tackle sino que jugó y jugó, desafiando a los rivales y al asma que le envolvió los bronquios desde la primera niñez. Era un inside aguerrido que, cuando se sentía arrasado por las maldiciones de la respiración, apelaba al inhalador que le alcanzaban desde el costado del campo algunos preadolescentes entre los que, por ejemplo, se contaba el periodista Diego Bonadeo, testigo y narrador de esa experiencia.

Alberto Granado, el extraordinario compañero de itinerarios y de esperanzas del Che, obró en Córdoba como introductor al rugby de ese inside singular al que Bonadeo vio aferrarse a una pelota ovalada sobre suelo bonaerense en equipos como Yporá. "Estudiantes -evocó Granado cada vez que se lo requirieron- era un club desprendido de otro, más antiguo, llamado El Tala. Yo jugaba allí junto con mis hermanos y era el entrenador de la segunda división. En septiembre u octubre de 1942, vino Ernesto y me dijo que quería jugar al rugby. Había un problema. El tenía asma y la gente tenía miedo de que jugara porque varias veces se nos quedó duro en medio del campo. Pero como yo también había sido muy discriminado en el rugby porque era petiso y flaco, le dije 'te voy a enseñar'. Y él aprendió".

De cualquier manera, el propósito de los organizadores olímpicos de restringir a Guevara llegó tarde. El Che fue cronista y reportero gráfico de un acontecimiento de la misma órbita en 1955, cuando su circunstancial residencia en México lo puso en el tiempo y en la geografía precisas para cubrir los segundos Juegos Panamericanos. Los ojos atentos para las fotos y los dedos listos para los textos poblaron sus envíos para la Agencia Latina, una empresa que jamás le pagó por su labor. Dos argentinos con futuro de censura olímpica se entrecruzaron en México sin intuir que lo serían: uno, el Che, el de la efigie que no podrá exponerse en las vestimentas de Londres; el otro, Osvaldo Suárez, un excepcional fondista al que Guevara le destinó artículos por el tranco increíble que lo transportó hasta dos medallas doradas, alguien ausente en la convocatoria olímpica de Melbourne, en 1956, a pesar de sus perspectivas de ascender al podio, a causa de las resoluciones marginatorias e indefendibles de la dictadura que la Argentina inauguró en 1955.

El fútbol como identidad argentina y la pertenencia a Central por el nacimiento rosarino, el golf con lecciones cordobesas y los ensayos de tenis, unas búsquedas universitarias de atletismo y una observación cubana del béisbol, el montañismo en los días prerevolucionarios y el hallazgo temprano de los vuelos guiado por un tío. Eso y más que eso constituyó el deporte del Che y, sobre todo, el ajedrez, el juego que lo avisó en 1939 de la existencia de Cuba cuando el campeón José Raúl Capablanca expuso su genio en Buenos Aires, el mismo juego que lo apasionó hasta el final.

En Tucumán, su hogar en la actualidad, Espejo Pérez conserva recuerdos de Guevara. "Mi hermano me contó que el Che tenía un carácter muy fuerte y una gran voluntad de ganar", dice. De ese carácter, de esa voluntad victoriosa y de algunas otras cuestiones están enterados muchos en el mundo: como símbolo, como protesta, como rostro o como idea, el Che sigue presente. Podrán prohibirlo esta vez en la Londres olímpica y fascinante, pero sólo será un detalle. Nadie borra tan fácil del corazón de la historia a un tenaz aprendiz de natación.

viernes, 27 de julio de 2012

Red Star, un autre club parisien est possible!

Un club mythique, plus que centenaire, qui évolue en Nationale (la troisième division), un stade historique qui porte le nom d’un héros de la résistance, des supporters qui chantent « étoile rouge »... Bienvenue au stade Bauer, à Saint-Ouen, l’antre du Red Star FC 93, ou la banlieue populaire du ballon rond tente de résister au Grand Paris du foot business!

par Nicolas Kssis
Regards.fr


Loin des ors de la L1 et d’un PSG qui enflamme le mercato à coup de pétrodollars en rêvant de venir taquiner le Real Madrid ou Manchester City en Champions League, la saison de Nationale s’est paisiblement conclue. Dans cette troisième division un peu bâtarde, pas vraiment pro, dont le profil des participants oscille entre cimetière des éléphants (Rouen, Metz qui vient d’y descendre) et le réseau des sous-préfectures (Quevilly, Fréjus-Saint Raphaël, etc), le Red Star, l’un des trois représentants franciliens à y figurer (avec Créteil et le Paris FC), occupe une honnête onzième place.

Une heureuse surprise pour son président Patrice Haddad. Ce monsieur venu de la pub gère ce club atypique en caressant l’espoir d’en refaire le second grand club parisien. « On a eu un début difficile mais on a très bien conclu notre parcours. Et l’objectif reste de monter en L2 à l’horizon 2015, prophétise-t-il. Et nous avons été plutôt bien soutenus par la Mairie pour les infrastructures, notamment le passage au synthétique. »

C’est un peu finalement ce qu’avait résumé la maire de Saint-Ouen, Jacqueline Rouillon, pour saluer le retour en Nationale du club : « Je sais que les Audoniens auront à coeur d’encourager cette équipe qui leur est chère. Au-delà de notre ville, le Red Star porte une image positive de nos territoires, de notre jeunesse, avec la promotion de valeurs fondatrices de notre identité : solidarité, respect, citoyenneté. » « C’est vrai que nous attachons une vraie importance à l’éducation, par exemple avec le projet le Red Star lab », prolonge Patrice Haddad, une initiative qui ambitionne de faciliter l’accès à la culture « grâce à des ateliers pédagogiques gratuits, organisés lors des vacances scolaires, mariant sport et culture, et encadrés par des artistes reconnus et des éducateurs du club. » Le club a également signé un étonnant partenariat avec Sciences po, les étudiants s’investissant dans des actions culturelles et artistiques, pendant que le Red Star accompagne l’association sportive de la noble institution parisienne.

Un club historique

De fait, ce club représente à lui seul un pan entier de l’histoire du foot hexagonal. Fondé en 1897, il aura brillé entre les deux guerres, offert un héros de la résistance (Rino Della Negra de la FTP-MOI du groupe Manoukian, fusillé le 21 février 1944 avec ses compagnons de l’Affiche rouge), plongé en seconde division en 1955 pour « malversation » avant de quitter définitivement l’élite en 1974. Mais même en deuxième division, les rares spectateurs et supporters (Partizans 93, Perry boys, etc.) pouvaient encore contempler le grand Safet Sušić y clôturer sa carrière parisienne en 1992, le temps d’une petite aventure en coupe de France, ou voir le 9 septembre 1994 le Red Star battre l’ OM, le tout entre fumigènes et bagarres. Des supporters plutôt nombreux au regard de l’envergure sportive du club, comme par exemple le journaliste Claude Askolovitch qui twittait fébrilement lors de la rencontre au Stade de France contre Marseille en janvier dernier.

« C’est bien plus tard, m’étant plongé dans l’histoire du Red Star, raconte ainsi Didier Braun – mémoire vivante du journal L’équipe – dans son son dernier livre L’armoire à maillot, que je découvris que ce club à l’étoile rouge, ainsi nommé par pure anglophilie par son fondateur Jules Rimet – qui n’avait rien d’un bolchevik – avait connu la célébrité avec un maillot à larges rayures marines et blanches, avant d’adopter le vert de l’Olympique, lorsque les deux grands rivaux du football parisien des années 1920 avaient uni leurs destinées. » Signalons néanmoins que Jules Rimet, pour l’époque une sorte de « catho de gauche » (l’inverse de Coubertin), était un ancien du Sillon, qu’il inventa la coupe du monde de football, et refusa de cautionner la politique, certes très anti-foot de Vichy. Ce fut en quittant la capitale et ses beaux quartiers au début du xxe siècle et en s’installant au coeur de la cité laborieuse de Saint-Ouen, à deux pas des puces, que le club va changer de destin et d’image. Pierre Laporte, son historien officieux, membre de l’Amicale des anciens joueurs, en détaille les étapes. « Le stade Bauer a été construit sur des anciens jardins ouvriers en 1909 quand le club est venu y jouer. On y accueillera même les premières rencontres de l’ancêtre de l’équipe de France avant la guerre de 1914. Longtemps, il s’appellera simplement Stade de Paris ou Municipal. Son actuel patronyme, il le doit au changement, à la libération, du nom de la rue où il est domicilié en hommage à un résistant fusillé, et surtout à l’habitude prise par Le Parisien de le nommer ainsi. Comment oublier qu’en 1964, le Red Star, premier en D2, reçoit le Stade de Reims. La rencontre se déroule devant 22 000 entrées payantes quand la veille le Racing de Paris matchait l’OM au Parc des Princes devant à peine 2 200 spectateurs. »

Du foot populaire

Ce riche passé constitue le principal facteur explicatif de la séduction qu’opère encore cette modeste équipe auprès de ses jeunes supporters. Ces derniers s’avèrent particulièrement attachés au très vétuste Stade Bauer. En effet, un projet dans le quartier des docks existe dans les cartons de la mairie. « C’est Bauer à domicile, point. C’est l’âme du club et de ses supporters, on n’est pas Créteil. » Charlie des Perry Boys, un des plus vieux groupes ultra du club, avec ses aires de vieux skin sorti d’un roman de John King, évoque l’enjeu comme les gars de Tottenham qui refusent de quitter White Hart Lane. Son groupe de ska et reggae, le bien nommé 8°6 Crew a mis sur sa dernière pochette une photo du lieu du crime. Au-delà de l’affectif, tous veulent souligner cette singularité qui ne soufre aucune concession à l’air du temps. Vincent Chutet-Mézence, président du collectif des Amis du Red Star, une association née en 2001 au moment du dépôt du bilan et de la plongée dans l’enfer de la division d’honneur, en parle avec émotion : « Moi, j’ai commencé à venir au Red Star avec mon grand-père. Quand je suis revenu, j’ai adoré Bauer, l’ambiance, ce côté stade à l’anglaise, au coeur de la ville. » Le collectif gère un petit local dans le stade où il agrège les vieux fidèles, les anciens joueurs qui continuent de venir par amitié, les responsables des diverses sections de jeunes et la génération des gradins en Fred Perry, samba et tee-shirt Sankt-Pauli. « Ce que j’apprécie, c’est le côté football populaire, à l’ancienne, se confie Mathieu, supporter du Red Star. Rien que le prix des places, 2,50 euros en tarif étudiant, c’est appréciable… C’est combien au Parc des Princes ? Ici, on peut boire sa bière pépère sans 10 000 caméras de surveillance, mater un match tranquillement avec un niveau footballistique pas dégueu. »

Certains anciens ultras du PSG, déroutés par les évolutions récentes, ont même osé le transfert. « Avant j’allais au Parc des Princes, raconte Julien, mais je n’y suis jamais retourné depuis l’instauration du plan Leproux. J’ai déménagé à Saint-Ouen et comme j’étais à côté du stade, je suis allé à pas mal de matchs en CFA. Dans les gradins, il y a de tout. Des personnes que je peux voir en manif, des skins, des vieux qui ont connu la D1, des gamins de Saint-Ouen qui reprennent les chants du Kop. Ce n’est pas une enceinte de 40 000 places avec 20 000 ultras, mais dans ce stade, tu sens que ta présence peut vraiment changer un truc. » Tout l’enjeu sera d’arriver à conserver cette alchimie face aux dures réalités et exigences du foot pro.

sábado, 21 de julio de 2012

"Rebeldes del fútbol", nuevo documental de Eric Cantoná

La leyenda futbolística Eric Cantoná presentó en Sarajevo su documental “Football Rebels”, "Rebeldes del fútbol".


Cantoná afirmó que “el fútbol acerca a las personas” y enseña a los jóvenes a estar abiertos al mundo.

“Creo que el fútbol puede ser una educación extraordinaria para la gente”, declaró Cantoná.

“El fútbol es el deporte más popular en el mundo entero, es un juego que une a diferentes personas y atrae los unos a los otros. Cuando pensáis de esa manera, cuando así educáis a los niños, para que sean de mirada abierta, entonces eso es brillante”, indicó.

Cantoná presentó su película en la 18 edición del Festival de Cine de Sarajevo, dentro del programa “Open Air”.

El exfutbolista llegó a Sarajevo en compañía de Gilles Rof, quien dirigió el documental, y del fotógrafo Gilles Perez.


El filme trata de las historias de la vida de cinco futbolistas y sus pugnas fuera de la cancha.

Uno de ellos es el exjugador del FK Sarajevo Predrag Pasic, quien durante la guerra Bosnia (1992-1995) no quiso abandonar el país, sino se dedicó al entrenamiento de los niños en pleno asedio de Sarajevo.

“Es una gran satisfacción estar aquí, en el lugar en que rodamos el documental, en compañía con uno de los ‘rebeldes del fútbol’”, dijo Cantoná durante su visita a la escuela de fútbol de Pasic.

El marfileño Didier Drogba, el chileno Carlos Caszely, el argelino Rachild Mekhloufi y el brasileño Sócrates son los otros “rebeldes” que aparecen en el filme ideado y escrito por la antigua estrella del Manchester United, que en 2001 lo declaró como futbolista del siglo.

Tras abandonar el fútbol profesional, “el rey Cantoná”, como aún le conocen en su antiguo equipo, inició una carrera cinematográfica que le ha llevado a trabajar con actrices como Cate Blanchett y directores como Ken Loach.

En la actualidad es el técnico de la selección francesa de fútbol playa.

El Festival de Cine de Sarajevo surgió en 1995, durante la guerra de Bosnia, y es uno de los mayores y más visitados eventos culturales del país balcánico.

Con información de EFE

martes, 17 de julio de 2012

Evo Morales dice que Azkargorta abre esperanzas para el fútbol boliviano


El presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmó que el retorno del español Xabier Azkargorta a la dirección técnica de la selección de fútbol "abre esperanzas" para su país que disputa las eliminatorias del Mundial Brasil 2014, informó este martes la agencia estatal ABI.

Morales también le deseó "suerte y éxito en sus funciones" al mando del equipo en lo que queda del certamen internacional, en el que Bolivia ocupa el séptimo lugar, entre nueve equipos, tras seis jornadas disputadas.

El presidente boliviano, que es un reconocido aficionado al fútbol, siempre simpatizó con la posibilidad de que Azkargorta vuelva al banquillo del equipo de su país, tras la experiencia vivida hace 18 años, cuando Bolivia jugó el Mundial Estados Unidos 1994.

En los últimos años, el técnico incluso ha presentado al mandatario planes para renovar el fútbol boliviano, a los que en su momento fue reacia la directiva deportiva nacional.

Azkargorta, que reemplaza en el cargo al argentino-boliviano Gustavo Quinteros, dijo el lunes que intentará que el equipo clasifique a la cita de Brasil.

El vasco debutará en este segundo período cuando Bolivia choque el próximo 15 de agosto en un amistoso ante la república africana de Benin, en un encuentro en la ciudad oriental de Santa Cruz.

Los próximos partidos de la verde por las eliminatorias son el 7 de septiembre frente a Ecuador en Quito, el 12 de octubre en La Paz contra Perú, y cuatro días después, también de local, frente a Uruguay.

EFE

jueves, 12 de julio de 2012

Londres 2012: prohíben uso de camisetas del Che Guevara

Los organizadores de los Olímpicos prohibieron el ingreso a los escenarios con camisetas del Che Guevara


A medida que se acerca el inicio de los Juegos Olímpicos de Londres se van conociendo las estrictas normas de seguridad que se implementarán en los estadios donde se realicen actividades deportivas.

Las medidas más recientes establecen que los asistentes no podrán ingresar a los escenarios con camisetas del Che Guevara ni con cualquier otra prenda de vestir que contengan mensajes o expresiones políticas de cualquier tipo.

Entre otros objetos, tampoco se podrán ingresar a los Juegos con pelotas, cámaras con lentes de largo alcance, matracas, paraguas y botellas de agua, según la lista que publica el diario británico
Daily Mail.

Las restricciones serán estrictas y forman parte de las normas de seguridad que implementarán las fuerzas élite que protegerán a los deportistas involucrados en los Juegos Olímpicos.

Por estas medidas el comité organizador fue criticado porque también abarca la prohibición de dormir al aire libre lo que, se considera, podría ser utilizado para organizar un sabotaje o atentado.

Tampoco se podrá circular con cantidades excesivas de alimentos. La organización estima que los lugares oficiales dispuestos para tal fin serán suficientes.

La Nación