martes, 30 de noviembre de 2010

La muerte anunciada de un cadáver o R.I.P. Real Madrid

"El fútbol perdió su inocencia cuando se comercializó y se prostituyó con los dólares y los euros, cuando se desvirtuó y se sobrevaloró el papel del profesional del balompié, cuando el mercadeo y la publicidad fabricó dioses enanos de oropel engominados, cuando la cancha de fútbol se volvió una pasarela de modelos metrosexuales y ególatras, cuando lo más importante es la imagen y la promoción individual".

Por Roberto Herrera

Para los nacidos en la década de los cincuenta del siglo pasado, la primera división de fútbol en España estaba integrada por un equipo que tenía nombre y apellido, y el resto de los equipos eran instituciones sin pedigrí. Los niños de los barrios pobres y menos pobres crecimos jugando al futbol con la idea que el mejor equipo de fútbol del mundo hispanoamericano era el Real Madrid, ya sea por ignorancia o por evidente enajenación deportiva de los padres, quienes a su vez también fueron víctimas de la propaganda mediática de la prensa, el cine y la televisión de la época.

Así fue como nació mi amor por el Real Madrid, jugando por las tardes con una pelota de cuero semi ovalada con mi amiguito, quien creía ser Di Stefano, mi primo, quién soñaba con ser Puskas, el hijo del boticario gallego, tan rápido como Gento, y yo, el extremo izquierdo, el tocayo de Herrera.

¿Qué podía saber un carajito como yo, de la existencia de un tal Francisco Franco? ¿Cómo podía enterarse que España era más que castañuelas y paso doble? ¿Dónde se podía leer acerca de la dictadura franquista y del Opus Dei? ¿Quién se atrevió a denunciar, en un país gobernado por militares, que el estandarte deportivo de la monarquía y la derecha falangista española era el equipo de Di Stefano, Puskas, Gento y compañía? Y, además ¿Qué sabíamos de fascismo y todo el embarullo político de la Madre Patria? Nada. Simplemente jugábamos al balompié.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Presidente Evo Morales se reúne con Futbolistas Agremiados de Bolivia

Los ejecutivos de Futbolistas Agremiados de Bolivia (FABOL), Milton Melgar, David Paniagua y Marco Antonio Etcheverry, atendiendo una invitación del presidente de Bolivia, lo visitaron en la residencia de San Jorge, para conversar sobre la actual coyuntura por la que atraviesa el fútbol boliviano.

Milton Melgar, Marco Antonio Etcheverry, Evo Morales y David Paniagua.

En la oportunidad el presidente Morales les transmitió su profunda preocupación por el bajo nivel que atraviesa el fútbol boliviano, tanto a nivel de clubes como de la selección nacional, preocupado por saber que medidas se deberían tomar para revertir esta situación.

Después de una amplia explicación por parte de los representantes de FABOL e intercambio de criterios, se llegó a la conclusión de que se hace imprescindible la participación del Estado a través del gobierno de manera conjunta y en una verdadera alianza estratégica con todos los actores, cada uno en su específica función, coordinar medidas inmediatas que permitan la recuperación en todos sus niveles.

Tales como: la masificación del fútbol a través de los municipios y de los juegos plurinacionales, la implementación de normas que permitan generar recursos económicos para el fútbol profesional, la implementación del programa Bolivia Fútbol, con la creación en una primera etapa de cien escuelas de fútbol y otros más.

Por último y para satisfacción de todos el presidente Morales determinó la inmediata creación del Ministerio de Deportes, tarea en la que FABOL tendrá una protagónica participación. Concluyendo la reunión después de tres horas de un profundo y sincero análisis, con el compromiso de volver próximamente con los proyectos y programas que permitirán revertir la actual realidad del fútbol boliviano.

Fifpro

Llega la hora cero para huelga de futbolistas en Italia

El Calcio caería en una nueva crisis esta semana si el sindicato de futbolistas detiene el campeonato por contratos y si Antonio Cassano se queda sin club.

El sindicato, enfrentado con la Serie A por un nuevo contrato colectivo que disminuye los derechos básicos de los jugadores, pospuso una huelga en septiembre para permitir más conversaciones pero el plazo del martes (30 de noviembre) para llegar a un acuerdo está cerca de vencer.

Las demandas de la Serie A sobre marginar o forzar la venta de jugadores no deseados ha hecho enojar tanto al sindicato que las fechas de la nueva huelga se anunciarán a menos que se llegue a un acuerdo.

'Ellos tienen una postura que es totalmente inaceptable', dijo a Reuters el jefe del sindicato, Sergio Campana. 'Un club no puede obligar a un jugador a irse si el jugador está bajo contrato y no quiere ser transferido. Un jugador tiene el derecho a entrenar con el primer equipo', agregó.

El Comité Olímpico Italiano ha llamado a una audiencia en la Corte Suprema para el miércoles, pero con el sindicato diciendo que se podría llamar a huelga luego del martes, esta medida podría llegar demasiado tarde.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Futbolización de la política. A propósito del Barça-Real Madrid

Por Josep Ramoneda

Por una vez, hay que celebrar que la política se haya impuesto al fútbol en un país en que política y fútbol están asociados desde que se conocieron. El presidente Montilla tomó la decisión de convocar elecciones un domingo en que el calendario señalaba Barcelona-Madrid. Algunos se lo afearon. Sin embargo, es una buena noticia que sea el fútbol el que cambie por la política y no viceversa. Efectivamente, el clásico será en lunes. Y no pasará nada. El partido despertará la misma expectación de siempre y generará las mismas toneladas de bla,bla, bla. Y, en cambio, se habrá evitado que Artur Mas tuviera que vivir diferida la noche de su vida porque, mientras salían los resultados, la atención de todos estuviera centrada en el campo de fútbol. A la política, la noche electoral y, al fútbol, una noche como cualquier otra. Las cosas en su sitio.

¿Politización del fútbol o futbolización de la política? Ambas cosas se dan en este país. Sin ir más lejos, el ex presidente del Barça, Joan Laporta, que hizo de la política su bandera como presidente, es ahora candidato a la presidencia de Cataluña, con sus éxitos en el fútbol como factor de legitimación. Venimos de un año en que la relación entre fútbol y política ha alcanzado cotas inauditas. La victoria de España en el campeonato del mundo ha sido vista como base de lanzamiento de un nuevo nacionalismo español. E incluso se utilizó la celebración en Barcelona de la victoria de La Roja como argumento para desvalorizar la manifestación soberanista contra la sentencia del Constitucional. Es más, tanto los éxitos de La Roja en España, como los del Barça en Cataluña han sido puestos como modelos de buen hacer que deberían ser la referencia para nuestras propias sociedades. Es decir, una veintena de jóvenes deportistas millonarios, que intentan cobrar las primas en Sudáfrica para ahorrarse impuestos, como nuevo paradigma social. Así funciona la sociedad de la indiferencia, con el aliento de los responsables políticos.

Y, sin embargo, la relación entre política y fútbol está en el origen de este publicitado espectáculo que es la Liga de las Estrellas, que en el fondo es una de las herencias que nos quedan del franquismo. Fue en aquel régimen, que buscó en el fútbol un escape que le diera tranquilidad interior y reconocimiento exterior, donde surgió la rivalidad entre estos dos monstruos -Barcelona y Madrid-, a cuya sombra nadie más puede crecer, como se ve ahora más que nunca en una liga en que todos los demás son comparsas. Y esta anomalía que hace que la estructura del fútbol español sea tan distinta de la de países como Inglaterra, Francia, Alemania o Italia, no ha podido rectificarla la democracia. Y, sin embargo, el clásico será visto por muchos como la segunda vuelta de las elecciones. Con Guardiola como celoso guardián del patrimonio intangible del sentido común y Mourinho como símbolo del poder y la furia.

Piñera politizó el fútbol (o "futbolizó" la política)

Ernesto Carmona*
Mapocho Press

Un impensado conflicto de intereses fue desatado por la presencia activa del Presidente de Chile en el negocio del fútbol que devino en una inesperada politización del popular deporte y, de paso, “futbolizó” la política. El jefe de Estado sigue siendo porfiadamente dueño importante del Colo Colo, considerado el equipo del pueblo, mientras adversarios, partidarios, neutrales y, ahora, los hinchas le piden a gritos que abandone ese negocio para dedicarse a gobernar con más coherencia. Todo esto ocurre mientras Michelle Bachelet parece consolidada en su butaca de Naciones Unidas, en la lejana Nueva York, como indiscutible candidata presidencial de oposición para 2013 y los ministros de Sebastián Piñera disputan en las encuestas cuál de ellos será el mejor prospecto de una derecha sin liderazgo claro para suceder a este gobierno que apenas lleva 8 meses del período de 4 años,

El periodista deportivo Felipe Bianchi tuvo el valor de denunciar claramente a Piñera de intervención directa en las elecciones de la Asociación Nacional del Fútbol Profesional (ANFP) y desafió al gobierno a que lo lleven a los tribunales por “calumnia” para que así se investiguen legalmente las llamadas telefónicas desde Palacio a los dirigentes del fútbol que frustraron la reelección segura de su presidente Harold Mayne - Nicholls –quien no es empresario, sino un periodista sindicato como partidario de Bachelet- y torcer la voluntad de los clubes a favor del empresario Jorge Segovia Bonet, dueño de Unión Española.

La crisis precipitó la renuncia del entrenador argentino Marcelo Bielsa. “No puedo ni voy a trabajar con el señor Segovia; es imposible pensarlo.

Firmé un contrato con una conducción porque había coincidencias y entiendo que si no hay coincidencia con el señor Segovia, no trabajaré con él”, aclaró el técnico. Este rebote impensado de la oculta movida gubernamental trajo rabia y tristeza a millones de hinchas, partidarios o no del gobierno, que siguen transversalmente la camiseta roja de la selección nacional. Si la clase política “farandulizó” antes su quehacer, cuando lo trasladó del Congreso a la TV, ahora Piñera “futbolizó” la política y la introdujo en equipos, público, estadios y barras bravas.