
Por Camilo Rueda Navarro
Acostumbrado a ganar en el último minuto, Santa Fe perdió en éste la clasificación a la final del torneo de fútbol colombiano. En su casa, el estadio El Campín, ante 28 mil espectadores, al cuadro bogotano le bastaba un empate para ir a disputar la séptima estrella. El empate a ceros estaba cocinado, cuando un golazo desde fuera del área cayó como un baldado de agua fría y nuevamente se esfumó la opción de título.
Ese “mazazo”, como lo llamó el técnico Néstor Otero, trajo consigo mucho más que la eliminación. El llanto se tomó a hinchas y jugadores; como una “pesadilla” tituló la prensa; y el presidente del club renunció ante la consternación.
Los medios comerciales vislumbraron una crisis y un remezón en Santa Fe. Pero en un hecho poco usual, jugadores e hinchas iniciaron una cruzada para respaldar la gestión de César Pastrana en la presidencia del club y pedir su continuidad, junto con la de la actual nómina. El dolor por la derrota se convirtió en un movimiento de respaldo a la institución.
