viernes, 9 de julio de 2010

¡Que la naranja mecánica, un poco oxidada, gane el Mundial de Sudáfrica!

Por Salvador López Arnal

No es la Holanda de 1974 ni la de 1978. Las selecciones, como las científicas, los artistas, los carpinteros, los empleados de la limpieza o los enseñantes, tienen grandes momentos y otras fases de menor excelencia. La Holanda de 2010 no es aquella selección que perdió injustamente contra Alemania el mundial de 1974 en un partido imborrable ni la que, cuatro años después, en Argentina, estuvo a punto de arrojar a la cuneta los planes patrióticos-futboleros de ese asesino confeso llamado Jorge Videla. Empató la naranja mecánica bien entrado el segundo tiempo, estuvo a punto de marcar de nuevo, el balón se estrelló en el poste, pero, en la prórroga, aquel jugador enorme llamado Kempes volvió a adelantar Argentina. En la Esma se seguía trabajando en aquellos momentos; los luchadores revolucionarios eran torturados sin impiedad por aquel teniente de navío de cara aniñada.

La selección española de 2010 es mejor equipo que el de Holanda. Casi nunca lo ha sido; este año lo es. Tiene un juego propio, inspirado fuertemente, eso sí, en el que practica el Barça de Pep Guardiola. Iker está que se sale. Piqué y Puyol forman, seguramente, el mejor dueto central del mundo. Sergio Ramos, algo alocado en casiones, imprime velocidad en la delantera y causa peligro. Capdevila hace lo que debe hacer con algún detalle sobresaliente. La media de Xavi, Xabi y Busquets es de ensueño; si sumamos a Cesc y Silva nos salimos. Villa es un delantero excepcional, lo mismo que Torres, Pedrito (¡qué grande que es!) y Llorente. Iniesta es capítulo aparte, vive en el mundo supralunar. Es un mundo en sí mismo no sólo por su juego sino por la limpieza de su juego y su elegancia en el campo. Verle hacer una falta es como pensar en un cuadrado con cinco lados y diez vértices.

A pesar de este reconocimiento futbolístico es preferible que gane Holanda. No sólo por las dos grandes ocasiones perdidas de la selección holandesa sino que porque el ambiente que rodea a la Roja, es decir, a la rojigualda, es absolutamente inaguantable. Ver gesticular a la esposa del Rey de España, ataviada con una traje para la ocasión, después de haber pasado el trago de escuchar el himno monárquico-franquista atraganta la digestión. Oír el servilismo estúpido de los periodistas de televisiones y emisoras acreditadas recuerda tiempos pretéritos.

Pero hay más, hay, por ejemplo, este diálogo a la altura de los tiempos y circunstancias [1] entre Jorge Lorenzo, un exitoso contaminante, y Alejandro Sanz un cantante que demuestra su españolismo viviendo en Miami, al lado de la reacción cubana y evitándose de paso el pago de ciertos impuestos.

Antes de la carrera de motos de Montmeló, no puedo señalar la fecha, Jorge Lorenzo declaró que si ganaba la carrera no se pondría la camiseta de la selección como muestra de apoyo porque en Catalunya era muy complicado “salir con ello”. Yo acabo de llegar de mi trabajo en Santa Coloma de Gramenet y he visto, como mínimo, a cinco o seis jóvenes llevando la camiseta.

Alejandro Sanz le contestó por Twitter: el gesto la parecía una cobardía. El estaba orgulloso de ser un español (exiliado en Miami).

El piloto le respondió a su vez: él se sentía más mallorquín y, por supuesto, más español que nadie. Que nadie se atreviera a dudar de su españolidad y olé. De paso le lanzaba un reto al cantante: ¿a qué no salía con la Roja en su próximo concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona? ¡A ver si tenía su españolismo bien puesto!

El artista de Miami no se cortó ni un pelo. Tiene el españolismo bien puesto, faltaría más. Cogió el guante y ha retado a Lorenzo a que salgan juntos los dos, con la camisera de la selección, en su próximo concierto en el Palau.

Lorenzo, si no ando errado, no ha respondido aún en el momento que escribo pero seguro que, si no tiene compromisos crematísticos, aceptará el reto y los dos “jóvenes españoles y olé” saldrán al escenario con la camiseta y, acaso, con una rojigualda de 200 metros y 23 decímetros.

Por favor, no vayan al concierto, ahórrense el horror, y, sobre todo, para quitares un poco de ínfulas e hilos de patriotismo, que Holanda se lleve el Mundial. A poder ser por goleada. ¡Que ese nefasto y estúpido grito del ¡a por ellos! se les atragante en la faringe!

Sabe mal por los seleccionados, por la mejor selección española de todos los tiempos, pero ellos, estoy seguro de ello, sabrán comprender. Son gente sensata que juega a fútbol y que no aspira a ondear banderas de ingrato recuerdo en las que ninguna persona razonable puede creer y en las que ninguna persona informada puede encontrarse representada [2].

Notas:

[1] Público, 8 de julio de 2010, p. 46.

[2] Por el mismo rancio sendero, se ha afirmado hasta la saciedad desde 16 horas que el magnífico gol de Puyol fue un “gol de raza”. ¿De qué raza hablan? Como el de Zarra, como en los viejos tiempos no superados. Su España es así de agotadora.

jueves, 8 de julio de 2010

España y el Mundial de fútbol: A las banderas les falta un color

Por Javier Parra
La República

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“A las banderas les falta un color, mami”, contaba mi amiga Victoria que su hijo le había dicho, sorprendido, después de que las calles de España se convirtieran en una fiesta al clasificase la selección para la final del Mundial de fútbol. Miles de personas, cientos de banderas rojigualdas, portadas más como una moda futbolera que como un acto de reafirmación patriótica, se paseaban por las calles de muchas ciudades españolas.

Compartiendo la indignación de muchos por el hecho de que en este país – sumido en una grave crisis económica, cultural, política y social -, sólo el fútbol es capaz movilizar a las grandes masas, me gustaría romper una lanza a favor del deporte y de las alegrías colectivas que de vez en cuando nos produce a muchos de quienes crecimos soñando ser como Santillana, Juanito, Arconada, Camacho, Quini…

Pero al mismo tiempo me gustaría advertir sobre el uso político que se hace del deporte para seguir imponiendo socialmente unos símbolos que representan a una España que no es la nuestra, una España que a muchos nos avergüenza, y una España que además es de mentira.

Da vergüenza ver en el palco de los estadios a unos Borbones que han parasitado en este país desde hace siglos, y que aún siguen haciéndolo, porque se lo permitimos. Da vergüenza ver los falsos gestos de euforia de Felipe y Leticia pretendiendo ser más campechanos a ojos del pueblo. Da vergüenza ver a la reina en el vestuario de la selección aplaudiendo y haciéndose aplaudir mientras TVE le dedica más de un minuto a esa estupidez de noticia. Avergüenza que con la excusa del deporte pretendan seguir imponiendo esa España que nunca se desligó del franquismo, y que aún conserva sus símbolos: su bandera, su himno militar, y al jefe de estado que el dictador impuso.

Por eso, cuando acabó el partido que metió a España en la final, unos amigos y yo nos dirigimos a la madrileña Puerta del Sol para celebrarlo, pero lo hicimos orgullosamente ataviados con la bandera de nuestra España, la tricolor republicana. En el breve trecho que nos separaba de la plaza fueron muchos los aficionados que se nos acercaron y nos saludaban diciendo que esa también era su bandera. Tantos, que me dio la impresión que a un gran número de ellos les habría gustado llevarla si no pensaran que serían los únicos.

Ante la vergüenza y el asco que a muchos nos producen los Borbones, y el repelús que nos puede provocar la bandera rojigualda, no creo que desear que pierda España sea el acto de rebeldía oportuno, ya que, como diría mi camarada y amiga María José Durán, eso supondría no sólo que nos han robado la bandera y el himno, sino también el país. Y desde luego, no debemos ser nosotros quienes se lo regalen a esos miserables.

Y es por eso por lo que este domingo en mi casa y en muchas casas sonará el Himno de Riego antes de la Final de la Copa del Mundo, a todo volumen y con las ventanas abiertas, Y es por eso por lo que después, celebremos lo que celebremos, lo haremos con nuestra bandera republicana. Sé que seremos muchos quienes lo haremos, pero que seríamos miles y miles si no pensaramos que vamos a estar solos. Si los adalides del régimen borbónico y postfranquista llevan la política al deporte para imponer sus símbolos, nosotros deberemos echarles un pulso con los nuestros.

Empieza a ser la hora de que la bandera tricolor eche un pulso a la bandera heredada del franquismo. Empieza a ser el momento de recuperar un país que nos han robado. Si ayer los Azaña, Pasionaria, Pepe Díaz, Negrín, Picasso, Alberti, Miguel Hernández, no tenían miedo de defender esa España, nosotros no podemos tener miedo de ir a recuperarla y reivindicarla, a reconquistarla en cada casa, en cada calle, en cada pueblo, en cada ciudad y en toda España.

martes, 6 de julio de 2010

Top 5 des idées de droite sur les bleus

1) Il faut professionnaliser l’encadrement de l’équipe de France

Naturellement. Le foot professionnel, par ses valeurs et par ses précieux centres de formation, sans oublier son fonctionnement avec agents douteux et présidents réacs, façonnent les joueurs depuis leur 10 ans, en les gavant d’individualisme christique (en bref je suis le sauveur de mon équipe, de mon club, etc.) et d’une nymphomanie financière addictive. Il est donc évident que tous ces grands pontes du foot pro sont forcément les mieux placés pour venir enseigner le respect du maillot, l’altruisme et le don de soi aux gamins, dont ils ont bousillés les cerveaux, surtout l’hémisphère droit. Après tout, notre président demande bien aux banquiers de faire preuve d’éthique.

2) C’est un problème d’éducation

Comprenez, les jeunes ne savent plus se tenir et ne respectent plus les anciens. En gros, tout cela se résume à une banale affaire de savoir vivre et de correction ? En fait, selon le credo sarkoziste, la gauche, avec mai 68, a détruit les repères de notre société. Depuis lors, notre jeunesse ne recule plus devant rien. Le seul et léger problème, c’est que le milieu du foot s’avère surtout un repère de paternalisme à la Nicolin ou de management hardcore à la Aulas. Entre les deux, on doute beaucoup de l’influence des idées libertaires sur le vestiaire de Gerlan ou du Parc . Ce sont davantage la brutalité des rapports humains qui poussent nos joueurs à se mettre au niveau et à monter en puissance dans le registre « ta gueule ». Pour une fois qu’ils excellent dans quelque chose.

3) Des clans « ethniques » tenus par des Caïds

Attention, l’équipe de France serait minée, tout comme la république, par un communautarisme sournois, qui tient le vestiaire comme n’importe quel hall d’immeuble du 93. Des antillais contre des africains, des musulmans (cette année, les arabes ont été éliminé du jeu) contre des blancs terrorisés. Des preuves ? Aucune ! Mais on s’en fout. Il faut bien servir la soupe refroidie de l’identité nationale et du sécuritaire, y compris pour évoquer des querelles de personnes qui flippent surtout pour leur poste et leur statut (et les émoluments qui en découlent indirectement). Au final, une équipe qui s’est vautrée à une compétition et ou les plus anciens ont juste mouillé de trouille à l’idée que le sort de Nicolas Anelka puisse leur arriver à tous. Nous sommes loin des caïds et plus près des pleureuses du gouvernement après les démissions de leurs collègues.

4) Ils ne croient plus au maillot

Cf 1). Le patriotisme est certes dur à exiger de catégories professionnelles, qui comme les traders, les patrons ou les banquiers voyagent en business d’un pays à l’autre, avec comme principal soucis de fuir le fisc et de s’enrichir le plus possible à l’étape suivante. Le footballeur n’est pas un modèle en la matière, juste le cas le plus médiatique d’une époque qui bafouille sur son iphone son langage nationaliste hérité du XX siècle. Nicolas Sarkozy après tout n’a jamais été aussi heureux que comme président de l’UE. La France lui semblait alors si petite !

5) Ils ne montrent plus l’exemple aux jeunes amateurs

Pour en sortir une pareille, il ne faut ne plus se promener depuis longtemps sur bord de terrain à moitié gazonné de Seine-et-Marne, entre bénévoles qui poussent leur gamins comme un soir de champion league et des parents qui croient avoir enfanter le futur Zidane comme on achète le billet gagnant du loto. L’exemplarité ne repose plus vraiment sur les seules épaules de nos pros, fussent-ils en bleus. L’exemplarité au passage se trouve ou en ce moment ? Dans l’économie ? A la bourse ? A l’Elysée ?

www.sofoot.com

Moses Mabhida: una vida de lucha y resistencia

El Estadio Moses Mabhida de Durban, Sudáfrica, lleva el nombre de quien fuera secretario general del Partido Comunista Sudafricano (SACP) desde 1978 hasta su muerte en 1985.

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Por Bruno Matapay

Mabhida nació el 14 de octubre de 1923 en una familia campesina de la etnia zulú, que fue obligada a abandonar su tierra por los colonizadores blancos. Moses Mabhida empezó la escuela en 1932 y estudió varios años, interrumpidos por periodos durante los cuales tuvo que trabajar como pastor. Uno de sus profesores, Harry Gwala, lo influyó para que ingresara al Congreso Nacional Africano y al movimiento sindical independiente. Motivado también por el heroico papel de la Unión Soviética en la lucha contra el nazi-fascismo, Moses Mabhida ingresó al SACP en diciembre de 1942.


Después de la Campaña de Desafío de 1952, en la cual ocho mil personas fueron a prisión por protestar contra las leyes del apartheid, el Comité Distrital de Pietermaritzburg del SACP (entonces clandestino), le pidió a Mabhida que se dedicara de tiempo completo al trabajo sindical. En los siguientes diez años organizó a los trabajadores en la provincia de Natal. Fue uno de los protagonistas en el desarrollo del Congreso Sudafricano de Sindicatos (SACTU) y fue elegido su vicepresidente en el primer congreso, en 1955. También fue secretario del Congreso Nacional Africano (ANC) de Pietermaritzburg a mediados de los años ‘50 y fue un colaborador cercano del jefe Albert Luthuli. Mabhida llegó al Comité Nacional Ejecutivo del ANC hacia 1956, y en 1958-59 fue líder del ANC en Natal.

Una semana después de la declaración del estado de emergencia, en 1960, Mabhida fue enviado al exterior para representar a SACTU internacionalmente. Los tres años siguientes organizó las actividades de solidaridad internacional en Praga con la Federación Sindical Mundial, y con el desarrollo de las federaciones sindicales africanas. En 1963, tras su reelección en el Ejecutivo del ANC en la conferencia de Lobatse en octubre de 1962, Oliver Tambo le pidió que se dedicara al desarrollo del brazo armado del ANC, Umkhonto we Sizwe (MK). Mabhida recibió entrenamiento militar; como comisario de MK se convirtió en el principal instructor político de los nuevos reclutas militares, y luego fue comandante del MK. Su repetida reelección en el Ejecutivo del ANC, su nombramiento en el Consejo Revolucionario cuando se creó en 1969, y luego en el Consejo Político-Militar que lo reemplazó, refleja su popularidad entre los miembros del ANC.

Tras la Conferencia de Morogoro en 1969, ayudó a organizar el departamento de Inteligencia y Seguridad del ANC, y en 1979 hizo parte de la Comisión de Estrategia Político-Militar que produjo el Libro Verde, que trazó la estrategia del Congreso Nacional Africano para derrotar el apartheid. Marxista-leninista estricto y defensor de la Unión Soviética, fue elegido secretario general del SACP en noviembre de 1979, reemplazando a Moses Kotane, quien había fallecido el año anterior. Mabhida entró en contacto con Samora Machel, líder del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) en Kongwa, el primer campo de entrenamiento que las autoridades de Tanzania otorgaron al Frelimo y al ANC.


En los años ‘80, Mabhida continuó su trabajo político y logístico en el MK, en Lesoto, Mozambique y Suazilandia. En 1985, durante una misión en La Habana, Mabhida sufrió un infarto y, tras un año de enfermedad, murió de un ataque cardiaco en Maputo (Mozambique). Su cuerpo fue repatriado y sepultado en suelo sudafricano veinte años después de su muerte.

sábado, 3 de julio de 2010

Carta abierta al señor Diego Armando Maradona

"No te van a perdonar tus visitas a Chávez, o que tengas al Che tatuado en tu hombro".

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Por Carlos Malbrán


PARA EL CASO DE QUE NO GANEMOS ESTE CAMPEONATO DEL MUNDO

QUERIDO DIEGO, “PELUSA”, “PIBE DE ORO”, “DIEZ”, “DIOS”, “GORDO”:

Quiero hacer memoria, para que no se te olvide a vos, ni a ninguno de los argentinos.

Eras un pibe de la villa miseria de Fiorito. Uno de esos asentamientos informales, insalubres y laberínticos, de viviendas precarias en las que se hacinan los desplazados. Síntoma brutal de la marginación y la pobreza, del que los políticos prefieren no hablar porque es poner en duda toda la estructura legal del sistema.

Jugabas porque el fútbol es la expansión de los humildes, un acto atemporal que los saca de las desdichas cotidianas. La vida te había negado casi todo, y vos, como miles de chicos argentinos, con tus zapatos rotos, te desquitabas a patadas.

En 1973 alguien te dijo:

- Che pibe, vamos a armar un equipo para jugar en el “Torneo Evita”, ¿Entrás?

Con tus piernas flacas y tu rostro de “negrito”, te convertiste en la pesadilla del torneo, nadie quería enfrentarte. “Los Cebollitas”, (así se llamaban), se llevaron la copa y al año siguiente ganaron el Campeonato de la 8ª División. El conjunto se mantuvo invicto 136 partidos y gracias a que “Los Cebollitas” se convirtieron en una sensación, conociste Perú y Uruguay, donde los invitaron a jugar. No tenías 12 años y ya eras campeón.

A alguien se le ocurrió hacerte debutar en las inferiores del Club Argentino Juniors. Resultó fácil, fue el primer acto ilícito de tu vida: te cambiaron el nombre y mintieron la edad, agregándote dos años para que te aceptaran. Algo completamente inútil porque tu brillo era tal que cuando te vieron jugar, todos preguntaban: ¿Quién ese pibe? ¿De dónde salió ese prodigio?

Entonces decidieron que era mejor ponerte en el entretiempo de los partidos de la Primera División para que entretuvieras a la hinchada haciendo malabares con la pelota. Naciste mago. Siempre la pelota ha hecho todo lo que querés, ¿O será al revés?

Llegaste a la villa eufórico:

- ¡Mamá, me pagaron!

Doña Dalma te dio un beso y tu padre Diego te regaló una sonrisa y una palmada afectuosa. Hasta hay un viejo comercial de Coca Cola, donde se ve a aquel muchachito haciendo maravillas.

La primera vez que figuraste en los diarios, (esos que cada vez que pueden, intentan destruirte por tus ideas), tenías diez años. El Clarín decía: “Había un pibe con porte y clase de ‘crack’…”. Este periodista no sabía que aún faltaban por llenar muchas páginas hablando del “Pibe de Fiorito”. Porque en dos años ascendiste ocho divisiones en Argentinos Juniors, de novena a primera, y comenzaste a dibujar tu historia con goles: en 1978, aunque te consagraste como el goleador del Metropolitano, el flaco Menotti te dejó fuera de la Selección que ganó el campeonato porque eras muy niño, pero al año siguiente nos trajiste la Copa del Mundial Juvenil.

Por ese tiempo, aunque River te quería contratar y te ofreció lo mismo que ganaba Ubaldo Fillol, el jugador mejor pagado de entonces, decidiste jugar para Boca, que estaba en serios problemas económicos y no podía comprar tu pase. Nos hiciste campeones, pero duraste poco. Europa siempre ha pagado mejor y te fuiste al Sevilla y después al Nápoles.

El Mundial de México '86, siempre será recordado como “el Mundial de Maradona” y podría escribir muchas páginas con las emociones que nos hiciste vivir, porque cada vez que mandaste la pelota al fondo de la red, no era un gol de Maradona, era un tanto de desquite de todos los humildes de tu pueblo.

La FIFA, aún a regañadientes, (los oligarcas del fútbol no te quieren Diego) tuvo que elegirte como al mejor jugador del siglo XX. Para nosotros significas mucho más. Siempre recordaré cuando como consecuencia de haber caído en los abismos de la droga, te tuvieron que internar de urgencia y una multitud angustiada hizo intransitable cuadras enteras en torno al hospital. Alguien puso un gran cartel: “El cielo tiene que esperar”, otro decía: “Siempre vivirás, Dios no quiere competencia.”, otro: “Jesús resucitó una vez. Vos, miles.”, y quizá el más significativo rezaba: “Diego, no aflojés que vas a salir. No podés perder. No te olvides que Maradona juega para vos.”

Saliste de la droga como también te levantaste de cada golpe que te dieron en la cancha, pero los medios internacionales siempre magnificaron tu adicción a las drogas y cada error que cometías, porque lo que no te perdonan es que a pesar del dinero, la fama y la gloria, nunca olvidaste al pibe de la villa de Fiorito y que cada uno de tus mensajes políticos mueva la conciencia de los pobres y explotados del mundo.

El mercado puede aceptar que seas un genio del fútbol, pero no que te hayas convertido en la compensación para una sociedad frustrada por varias dictaduras militares y desgastada por el accionar de políticos corruptos.

Se acepta, ¿qué otro remedio les queda?, que seas un campeón, más no que reflejes los sentimientos de los despojados que necesitan creer que Dios no está tan lejos.

Eso no te lo van a perdonar nunca Diego.

La FIFA no te puede perdonar que promuevas la sindicalización de los jugadores, a los que llamas “los obreros del fútbol”, porque eso echaría por tierra un negocio que mueve millones de dólares cada cuatro años.

Si Maradona dona una escuela, o promueve una colecta para los niños pobres con parálisis, no saldrá en la primera plana de ningún periódico del mundo, porque lo imperdonable no son estos actos en sí, sino que lo hagas siempre diciendo que sólo estás devolviendo algo de lo que los poderosos roban a la gente.

Demagogo, populista, oportunista, drogadicto, son los calificativos aconsejados por los señores de la SIP para poner junto a tu nombre. Como también aconsejan destacar siempre las declaraciones del señor Pelé, porque ese si es “bueno”. Se coloca debajo de un cartel de alguna firma de productos deportivos, que por supuesto le paga, para reivindicar siempre al sistema y defender sus intereses. De eso vive.

No te van a perdonar tus visitas a Chávez, o que tengas al Ché tatuado en tu hombro.

La única vez que te tuve cerca fue cuando en noviembre de 2005, con motivo de la Cumbre de Presidentes de Mar del Plata, nos invitaste a ir a repudiar la presencia de Bush en la Argentina.

Los grandes diarios del mundo, no publicaron en estos días la foto de la Selección Argentina despidiéndose rumbo a Sudáfrica con una gran pancarta que decía: “Apoyamos a las abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Nobel de la Paz”. Ni tampoco la noticia de que recibiste en Pretoria a Estela Carlotto con un gran abrazo.

Eso no se perdona Diego.

El fútbol, vos lo sabés mejor que nadie, es un juego impredecible y como bien declaraste: “No hay favoritos. Cualquiera te puede clavar la pelota en el ángulo y todo lo que hiciste… Chau”. Todo es posible, pero por todo esto y mucho más quiero decirte que si eso sucede, no te hagas ningún problema, porque con nosotros ya cumpliste.

Gracias por ser Maradona.

Gracias por ser nuestra alegría y nuestra esperanza.

Gracias por no olvidar al pibe de Fiorito.

Gracias por representarnos siempre a todos con dignidad.

Gracias campeón.