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lunes, 22 de febrero de 2010

Oleguer, un rebelde con gancho

Por Ángels Piñols
El País

La furgoneta azul dio varias vueltas por la calle Muntaner, de Barcelona, hasta que, por fin, encontró aparcamiento. Faltaban pocos minutos para las 21.00 horas. Era viernes, 26 de enero, y la gente empezaba a agolparse frente a la Sala Muntaner, que tenía en cartel la obra Crónica Sentimental de España, de Xavier Albertí, que, a través del texto del mismo nombre de Manuel Vázquez Montalbán, hacía un repaso mordiente e irónico de cómo la dictadura de Franco utilizó a las folclóricas, Raphael y otros artistas en beneficio del régimen. La furgoneta, al final, encontró aparcamiento y del asiento del conductor descendió Oleguer acompañado de un grupo de seis amigos, algunos apuntados a última hora porque quedaban pocos días para que la obra se retirara de cartel. El defensa del Barça se rió a carcajada limpia.

Dicen los críticos de teatro que para entender las claves de aquella función tenían que tenerse 50 o 60 años, pero ése no fue el caso de Oleguer Presas (Sabadell, Barcelona; 1980), un tipo culto, instruido, devorador de las obras de Vázquez Montalbán, que ha compaginado y aprobado sin problemas la carrera de Económicas con ser jugador del Barça y que ahora es feliz estudiando Humanidades. Pocas veces han visto en la Sala Muntaner, que huye de lo comercial, a deportistas de élite, pero en Oleguer caben dos mundos que a veces, como en el caso del artículo sobre De Juana Chaos, en el que cuestiona la actuación del poder judicial, provocan un estrepitoso choque de trenes: Kelme le ha retirado el patrocinio y el presidente Laporta le tiró de las orejas por hablar de política en el estadio.

Comprometido con el movimiento okupa, independentista y de izquierdas, Oleguer es un tipo de lo más normal en la calle, pero también una especie de marciano en un vestuario que es una lujosa torre de Babel, muy alejada del pulso político y ciudadano. Quizá por eso pierde ese rictus de tensión y se le ilumina el rostro fuera del Camp Nou, como cuando, por ejemplo, pasea o come un bocadillo bebiendo una cerveza con limón por cualquier lugar del Raval, donde muchos de sus compañeros no habrán puesto nunca los pies. No debe de ser fácil vivir con el freno puesto. Muchas veces se muerde la lengua y baja el listón cuando habla ante los periodistas para pasar inadvertido. Y no hay nada peor que entrevistar a un tipo que se hace pasar por ausente.
Pero tiene un dilema porque, cuando se muestra tal y como es, no para de sufrir problemas.

Nacido en Sabadell, sobrino de Toni Batllori, dibujante de La Vanguardia, y acostumbrado a pasar muchos ratos de la infancia en una masía de Olost, cerca de Vic, en la Cataluña interior, Oleguer empezó a destacar con un balón en sus pies, acabó en la Gramanet y recaló en el Barça. Pero eso no le impidió continuar con sus mismos amigos, compartiendo el piso con ellos y haciendo las mismas cosas. Por eso sufría un shock cuando alguien le pedía un autógrafo, ya que en su mundo no está muy bien visto la veneración a los futbolistas. En 2003 fue detenido en Sabadell por una trifulca tras el cierre de un bar, y tras marcar un gol en Málaga, en 2005, se lo dedicó a un niño de 14 años detenido por la policía de Sabadell por pegar un adhesivo en contra de la gestión del alcalde Bustos.

Colaborador de la revista Urdint la trama, publicó un artículo en contra del sí en el referéndum de la Constitución europea y acaparó los focos cuando se enroló en una campaña en favor de las selecciones catalanas poco antes de acudir a una cita previa al Mundial con España. Con buena sintonía con Thuram, que responde a diario en el Camp Nou a preguntas sobre las elecciones francesas, Oleguer, que domina el inglés, no pierde el tiempo. Hace meses publicó un libro, Camí d'Itaca, presentado en una casa okupada en Barcelona y en el que, aprovechando el pretexto de la caravana del Barça tras la primera Liga de Rijkaard, hace un repaso sobre la dictadura, la transición, la guerra de Irak y otros temas.

Tras cinco partidos como titular, ayer sólo jugó los últimos cinco minutos -"fue una decisión táctica", argumentó Rijkaard-. En las gradas se vieron cuatro pancartas de solidaridad y alguna pidiendo el boicoteo a Kelme. 18.000 personas han secundado una campaña en contra de esa firma y en defensa del jugador. Pero él no cambiará. Le gustaría vivir en un mundo mejor y, como Vázquez Montalbán, cree necesario, según decía en su libro, el compromiso: "Hay que mojarse porque la indiferencia equivale a rendirse. Hemos de soñar, cueste lo que cueste, para acercarnos a la utopía. Ítaca no queda tan lejos".

Publicado originalmente en febrero de 2007

viernes, 5 de febrero de 2010

'Invictus', cuando el rugby unió a un país fracturado por el racismo

Clint Eastwood y Morgan Freeman presentan 'Invictus', una cinta reflexiva sobre cómo el rugby ayudó a olvidar el apartheid en la Sudáfrica de Nelson Mandela y facilitó la reconciliación de su población.

Por Antonio Martín Guirado
EFE


El tándem Clint Eastwood y Morgan Freeman regresan a los cines con ‘Invictus', una cinta reflexiva sobre cómo el rugby ayudó a olvidar el apartheid en la Sudáfrica de Nelson Mandela y facilitó la reconciliación de su población.

La película, basada en el libro de John Carlin ‘El factor humano', toma como hilo conductor el Mundial de rugby de Sudáfrica en 1995 para hablar de solidaridad y de la capacidad del ser humano para perdonar.

‘Invictus' toma su nombre de un poema del poeta británico William Ernest Henley, que concluye con la frase: "Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma".

Ese poema ayudó a Mandela a sobrellevar espiritualmente los 27 años que pasó encerrado la cárcel de Robben Island (cerca de Ciudad del Cabo) por su activismo en contra del apartheid.

Apenas un año después de ser elegido presidente, Mandela consiguió que el rugby, otrora el deporte que simbolizaba la supremacía blanca en el país, unificara a toda la población en pos de un sueño: lograr el título de campeón.

Todo ello en un clima en el que la sociedad acababa de elegir a su primer presidente democrático y comenzaba a abrazar el mensaje del ‘País del Arco Iris', que apostaba por la reconciliación de todas las razas.

El líder africano apostó para cumplir esa misión por François Pienaar, el capitán de la selección nacional de rugby, a quien le hizo llegar la responsabilidad de crear un equipo campeón, construido sobre una serie de reflexiones y mensajes de liderazgo y compañerismo.

Matt Damon es el encargado de dar vida en el filme a Pienaar, y no fue una misión fácil. "Sentí mucha responsabilidad, pero acepté por el mensaje de la película, que es precioso e inspirador. Creí conveniente estar presente aquí, sobre todo en este momento, con todo lo que está pasando en el mundo", dijo el actor.

Damon cree firmemente en el mensaje reconciliador de ‘Invictus'. "No es una historia conocida en EE.UU., pero cualquier sudafricano con el que hablaba estando allí se emocionaba al recordar aquel día", manifestó el actor en alusión a la gran final del Campenato del Mundo de rugby de 1995, entre Sudáfrica y Nueva Zelanda.

"Cuando Clint me mandó el guión no me podía creer que esa historia fuera real -confesó el actor-. Creo que va a sorprender a la gente de forma positiva".

Damon tuvo que ponerse en forma para dar vida a Piennar. Con una dieta estricta, pasó horas en el gimnasio durante semanas e hizo boxeo para ganar varios kilos de músculo. "Tuve dudas sobre el aspecto que debía tener el personaje. Él es enorme, un portento físico", explicó el actor, que pasó seis meses practicando el acento sudafricano.

"Quería que François se sintiera orgulloso. Se lo merecía. Además, si me ponía nervioso, sólo tenía que girarme para recordar que Morgan hacía de Mandela. Tenía mucha más presión que yo", admitió este estadounidense de 39 años.

Clint Eastwood y Morgan Freeman trabajaron juntos por primera vez en el western ‘Unforgiven' en 1992. Compartieron protagonismo y Eastwood fue reconocido por la Academia de Hollywood con el Oscar al mejor director y a la mejor película.

Doce años después la pareja se reencontró delante y detrás de las cámaras en ‘Million Dollar Baby', con Oscar para Eastwood como director y para Freeman como mejor actor de reparto.

Con ‘Invictus', Freeman vuelve a estar en lista para los máximos premios del cine, pues está nominado en la categoría de mejor actor, mientras que Damon opta por una estatuilla por su actuación de reparto. Sin embargo, el trabajo de Eastwood no será reconocido en los Oscar 2010 ya que ni él ni su película están nominados.

"La gente esperaba que Morgan hiciera de Mandela. Lo esperaba hasta el propio Mandela. Sé que ha estado buscando durante años el proyecto ideal y aquí está. Seguro que sintió presión, pero es un tipo muy calmado. Nunca se pone tenso, deja que todo fluya, sin forzar nada. Por eso su trabajo es siempre tan genial", indicó Damon, al que le espera un 2010 cargado de emociones fuertes.

Volverá a trabajar con Steven Soderbergh tras ‘The Informant!' y se pondrá a las órdenes de los hermanos Coen en ‘True Grit', pero en apenas unas semanas se reunirá con Eastwood en ‘Hereafter', un thriller sobrenatural.

sábado, 23 de enero de 2010

Las causas de la guerra del fútbol que narró Kapuscinski siguen vigentes

Por Ricardo Martínez Martínez
Rebelión

Cayó la noche en tormenta y eso me obligó a bajar la velocidad casi al límite de los 5 kilómetros por hora.

En el camino laberíntico y pedregoso que conectan a Perquín, Morazán, al nororiente de El Salvador, con La Esperanza, Lempira, al centro norte de Honduras, Doña Pascualita, una indígena Lenca de 70 años, me guió hace apenas unos meses sobre este tramo de los más de 340 kilómetros de frontera entre ambos países. El destino: visitar las comunidades de la zona, testigos de la historia en esta minúscula parte del mundo que sacude desde hace décadas las relaciones bilaterales y, sin sospecharlo, llegan los días en que acaparan la atención pública internacional.

Visto desde cualquier punto en horas del día, el espeso cuerpo vertebrado de las montañas se abre paso por un paraíso natural acompañado de diminutas aldeas enclavadas en el centro de la reconocida zona verde mesoamericana que se extiende hasta las selvas de Guatemala y México, en un extremo, y al territorio volcánico de Nicaragua, en el otro.

Árboles frondosos de exquisita madera, afluentes de agua que alimentan a las ciudades, y minerales, sobre todo de oro, han sido causa de innumerables conflictos bélicos y sociales que se remontan a 1571.

El periodista Ryszard Kapuscinski fue testigo de la crisis geopolítica que llevó al tope, durante cien horas, siglos de desacuerdos. El 14 de julio de 1969, Honduras y El Salvador entraron en guerra por el diferendo sobre la posesión de esas tierras limítrofes. La intuición y el olfato periodístico guiaron al corresponsal de la Agencia Polaca en su viaje a la capital Tegucigalpa, Honduras. En el mismo día de su llegada lo abrazó la tensión, la incertidumbre, la crueldad y la desolación.

En su reportaje titulado La guerra del fútbol, el escritor resumió las paradojas y lo absurdo de aquella confrontación despiadada entre dos naciones, en la cual se ensalzaron el patriotismo, la malicia y el rencor. Las hordas desatadas y eufóricas llevaron la violencia hasta sus últimas consecuencias atravesando todo el tejido social.

Sangre y sufrimiento fueron compartidos entre los partidarios de las selecciones nacionales de fútbol que competían por clasificar para el mundial México '70. Como relató el reportero, antes de los bombardeos desde aviones caza sobre poblaciones indefensas, ya la guerra había comenzado.

El resultado de seis días continuos de choque y pavor fueron seis mil muertos, veinte mil heridos, 50 mil personas perdieron sus casas y sus tierras y muchas aldeas fueron arrasadas. En la zona desapareció una generación y sus esperanzas.

El tiempo dio tregua a los disparos, pero la paz se firma hasta 1980, una paz de los sepulcros. Los gobiernos y ejércitos respectivos se unieron en santa cruzada para comenzar otra guerra interna en ambos países contra la insurgencia y la población civil, que se extendió por una década más. El saldo de las dictaduras de Napoleón Duarte, en El Salvador, y Policarpo Paz García, en Honduras, arrojó hasta 1992 la macabra cifra de 75 mil muertos, seis mil desaparecidos, aldeas destruidas y poblaciones masacradas como la de El Mozote y la del Lempa.

A 15 años de la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno y la guerrilla salvadoreña, y la sentencia de la Corte Interamericana de Justicia para delimitar las tierras entre Honduras y El Salvador, los conflictos en la zona verde (como se le conoce) no han desaparecido, proliferan: pobreza, delincuencia, desapariciones, tráfico de drogas, paramilitares, conflictos agrarios y empresas mineras, son elementos del escenario que mantiene en la incertidumbre a las poblaciones en la franja fronteriza. La guerra sigue por otros medios y se ha extendido a todas las esferas de la vida.

Ya Kapuscinki había resumido en aquel año de 1969 la tendencia histórica de la violencia en la región: “Las hostilidades cesaron gracias a la intervención de los países de América Latina si bien las fronteras entre Honduras y El Salvador sigue siendo, hasta la fecha, escenario de muchas escaramuzas armadas en el curso de las cuales mueren personas y las aldeas se convierten en cenizas.”

Confirmé, con Doña Pascualita, la previsión del escritor polaco. Esa zona sigue siendo escenario de una guerra silenciosa que quizá nunca se solucione, pero lo real es que la guerra dilapida la razón.

No hay guerra que se pueda transmitir a distancia. Una persona se sienta a la mesa y se pone a comer tan tranquila mientras ve la televisión: en la pantalla, torbellinos de tierra saltan por los aires –corte–, se pone en marcha la oruga de un tanque –corte–, los soldados caen abatidos y se retuercen de dolor, y el espectador pone mala cara y maldice furioso porque, pendiente de la pantalla, ha puesto demasiada sal en la sopa. La guerra vista a distancia y hábilmente manipulada en una mesa de montaje no es más que un espectáculo. En la realidad, el soldado no ve más allá de la punta de su nariz, tiene los ojos cubiertos de polvo, e inundado de sudor, dispara a ciegas y se arrastra por la tierra como un topo, y sobre todo, tiene miedo”, concluyó su relato el periodista, testigo anónimo de esos acontecimientos.

Ryszard Kapuscinski ya no podrá contarnos otro capítulo, aunque nos ha dejado el legado del nuevo periodismo convertido en literatura. El 23 de enero lo abrazó la muerte.

Publicado originalmente en enero de 2007

lunes, 11 de enero de 2010

Montalbán diserta sobre el fútbol en un libro póstumo

"Una religión en busca de Dios" incluye un ensayo inédito y casi 100 artículos.

Por M. Eugenia Ibález
El Periódico

(JPG)
Marzo, 2003. Manuel Vázquez Montalbán en su casa de Vallvidrera (Barcelona).
Casi un centenar de artículos escritos por Manuel Vázquez Montalbán sobre el fútbol como fenómeno económico y social, publicados entre 1969 y el 2003, verán de nuevo la luz en un libro que llegará a las librerías en marzo próximo. "Fútbol. Una religión en busca de Dios" es el último proyecto que el escritor dejó pendiente a su muerte, ocurrida en el aeropuerto de Bangkok el 18 de octubre del año pasado.

La idea del libro, que publicará Debate, surgió hace unos cuatro años, cuando esta editorial propuso a Vázquez Montalbán recopilar sus artículos sobre fútbol y darles tratamiento de ensayo. El escritor dio prioridad a proyectos en marcha --Erec y Enide, La Aznaridad y los dos volúmenes de Milenio de Carvalho--, pero fue recopilando los artículos y dándoles un cierto orden. A partir de este incipiente trabajo, Daniel Vázquez Sallés, hijo del escritor fallecido, ha hecho la selección y la edición definitiva que ahora verá la luz.

Una religión en busca de Dios, de unas 350 páginas, tiene dos partes bien diferenciadas. La primera incluye la actualización de un ensayo inédito en España que fue publicado en Italia por la editorial Frassinelli en 1998. El texto teoriza en torno al fútbol, hace un recorrido histórico y profundiza en las imposiciones del mercado y las multinacionales que han convertido este deporte en una especie de religión, y a los futbolistas en dioses con etiquetas comerciales.

La segunda parte agrupa artículos publicados, básicamente, en Triunfo, El Periódico y El País, ordenados por temas y, cuando esa primera clasificación lo ha permitido, por fechas de aparición. Los artículos se dividen en dos bloques: el primero dedicado a la confrontación Barça-Madrid, y el segundo, a fenómenos que el fútbol ha ido dejando a modo de lastre.

El subtítulo "El Barça, más que un club o más que una inmobiliaria" analiza la realidad concreta de esta entidad, el nuñismo, la época de Cruyff, la globalización y los problemas de identidad. Sobre el Madrid hay ocho artículos --de Mendoza a Zidane--, y sobre la rivalidad entre los dos clubs, --Barça - Real Madrid: por los siglos de los siglos--, otros 20, que llegan, no podía ser de otra manera, hasta la traición de Figo. En la parte final del libro encuentran su espacio Pablo Porta, José María García, Jesús Gil, las tragedias ocurridas en campos de fútbol y el terror creado en los estadios por los grupos ultras.

Crítico apasionado

Vázquez Montalbán fue uno de los primeros intelectuales en demostrar que se podía escribir de fútbol con inteligencia y sin que ello supusiera un menoscabo para el prestigio del autor. Sus primeros artículos marcaron la pauta a la hora de comentar un encuentro concreto o situaciones generales. Vázquez Sallés resume el estilo de su padre como carente de dogmatismo, "inteligente y crítico apasionado".

Fueron aquellos viejos carteles pegados en paredes y comercios para anunciar los partidos del domingo los que dispararon los primeros amores por los colores del Barça. Recuerda el hijo que el novelista fallecido, vecino de Les Corts, acudía a los partidos con el carnet de su esposa, Anna Sallés, y del padre de ésta, socio desde 1948. Tras los partidos, no era raro que los comentarios sobre la victoria o la derrota se prolongaran en el domicilio, con la asistencia de Borja de Riquer, Josep Fontana, Jordi Solé Tura, Miquel Barceló o Josep Termes, tertulianos con los que, era inevitable, se alternaban el fútbol y la política.

Un Vázquez Montalbán vivo no habría perdido la ocasión de analizar la desbandada de Camacho y las últimas derrotas del Madrid. ¿A quién hubiera dedicado su escrito? "Se hubiera divertido mucho, seguro --añade el hijo-- y el destinatario de su sátira habría sido Florentino Pérez y su obsesión por convertir el fútbol en negocio y a los futbolistas en exhibidores publicitarios".

Publicado originalmente el 22 de septiembre de 2004

jueves, 7 de enero de 2010

Futebol sem distinção de sexo, só de classe

Chutar a canela da mulher, visando a bola, e a consciência de classe podem quebrar a ordem sócio-sexual estabelecida no futebol brasileiro.


Eduardo Sales de Lima
Brasil de Fato

Faz parte do jogo. Um chute na canela é natural. Mas, atualmente, poderia uma mulher receber um “golpe” desse vindo de um homem? A resposta pode estar nos campos de várzea ou nas ruas e quadras pelo Brasil afora. O fato é que, em um meio historicamente masculinizado, as mulheres há tempos tentam produzir novos significados atribuídos ao próprio futebol e à sociedade que o cerca. Não à toa, no ano de 1964, o CND (Conselho Nacional de Desportos) chegou a proibir a prática do futebol feminino no Brasil. Somente em 1981 essa decisão foi revogada.

Ainda hoje, por mais que a presença das mulheres neste universo masculino tenha crescido bastante, elas ainda são vistas como exceções, sobretudo pela mídia comercial. “Não se faz uma análise da sociedade capitalista, machista e patriarcal para falar do futebol feminino hoje. As análises são sempre mais rasas. Elas são vistas como heroínas. Pegam a Marta e a transformam num caso de exceção porque ela conseguiu vencer. E aí fazem matéria com ela no 8 de março [Dia Internacional das Mulheres]”, acredita Michelle Prazeres, jornalista e ex-boleira das categorias de base do Botafogo (RJ).

“Pegam” também a ex-bandeirinha Ana Paula de Oliveira e transformam em outro caso de exceção. Só que, nesse caso, culminou em sua “expulsão” dos gramados. “O que acabou com a carreira da Ana Paula não foi só o fato de ela ter posado nua para a revista, foi o fato de ela ser bonita. A partir do momento em que passou a ser valorizado nela não o seu trabalho, mas seus atributos físicos, acabou a carreira dela”, lembra Marília Ruiz, jornalista esportiva de Lance!.

Portanto, tal construção de novos significados dentro do futebol e da sociedade é um processo lento. A associação da mulher ao espaço privado da casa é algo que pegou até mesmo a recém-eleita presidenta do Flamengo. Em seus comícios, Patrícia Amorim fez inúmeras analogias em relação à facilidade de a mulher administrar bem o lar, e conseguinte, um clube de futebol.

“Por mais que, com isso, ela dialogue com a sociedade, ela podia justamente ter contribuído, nesse momento, para desnaturalizar esse tipo de ideia. Não só naturalizou como reproduziu o discurso machista em voga”, avalia Michelle Prazeres.

Sobre a presença de Patrícia Amorim no comando do Flamengo, Baby Siqueira Abrão, primeira locutora de futebol do rádio brasileiro, acredita que “seria uma coisa legal se ela não tivesse sido apoiada pelo Ricardo Teixeira, da CBF”. Baby iniciou sua carreia de locutora em 1971, aos 18 anos, na Rádio Mulher, logo após a seleção brasileira ter sido tricampeã mundial de futebol.

Mistura

O antropólogo José Paulo Florenzano, autor de “A Democracia Corintiana: práticas de liberdade no futebol brasileiro”, não se anima tanto com a presença da mulher na classe dirigente, no trio de arbitragem ou na equipe esportiva. Apesar de, segundo ele, tal presença ser necessária, “não se revela suficiente para abalar a ordem sócio-sexual estabelecida no futebol”.

O que pode significar radicalismo para muitos, Florenzano acredita que somente a mescla entre jogadores e jogadoras poderá causar um impacto mais efetivo dentro da sociedade. “A mudança, aqui, passa pela composição dos times, isto é, pela mescla de homens e mulheres e não pelo desenvolvimento paralelo de duas modalidades, destinado à manutenção das fronteiras impostas pelo futebol força, que privilegia a dimensão físico-econômica em detrimento da dimensão política do jogo”, defende.

Segundo o antropólogo, a conjunção da bola e da mulher em uma modalidade separada não ameaça, mas reforça “o enlace da bola e do homem tecido com base na norma do jogador-macho”. Para ele, portanto, somente a superação das fronteiras pode levar à reordenação simbólica do universo machista do futebol. “E essa superação, por sua vez, vem ocorrendo de forma cotidiana, coletiva, anônima, nos jogos de rua da periferia, nos campos de várzea do subúrbio, ou, ainda, nos campos de terra onde meninos e meninas atuam conjuntamente, interagindo no quadro da emancipação do preconceito e da discriminação”, conclui.

Classe no futebol

Mas, pelo menos no que se relaciona à ocupação de espaços, a primeira narradora de futebol do Brasil, que também é filósofa, entende que a entrada das mulheres no mundo masculino é uma conquista. Diferentemente da abordagem de Florenzano, Baby tece uma advertência à sociedade, sobretudo às mulheres, é claro. O problema da participação feminina no universo do futebol profissional, engolido pelo sistema capitalista, ocorre, segundo ela, quando a mulher se torna mais uma parte da “engrenagem”.

Para ilustrar seu pensamento, Baby cita o sociólogo e ensaísta alemão Robert Kurz. Segundo ela, Kurz elucida que todos os espaços de trabalho abertos, desde a Revolução Industrial, na verdade, são espaços de exploração de mão-de-obra, e que a mulher não se dava conta de, que em vez de trazer o jeito feminino e tentar fazer alguma mudança, ela se tornava mais uma peça na engrenagem capitalista.

“E se tornou parte de uma engrenagem com todos os méritos. Até doenças que elas não tinham, agora têm. Ela tem estresse, fumam bastante, cheiram cocaína”, salienta Baby. A primeira narradora de futebol no Brasil defende que esses ganhos femininos, como o crescimento da participação no universo do futebol, “precisam depurar o capitalismo e não se tornar sua engrenagem”.

"As mulheres não são socializadas no futebol desde criança". Entrevista

Para antropóloga, amadurecimento do futebol feminino pode refletir na sociedade os novos rumos das relações de gênero.

O Flamengo tem uma presidenta. Eveliny Almeida foi a primeira a comandar um trio de arbitragem no campeonato cearense da primeira divisão. Apresentadoras de mesas-redondas, como Renata Fan, da TV Bandeirantes, se consolidam no meio.

Enquanto isso, medalha de prata em Atenas (2004) e Pequim (2008) e vice-campeã mundial na Copa do Mundo da China, em 2007, o futebol feminino brasileiro ainda carece de público e investimento. Em plena tarde de domingo, 12 de dezembro, havia pouco mais de 5 mil pessoas no estádio do Pacaembu para assistir ao jogo entre as seleções do Brasil e do México.

As justificativas para esse fenômeno são diversas. Tem gente que diz que a categoria não possui a estrutura empresarial do futebol masculino. Outros põem em xeque a beleza e a dinâmica do jogo. Mas pouco, ou quase nada, é dito sobre o fato de que a evolução do futebol feminino pode funcionar como mais um "tijolo na construção de um novo conjunto de valores que prova que não existem argumentos que justifiquem a não participação da mulher nesta ou aquela atividade", como afirma Lara Stahlberg, antropóloga, em entrevista ao Brasil ao Fato.

Brasil de Fato – Não é contraditório o fato de o universo do futebol masculino ter cada vez mais essa participação feminina (bandeirinhas, torcedoras, apresentadoras) e, ao mesmo tempo, o futebol feminino ser tão pouco valorizado no país? Por que isso ocorre?

Lara Stahlberg – A questão da valorização do futebol feminino é histórica e cultural. Em vários países, como nos Estados Unidos, o futebol se constituiu como um esporte predominantemente feminino, praticado em escolas, universidades etc, quase que exclusivamente por mulheres, sendo um esporte profissional que vem crescendo na modalidade masculina de uns anos pra cá. No Brasil, o que aconteceu foi exatamente o inverso. Foi durante muito tempo considerado um esporte masculinizante e pouco adequado às mulheres, seja pela exigência física, a maneira como conforma os corpos ou mesmo pela suposta violência manifesta no jogo.

O incentivo ao futebol feminino no Brasil condiciona seu sucesso à sensualidade da jogadora para atrair o público masculino?

Não creio. O argumento mais utilizado pelos homens para não acompanhar o futebol feminino é que ele é "chato" ou "sem graça" em comparação com o masculino. Acho que demonstrar habilidade técnica, beleza e força no futebol feminino é muito mais eficiente do que atrair pela beleza física das jogadoras, mesmo porque apelar para a sensualidade seria reafirmar um pré-conceito em relação às jogadoras ("não jogam como os homens", "não é um esporte para mulher") do qual as mulheres em geral (torcedoras, jogadoras, profissionais) tentam se afastar.

Dado que esse espaço não é apenas esportivo, mas também sociocultural, quais são os valores nele embutidos e dele derivados que ainda estabelecem limites à visibilidade da mulher como jogadora de futebol, sujeito do jogo?

O maior empecilho a uma plena participação das mulheres no futebol – nas arquibancadas ou em campo, profissional ou amador – é o fato de que elas não são socializadas no futebol desde crianças, como ocorre com os homens. A consequência disso é que o número de mulheres que praticam o esporte é comparativamente muito menor, e o argumento dos homens é que por isso elas não são capazes de compreendê-lo, por não terem um olhar, digamos, "de dentro". Além disso, como já foi dito antes, existe toda uma questão física que julga uma não adequação do corpo da mulher para a prática do futebol. De um lado, o corpo frágil da mulher não suportaria um forte contato e os choques intrínsecos ao futebol, de outro, uma suposta "masculinização" indesejada do corpo é uma consequência que também é usada como argumento para justificar porque uma mulher não pode, ou pelo menos não deveria, jogar futebol.

O amadurecimento do futebol feminino no Brasil só ocorrerá, de fato, com a subversão do atual conjunto de valores intrínsecos ao esporte e à sociedade?

São processos que devem acontecer concomitantemente. O futebol feminino amadurecerá com incentivo – financeiro, inclusive –, com a desmistificação de alguns preconceitos e reforçando a ideia de que não precisa ser uma arena exclusivamente masculina. Isso só pode ocorrer com alterações em valores que vão muito além do futebol. São questões que passam pelo lugar que se acredita que a mulher pode ou deve ocupar na própria sociedade. Por outro lado, a consolidação desse amadurecimento pode ser mais um tijolo na construção de um novo conjunto de valores que prova que não existem argumentos que justifiquem a não participação da mulher nesta ou aquela atividade por este ou aquele motivo. É por isso que o crescimento do futebol feminino precisa de uma alteração de valores, assim como a mudança de alguns valores pode ser "ajudada" pelo crescimento do futebol feminino.

Quem é

Lara Stahlberg , mestranda em antropologia na Universidade Federal de São Carlos, é uma das autoras do livro "Visão de Jogo: antropologia das práticas esportivas" (São Paulo, editora Terceiro Nome, 2009), organizado por Luiz Henrique de Toledo e Carlos Eduardo Costa.

viernes, 30 de octubre de 2009

¡Honduras al mundial, Zelaya a la presidencial!


"Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol"
Albert Camus, Premio Nobel de Literatura 1958.

Por Roberto Quesada
Escritor y diplomático hondureño en resistencia


Honduras va al mundial, dice una nueva consigna en las calles hondureñas, y Zelaya a la presidencial. Sí, la Selección de Fútbol de Honduras se clasificó al mundial Sudáfrica 2010 en medio de un golpe de Estado militar.

Antes de la clasificación de la selección de fútbol hubo muchas preguntas entre el golpeado pueblo hondureño, como el hecho de que los jugadores de la selección no se pronunciaban sobre el golpe de Estado. Incluso hubo una encuesta tele-radial cuya pregunta era qué deseaba el público: que se clasificara la selección o que volviese el presidente Zelaya a ocupar la presidencia. Asombrosamente ganó el deseo popular de que se restituyera al presidente Zelaya. Por primera vez, la Selección Nacional de Fútbol perdió en una encuesta.

La noche en que Estados Unidos jugó contra la oncena local en Tegucigalpa, mientras comenzaba el partido, el gobierno golpista montaba una campaña de terror frente a la embajada brasileña donde se refugian el presidente constitucional Manuel Zelaya y muchos de sus seguidores. El gobierno de facto llevó reflectores, grúas en las que iban francotiradores enviando desde sus fusiles las inconfundibles luces láser. Recordando la historia de que Honduras en 1969 entró en guerra con El Salvador a raíz de un partido de fútbol (usado por las oligarquías de ambos países para justificar la guerra), cualquier cosa podía esperarse, por tanto volvió efectivo el teatro del terror que presentaba el gobierno golpista de Micheletti frente a la sede diplomática de Brasil.

Mucha gente, como en un cuento del realismo mágico, pidió que esa noche perdiera la Selección Nacional de Fútbol de Honduras, pues la atmósfera que se respiraba es que el gobierno de facto aprovecharía la euforia de un triunfo en suelo patrio e invadiría la sede diplomática o asediaría con armas químicas de tal manera que los ocupantes de la embajada no tuvieran otra opción que salir del edificio.

Afortunadamente, la selección hondureña fue derrotada, y por esa noche se sobrevivió al terror implementado por la delirante mancuerna Micheletti-Vásquez Velásquez.

Sin duda, en Honduras al futbolista, aun por los seguidores más acérrimos del fútbol, como Mario Ramos, lo han visto como alguien ágil con los pies, con los quiebres de cintura y que ocupa la cabeza para despejar cuando es defensa o para cabecear al marco si de delantero se trata. Nunca para pensar.

Eso no es cierto, los jugadores antes que nada también son ciudadanos, seres humanos. Recuerdo que el entrenador Julio César Menotti ponía a leer a sus seleccionados: novela, cuento, poesía. Incluso, Menotti tuvo un problema con un libro que iba a publicar durante la dictadura Argentina porque en él mencionaba a la recientemente fallecida cantante Mercedes Sosa. Leí una entrevista del futbolista, también argentino, Fernando Redondo, que una de las cosas más extraordinarias que le había sucedido en España era haber conocido en un restaurante a Gabriel García Márquez.

Jorge Valdano, estrella de fútbol, como técnico escribió un libro que fue prologado nada menos que por Mario Benedetti.

En su libro Fútbol a sol y sombra, el escritor Eduardo Galeano (de quien recientemente el presidente Hugo Chávez obsequiara su libro las Venas abiertas de América Latina, al presidente Barack Obama), sobre el Mundial de Futbol Argentina 78, escribió: “A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina”. Fue precisamente a este mundial al que se negó a asistir la estrella mundial, el holandés Johan Cruyff, argumentando: “Que no participaba por las violaciones a los Derechos Humanos que hacía la dictadura militar argentina”.

Y qué decir del gran Diego Armando Maradona, el Diego de la gente, quien por defender a sus compañeros futbolistas se ha metido en más de un rollo, como su reconocida enemistad con el ex presidente de la FIFA Joao Havelange. Y así por el estilo como revoltoso creador de sindicatos para futbolistas.

Ahora que visitó el funeral de Mercedes Sosa, a quien quiso como a una madre, el Diego contó: "Yo estaba jugando en el Barcelona y ella andaba fuera del país por todo lo que le había pasado desde tiempo atrás durante la dictadura (1976-1983). Fue a cantar a Barcelona y ahí hicimos amistad", recordó.

El concierto se tuvo que suspender, porque algunos que la identificaban con la resistencia a la dictadura argentina quisieron lanzarle piedras a Mercedes Sosa y "nosotros nos agrupamos con ella. Estaba también César Luis Menotti".

Otra estrella del fútbol, el camerunés Samuel Eto'o, es un ferviente defensor de los derechos humanos, por lo que ha creado una fundación contra el racismo. Por supuesto, existen muchos más futbolistas comprometidos con la humanidad más allá de la cancha.

Por todo ello no debe de extrañarnos que los futbolistas hondureños que integran la selección en algún momento tenían que reaccionar contra la dictadura, contra el golpe de Estado militar perpetrado el 28 de junio, sacando a fuerza de bayonetas al presidente constitucional Manuel Zelaya Rosales y abandonándolo, en pijama, en el aeropuerto Juan Santamaría, de Costa Rica.

Al día siguiente del golpe de Estado, Milton Núñez, ex seleccionado hondureño, aseguró que Zelaya fue elegido democráticamente y no había por qué destituirlo por medio del ejército.

Otra estrella del fútbol hondureño, Tyson Núñez, expresó: “Si hemos elegido a un Presidente hay que respetarlo. Aquí lo que se está pidiendo es una opinión del pueblo (consulta ciudadana), si unos dicen sí y otros no, está bien, pero no era algo como para hacer un desorden político, definitivamente” (La Reforma, México).

El momento no pudo ser más oportuno: luego de clasificar por segunda vez, desde 1982, a una Copa Mundial de Fútbol. Dos de las estrellas mundialistas: Julio César León (Rambo) y Amado Guevara (El Lobo) rechazaron ser homenajeados por el dictador Micheletti.

Al día siguiente, Amado Guevara dejó una camiseta dedicada y una tarjeta al presidente constitucional Manuel Zelaya Rosales. De ella hizo entrega a La Pichu, hija del presidente, nada más ni nada menos que la madre del futbolista, doña Flor Guevara.

Este gesto ha sido y es una alegría para la gran mayoría de hondureños y hondureñas. Juro que cuando vi a la madre de Amado entregando la camiseta, mientras escuchaba la entrevista no pude contener las lágrimas, en donde la madre dijo textualmente que sus dos ídolos son: “Primero, mi hijo, Amado Guevara, y segundo, usted Señor Presidente Manuel Zelaya…” Sin olvidar que doña Flor es participante activa de las marchas del pueblo hondureño por volver al orden constitucional, por tanto ella también ha sido víctima de la represión, de los gases lacrimógenos que han estado a la orden del día en Honduras.

También pensé que no tardaría en aparecer Amado Guevara negando haberle dejado la camiseta al presidente, negando cualquier cosa. Pero es obvio que eso sería así: ese fue un revés para la dictadura. Ahora que digan lo que digan ya no pueden quitárselo de encima.

Es probable que Amado Guevara haya sido víctima de amenaza, chantaje. Amenazarlo, por ejemplo, con dejarlo fuera del mundial. Algo que sería grave para alguien que su pasión es el fútbol y que ha vivido para ello. Por eso es comprensible que Amado defienda ese lugar en el mundial que merecidamente ha ganado. No importa si para ello tenga que contradecir a su madre. La gran mayoría de madres siempre comprenden a sus hijos. Y también el pueblo hondureño tenemos que responder a nuestra selección y no dejar que se efectúe ninguna sanción contra ninguno de nuestros futbolistas que ejerza su derecho humano a opinar sobre el tema que desee.

Y como ya es vox populi: “Honduras al mundial, y Zelaya a la presidencial.

lunes, 12 de octubre de 2009

El fútbol indígena

Por José Alexander Bustamante-Molina

Los domingos durante todo el día en la Universidad Indígena de Venezuela en el caño Tauca del Estado Bolívar, a unos 200 kilómetros al oeste de Ciudad Bolívar, casi todos los estudiantes -poco más de ochenta hasta el momento- utilizan un gigante estanque de arena, que en otro momento fue concebido para la piscicultura y ahora es una cancha de arena llamada “la Cachamoto” (si existe Cachamay, puede existir Cachamoto), contigua a la cancha está otro estanque con más de 70 mil alevines de dicho pez.

Es el día de descanso y el fútbol se convierte en celebración y motivo de visita de los indígenas yekuanas que viven en la población de Maripa, a unos 25 kilómetros al oeste, en el paso del río Caura, el segundo en importancia en Venezuela después del Orinoco. Cada domingo un campeonato relámpago hace que hasta el momento nueve etnias indígenas que viven en Venezuela sigan fortaleciendo sus lazos culturales. El premio, es un refrescante baño en el caño Tauca; sereno y cristalino.

Desde hace casi diez años, el hermano jesuita José María Korta, quien ha vivido por más de 30 años con grupos indígenas, pensó en la organización de una universidad para indígenas, desde la cosmovisión y la dinámica de estos pueblos ancestrales que ven cómo cada día pierden espacio en todos los sentidos.

Hace cuatro años tuve la posibilidad de compartir por cuatro meses en el Tauca (como le decimos al lugar), en aquel momento eran casi treinta estudiantes de cuatro etnias con varios voluntarios criollos que acompañaban el proyecto de Universidad. Ahora todo está casi al triple, lo que da la impresión que está a punto de la “concreción” como lo diría el crítico literario Román Igarden.

Yekuanas, piaroas, waraos, yaruros, panares, carinñas, kuibas, pemones y sanemás hacen vida en un gigantesco espacio natural idéntico a sus lugares de origen: selva, sabanas, ríos, tranquilidad.

Desde lo humano, se siguen sumando aliados que apoyan el indigenismo y la resistencia indígena, procurando formar jóvenes indígenas con raíces culturales solidas y con las mejores herramientas de la modernidad. En este momento tres egresados ya forman parte de las coordinaciones administrativas y organizativas de la Universidad. Será una Universidad para los indígenas hecha desde los indígenas, donde las herramientas que se adquieren pasan desde la adquisición del español como segunda lengua, el conocimiento mitológico de cada cultura, uso de computadores e internet como herramienta de formación moderna, trabajo de micro proyectos agrícolas-pecuarios que sirvan de modelos de autogestión, así como la elaboración de textos bilingües con carácter didáctico, cultural y de preservación de la memoria ancestral. En esta última instancia fue donde (junto con un estudiante de la Escuela de Letras de la Universidad de los Andes) estuvimos apoyando el trabajo editorial, donde destacaría la traducción al yaruro del hermoso poema “Los yaruros” de Ernesto Cardenal, poema que se incluye en el célebre libro “Homenaje a los indios americanos”.

La maqueta del proyecto consta de una churuata central rodeada de doce pequeñas edificaciones hechas pensando en las condiciones climáticas, es decir, con paredes pequeñas para que entre la luz y el aire y donde los indígenas puedan sentirse cómodos (nunca se ha puesto a pensar que las edificaciones educativas se parecen más a un cárcel que a un lugar del saber).

Hasta el momento ya está construido el primer edificio, es poco pero ya es mucho. Sin embargo, siguen utilizando las primeras instalaciones, todas tienen luz y agua. La educación es una de las formas de la liberación del hombre, la conciencia crítica se produce desde el pensamiento universitario, la resistencia indígena merece un reconocimiento mayor, los pueblos originarios viven en esa Venezuela profunda que la mayoría no conoce. La Universidad Indígena de Venezuela es una posibilidad. Veremos qué pasa.

Tomado de De Gol a Gol

martes, 6 de octubre de 2009

Cine: "Damned United", mucho más que fútbol

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Por Mikel Insausti

La crítica especializada la ha considerado como la mejor película sobre fútbol de la historia, pero “Damned United” es mucho más que eso, ya que posee sobrados recursos narrativos para atraer a espectadores que no sientan el más mínimo interés por el deporte rey. En cambio, contiene tanto cine dentro que, seguramente, aburrirá a los futboleros que esperan ver mucha acción física sobre un terreno de juego, porque de eso no hay prácticamente nada. Todo el entramado se desarrolla en los vestuarios y en las oficinas de los clubes, sin más, habida cuenta del talento como guionista de Peter Morgan para dotar de emoción a cualquier discurso o debate histórico, especialmente cuando se trata de entrevistas televisivas y documentos de archivo con frases memorables. Un guión así en manos de actores de la talla de Michael Sheen, Timothy Spall, Colm Meaney o Jim Broadbent es un lujo que se sitúa muy por encima del precio en taquilla de una entrada.

“Damned United” es el ejemplo perfecto de las mejores cualidades del cine británico, concentradas todas ellas en una recreación de los años 60 y 70 que traspasa la pantalla, gracias a un enfoque muy realista de la vida en los barrios obreros británicos que va a lo esencial, tal como lo hace el maestro Terence Davies en sus obras sobre el viejo Liverpool, donde la ambientación recibe un tratamiento profundamente moral. Y de ética trata la relación personal entre el entrenador Brian Clough y su asistente Peter Taylor, porque juntos lograron las más increíbles gestas deportivas, pero en solitario sólo conocieron la amarga derrota. El joven realizador Tom Hooper nunca desvía la atención de esa historia de amistad central, estrechada por un vínculo profesional, sin dejarse tentar por la vertiente melodramática que suele infectar por lo general el «biopic», un género desprestigiado que “Damned United” devuelve a sus cotas más elevadas en cuanto a estudio de la psique humana a base de evitar la pura mitomanía y el espectáculo de cara a la galería.

Gara

domingo, 31 de mayo de 2009

El año de Kanouté y Pep Guardiola

Por Salvador López Arnal
Rebelión

Suspendamos por un momento cualquier consideración sobre el fútbol como opiáceo procedimiento de desviación y control social, aunque también en este ámbito pueden escucharse lamentos y gritos de la criatura agobiada. Dejemos en el escritorio las numerosas y tenebrosas conexiones político-económicas de las direcciones de los clubs más poderosos. Pasemos por alto la notabilísima influencia de un deporte-espectáculo-negocio que hace que alumnos de 18 o más años vayan a sus clases, con toda normalidad, sin atisbo de intranquilidad, disfrazados con camisetas y pantalones del equipo de sus preferencias como si fueran a practicar a una cancha deportiva. Contengamos la rabia ante el disparate, nada inocente desde luego, de que informaciones radiofónicas y telediarios, día sí, otro también, se inicien y desarrollen dedicando más de un 30% de su tiempo a supuestos acontecimientos deportivos, figurando en no pocas ocasiones como noticia de primera plana o primera información televisiva. Llenos de terror, sonrojo y horror, alejemos nuestra mirada de la imagen de un Berlusconi adormilado en la final de Roma. Olvidemos durante unos instantes paisajes ciudadanos desolados por furias que explotan sin dirección ni finalidad. ¿Qué ha sido lo mejor en Sheparad de este año, como todos por otra parte, de fútbol, fútbol y más fútbol?

Lo confieso con algún átomo de mala conciencia introducida por una compañera, mi compañera, que mira la situación con sabiduría distante: soy también un barcelonista rendido ante la altura cívico-deportiva de Josep Guardiola. Uno más, uno entre una legión que empieza a ser aléfica. Y no sólo por el jugador que fue, que lo fue y grande, sino por el entrenador que es: prudente, culto, modesto, sin palabras altisonantes, sin denigrar jamás al adversario, reconociendo y destacando sus virtudes, con una limpia y trabajada concepción del fútbol que ha conseguido hilvanar uno de los grandes equipos de la historia reciente, con jugadores de la talla de Henry, Piqué, Iniesta, Xavi, Messi, Busquets, Touré, Abidal, que a mi me recuerda, perdonen la ensoñación, el Brasil de Sócrates. Por si faltara algo, Josep Guardiola es además lector de Miquel Martí i Pol, aquel poeta-obrero que leíamos con devoción de jóvenes y del que recordábamos siempre aquel verso imborrable: “No hay ley de la inmensidad que no quepa en los ojos de una mirada inquieta” (Un poeta, por cierto, que fue capaz de entrevistar a Manuel Sacristán para Oriflama y sacarle una de las mejores aproximaciones que se conocen a la obra poética de Joan Brossa).

¿Ha sido entonces Pep Guardiola y su equipo de ensueño lo mejor del año? Casi…Pero no, no del todo.

Entre lo mejor, vale la pena insistir, hay que incorporar dos cosas más:

Los abucheos a la marcha real en el estadio del Valencia en la final de la Copa del Rey, acompañados de un recibimiento nada entusiasta de los máximos representantes de la (irreal) Casa Real, y en segundo lugar, el gesto, un gesto inolvidable de ese jugador inmenso que se llama Frédéric Oumar Kanouté. Aquella camiseta, públicamente mostrada, que denunciaba la barbarie cometida por el estado étnico-racista de Israel contra la población palestina de Gaza permanece en la retina de todos, en la memoria de los gestos admirables.

Así, pues, tot el camp és un clam. ¡Visca el Barça, viva Kanouté y que suenen con fuerza los pitidos y silbidos contrarios a símbolos y representantes de una institución perdida en oscuras noches de una Historia no menos ennegrecida!

domingo, 17 de mayo de 2009

Cuentos de fútbol: Puntero izquierdo (Mario Benedetti)

Como homenaje a la memoria del gran escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), publicamos su cuento "Puntero izquierdo", una de las obras precursoras en llevar el fútbol al mundo de la literatura:

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Puntero izquierdo

Por Mario Benedetti
Publicado en Montevideanos en 1959

A Carlos Real de Azúa

Mario Benedetti por Daniel Mordzinski


Vos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios. Y si no acordate del campito del Astral, donde mataron a la vieja Ulpiana. Los años que estuvo hinchándola desde el alambrado y, la fatalidad, justo esa tarde no pudo disparar por la uña encarnada. Y si no acordate de aquella canchita de mala muerte, creo que la del Torricelli, donde le movieron el esqueleto al pobre Cabeza, un negro de mano armada, puro pamento, que ese día le dio la loca de escupir cuando ellos pasaban con la bandera. Y si no acordate de los menores de Cuchilla Grande, que mandaron al nosocomio al back derecho del Catamarca, y todo porque le había hecho al capitán de ellos la mejor jugada recia de la tarde. No es que me arrepienta ¿sabés? de estar aquí en el hospital, se lo podés decir con todas las letras a la barra del Wilson. Pero para jugar más allá de Propios hay que tenerlas bien puestas. ¿O qué te parece haber ganado aquella final contra el Corrales, jugando nada menos que nueve contra once? Hace ya dos años y me parece ver al Pampa, que todavía no había cometido el afane pero lo estaba germinando, correrse por la punta y escupir el centro, justo a los cuarenta y cuatro de la segunda etapa, y yo que la veo venir y la coloca tan al ángulo que el golerito no la pudo ni pellizcar y ahí quedó despatarrado, mandándose la parte porque los de Progreso le habían echado el ojo. ¿O qué te parece haber aguantado hasta el final en la cancha del Deportivo Yi, donde ellos tenían el juez, los línema, y una hinchada piojosa que te escupían hasta en los minutos adicionales por suspensiones de juego, y eso cuando no entraban al fiel y te gritaban: "¡Yi! ¡Yi! ¡Yi!" como si estuvieran llorando, pero refregándote de paso el puño por la trompa? Y uno haciéndose el etcétera porque si no te tapaban. Lo que yo digo es que así no podemos seguir. O somos amater o somos profesional. Y si somos profesional que vengan los fasules. Aquí no es el Estadio, con protección policial y con esos mamitas que se revuelcan en el área sin que nadie los toque. Aquí si te hacen un penal no te despertás hasta el jueves a más tardar. Lo que está bien. Pero no podés pretender que te maten y después ni se acuerden de vos. Yo sé que para todos estuve horrible y no precisa que me pongas esa cara de Rosigna y Moretti. Pero ni vos ni don Amílcar entienden ni entenderán nunca lo que pasa. Claro, para ustedes es fácil ver la cosa desde el alambrado. Pero hay que estar sobre el pastito, allí te olvidás de todo, de las instrucciones del entrenador y de lo que te paga algún mafioso. Te viene una cosa de adentro y tenés que llevar la redonda. Lo ves venir al jalva con su carita de rompehueso y sin embargo no podés dejársela. Tenés que pasarlo, tenés que pasarlo siempre, como si te estuvieran dirigiendo por control remoto. Si te digo que yo sabía que esto no iba a resultar, pero don Amílcar que empieza a inflar y todos los días a buscarme a la fábrica. Que yo era un puntero de condiciones, que era una lástima que ganara tan poco, y que aunque perdiéramos la final él me iba a arreglar el pase para el Everton. Ahora vos calculá lo que representa un pase para el Everton, donde además de don Amílcar, que después de todo no es más que un cafisho de putas pobres, está nada menos que el doctor Urrutia, que ése sí es Director de Ente Autónomo y ya colocó en Talleres al entreala de ellos. Especialmente por la vieja, sabés, otra seguridad, porque en la fábrica ya estoy viendo que en la próxima huelga me dejan con dos manos atrás y una adelante. Y era pensando en esto que fui al café Industria a hablar con don Amílcar. Te aseguro que me habló como un padre, pensando, claro, que yo no iba a aceptar. A mí me daba risa tanta delicadeza. Que si ganábamos nosotros iba a ascender un club demasiado díscolo, te juro que dijo díscolo, y eso no convenía a los sagrados intereses del deporte nacional. Que en cambio el Everton hacía dos años que ganaba el premio a la corrección deportiva y era justo que ascendiera otro escalón. En la duda, atenti, pensé para mi entretela. Entonces le dije el asunto es grave y el coso supo con quién trataba. Me miró que parecía una lupa y yo le aguanté a pie firme y le repetí que el asunto es grave. Ahí no tuvo más remedio que reírse y me hizo una bruta guiñada y que era una barbaridad que una inteligencia como yo trabajase a lo bestia en esa fábrica. Yo pensé te clavaste la foja y le hice una entradita sobre Urrutia y el Ente Autónomo. Después, para ponerlo nervioso, le dije que uno también tiene su condición social. Pero el hombre se dio cuenta que yo estaba blando y desembuchó las cifras. Graso error. Allí nomás le saqué sesenta. El reglamento era éste: todos sabían que yo era el hombre-gol, así que los pases vendrían a mí como un solo hombre. Yo tenía que eludir a dos o tres y tirar apenas desviado o pegar en la tierra y mandarme la parte de la bronca. El coso decía que nadie se iba a dar cuenta que yo corría pa los italianos. Dijo que también iban a tocar a Murias, porque era un tipo macanudo y no lo tomaba a mal. Le pregunté solapadamente si también Murias iba a entrar en Talleres y me contestó que no, que ese puesto era diametralmente mío. Pero después, en la cancha, lo de Murias fue una vergüenza. El pardo no disimuló ni medio; se tiraba como una mula y siempre lo dejaban en el suelo. A los veintiocho minutos ya lo habían expulsado porque en un escrimaye le dio al entreala de ellos un codazo en el hígado. Yo veía de lejos tirándose de palo a palo al meyado Valverde, que es de esos idiotas que rechazan muy pitucos cualquier oferta como la gente, y te juro por la vieja que es un amater de órdago, porque hasta la mujer, que es una milonguita, le mete cuernos en todo sector. Pero la cosa es que el meyado se rompía y se le tiraba a los pies nada menos que a Bademian, ese armenio con patada de burro que hace tres años casi mata de un tiro libre al golero del Cardona. Y pasa que te contagiás y sentís algo adentro y empezás a eludir y seguís haciendo dribles en la línea del córner como cualquier mandrake y no puede ser que con dos hombres de menos (porque al Tito también lo echaron, pero por bruto) nos perdiéramos el ascenso. Dos o tres veces me la dejé quitar pero ¿sabés? me daba un calor bárbaro porque el jalva que me marcaba era más malo que tomar agua sudando y los otros iban a pensar que yo había disminuido mi estándar de juego. Allí el entrenador me ordenó que jugara atrasado para ayudar a la defensa y yo pensé que eso me venía al trome porque jugando atrás ya no era el hombre-gol y no se notaría tanto si tiraba como la mona. Así y todo me mandé dos boleos que pasaron arañando el palo y estaba quedando bien con todos. Pero cuando me corrí y se la pasé al Ñato Silveira para que entrara él y ese tarado me la pasó de nuevo, a mí que estaba solo, no tuve más remedio que pegar en la tierra porque si no iba a ser muy bravo no meter el gol. Entonces, mientras yo hacía que me arreglaba los zapatos, el entrenador me gritó a lo Tittaruffo: “¿Qué tenés en la cabeza? ¿Moco?” Eso, te juro, me tocó aquí dentro, porque yo no tengo moco y si no preguntale a don Amílcar, él siempre dijo que soy un puntero inteligente porque juego con la cabeza levantada. Entonces ya no vi más, se me subió la calabresa y le quise demostrar al coso ése que cuando quiero sé mover la guinda y me saqué de encima a cuatro o cinco y cuando estuve solo frente al golero le mandé un zapatillazo que te lo boliodire y el tipo quedó haciendo sapitos pero exclusivamente a cuatro patas. Miré hacia el entrenador y lo encontré sonriente como aviso de Rider y recién entonces me di cuenta que me había enterrado hasta el ovario Los otros me abrazaban y gritaban: “¡Pa los contras!”, y yo no quería dirigir la visual hacia donde estaba don Amílcar con el doctor Urrutia o sea justo en la banderita de mi córner, pero en seguida empezó a llegarme un kilo de putiadas, en la que reconocí el tono mezzosoprano del delegado y la ronquera con bitter de mi fuente de recursos. Allí el partido se volvió de trámite intenso porque entró la hinchada de ellos y le llenaron la cara de dedos a más de cuatro. A mí no me tocaron porque me reservaban de postre. Después quise recuperar puntos y pasé a colaborar con la defensa, pero no marcaba a nadie y me pasaban la globa entre las piernas como a cualquier gilberto. Pero el meyado estaba en su día y sacaba al córner tiros imposibles. Una vuelta se la chingué con efecto y todo, y ese bestia la bajó con una sola mano. Miré a don Amílcar y al delegado, a ver si se daban cuenta que contra el destino no se puede, pero don Amílcar ya no estaba y el doctor Urrutia seguía moviendo los labios como un bagre. Allí nomás terminó uno a cero y los muchachos me llevaron en andas porque había hecho el gol de la victoria y además iba a la cabeza en la tabla de los escores. Los periodistas escribieron que mi gol, ese magnífico puntillazo, había dado el más rotundo mentís a los infames rumores circulantes. Yo ni siquiera me di la ducha porque quería contarle a la vieja que ascendíamos a Intermedia. Así que salí todo sudado, con la camiseta que era un mar de lágrimas, en dirección al primer teléfono. Pero allí nomás me agarraron del brazo y por el movado de oro le di la cana a la bruta manaza de don Amílcar. Te juro que creía que me iba a felicitar por el triunfo, pero está clavado que esos tipos no saben perderla. Todo el partido me la paso chingándola y tirando desviado o sea hipotecando mis prestigios, y eso no vale nada. Después me viene el sarampión y hago un gol de apuro y eso está mal. Pero ¿y lo otro? Para mí había cumplido con los sesenta que le había sacado de anticipo, así que me hice el gallito y le pregunté con gran serenidad y altura si le había hablado al delegado sobre mi puesto en Talleres. El coso ni mosquió y casi sin mover los labios, porque estábamos entre la gente, me fue diciendo podrido, mamarracho, tramposo, andá a joder a Gardel, y otros apelativos que te omito por respeto a la enfermera que me cuida como una madre. Dimos vuelta una esquina y allí estaba el delegado. Yo como un caballero le pregunté por la señora, y el tipo, como si nada, me dijo en otro orden la misma sarta de piropos, adicionando los de pata sucia, maricón y carajito. Yo pensé la boca se te haga un lago, pero la primera torta me la dio el Piraña, aparecido de golpe y porrazo, como el ave fénix, y atrás de él reconocí al Gallego y al Chiche, todos manyaorejas de Urrutia, el cual en ningún momento se ensució las manos y sólo mordía una boquilla muy pituca, de ésas de contrabando. La segunda piña me la obsequió el Canilla, pero a partir de la tercera perdí el orden cronológico y me siguieron dando hasta las calandrias griegas. Cuando quise hacerme una composición de lugar, ya estaba medio muerto. Ahí me dejaron hecho una pulpa y con un solo ojo los vi alejarse por la sombra. Dios nos libre y se los guarde, pensé con cierta amargura y flor de gusto a sangre. Miré a diestro y siniestro en busca de S.O.S. pero aquello era el desierto de Zárate. Tuve que arrastrarme más o menos hasta el bar de Seoane, donde el rengo me acomodó en el camión y me trajo como un solo hombre al hospital. Y aquí me tenés. Te miro con este ojo, pero voy a ver si puedo abrir el otro. Difícil, dijo Cañete. La enfermera, que me trata como al rey Farú y que tiene, como ya lo habrás jalviado, su bruta plataforma electoral, dice que tengo para un semestre. Por ahora no está mal, porque ella me sube a upa para lavarme ciertas ocasiones y yo voy disfrutando con vistas al futuro. Pero la cosa va a ser después: el período de pases ya se acaba. Sintetizando, que estoy colgado. En la fábrica ya le dijeron a la vieja que ni sueñe que me vayan a esperar. Así que no tendré más remedio que bajar el cogote y apersonarme con ese chitrulo de Urrutia, a ver si me da el puesto en Talleres como me habían prometido.

(1954)

miércoles, 13 de mayo de 2009

Democracia corinthiana: a utopia em jogo

No início dos anos 80, o Corinthians deu início a uma experiência única na história do futebol. O presidente da época decidiu instaurar, juntamente com os jogadores, o voto democrático para as decisões importantes relacionadas à gestão da equipe.

Por Bruno Ribeiro

“Por tradição, o futebol brasileiro é um meio retrógrado e paternalista. Apegados ao poder, os dirigentes dos clubes e federações procuram alienar os jogadores e tratá-los como escravos. (...) Em um país como o Brasil, dificilmente o jogador é tratado como profissional e cidadão, com liberdade e responsabilidade.

Com base nessa constatação, transformava-se numa questão de tempo o surgimento de uma mobilização capaz de abalar a estrutura do futebol e dos clubes, um movimento de jogadores dispostos a assumir responsabilidade em troca de um tratamento profissional adequado.

Porém, um movimento como esse não teria sucesso nem repercussão num clube distante dos principais centros futebolísticos do país. Isso reduz os candidatos a sede de tal iniciativa a São Paulo, Rio de Janeiro, Belo Horizonte e Porto Alegre. Se esse é o primeiro ingrediente da receita para mudar as relações profissionais, fiquemos com São Paulo, maior cidade e principal centro financeiro do Brasil. De preferência, a mobilização deveria ocorrer em algum clube popular da cidade escolhida, o que reduz ainda mais o rol de candidatos. Optemos então pelo Corínthians, um dos mais vitoriosos e populares times do Brasil.

Mas resta ainda um último ingrediente: é preciso aproveitar o momento ideal para desencadear a revolução. No início da década de 1980, o Brasil passava por um período de abertura política após quase duas décadas de ditadura. Na mesma época, os principais jogadores do Corínthians estavam insatisfeitos com as condições de trabalho no clube e tiveram a oportunidade de mudar o que acreditavam estar errado. Poucos momentos de nossa história pareciam tão adequados para romper com a estrutura conservadora e arcaica de nosso futebol”.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira não era nome de jogador de futebol. Nem tipo físico ele tinha: era alto, desengonçado, magro demais para um esporte tão viril. Além do quê era boêmio, mulherengo, bebia, fumava e freqüentava todas as rodas de samba de São Paulo. Não lia o caderno de esporte dos jornais; preferia o de política. Era estudante de Medicina, filiado ao PT (que acabara de ser fundado) e não gostava de treinos e concentrações. Talvez por isso, deu um toque filosófico ao nosso futebol, como diz a canção de Zé Miguel Wisnick, feita em sua homenagem. Para compensar a falta de preparo físico, só tocava a bola de primeira. Assim, chegou à Seleção Brasileira, como capitão do time. Teve participações brilhantes em duas Copas do Mundo, 1982 e 1986. Tinha uma visão de jogo acima da média, dificilmente errava um passe. Um dia, jogando contra um time da Polícia Militar, cobrou um pênalti com o calcanhar. E fez o gol. Era um gênio.

Sua maior contribuição para a história do futebol brasileiro, porém, não diz respeito apenas ao que ele fez dentro de campo, mas também ao que incitou fora dele. Como se o destino lhe reservasse um futuro que fizesse jus ao nome, Sócrates tornou-se o maior pensador do futebol brasileiro, ao liderar o movimento conhecido como Democracia Corintiana, que mudaria para sempre a história do clube paulistano e própria história de vida de cada um dos jogadores envolvidos.

Se o leitor tem menos de 25 anos, talvez tenha apenas uma vaga lembrança do que representou aquele movimento. Fizeram-no uma geração de craques que não se limitou apenas a jogar bola, mas que pensou o futebol além das quatro linhas do gramado. Com “Doutor” Sócrates (um meia-direita boêmio), Wladimir (um lateral-esquerdo comunista) e Casagrande (um centroavante que gostava de rock, maconha e teatro), o futebol extrapolou os limites esportivos e assumiu aspectos políticos, sociais e culturais.

Para os que não lembram (ou preferem não lembrar), a Democracia Corintiana foi a aplicação, no futebol, de uma espécie de autogestão, que resultou nos títulos paulistas de 1982 e 1983 para o Corinthians. Depois de forte pressão política exercida pelos atletas – que culminou na queda do presidente Vicente Matheus, folclórico “ditador” corintiano –, jogadores, comissão técnica e diretoria passaram a decidir, no voto, tudo o que fosse de interesse para o clube: contratações, demissões, escalação da equipe, data e local de concentração e outras coisas que, antes, cabiam somente aos cartolas. Tudo era resolvido no voto. E os votos tinham o mesmo peso: do goleiro reserva ao presidente do clube. Era mais ou menos como se os operários de uma multinacional começassem a opinar e a decidir sobre os rumos da empresa.

Para o sociólogo Emir Sader, a Democracia Corintiana foi o prelúdio de uma experiência democrática que até hoje o Brasil nunca exerceu plenamente: “Essa experiência aconteceu surpreendentemente e prematuramente no Corínthians, o time de futebol mais popular do Brasil. Quando ninguém no país podia votar, os jogadores daquele grupo conquistaram o direito de decidir sobre seus rumos”.

Nessa época, o Corínthians é o primeiro clube brasileiro a usar a camisa do time com fins publicitários. O publicitário Washington Olivetto, criador do termo “Democracia Corintiana”, deu a dica e, ao invés de logotipos de empresas, o time passou a entrar em campo estampando frases de cunho político nas costas: “Democracia Já”, “Quero votar para Presidente” e outras palavras de ordem causaram constrangimento e preocupação na cúpula militar que governava o país. No auge do movimento, o brigadeiro Jerônimo Bastos, presidente do Conselho Nacional de Desportos (CND), chamou o presidente do clube e avisou: “Vocês não podem mais usar esse espaço para fins políticos; caso continuem, vamos engrossar o caldo, vamos intervir no clube”.

Vinte anos depois, a Democracia Corintiana é tema de tese de doutorado e ganha seu primeiro registro literário: Democracia Corintiana – A Utopia em Jogo (Editora Boitempo, 184 pág, R$ 26). Escrito a quatro mãos, pelo jornalista Ricardo Gozzi e por Sócrates, o livro recupera as memórias do Corínthians democrático e analisa o contexto histórico do movimento. Leia-se o início do livro para entender a importância daquele momento: "Uma série de golpes de Estado patrocinados pelo governo norte-americano na segunda metade do século 20 transformou a América Latina num celeiro de ditadores sanguinários (...). Em 1982, o Brasil vivia seu 18º ano sob regime militar. Mas já era possível sentir um clima de abertura política no ar."

É justamente nesse clima de abertura que Sócrates, Casagrande, Wladimir e outros menos lembrados, como Zenon, Biro-Biro (rotulado, injustamente, como reacionário e contrário ao movimento) e Luís Fernando, além do diretor de futebol Adilson Monteiro Alves (que era sociólogo) radicalizam dentro do Corínthians, num levante que ganhou adesão popular e chegou a promover o lateral-direito Zé Maria à técnico do time, em 1983. Diante deste fato, inédito no esporte mundial, o Jornal da Tarde estampou a manchete: “Os jogadores chegam ao poder”, reconhecendo a autoridade da Democracia.

Mas, no começo, a convivência entre jogadores e imprensa não foi das melhores, como lembra Sócrates em uma passagem do livro: “Durante a Democracia Corintiana, existiu um processo ideológico por parte dos veículos de comunicação mais conservadores a fim de caracterizar ou rotular nosso movimento como um sistema frágil perante a opinião pública. Alguns sentiam a necessidade de fazer isso, até porque a Democracia Corintiana passou a ter um peso na história do país, no processo de democratização pelo qual passava o Brasil”.

A Democracia começa a morrer quando Sócrates deixa o Corínthians para jogar na Fiorentina, na Itália. Sua ida, porém, não atende à interesses financeiros ou pessoais. Um mês antes de a emenda das eleições diretas para presidente ser votada na Câmara, o jogador corintiano, no palanque dos artistas, intelectuais e políticos que pediam “Diretas Já”, declara publicamente que, se a emenda não fosse aprovada pelo Congresso Nacional, ele deixaria o Brasil.

Em 1984, a emenda é reprovada, o brasileiro continua proibido de eleger seus principal mandatário, e Sócrates deixa o Brasil, cumprindo a promessa. Sem sua maior liderança, a Democracia fica enfraquecida. Mesmo com os esforços dos companheiros incumbidos de levar adiante o sonho da Democracia, a utopia corintiana chega ao fim. A venda do rebelde Casagrande para o rival São Paulo representa o segundo grande baque para o movimento e a sua derrocada.

E, infelizmente para o Corínthians e para o futebol, Roberto Pasqua, ligado à Vicente Matheus, derrota Adilson Monteiro Alves no pleito de 1º de abril de 1985 por uma diferença ínfima de votos, assumindo a direção de futebol do clube sob denúncias de fraude e compra de votos. A derrota eleitoral da Democracia enfurece os torcedores, que precisaram ser contidos pela Polícia Militar na porta do ginásio de apuração. A nova diretoria precisa ser escoltada para sair do estádio. O terreno estava preparado para a volta de Vicente Matheus, o “eterno” presidente do Corinthians.

O livro de Gozzi e Sócrates faz uma revelação surpreendente: durante a Democracia, todas as dívidas do clube foram pagas e ainda foram deixados US$ 3 milhões em caixa. Dois anos depois, já sob a diretoria conservadora, o Corínthians estava financeiramente quebrado e sem os seus principais craques, vendidos para quitar dívidas. Antes que 1985 chegasse ao fim, o Corinthians voltava a ser um time como todos os outros.

Porém, aos que acham que a experiência fracassou, os atletas que dela participaram mandam seus recados. Em jornais da época, é possível encontrar entrevistas significativas com jogadores cujas personalidades foram profundamente influenciadas pela Democracia. Pequenas frases, recolhidas em depoimentos de Sócrates, Wladimir, Casagrande, Biro-Biro, Juninho e outros, denotam a grande contribuição histórica do movimento:

“Costumo dizer que a minha vida divide-se em duas fases: antes e depois da Democracia Corintiana” – Wladimir

“Se não fosse a Democracia Corintiana, eu teria tomado muita porrada na vida. Não sei dizer o que teria sido a minha carreira e a minha vida sem a Democracia. Eu poderia ter virado um drogado, um bandido” – Casagrande

“Muitos de nós engajaram-se no exercício da cidadania, filiaram-se a partidos políticos e trabalharam ativamente em causas sociais” – Luís Fernando

“Éramos unidos. Íamos juntos ao cinema, ao teatro e depois sentávamos para tomar um chope e conversar sobre o que tínhamos acabado de assistir” – Sócrates

“A verdade é que, em tudo o que é feito com consciência e dedicação, você obtém realização pessoal. Não era apenas por dinheiro. Jogávamos com enorme prazer, sobretudo porque sabíamos que estávamos contribuindo, de alguma forma, para a redemocratização do país” – Wladimir

“Todos nós viramos ídolos de políticos, artistas e intelectuais; recebíamos cartas de apoio vindas do mundo inteiro e isso fez com que começássemos a nos cobrar mais leitura sobre a realidade social e política do país; líamos muito, líamos até nos intervalos dos treinos” – Casagrande

“A Democracia me fez aprender a respeitar a diferença, mas jamais aceitar a desigualdade” – Biro-Biro

“Depois de ter passado pela Democracia Corintiana, nunca mais tive medo de falar a verdade, de defender o que acredito, sem me preocupar em agradar a quem quer que seja” – Juninho

No último capítulo do livro, Sócrates, finaliza, ressaltando as conquistas irreversíveis da Democracia:

“Conseguimos provar ao público que qualquer sociedade pode e deve ser igualitária. Que podemos abrir mão dos nosso poderes e privilégios em prol do bem comum. Que devemos estimular a que todos se reconheçam e que possam participar ativamente dos desígnios de suas vidas. Que a opressão não é imbatível. Que a união é fundamental para ultrapassar obstáculos indigestos. Que uma comunidade só frutifica se respeitar a vontade da maioria de seus integrantes. Que é possivel se dar as mãos”.

Publicado originalmente el 15 de noviembre de 2005

jueves, 23 de abril de 2009

Gol en cancha de las letras

¿Ha ganado el fútbol su lugar en la literatura? ¿Pueden hacer equipo los hinchas con los libros?

Bogotá capital mundial del libro 2007.

Por Camilo Rueda Navarro

Durante años hubo un leve coqueteo de algunos escritores y el fútbol. Siempre prevaleció la reprobación de los intelectuales para algo considerado como banal y superficial. A lo largo del siglo XX fueron muy pocos los que no renegaron del tema. El chileno Pablo Neruda, con su poema “Los jugadores” publicado en 1923 en Crepusculario, y Mario Benedetti, con su cuento “Puntero izquierdo”, que apareció en Montevideanos, fueron los pioneros hispanoamericanos en llevar al deporte más popular del mundo a la cancha de las letras.

El intelectual comunista italiano Antonio Gramsci definió al fútbol como “el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”, palabras que parecen olvidadas o desconocidas por muchos de los camaradas. Fue con el boom latinoamericano que, desde 1960, salieron del closet los escritores que también se revestían como hinchas: Ernesto Sabato, Jorge Amado, Manuel Vázquez Montalbán, entre otros, fueron los primeros en conciliar su gusto por el fútbol y la literatura. De esta manera, llegaron a ser temas de grandes obras episodios como “el maracanazo”, personajes como Garrincha, equipos como el Corinthians de los años ochenta, o partidos clásicos como Boca-River.

La incipiente relación que se iba construyendo tuvo su momento de desencuentro cuando Borges, uno de los intelectuales que menospreciaban el fútbol, tuvo la osadía de programar una conferencia el día y hora en que allí mismo, en Buenos Aires, se inauguraba el campeonato mundial de 1978.

En los últimos años, los periodistas dieron un impulso a la relación al crear, con sus crónicas, el ambiente propicio para escribir sin complejos ni tabúes sobre el “opio del pueblo” contemporáneo. Incluso vivimos la incursión exitosa de un futbolista en la literatura: Jorge Valdano. Recientemente presenciamos una explosión de narrativa futbolera, que tal vez tuvo como su mejor fruto a El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano.

Una de las mejores aproximaciones entre libros y goles la tuvo la campaña “Cuando leés, ganás siempre” llevada a cabo en Argentina durante 2003, que contemplaba la distribución gratuita de cuentos en los estadios donde se realizaban partidos profesionales. Esta campaña tuvo su versión colombiana con ocasión de la designación de Bogotá como capital mundial del libro 2007-2008.


El Distrito repartió gratuitamente miles de ejemplares de libros en el estadio El Campín durante uno de los clásicos capitalinos. Muchas obras e historias ratifican que sí es posible hacer equipo entre el fútbol y las letras.

Publicado originalmente en el periódico Ex – Libris, edición 128, mayo de 2008.

viernes, 20 de marzo de 2009

Equipos rebeldes: Athletic Club de Bilbao

A continuación presentamos la reseña del libro "Athletic Club: el último baluarte", obra del italiano Simone Bertelegni* en la que narra la historia del "León de San Mamés", equipo caracterizado por su enraizada identidad (siempre ha sido integrado por vascos) y por no admitir, durante mucho tiempo, patrocinios comerciales en su camiseta. Un verdadero baluarte del fútbol rebelde, auténtico y puro.


Por Nicola Nucci**
Traducción: La Banda Izquierda


De frente a todas las degeneraciones a las que nos tiene acostumbrado el fútbol (ley Bosman, hipertrofia televisiva, ingentes sumas de dinero, doping administrativo) a los aficionados a la pelota nos quedan dos soluciones: eliminar cualquier nexo de unión con el fútbol o encontrar un refugio. A quien opta por la segunda, una sugerencia: Conozca al Athletic Club de Bilbao.

Enfundarse la rojiblanca del conjunto vasco, para encontrarse con una idea de como era el fútbol a comienzos del siglo XX: sin foráneos en el campo, ningún presidente-dictador, ninguna obsesión televisiva, total fidelidad a una camiseta que, hasta hace bien poco, nunca fue manchada por ningún logo publicitario.

¿Ciencia-ficción o, por el contrario, pasado remoto? No, una realidad presente y visible. Sólo hay que viajar a la primera división española, donde comandan los multimillonarios y multinacionales Barcelona y Real Madrid.

Athletic:l`ultimo baluardo” es una defensa del romanticismo y la pureza de los amantes del fútbol en la era Bosman. Un libro que narra la historia pero que, sobre todo, intenta explicar la filosofía que guía al más singular equipo de fútbol de todos los tiempos.

El libro ha sido escrito por Simon Bertelegni y es la historia anacronista y extrema del Athletic Club, el club sin publicidad (Desde el 2008, la directiva del Athletic aprobó el porte de patrocinio en la camiseta. Nota de FR) que sólo reconoce a los hijos de Euskal-Herria y que siempre se ha identificado con las batallas políticas en favor del independentismo vasco.

Agarrarse al recuerdo, soñar con la utopía, olvidar el presente. Llámenle, si quieren, emociones.

Este es el espíritu que impregna el libro de Simone Bertelegni, con la excusa de la pasión por el Athletic Club nos muestra cómo la utopía no es un sueño, que otro fútbol es, de verdad, posible. Del Athletic de Bilbao se ha escrito mucho y mucho se seguirá escribiendo, tanto en España como en otros lados, apasionados por la herejía, por el extremismo ideológico, por la irreductible filosofía que supone este anacronismo que, justo es, hay que colocar en la punta de lanza de las grandes utopías de la edad contemporánea, donde la utopía se encuentra en pequeños cónclaves de la imaginación dentro del territorio vasto y poco hospitalario de la realidad.

La historia es esta: El segundo club más antiguo de España después del Recreativo de Huelva (aunque Bertelegni recuerda justamente que el equipo andaluz fue fundado en realidad por británicos) y también el único en el mundo, dentro del fútbol profesional, que no ha tenido un sponsor en la camiseta y que no ha tenido, salvo en los primeros años, jugadores extranjeros, y que siempre se ha nutrido de jugadores del territorio donde se habla el euskera. Con todas estas limitaciones, el Athletic nunca ha podido competir con el mismo nivel que los grandes Real Madrid o Barcelona, cuya filosofía se basa puramente en la mercantil y que nada tiene que ver con la autarquía del club de San Mamés. Es inevitable enamorarse de una cosa así, y Bertelegni se ha enamorado hasta tal punto que no sólo ha escrito este libro, sino que junto a otro variopinto grupo de correligionarios, ha puesto la primera y única peña italiana de seguidores del Athletic, que organiza encuentros, viajes y peregrinaciones para rendir homenaje continuo a este tótem universal del fútbol alternativo.

El libro podría ser un resumen de esta pasión, una narración que sigue un orden cronológico y que abarca desde aspectos más convencionales hasta las anécdotas más curiosas. Así descubrimos, por ejemplo, que el Athletic de los comienzos también contaba con jugadores no vascos y que la futura autarquía no fue más que un hecho casual que con el tiempo se convirtió en una seña de identidad. Baste decir que el famoso Pichichi, del cual se desprende el nombre del máximo goleador de la liga, era nada menos que biznieto de Miguel de Unamuno, uno de los más grandes intelectuales españoles de finales del siglo XIX.

En general, Bertelegni se divierte y descubre mitos, con una buena erudición. ¿Sabias que la primera camiseta del Athletic era blanca y azul? ¿Y que de una costilla del Athletic Club de Bilbao nació el Atlético de Madrid?

También habla sobre la ley interna del club que habla sobre el reclutamiento de los jugadores: vascos de nacimiento o de formación futbolística. Ningún apartheid, y ningún prejuicio antivasco: sólo el legítimo orgullo de ver jugar sobre el césped a chavales que son vecinos de casa e hijos del tendero del barrio.

Otro capítulo entero del libro nos habla sobre la relación del Athletic Club de Bilbao con el nacionalismo vasco, aunque el autor llega a afirmar que el “Athletic club no es una expresión del nacionalismo vasco”, luego teje una buena red de información que podría desmentir, perfectamente, esa frase.

* Simone Bertelegni es hispanista, periodista free-lance y amante del deporte limpio: también por esto es seguidor del Athletic de Bilbao, y también por ello ha contribuido a fundar el único club italiano del equipo, el cual preside desde el 2000.

** Nicola Nucci es periodista de la Agencia Tuttocalcio, ferviente seguidor de la historia y del fútbol extranjero, simpatizante del Athletic de Bilbao. Para este libro trabajó todos los anexos estadísticos.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Cuentos de fútbol: "19 de diciembre de 1971"

Presentamos al público lector la excelente obra del maestro Roberto Fontanarrosa, titulada "19 de diciembre de 1971", con la que conmemora la fecha del histórico triunfo de su equipo del alma, Rosario Central, en el campeonato de fútbol argentino.

Por Roberto Fontanarrosa


Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son... ¿qué son?... moralistas... ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hennano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.