La capitana de la selección de fútbol femenino de Estados Unidos, Megan Rapinoe, ya es mundialmente famosa. Además de obtener su segundo título mundial, rechazó visitar la Casa Blanca y dijo que Donald Trump "excluye" a las minorías. Ahora, una encuesta demuestra que podría ser presidente
Por Sputnik
El nombre de Megan Rapinoe comenzó a sonar con fuerza durante la Copa del Mundo de fútbol femenino que se disputó en Francia. No solo su cabello color púrpura llamó la atención de los fanáticos; también su talento: fue la goleadora del torneo con seis goles y se llevó el trofeo a la mejor jugadora del campeonato.
Por supuesto, Rapinoe no es nueva en la selección de Estados Unidos. Debutó en 2006 y, si bien se perdió la Copa del Mundo de 2007 por una lesión, participó en el equipo que obtuvo el segundo puesto en Alemania 2011, que se quedó con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y que ganó los mundiales de 2015 y 2019.
Poco a poco, la figura de Rapinoe fue haciéndose más conocida también fuera del campo. En 2012 informó públicamente que era lesbiana durante una entrevista con la revista Out. En ese mismo artículo, la futbolista ya reclamaba que el fútbol femenino lograra la misma atención que el masculino.
Desde entonces, Rapinoe ha sido protagonista de varias campañas en favor de los derechos de gays y lesbianas y en contra de la discriminación. El 8 de marzo de 2019, por ejemplo, Rapinoe fue una de las 28 futbolistas que presentaron una denuncia contra la Federación de Fútbol de los Estados Unidos por inequidad en los pagos con respecto al seleccionado masculino.
La Copa del Mundo de 2019 volvió a convertirla en protagonista fuera de las canchas. En junio, antes de ganar el mundial, Rapinoe dijo en una entrevista con la revista 'Eight by eight' que no tenía intenciones de ser recibida por el presidente Donald Trump, en caso de que ganara el torneo.
"No voy a ir a la puta Casa Blanca. No vamos a ser invitadas. Lo dudo", declaró.
El propio Trump respondió a la capitana estadounidense, asegurando que Rapinoe "debería ganar primero antes de hablar". "¡Termina el trabajo!", le dijo, a través de su cuenta de Twitter.
"Aún no hemos invitado a Megan o al equipo, pero ahora estoy invitando al equipo, gane o pierda. Megan nunca debería faltarle el respeto a nuestro país, a la Casa Blanca o a nuestra bandera, especialmente porque se ha hecho mucho por ella y por el equipo. Siéntete orgullosa de la bandera que llevas", escribió el mandatario.
Efectivamente, Rapinoe terminó el trabajo y se consagró campeona del mundo. Por eso, a la llegada del equipo a EE. UU., lideró los festejos en Nueva York (el equipo evitó ir a Washington) y dio un aclamado discurso en el que lanzó una "petición" a los fanáticos del fútbol femenino y a todos los estadounidenses.
"Nosotras hacemos deporte, jugamos fútbol y somos mujeres atletas pero somos mucho más que eso. Ustedes son mucho más que aficionados que apoyan un deporte y sintonizan el mundial cada cuatro años. Ustedes son gente que camina por la calle e interactúa con la comunidad cada día", inició.
La futbolista preguntó: "¿Cómo hacen a su comunidad mejor? ¿Cómo hacen que las personas a su alrededor sean mejores? Es la responsabilidad de cada uno".
Como era de esperar, el mensaje de Rapinoe tuvo repercusión mundial y fue celebrado por muchos estadounidenses. La futbolista no se quedó tranquila y continuó su cruzada contra las políticas de Trump en una reciente entrevista con CNN en la que le preguntaron qué le diría a Trump si lo tuviera frente a frente.
"Su mensaje excluye a las personas. Usted me excluye a mí, excluye a las personas que se parecen a mí, excluye a las personas de color, excluye a los estadounidenses que quizás lo apoyan", sostuvo.
Su discurso contra Trump parece tener apoyo entre los estadounidenses. La organización 'Public Policy Polling' difundió recientemente una encuesta en la que comparó la intención de voto de Trump con una hipotética candidatura de la futbolista.
La encuesta arrojó que Rapinoe recoge el 42% de la intención de voto y se ubica por encima del actual presidente, que se queda en 41%. Incluso, la capitana de la selección se ubica por encima del resto de los posibles candidatos del Partido Demócrata, por lo que sería incluso la líder de la oposición.
En su discurso en Nueva York, la propia Rapinoe demostró que es consciente de su apoyo popular pero prefiere seguir al lado de sus compañeras de equipo.
"No hay un mejor lugar en el que quiera estar. Ni siquiera en la carrera presidencial. Estoy ocupada, lo siento", aclaró.
Angie Catalina llegó desde Colombia para apoyar a la selección en la Copa América de Brasil 2019.
En los tres partidos de la fase de grupos estuvo en los estadios con un letrero con el que recuerda la muerte de los líderes sociales del país. Quiere hablarle al continente sobre lo que está pasando.
En medio de la Primera Guerra Mundial, en las trincheras de Flandes se improvisó un partido de fútbol entre soldados enemigos que constituyó una tregua no declarada.
Hace un siglo, el fútbol le regalaba a la humanidad una de sus historias más conmovedoras.
Se dio en el marco de un breve alto el fuego no oficial entre el Imperio Alemán y las tropas británicas apostadas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la Navidad de 1914. La tregua comenzó el 24 de diciembre cuando los alemanes empezaron a decorar sus trincheras y luego entonaron el villancico "Stille Nacht" (Noche de paz). Los británicos respondieron con otros villancicos en inglés. Ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros. Pronto se encontraron en la tierra de nadie, donde intercambiaron pequeños regalos: whisky, cigarrillos, etc.
La artillería en esa región permaneció en silencio toda esa noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de entierro con soldados de ambos lados llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su respeto.
En medio de esa tregua no pactada en las trincheras de Flandes, se improvisó un partido de fútbol entre las fuerzas enemigas. Hay cartas que reseñan que los alemanes ganaron 3-2. Claro, el resultado fue lo de menos.
Un siglo después el presidente de la UEFA, Michel Platini, inauguró el monumento en Ploegsteert cerca del antiguo frente de batalla en Bélgica. "Quiero homenajear a los soldados que hace cien años expresaron su humanidad jugando juntos al fútbol. Ellos escribieron un capítulo en la construcción de la unidad europea y que son un ejemplo a seguir por las jóvenes generaciones de hoy", señaló.
El historiador galés Mike Dash explicó en 2011 que "hay muchas evidencias de que en aquella Navidad se jugaron varios partidos -en su mayoría entre soldados de la misma nacionalidad- pero en al menos en tres o cuatro lugares se dio entre las tropas de los ejércitos enemigos". Una carta escrita por un médico adjunto a la Rifle Brigade, publicada en The Times el 1 de enero de 1915, informó: "un partido de fútbol ... jugado entre ellos y nosotros frente a la trinchera". Entre esos partidos, se incluye uno entre el 133rd Royal Saxon Regiment frente a "tropas escocesas", como los protagonistas de esta historia. Luego se sumaron muchos elementos de ficción, cuando el poeta y escritor británico Robert Graves reconstruyó los hechos y los publicó en 1962. En su versión se da como válido el resultado 3-2 a favor de los germanos.
Otro partido se jugó en el sector de Argyll y las Sutherland Highlanders. "Ese juego se dio entre las líneas y las trincheras", según una carta publicada por el Glasgow News, y los escoceses ganaron 4-1.
Albert Wynn, lugarteniente del Royal Field Artillery escribió sobre un partido entre un equipo alemán (descripto como "Prussians and Hanovers") jugado cerca de Ypres, localidad próxima a la frontera entre Bélgica y Francia. The Lancashire Fusiliers, apostados cerca de Le Touquet, en la costa norte francesa, enfrentaron a los teutones usando una lata de ración de picadillo de carne como pelota. Para conmemorar estos partidos, la Premier League planea terminar una cancha de fútbol en Ypres.
Se suele decir en la Argentina que los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos. Y en esa broma hay algo de verdad. En el único país (junto a Uruguay) de América Latina que tiene mayor población de origen europeo que autóctono, la mezcla de italianos, españoles, árabes, rusos, ingleses, turcos, constituyó un auténtico crisol de razas de cuya fundición surgió una identidad nacional propia, una forma de ser que en el fútbol distingue al argentino en cualquier parte del planeta: la pasión. Es una manera de vivir el fútbol que nació a finales del siglo XIX, cuando los ingleses amarraban sus buques en el puerto de Buenos Aires y se aventuraban al interior del país para trazar la red ferroviaria. Sin saberlo, en sus horas de ocio contagiaron a la gente de estas tierras el deporte que practicaban con tanto entusiasmo. Y por todo el país se organizaron clubes y equipos. En el 1901 apareció River Plate, en el humilde barrio de La Boca, junto al Río de la Plata. Una zona poblada por trabajadores portuarios de origen mayoritariamente italiano. En 1908 los riverplatenses alcanzaron la Primera División pero la rivalidad más marcada iba creciendo a nivel barrial: en 1905 un grupo de vecinos genoveses había fundado Boca Juniors. Eran años de caballerosidad, propios de los tiempos románticos de una nación que forjaba su destino a un ritmo vertiginoso.
Como destino de todo país del llamado Tercer Mundo, el progreso devino en ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Y salvando las distancias y con los riesgos y vicios de toda generalización, las clases más acomodadas se fueron identificando con River y los más necesitados tomaron los colores boquenses. Era una rivalidad que trascendía al barrio de La Boca; se había extendido ya por toda Buenos Aires y se conocía en toda la Argentina. Con el ascenso de Boca, llegó el primer choque. Fue el 24 de agosto de 1913 y el calor de la gente no podía estar ausente. Tras la victoria de River ambas hinchadas se trenzaron a golpes y el fuego consumió una bandera de Boca. Ese violento bautismo marcó para siempre la rivalidad. Quien ganara el clásico sería el “dueño” del barrio y algo más.
Pero en 1919 el fútbol nacional se partió en dos y Boca se quedó en la “Asociación Argentina” y River en la “Asociación Amateurs”. Siguieron siete años sin el derby hasta que el 4 de diciembre de 1927 volvieron a chocar. Ganó Boca, como lo seguiría haciendo sobre el final del amateurismo y al principio de la era profesional, que comenzó en 1931. La paternidad se acentuaba, pero el profesionalismo le permitió a River reforzarse y consiguió el pase de Bernabé Ferreyra, el goleador del momento. El alto costo de la transacción le impuso a los riverplatense el mote de “millonarios”. Además, el club se había mudado al elegante Barrio Norte, una zona donde se levantaron las mansiones de los acaudalados de Buenos Aires. Boca, fiel al barrio que lo vio nacer, seguía cerca del puerto, una zona que se inunda rápidamente con las crecidas del Río de la Plata. Los rivales le impusieron a Boca el apodo de “bosteros”, por los desbordes de las cloacas. Lejos de ofenderse, los boquenses lo adoptaron con orgullo y lo conservan. Igual, la broma preferida de los visitantes a La Bombonera es ir al partido con un barbijo. O como hizo durante años Ángel Labruna, quien como jugador, técnico y emblema de River ingresaba a la cancha apretándose su nariz.
El atajo a la gloria
En la historia de Boca y de River hubo jugadores geniales, únicos. Citar a Diego Maradona y Daniel Passarella es una pequeña muestra de los nombres que desfilaron por ambos clubes y se ganaron la admiración de los hinchas. Pero hay otros, cuya trayectoria no fue tan brillante, que se subieron al podio de los favoritos a fuerza de sus actuaciones en el clásico. Labruna fue el gran verdugo de Boca durante los años 40 y 50, y con sus 16 goles se convirtió en el máximo anotador de la historia del “clásico de los clásicos”, como lo bautizó un relator. Pero Boca tuvo un vengador venido del Brasil, Paulo Valentim. Cuando llegó en 1960, Alberto Armando, presidente de Boca, le pidió: “usted hágale goles a River; de los otros partidos no se preocupe”, y el hombre le hizo caso: enfrentó ocho veces a River y le metió 10 goles. Se fue en 1964, pero quedó en la memoria de todos los boquenses. La idolatría se había transformado en canción: “Tim, Tim, Tim... gol de Valentim”, entonaba La Bombonera.
Pero no sólo los goles reservan un lugar en el podio de los corazones de los aficionados de uno y otro equipo. La fidelidad a una camiseta fue siempre reconocida, como le ocurrió a Reinaldo Merlo quien en 35 ocasiones se calzó la banda roja para enfrentar a Boca (1969/84). El xeneize con más clásicos fue Silvio Marzolini con 29 partidos (1960/72). El mismo récord de clásicos lo alcanzó el genial arquero Hugo Gatti, pero repartido entre los dos clubes: 7 en River y 22 en Boca, a lo largo de sus 25 años ininterrumpidos en Primera. Curiosamente Gatti fue querido por todas las hinchadas, pero en la mayoría de los casos, los “traidores” sufren las mismas consecuencias que padeció Figo en su visita a Barcelona con los colores del Real Madrid. Otros casos de grandes jugadores que representaron a los dos clubes más poderosos de la Argentina fueron José Manuel Moreno, Alfredo Rojas, Carlos Morete, Oscar Trossero, Alberto Tarantini, Ricardo Gareca, Oscar Ruggeri, Carlos Tapia, Julio Olarticoechea, Gabriel Batistuta y Claudio Caniggia. En el siglo XXI
Los clásicos se acumulaban por decenas y las supremacías se alternaban. Todo es motivo de discusión entre River y Boca: la cantidad de convocados a la selección, el tamaño de sus estadios, la fidelidad de sus hinchas, las pintadas de los paredones, el tamaño de las banderas... Es que Boca-River no se vive sólo en la cancha: faltando una semana para el encuentro todo el país habla del partido. Los diarios lo palpitan en sus páginas, los bohemios lo imaginan en las mesas de los bares, los chicos lo sueñan en el colegio y en cada puesto de trabajo se apuesta por el resultado. Hace décadas que este clásico trasciende a Buenos Aires, tanto como que los hinchas de uno y otro están por todo el país. Los de Boca se autodenominan “la mitad más uno”, los de River suman títulos y se autoproclaman “el campeón del siglo”. Y se juega un duelo de ingenio. Cuando River en los años '60 perdió la final de la Copa Libertadores, los de Boca comenzaron a llamarlos “gallinas”. Los de River adoptaron el sobrenombre y responden con imágenes de un cerdo vestido de azul y amarillo. Cuando en 1996 River viajó a Tokio para disputar la Copa Intercontinental, los boquenses agotaron en las tiendas deportivas todas las camisetas de Juventus, su adversario de turno. Lo mismo pasó en el 2000 con las del Real Madrid, compradas por los de River. Entre ellos no existe “el orgullo nacional”. No importa contra qué país se compita, el de Boca quiere una derrota de River y viceversa.
Y cuando llega el encuentro nadie quiere perdérselo. En el único partido argentino en el que se recauda más de un millón de dólares, no importan los vaivenes de la economía nacional y aunque el precio de las entradas se duplica, se agotan. Tampoco importa el maltrato de la policía y los hinchas harán colas desde la madrugada para reservarse su lugar. El derby también bate récords de abonos a la TV codificada (pay per view). Si las tribunas están llenas, los sectores de prensa también: no sólo estarán los medios de toda la Argentina, también habrá periodistas de Europa, Japón, los Estados Unidos y toda Suramérica.
Gol de Martín Palermo a River Plate por los cuartos de final de la Copa Libertadores del año 2000.
La pasión atrapa a todos: los técnicos hacen declaraciones victoriosas, los diputados suspenden sus sesiones, las revistas se agotan... No importa que se juegue por el campeonato local, la Copa Libertadores o un torneo veraniego, todos quieren ganar. Lamentablemente este fervor a veces se traduce en violencia, ya sea por las tristemente conocidas “barras bravas” o por los cantos xenófobos hacia los inmigrantes paraguayos y bolivianos, en su mayoría identificados con Boca.
De padres e hijos
Existe una forma argentina de bromear: la “cargada”. Tras cada partido aparecen los chistes. De regreso al trabajo o a la escuela, el perdedor debe soportar las burlas de sus amigos. Una modalidad que tomo fuerza en la última década fue la de los afiches callejeros. Cuando River sumó su 29º título local, Buenos Aires amaneció empapelada con carteles con la bandera y la leyenda “Gracias por otra alegría”. Pero el 2000 fue el año de Boca y sus hinchas disfrutaron tanto sus victorias como la impotencia de sus “primos”. Ante la avalancha de triunfos boquenses, los de River no disimulaban su malestar y un hincha anónimo mandó a imprimir afiches en los que se veía una gallina recostada en un diván de psicólogo. Nada resumía mejor los estados de ánimo. El 17 de diciembre Boca ganó un nuevo campeonato y la dedicatoria fue al histórico rival: “Ya se acerca Nochebuena / Ya se acerca Navidad / Para todas las gallinas... el regalo de Papá”. La paternidad siempre fue motivo de cargadas. Hoy, el historial dice que de alrededor de 170 partidos, Boca ganó siete más que River. Pero cada década la tendencia se revierte y todos saben que el fútbol siempre da revancha. Eso sí, lo peor que le puede pasar a un hincha de Boca es que su hijo se identifique con River, lo mismo a la inversa. Por eso es una costumbre asociar al bebé antes de que deje el hospital donde acaba de nacer. Así saldrá al mundo con su carnet para que en su adultez pueda decir con orgullo: “soy hincha desde la cuna”.
Bienvenidos a la fiesta
El estadio Munumental (donde se disputó la final del Mundial '78) es la casa de River; una obra imponente enclavada en Núñez, un barrio residencial de clase alta. A pocos kilómetros, La Bombonera es una caja de resonancia en la que se siente como en ningún otro lado la presión de los hinchas. Por las humildes y pintorescas calles de sus alrededores ya se respira el ambiente del fútbol. Cada cancha tiene su secreto. En River esa majestuosa inmensidad que intimida a los rivales, en Boca esa sensación de que el público viste la camiseta número 12.
Desde un satélite que orbite la Tierra sería muy fácil distinguir cuándo se enfrentan Boca y River: Buenos Aires, la gran capital con sus 11 millones de habitantes, va deteniendo su ritmo febril, se aletarga, se enmudece. Todo el calor, el sonido y el color queda reducido a un punto, que según el fixture estará en Núñez o La Boca. Y después de 90 minutos de juego, ese calor y ese sonido invadirán las calles de Buenos Aires y de cada pueblo y ciudad de la Argentina, pero sólo un par de colores adornarán la fiesta. Será todo azul y amarillo o todo blanco y rojo, allí se terminará el arco iris del fútbol. Hasta el próximo clásico.
Versión en español del artículo publicado en la revista FIFA Magazine, en febrero de 2001. Tomado de: http://arogeraldes.blogspot.com/
Así se vivió "Golpe de Estadio 2", un encuentro de fútbol por la paz de Colombia
El Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Jacobo Arango, en la vereda Llano Grande, de Dabeiba, Antioquia, fue escenario de “Golpe de Estadio 2”, un encuentro por la paz y la reconciliación a través del fútbol. Participaron excombatientes de las FARC, el ELN y las AUC; fuerza pública y autoridades estatales; víctimas del conflicto; comunidades del municipio; entidades internacionales; exfutbolistas y personalidades.
Desde que le cortaron las piernas en Estados Unidos 94, Maradona igual estuvo presente en cada Copa del Mundo. Rusia 2018 no será la excepción: 'De la mano del diez' continuará el camino de 'De Zurda', todas las noches por Telesur
Por Nicolás Zuberman Tiempo Argentino
Un Mundial es, entre otras cosas, la posibilidad de convivir con Diego Armando Maradona. Y en Rusia 2018, como sucedió en cada Copa del Mundo desde España 82 -a excepción del de 2002 cuando Japón le negó la visa-, eso volverá a ocurrir: Diego aparecerá 32 noches consecutivas en la pantalla de Telesur como conductor del programa De la mano del Diez junto al relator uruguayo Víctor Hugo Morales. Desde el 13 de junio, el día previo al partido inaugural entre Rusia y Arabia Saudita, hasta que se juegue la final, estará al aire todas las noches por el canal con sede en Caracas que en Argentina ya no aparece en la TDA pero sí en los cableoperadores y también transmite en vivo por su sitio de Internet. Será una continuidad de De Zurda, el programa que marcó el mundial de Brasil 2014 para todos los maradonianos. Por la diferencia horaria, se grabará como un falso vivo después del último partido de la jornada y saldrá al aire a las 23 de Argentina.
A diferencia de lo que ocurrió en 2014, esta vez habrá presencia de Maradona en los estadios. La FIFA que organiza este Mundial no tiene la misma relación con el Diez que cuatro años atrás. Diego llega a Moscú no sólo como conductor televisivo sino también como embajador FIFA, lo que le abrirá más puertas que en la última Copa del Mundo. Según contaron desde la producción, están pactadas entrevistas entre el mejor jugador de todos los tiempos y Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, y Vladimir Putín, el presidente ruso.
De la mano del Diez será un programa político, social y cultural que tendrá al fútbol como excusa. Tal como fue con De Zurda el foco estará puesto en el andar de las selecciones latinoamericanas: Argentina, Uruguay, Colombia, Argentina, México, Perú y Costa Rica. Maradona estará en al menos un partido de esas selecciones. Y la impronta de la Patria Grande -como ocurrió con el hit que cantaron en 2014 Gustavo Santaolalla, Gustavo Cordera, Julieta Vengas y los colombianos de ChocQuibTown- estará presente desde la cortina musical. En este caso, le pondrán la voz Lila Downs, Charo Bogarín, de Tolonec, y el aporte del grupo colombiano, quienes fusionarán el ritmo latinoamericano con la sinfónica rusa.
Desde que le cortaron las piernas en Estados Unidos 1994 Maradona siguió presente en cada Mundial, pero dejando su impronta del otro lado de la línea de cal. Después de despedirse de la mano de Sue Carpenter, con la 10 en la espalda y la cinta de capitán atada al bíceps izquierdo, volvió cuatro años después para Francia 98 como comentarista: salió al aire por el canal América junto a Miguel Simón, Juan Pablo Varsky y Ángel Cappa. Ya se había retirado del fútbol casi un año atrás y mantenía una enemistad con Daniel Alberto Pasarella, el entrenador de aquella Selección: luego de la eliminación contra Holanda se autopostulaba como sucesor del Kaiser.
El Mundial siguiente, en Corea-Japón, lo siguió desde Cuba, donde se recuperaba luego de haber gambeteado a la muerte en Punta del Este a comienzos del 2000. Sí participó en dos spots publicitarios memorables: uno para Quilmes, donde con voz en off se asumía como hincha de la Selección, y otro para DirecTV, en el que iba casa por casa tocando timbres para despertar a la gente: “Arriba, Argentina, que empieza el Mundial”.
En Alemania 2006, volvió a ser comentarista. Esta vez, para la Cadena Cuatro de España. Una de las condiciones fue poder ir a ver los partidos de Argentina: en una de sus mejores versiones, mientras filmaba La Noche del Diez, estuvo en todos los partidos argentinos de ese mundial menos el de la eliminación ante Alemania, porque a algunos amigos que llegaban con él no los dejaron entrar. En Sudáfrica 2010 cumplió su profecía y llegó con el buzo de entrenador puesto. Fue su última oportunidad como protagonista. Después de ese 0-4 ante Alemania –“una trompada de Tyson”, lo definió el Diez- volvió a la televisión. En Brasil 2014 llegó De Zurda. Y ahora, en Rusia, tendrá continuidad con De la mano del Diez.
El arquero uruguayo envía un mensaje de perdón al fútbol colombiano tras la obtención del campeonato con el cuadro azul
Redacción Fútbol Rebelde
Nicolás Vikonis, arquero uruguayo y protagonista de la estrella 15 de Millonarios, pidió “perdón” por el pasado de su club y envió un mensaje de “felicidad y amor” a toda Colombia.
Tras la obtención del campeonato, obtenido ante el clásico rival de ciudad, Independiente Santa Fe, Vikonis afirmó que el escudo de Millonarios debía “limpiarse” por los malos actos que mancharon la institución.
“Este escudo merecía limpiarse de muchas cosas que venían del pasado, muchas personas que con sus malos actos mancharon esta institución”, afirmó tras la finalización del partido que definió el título.
“Nosotros como equipo pedimos perdón por todo eso que pasó atrás. Queremos ofrecer un mensaje de felicidad y amor a toda Colombia. Queremos que el fútbol siga siendo algo de vida y ojalá que todos lo entendamos así”, dijo.
"Que esto sea un mensaje de paz y de amor para toda Colombia (...) Este es un país hermoso que ya ha sufrido mucho en el que tiene que primar la paz y yo yengo fe que entre todos lo vamos a lograr", agregó.
Es sabida la influencia que el narcotráfico ejerció en el equipo azul, así como en otros clubes del fútbol colombiano. En el caso de Millonarios, por parte del capo Gonzalo Rodríguez Gacha, ficha del cartel de Medellín y que en los años 80 llegó a controlar el equipo del que era aficionado.
En los años 80 y 90, diversos testimonios señalan la existencia de sobornos, amenazas y dopaje, entre otras irregularidades, para manipular la suerte del torneo local.
Desde la muerte de Gacha hasta el 2012, Millonarios no consiguió ninguna estrella. Ese año, algunos directivos del club contemplaron renunciar a los títulos obtenidos bajo la influencia de Gacha, gesto que recordó el propio Vikonis y que tras el cual, el "Embajador" volvió a ganar un campeonato local.
Aunque la propuesta generó amplio rechazo y finalmente no prosperó, abrió el debate sobre las anomalías que vivió el fútbol colombiano en esa época y que cobraron incluso las vidas de varios compatriotas. Además, cuestionó la exaltación que parte de la hinchada millonaria hace de la figura de Gacha, que aún hoy es exhibida en banderas en las tribunas.
"Por cuenta de esa situación, el club que ellos dicen tanto querer quedó con una mancha indeleble. La de la sangre, la de la violencia, la del traquetismo, la de la ilegalidad de los ochenta", dijo el periodista y aficionado azul Nicolás Samper sobre aquella bandera del "Mexicano" y su influencia en el club.
Pese a que las declaraciones de Vikonis pasaron desapercibidas, quedan latentes como un llamado a reflexionar sobre el pasado de nuestro fútbol y a reivindicarlo como sinónimo de vida y felicidad.
El popular club alemán publica un video en el que se mofa de los neonazis y rechaza el racismo
El Borussia Dortmund publicó en sus redes sociales un video con el eslogan “El fútbol y los nazis no encajan”, en el cual se mofa de los partidarios de esta doctrina, justo cuando una organización de este tipo consigue llegar al parlamento alemán.
La publicidad muestra un grupo de personas con estética neonazi intentando jugar fútbol, pero se les ve tan agresivos como torpes.
El video se divulgó este lunes, luego de que un partido político de extrema derecha obtuviera representación parlamentaria por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de “Alternativa para Alemania”, un partido creado en el 2013 con banderas como el rechazo a la inmigración, a la integración europea y a la cultura islámica. En las recientes elecciones, obtuvo la votación suficiente para ingresar al Bundestag.
Con su satírico promocional, el Borussia Dortmund se posiciona contra el fascismo y eleva la consigna “El fútbol y los nazis no encajan. Juntos contra el racismo”.
Durante el calentamiento previo, ultras del Kiel invaden el campo para agredir a la afición visitante, repelida por futbolistas del St. Pauli, que recuperaron una bandera
Varios jugadores y miembros del cuerpo técnico del St. Pauli confrontaron a los ultras del Holstein Kiel que buscaban atacar a su afición.
En el Holstein Stadion, unos 30 hinchas del equipo local invadieron el campo para lanzar bengalas contra la parcial de St. Pauli y pretendieron robar una de sus banderas, que fue recuperada por los propios futbolistas del club del barrio rojo de Hamburgo.
Pese a los incidentes, el partido se jugó con normalidad y el St. Pauli se impuso 1-0 con gol de Johannes Flum.
St. Pauli es un club expresamente antifascista y actualmente compite en la segunda división de Alemania. Su identidad es compartida por toda la institución, incluidas hinchada, jugadores y empleados.
Las autoridades norcoreanas felicitan a las ganadoras de la Copa Mundial Juvenil Femenina
Este 22 de diciembre, en la Casa Central de la Juventud de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), se homenajeó a las ganadoras de la Copa Mundial Sub 20 Femenina de la FIFA.
Las jugadoras de la selección norcoreana, que ganaron el torneo de manera invicta, fueron felicitadas por autoridades de la República y del Partido del Trabajo.
Jon Yong Nam, primer secretario del Comité Central de la Unión de la Juventud, pronunció el discurso central del evento, en el que señaló que este éxito deportivo demostró a todo el mundo el desarrollo y proyección del fútbol femenino norcoreano.
Por parte del equipo campeón, intervinieron el entrenador Hwang Yong Bong y la jugadora Choe Sol Gyong, quienes prometieron nuevos triunfos en las próximas competencias internacionales.
Al acto también acudieron funcionarios, jugadores y entrenadores de la rama deportiva del país. Terminada la ceremonia, se ofreció una presentación artística de un grupo juvenil.
El Mundial femenino Sub 20 se desarrolló en Papúa Nueva Guinea, y en él, la RPDC superó a equipos como Suecia, Estados Unidos y Francia.
"El gol del siglo" y "La Mano de Dios" son las anotaciones más reconocidas en la historia del fútbol. Las marcó Diego Armando Maradona en el Mundial de México 1986
El 22 de junio de 1986, en el Mundial de México, cayeron las "tropas de su majestad": la selección inglesa de fútbol. Poco después de la guerra de Las Malvinas (1982), Maradona hace lo que no pudieron los militares argentinos: vencer a Inglaterra.
Con dos genialidades suyas: la célebre "mano de Dios", y un gol de antología, calificado como el mejor del siglo XX, Argentina deja por fuera del Mundial a los ingleses, y luego, derrotando 3-2 a Alemania, se corona campeón.
"La mano de Dios".
El mejor gol de la historia de los mundiales: el segundo de Maradona a los ingleses, con la narración original de Víctor Hugo Morales.
El partido tuvo lugar en el Estadio Azteca de la Ciudad de México por los cuartos de final. La asistencia fue de 114.580 espectadores. El árbitro, Ali Bennaceur, de Túnez. Resultado final: Argentina 2 - Inglaterra 1.
Gambetas y buen fútbol han exhibido algunos jugadores en el torneo continental
Por Claudia Aguilar Ramírez Agencia EFE
Trece días de actividad en la Copa América Centenario han bastado para destacar a aquellos románticos del fútbol que aún conquistan hasta a los más incrédulos con goles, gambetas, entrega y grandes atajadas.
Cristian Cueva, el "10" peruano, es uno de ellos. Ante Ecuador puso arriba a la blanquirroja que al final igualó 2-2 en ese choque del Grupo B y se caracteriza por habilidad con el esférico y su gran despliegue físico. Con apenas 1,69 de estatura, Cueva, de 24 años, luce enorme en el campo de juego. Su calidad y aporte al equipo que dirige Ricardo Gareca es indiscutible.
En México Jesús Manuel Corona, 'el Tecatito', ha dejado su huella con varias jugadas de ensueño. Es el autor de uno de los goles más bonitos del certamen, cuando superó a cinco defensas y batió a Dani Hernández para el 1-1 con Venezuela que le dio el liderato del Grupo C a México.
Al extremo del Oporto portugués le gusta regatear y dejar rivales a su paso, juega con suma facilidad y complace al público que lo aplaude sin cesar en las gradas por cada genialidad.
El veterano de mil batallas Clint Dempsey, por Estados Unidos, y el creativo James Rodríguez, por Colombia, han mostrado de qué están hechos. Ambos llevan dos goles en el torneo y en el jugador del Real Madrid, además, se destaca la entrega por su equipo al sobreponerse rápidamente de una lesión en el hombro izquierdo. Incluso, llegó a decir que por su selección jugaba hasta cojo.
Pese a que solo ha marcado un gol, Carlos Bacca, del Milan italiano, es otro de los que ha sobresalido. Lleva un gol que abrió el camino de la victoria colombiana sobre Paraguay por 2-1 que los clasificó a cuartos de final y, de paso, fue la recompensa para un delantero trabajador e incansable.
Los ecuatorianos Enner Valencia y Antonio Valencia también contribuyeron a que su equipo esté en cuartos de final. Entre los dos suman tres de las seis anotaciones que acumula la Tri.
En Venezuela el portero Dani Hernández se ha lucido con buenas atajadas y solo recibió un gol en los tres compromisos del Grupo C, el que le marcó México con 'Tecatito' Corona.
Por Argentina, Lionel Messi no necesitó jugar desde el comienzo los tres partidos del Grupo D para hacer de las suyas. Con el triplete que logró ante Panamá en 18 minutos, fue suficiente.
También los elogios se lo han ganado Ever Banega, el motor del mediocampo de la Albiceleste, y el extremo Ezequiel Lavezzi, que no solo hace goles sino que también asiste a sus compañeros.
Alexis Sánchez y Eduardo Vargas, la dupla mortal de Chile en la delantera que despegó ante Panamá, pueden ser los guías que necesita el campeón 2015 para frenar el sábado a México y volver por sus fueros.
Llevó al Nottingham Forest de segunda división a ganar dos Copas de Europa
Por Ignacio Pato
Que te guste o no el fútbol puede ser lo de menos cuando hablamos de historias como la de Brian Clough y su Nottingham Forest de finales de los 70.
Llovizna, bloques grises, greñas y chándals Adidas rojos. Suya es la epopeya de un hombre que daban por acabado, con supuestas tendencias autodestructivas, consiguiendo la mayor gesta del fútbol europeo. Como reza el documental que el Offside Fest de Barcelona estrena este viernes, I believe in miracles. Creo en los milagros.
1. No hay césped en las putas nubes
Hacia 1975, nadie quería trabajar con Clough. Había durado 44 esperpénticos días en el Leeds United, donde los jugadores habían acabado por ni siquiera dirigirle la palabra. Millonarios prematuros que le habían "hecho la cama".
A Brian Clough, al bocazas, al laborista. Aquel hombre que a excepción de Leeds, donde aquellos endiosados seguramente no lo merecían, siempre supo tratar a sus jugadores como hijos. Trataba de empatizar con ellos mirando más allá del dinero. Por ejemplo, buscando comodidades. Como cuando a Larry Lloyd le ofreció comprar una lavadora nueva para el club si este renovaba su contrato.
Resulta que la que había, había desaparecido. Así se dio cuenta Clough a qué decadente Nottingham Forest en Segunda había llegado aquel 1975. Venía con cariño y, por supuesto, donde hay de esto, también hay exigencia. Clough lo dijo, "vengo para ganar".
Su lema era más bien un aforismo: si trabajáis duro, podréis jugar bien, y si jugáis bien, ganaremos. La ética del trabajo socialista aplicada al fútbol en un equipo sin destacados talentos individuales.
De entrenar en parques públicos pasaron a jugar un fútbol eléctrico. Rápido delante, seguro detrás, el Forest fue estilizando su fútbol en la agria Inglaterra de la época. "Si Dios hubiera querido que jugásemos al fútbol con patadones hacia arriba, habría puesto césped en las putas nubes", decía el entrenador. Rasear, triangular, pensar y buscar al compañero mejor posicionado era lo que pedía.
El equipo subió a Primera en su segunda temporada, en 1977. Cloughie sabía que eso no era nada.
2. ¡Buen trabajo!
John Robertson era uno de los pilares del equipo. Un par de anécdotas ilustran bien la relación de Clough con sus jugadores. "John Robertson no era muy guapo. Si alguna vez estoy de bajón, me sentaré a su lado y me daré cuenta de que soy el puto Errol Flynn comparado con él. Eso sí, dale un balón y verás a nuestro Picasso".
Décadas más tarde, Robertson, preguntado por las virtudes de Clough como entrenador, diría: "Simple. Te gritaba '¡buen trabajo!'. Y eso te hacía de repente aumentar un 20% tu nivel. No podías esperar a que te llegase el siguiente balón".
Kenny Burns recuerda cómo le llegaba un bramido desde la banda: "¡Kenneth!". "Solo me llamaba así mi madre", recuerda hoy Burns, que esperaba una bronca. Entonces llegaba, de nuevo, ese well done.
A la vez que su equipo crecía, él iba absorbiendo, a través de guiños y declaraciones firmes a la prensa, toda la presión mediática. El Forest ganó la liga del 78 con solo tres derrotas y nada más haber subido a Primera.
3. Robin de Locksley conquista Europa
En verano, Trevor Francis se unía a los Peter Shilton, Viv Anderson, Tony Woodcock o Martin O'Neill. Clough tenía un plan. Algo comenzaron a intuir en Nottingham cuando el equipo eliminó en primera ronda de la Copa de Europa nada más y nada menos que al vigente campeón, el Liverpool de Dalglish.
Después cayeron AEK de Atenas, el Grasshopper suizo y el Colonia. El Forest estaba en la final de Múnich contra el Malmö sueco. "Sabía que esas libras por Francis darían resultado", debió pensar Clough cuando un cabezazo del delantero decidió que el Nottingham Forest era el campeón de Europa de 1979.
En casi ninguna imagen de la celebración se ve a Clough. Dejó que sus chicos fueran las únicas estrellas. "No sabía que vivía tanta gente aquí en Nottingham", dijo Larry Lloyd al volver a casa y ver la que se había montado.
Pero Clough seguía a lo suyo. 1980 comenzó ganándole la Supercopa al Barcelona. En la liga, eso sí, se acabó notando el esfuerzo europeo. El que le llevó a la segunda final consecutiva, en el Bernabeu ante el Hamburgo.
1-0 con gol de Robertson y el Nottingham Forest estableciendo un récord que aún dura: el único club con más Copas de Europa que ligas de su país.
No era poco haberle ganado al Hamburgo de Kevin Keegan, un jugador que había hecho la gracia de posar sonriendo y plantándole un beso a Margaret Thatcher. Imperdonable. Alegría doble para el Cloughie socialista.
Aquel tipo de chándal rojo y mejillas de 6 pintas de cerveza era más feliz que nunca. Robin de Locksley era ahora el sheriff de Nottingham.
4. Milagro ateo
Clough el rojo. Como los otros dos mejores entrenadores de la historia del fútbol inglés. Bill Shankly y Alex Ferguson. Rojos como las camisetas de sus Liverpool, Forest y ManU, pero rojos también de socialismo laborista.
No nos extrañemos. En la isla hasta hace poco ocurrían milagros como el de Nottingham. Milagros ateos. Con tipos como Clough, que creía en sus chicos y en él mismo.
Confiaba en el poder del colectivo. Ese que le hacía unirse a las manifestaciones en solidaridad con los mineros. Donde nadie era más importante que nadie, donde sin apoyo mutuo no había alegría. Como en su Forest.
"Vengo de abajo. Ahora tengo un buen coche y una buena casa y no veo ninguna razón por la que el resto de la gente no pueda tener eso también. De ese deseo de mi corazón surge el socialismo", dijo.
Clough no era Jesucristo, pero cuando se despidió de Nottingham pareció andar sobre agua de lágrimas de quien sabe que todo tiene un final.
Hoy un socialista de bronce vigila el centro de aquella ciudad trabajadora. Un simple privilegio por haberla puesto en el mapa.
El astro del fútbol Diego Armando Maradona se pronuncia sobre la próxima elección extraordinaria que vivirá la FIFA tras la renuncia de Jossep Blatter tras el escándalo de corrupción en la entidad
Por Agencia Telam
Diego Maradona pidió por un presidente de la FIFA que no quiera convertirse en millonario y calificó de “traidor” a Gianni Infantino por no apoyar a Platini tras la sanción que recibió por el comité de ética de la federación.
El St. Pauli vence al Red Bull Leipzig el día en que viste una camiseta con una leyenda antifascista
Este 12 de febrero, el FC Sankt Pauli metió otro golazo contra el fascismo y contra el fútbol negocio. Como parte de las actividades del Día de la memoria de las víctimas del Holocausto, portó una camiseta con la leyenda "Kein Fussball den faschisten" (Fútbol sin fascistas).
La iniciativa coincidió con la visita a su estadio del Red Bull Leipzig, el líder de la Bundesliga 2 (segunda división alemana), un club identificado con el poderío económico y el "fútbol negocio", los valores opuestos a los que encarna el St. Pauli.
A pesar de la teórica superioridad del Leipzig, el combativo equipo del barrio rojo de Hamburgo se impuso por 1-0.
El St. Pauli es un club reconocido por su alto compromiso social, su abierta orientación antifascista y una organización donde prevalece la voz de sus hinchas y los valores deportivos.
Hinchas del Liverpool de la Liga Premier abandonaron la grada en pleno partido. Los de Borussia Dortmund, en Alemania, arrojaron pelotas de tenis a la cancha
Los aficionados al fútbol no se resignan ante el incremento del precio de la boletería. En lo que va del 2016, dos hinchadas ya lideraron protestas contra el alza de las entradas.
La del Liverpool exhibió pancartas y abandonó la gradería en el minuto 77 del partido, en coincidencia con la nueva tarifa de las boletas (77 libras, unos 110 dólares). La iniciativa se impulsó en redes sociales con el "hashtag" #WalkOutOn77.
Por su parte, la del Borussia Dortmund expresó que "esto no es tenis", mientras arrojaba pelotas de ese deporte a la cancha. Los hinchas de ese club alemán, que sólo ingresaron al minuto 20 del partido, deben pagar ahora unos 20 euros en las tribunas populares y cerca de 40 en la platea.