Por BBC Mundo
El equipo más ganador de títulos en la primera categoría del fútbol de este país no pudo doblegar al conjunto Belgrano de Córdoba, que ahora pasa a ocupar su lugar en la máxima categoría.

Pero el descenso histórico de River Plate, como el ascenso de Belgrano por primera vez desde 2007, se vio marcado por fuertes disturbios dentro y fuera del estadio Monumental, en Buenos Aires. Al menos 60 personas resultaron heridas, según las autoridades.
Imágenes de televisión mostraron a decenas de hinchas del club porteño lanzando objetos, rompiendo asientos, agrediéndose unos a otros, tratando de invadir el campo o golpear a policías.
Vehículos de canales de televisión o particulares también fueron atacados. Cientos de efectivos de los cuerpos de seguridad, junto a autos blindados, tuvieron que intervenir para contrarrestar los incidentes.
Con el agravante de que el lugar estaba repleto de decenas de miles de personas que fueron a ver a su club.
Todo esto llevó al fiscal Gustavo Galante a ordenar la clausura del estadio Monumental.
Pero la importancia de este encuentro, que tuvo amplia cobertura en los medios locales e internacionales, le dio una mayor exposición a una violencia que bien puede ser un incidente más de un problema estructural que tiene el fútbol argentino.
Un ejemplo de muchos
Al menos tres encuentros fueron suspendidos por problemas entre las hinchadas en este recién concluido torneo clausura. Ello generó que similar cantidad de partidos tuviese que ser jugado a puertas cerradas.
El campeón de la segunda división, Atlético Rafaela, no pudo celebrar el título conseguido en campo ajeno porque la hinchada y la directiva rival lo impidió.
Pero quizás el hecho más insólito ocurrió en la ida del repechaje que jugó River en la cancha de Belgrano: cuando el partido iba 2-0 a favor de los locales los un grupo de hinchas del club porteño invadió el campo y agredió física y verbalmente a sus propios jugadores.
Un ejemplo que muestra el poder en este deporte de la barra brava: el grupo organizado de hinchas que funciona como brigada de choque, y que recibe beneficios de las autoridades de los clubes e incluso (en algunas ocasiones) de agrupaciones políticas que buscan su respaldo.
Pese a que hay un amplio rechazo en la sociedad argentina ante las actitudes violentas de las barras, por lo que se ve reflejado en redes sociales o en medios de comunicación, el problema persiste y no parece cerca de desaparecer.
"Es un problema que viene creciendo en lo últimos años por la falta de voluntad de los gobernantes", señaló a BBC Mundo Mónica Nizzardo, de la organización no gubernamental Salvemos al Fútbol, que aboga por erradicar la violencia de la hinchada en este deporte.




