lunes, 28 de noviembre de 2011

Cuando Santa Fe ganó el clásico en la finca de Gacha


Carlos González Puche, directivo de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales, contó en un artículo para la revista Soho la ocasión en que se jugó el clásico bogotano en una finca del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha.


Gacha es ídolo de las barras de Millonarios, que lo recuerdan en sus banderas

El encuentro se disputó en Pacho, Cundinamarca, cuna de Gacha (mejor conocido como “El Mexicano”), que había adquirido el 29% del club del que era hincha: Los Millonarios. Gacha, además de narco era un ferviente anticomunista, y fue responsable de organizar grupos paramilitares.

Según el testimonio de González Puche, en la pretemporada de 1982 se organizó un clásico amistoso a expensas del capo.

Puche, que jugaba en Millonarios, cuenta en su artículo que: “Fue en ese momento que vi al ‘patrón’. Era de mediana estatura, rechoncho, tenía sombrero y una cadena de oro muy gruesa, con una herradura muy llamativa. Siempre estuvo distante y alejado, acompañado solo de unos hombres muy bien armados que debían ser sus escoltas. Era Gonzalo Rodríguez Gacha: el hombre misterioso que había comprado a Millonarios para que volviera al lugar que le correspondía, y se había comprometido a pagar las deudas, traer refuerzos, reconocer salarios y dar premios estrafalarios; quería llevar a su Millos del alma a la gloria, costara lo que costara. En ese momento ya todos sospechábamos a qué se dedicaba.

Esa fue la presentación en sociedad del nuevo Millonarios, el equipo más laureado y famoso de Colombia. La joya de la Corona que quedaba en manos de un hombre de Pacho”.

González Puche fue futbolista en la década de los '80, y actuó en equipos como América, Cúcuta y Millonarios. En ellos fue testigo de la entrada del narcotráfico al fútbol colombiano.


Para esa ocasión, Millonarios estrenaba técnico y 14 refuerzos de primer nivel. Pero para sorpresa de los cuatro mil asistentes y del ‘patrón’, que hacía las veces de local, Santa Fe se impuso 2-1.

Tras la llegada de Gacha al club, Millos ganó dos títulos (1987 y 1988). El capo cayó abatido por la policía en 1989 y desde entonces (hasta el 2012) su equipo no volvió a ganar el torneo nacional.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Maradona presenta a Queen


Queen en el Estadio José Amalfitani de Velez Sarsfield, Buenos Aires, Argentina. 8 de marzo de 1981.

martes, 22 de noviembre de 2011

Cuentos de fútbol: Dalma Salvadora. Recomendaciones para parir un hijo que salga Maradona

Del libro "Perfume de Gol. Cuentos sobre la mujer y el fútbol", de Rodolfo Braceli. Editorial Planeta, Buenos Aires, 2009.

La madre que parió a Maradona pudo concebir a semejante ser porque antes afrontó y cumplió al pie, al pie de la letra, los consejos que la Pierina le anotó, de puño y letra, en un cuadernito. La Pierina era partera –perdón por la rima– a la hora que fuera. Una digresión: también se llamaba Pierina la partera que ayudó a mi madre para que mis cinco kilos y pico salieran a respirar al mundo. No se trata de la misma Pierina, no, pero una me llevó a la otra y la otra a esta historia.

En ese vértice del almanaque que abrocha un año con otro, cuando brindamos y nos abrazamos y nos besamos y nos ponemos momentáneamente buenos, Dalma Salvadora Franco, la Tota, le dijo a su esposo, Diego Maradona, Chitoro, al oído le dijo:
–El próximo será varón. Te lo juro.
–Eso me dijiste la primera vez…
–… y vino nena.
–Y la segunda vez…
–… y vino nena.
–Y la tercera vez…
–… y vino nena. Y la cuarta vez, sí, también te lo dije.
–Y nena vino.
–Pero el quinto, Chitoro, será varón.
–Será varón, Tota. Si no viene nena.
–Te digo que será varón.
–Si nos sale nena yo la voy a querer igual. Vos sabés.
–Será varón. Y jugará a la pelota como diosmanda.
–Dios, Tota, no entiende un comino de fútbol.
–Bueno, si no entiende, que mire para abajo y aprenda de una vez.

Llovía sin consideración afuera de la casilla en la Villa Fiorito de Lanús, provincia de Buenos Aires. Pero la Pierina prometió que iba a estar a las seis de la tarde y allí estaba, ese 5 de enero, empapada, con el paraguas desfondado. Era una partera de palabra. La Tota le alargó una toalla y un batón y se fueron a la única habitación para poder hablar tranquilas. Era una conversación de grandes y las nenas que sigan jugando.
–Quiero que sea varón, Pierina. Varón y futbolista y bueno.
–¿Bueno como persona o bueno como jugador?
–Las dos cosas: varón bueno y jugador buenísimo.
–Sabía que me ibas a pedir algo así. Pero hagamos de cuenta que no me dijiste nada. Y empecemos de cero. Respondéme, Tota, a cada cosa que te voy preguntando.
–Bueno.
–Ustedes nunca fueron otra cosa que pobres… tenés cuatro críos, cuatro, ¿querés tener otro?
–Sí, quiero.
–¿Y tu marido se anima?
–Sí, quiere.
–¿Lo querés hombrecito u hombrecita?
–Hombrecito.
–Entonces, Tota, deberás mirar el sol cada vez que tomés agua.
–Miraré el sol cuando tome agua. Pero ¿y de noche?
–Mirarás la nuca del sol, que vendría a ser la luna.
–Tomaré agua mirando la luna entonces.
–No es todo. Vos y tu Chitoro, cada día deberán comer cosas que vengan de los árboles, de la madera.
–¿Para qué eso?
–Para que el venidero les nazca con palito.