domingo, 31 de enero de 2010

Morales entrega grama sintética a cancha de un sindicato

Además, apoyará construcción de policlínica

El presidente Evo Morales entregó el domingo en La Paz la cobertura de grama sintética en la cancha Litoral, del sindicato Eduardo Abaroa, y aseguró financiamiento para la construcción de una policlínica para esta organización, el más antiguo de los gremios del transporte boliviano.

"Por supuesto compañeros ya tienen garantizado el policlínico", dijo ante una concentración de chóferes en las instalaciones deportivas del Sindicato Eduardo Abaroa, en el popular suburbio paceño de Tembladerani.

El jefe de Estado aseguró el concurso de su gobierno en el financiamiento de edificación luego que un dirigente de los transportistas, René Vargas, le expuso los planos, ya aprobados y le solicitó apoyo para la construcción de una policlínica que beneficiará "a nuestros compañeros (afiliados) y a los niños", hijos de aquellos.

Con tan buen talante como Morales, el vicepresidente Alvaro García Linera destacó, en una corta alocución, el carácter histórico del Sindicato Abaroa, que tutela la tradicional línea de colectivos número ‘2’, que desde la década de los años 40 del siglo pasado recorre las más populosas barriadas de Sopocachi, Tembladerani y Achachicala, además del paseo capitalino El Prado.

Antes que una representación de los chóferes enfrente al equipo de fútbol del Presidente, que prueba sus predicamentos por la mayor parte de las canchas del país, en el juego estreno del gramal de plástico, Morales y García Linera destacaron "la campaña orgánica y militante" de adhesión de los chóferes de La Paz en pro del proceso de cambios que ambos mandatarios impulsan en Bolivia desde 2006.

García Linera afirmó entonces "la humildad y esfuerzo" con que el Gobierno "trabajará por toda Bolivia".

Agencia Boliviana de Información (ABI)

sábado, 30 de enero de 2010

Cantos del fútbol: "Pura diversión", Maldita Vecindad (México)

domingo, 24 de enero de 2010

Che Guevara Fútbol Club


Por Juan Ignacio Irigaray
El Mundo


El nombre y la imagen del revolucionario cubano de origen argentino Ernesto “Che” Guevara de la Serna (1928-1967) ya figuraban en las escuelas y plazas de Argentina, incluso hasta hay un monumento de cuatro metros de altura, aparte de los consabidos posters, gorros y camisetas que también circulan por todo el planeta.

Pero la ‘chemanía’ de muchos argentinos, al parecer, nunca se acaba y ha poblado un nuevo rubro. Nada menos que… ¡el fútbol!, el deporte pasión de buena parte de la población del país, que aún idolatra al seleccionador y ex jugador Diego Armando Maradona, llamándole “Dios”. El ‘Pibe de Oro’ también luce un tatuaje del “Che” en el brazo.

En la localidad Jesús María -900 kms al noroeste de Buenos Aires- hay un club social y deportivo “Che Guevara“. Tiene entidad jurídica y sus equipos compiten en las categorías de primera, reserva, sub 17 y sub 12 de la liga de provincia de Córdoba. Tiene unos 70 jugadores que entrenan dos veces a la semana y juegan los sábados o domingos.

Las camisetas, del mismo tono que la bandera comunista

Las camisetas son del mismo tono de color rojo y lucen la inconfundible estampa del revolucionario en el pecho. En la espalda y debajo del número, está inscrita la leyenda “Hasta la victoria, siempre” con que el “Che” solía cerrar sus proclamas y discursos revolucionarios.

Mónica Nielsen, una mujer de 50 años que se define como “guevarista a ultranza”, es la presidenta y financiera del club, que solventa con la venta de camisetas del equipo. “Siempre trato de bajarle (inculcar) el Che y sus ideales a los pibes. Él era un apasionado de los deportes, jugaba al fútbol, al golf y era un gran jugador de rugby. Hasta hizo las veces de periodista deportivo”, dijo al diario porteño Clarín.

“Hasta el año pasado mantenía el club con mi plata”, cuenta Mónica. El presupuesto mínimo que necesita mensualmente para funcionar la institución, es de poco más de tres mil pesos por mes, unos 780 dólares .“No tengo idea ni me interesa saber cuanta plata gasté de mi bolsillo. Mi satisfacción va por otro lado”, remata.

Nielsen afirma que a través del fútbol puede ayudar a los sectores más necesitados de la sociedad. “El deporte es un derecho humano, practiquémoslo”, publicita. También imparten clases de lectoescritura a los jugadores y sus familias. Y asegura que en club del “Che” Guevara “viene cualquiera y no se le exige que comparta la ideología”.

Parafraseando al Che, expresa: “La arcilla fundamental de nuestra obra, es la juventud”. “Y eso te gratifica el alma”, asegura la mujer.

El Che

Guevara nació en la ciudad argentina de Rosario en 1928, en el seno de una familia acomodada. De joven jugó al rugby y se graduó de doctor en medicina. Luego hizo varios viajes en moto por América Latina y terminó afincándose en Guatemala para atender en los hospitales públicos.

En Guatemala gobernaba el presidente progresista Jacobo Arbenz, que terminó derrocado por un golpe impulsado por la CIA estadounidense y Guevara se refugió en México. Allí conoció a Fidel Castro quien le invitó a enrolarse como médico en la expedición del yate Granma que a fines de 1956 desembarcó en Cuba para encabezar la lucha que se libraba contra el presidente Fulgencio Batista.

El Che fue uno de los pocos expedicionarios que pudieron alcanzar las estribaciones de la Sierra Maestra para reunirse con Fidel e integrar el núcleo básico del Ejército Rebelde. Llegó a alcanzar el rango de comandante, igual que Fidel y Camilo Cienfuegos.

En el gobierno revolucionario ocupó los cargos de Presidente del Banco Nacional de Cuba y ministro de industrias. Años más tarde soñó con exportar la revolución a distintos países y crear lo que él llamaba “uno, dos, tres Vietnam” contra el imperialismo estadounidense creando focos guerrilleros.

Lo intentó personalmente en Congo y Bolivia pero fracasó. En 1967, los militares bolivianos capturaron al Che y sus hombres en la selva y los fusilaron en el pueblo de La Higuera. Sus cadáveres fueron enterrados clandestinamente allí y recién en 1997 un equipo de antropólogos de Cuba y Argentina los encontraron. Ahora descansan en un museo de la ciudad de Santa Clara, Cuba.

sábado, 23 de enero de 2010

Las causas de la guerra del fútbol que narró Kapuscinski siguen vigentes

Por Ricardo Martínez Martínez
Rebelión

Cayó la noche en tormenta y eso me obligó a bajar la velocidad casi al límite de los 5 kilómetros por hora.

En el camino laberíntico y pedregoso que conectan a Perquín, Morazán, al nororiente de El Salvador, con La Esperanza, Lempira, al centro norte de Honduras, Doña Pascualita, una indígena Lenca de 70 años, me guió hace apenas unos meses sobre este tramo de los más de 340 kilómetros de frontera entre ambos países. El destino: visitar las comunidades de la zona, testigos de la historia en esta minúscula parte del mundo que sacude desde hace décadas las relaciones bilaterales y, sin sospecharlo, llegan los días en que acaparan la atención pública internacional.

Visto desde cualquier punto en horas del día, el espeso cuerpo vertebrado de las montañas se abre paso por un paraíso natural acompañado de diminutas aldeas enclavadas en el centro de la reconocida zona verde mesoamericana que se extiende hasta las selvas de Guatemala y México, en un extremo, y al territorio volcánico de Nicaragua, en el otro.

Árboles frondosos de exquisita madera, afluentes de agua que alimentan a las ciudades, y minerales, sobre todo de oro, han sido causa de innumerables conflictos bélicos y sociales que se remontan a 1571.

El periodista Ryszard Kapuscinski fue testigo de la crisis geopolítica que llevó al tope, durante cien horas, siglos de desacuerdos. El 14 de julio de 1969, Honduras y El Salvador entraron en guerra por el diferendo sobre la posesión de esas tierras limítrofes. La intuición y el olfato periodístico guiaron al corresponsal de la Agencia Polaca en su viaje a la capital Tegucigalpa, Honduras. En el mismo día de su llegada lo abrazó la tensión, la incertidumbre, la crueldad y la desolación.

En su reportaje titulado La guerra del fútbol, el escritor resumió las paradojas y lo absurdo de aquella confrontación despiadada entre dos naciones, en la cual se ensalzaron el patriotismo, la malicia y el rencor. Las hordas desatadas y eufóricas llevaron la violencia hasta sus últimas consecuencias atravesando todo el tejido social.

Sangre y sufrimiento fueron compartidos entre los partidarios de las selecciones nacionales de fútbol que competían por clasificar para el mundial México '70. Como relató el reportero, antes de los bombardeos desde aviones caza sobre poblaciones indefensas, ya la guerra había comenzado.

El resultado de seis días continuos de choque y pavor fueron seis mil muertos, veinte mil heridos, 50 mil personas perdieron sus casas y sus tierras y muchas aldeas fueron arrasadas. En la zona desapareció una generación y sus esperanzas.

El tiempo dio tregua a los disparos, pero la paz se firma hasta 1980, una paz de los sepulcros. Los gobiernos y ejércitos respectivos se unieron en santa cruzada para comenzar otra guerra interna en ambos países contra la insurgencia y la población civil, que se extendió por una década más. El saldo de las dictaduras de Napoleón Duarte, en El Salvador, y Policarpo Paz García, en Honduras, arrojó hasta 1992 la macabra cifra de 75 mil muertos, seis mil desaparecidos, aldeas destruidas y poblaciones masacradas como la de El Mozote y la del Lempa.

A 15 años de la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno y la guerrilla salvadoreña, y la sentencia de la Corte Interamericana de Justicia para delimitar las tierras entre Honduras y El Salvador, los conflictos en la zona verde (como se le conoce) no han desaparecido, proliferan: pobreza, delincuencia, desapariciones, tráfico de drogas, paramilitares, conflictos agrarios y empresas mineras, son elementos del escenario que mantiene en la incertidumbre a las poblaciones en la franja fronteriza. La guerra sigue por otros medios y se ha extendido a todas las esferas de la vida.

Ya Kapuscinki había resumido en aquel año de 1969 la tendencia histórica de la violencia en la región: “Las hostilidades cesaron gracias a la intervención de los países de América Latina si bien las fronteras entre Honduras y El Salvador sigue siendo, hasta la fecha, escenario de muchas escaramuzas armadas en el curso de las cuales mueren personas y las aldeas se convierten en cenizas.”

Confirmé, con Doña Pascualita, la previsión del escritor polaco. Esa zona sigue siendo escenario de una guerra silenciosa que quizá nunca se solucione, pero lo real es que la guerra dilapida la razón.

No hay guerra que se pueda transmitir a distancia. Una persona se sienta a la mesa y se pone a comer tan tranquila mientras ve la televisión: en la pantalla, torbellinos de tierra saltan por los aires –corte–, se pone en marcha la oruga de un tanque –corte–, los soldados caen abatidos y se retuercen de dolor, y el espectador pone mala cara y maldice furioso porque, pendiente de la pantalla, ha puesto demasiada sal en la sopa. La guerra vista a distancia y hábilmente manipulada en una mesa de montaje no es más que un espectáculo. En la realidad, el soldado no ve más allá de la punta de su nariz, tiene los ojos cubiertos de polvo, e inundado de sudor, dispara a ciegas y se arrastra por la tierra como un topo, y sobre todo, tiene miedo”, concluyó su relato el periodista, testigo anónimo de esos acontecimientos.

Ryszard Kapuscinski ya no podrá contarnos otro capítulo, aunque nos ha dejado el legado del nuevo periodismo convertido en literatura. El 23 de enero lo abrazó la muerte.

Publicado originalmente en enero de 2007

miércoles, 20 de enero de 2010

Eric Cantona, polémico y versátil, se lanza a la escena teatral en París

El que fuera delantero del Manchester United en los años 90 continúa con su carrera artística después de haber participado en "Looking for Eric", la última película de Ken Loach.

Se trata de un texto dramático de Nathalie Saugeon que interpretará junto al actor Loránt Deutsch en el Théâtre Marigny de la capital francesa, informaron los responsables del teatro.

A pesar de que cuenta en su haber con una decena de películas desde que se lanzó al mundo del cine en 1996, fue la cinta de Loach, nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes, la que abrió a Cantona las puertas de la escena parisina.

El marsellés, descendiente de españoles, dará vida a un moribundo refugiado en un recoveco de un edificio recién derruido, por lo que el peso de su interpretación en la obra dirigida por su esposa y antigua actriz de la Comédie Française, Rachida Braknic, estará en la poderosa voz del ex internacional francés.

"Una evolución como esta en un futbolista es admirable", asegura a "Le Monde" Pierre Lescure, director del teatro, quien confiesa que el ex del Leeds y del Marsella todavía tiene que trabajar ligeramente su vocalización.

En su tierra natal, Francia, esta actividad alejada del terreno deportivo no se toma muy en serio en los círculos intelectuales, como prueban los célebres "guiñoles" de "Canal +", en donde le han asignado el satírico sobrenombre de "Picasso" y se mofan de sus ambiciones artísticas.

Sin embargo, en Inglaterra, donde pasó gran parte de su carrera como futbolista, la reconversión creativa de Cantona, de 43 años, significa un punto positivo para un jugador admirado por los británicos, a pesar de sus numerosos escándalos, entre los que se cuenta una famosa patada acrobática a un espectador en 1995.

Sus inquietudes artísticas, que le acompañan desde niño, le vienen de familia puesto que su abuelo, exiliado catalán tras la Guerra Civil española, compaginaba su trabajo como albañil con la pintura, al igual que su padre, enfermero psiquiátrico y pintor.

El pincel y el lienzo han acompañado a Eric Cantona, de 43 años, desde que era niño y, a medida que han avanzado los años, a esta pasión se han ido añadiendo las de coleccionista de arte, fotógrafo y actor.

EFE